Rodadas. Una comunidad de cicloturismo y viajes en bicicleta
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Un año y pico por el mundo

Cuatro tramos de cuatro meses cada uno en cuatro continentes diferentes. En total año y medio de viaje y 18.653 kms en bicicleta por América del Norte, América del Sur, Asia y Europa conociendo algunos de los paisajes y culturas más alucinantes de la tierra.

Resumen

Desde nuestra salida de Madrid hasta la llegada nuevamente a la ciudad de nuestros desvelos pasaron 16 meses y en ese tiempo escribimos 61 entradas en el diario electrónico contando nuestra aventura. Aquí os dejamos un resumen con lo más relevante. Desde cualquier entrada podéis navegar a las anteriores y siguientes con los controles que están en la parte superior de la columna de la derecha.

El previo

Un 15 de febrero le contábamos a la gente que sigue el blog que nos íbamos de viaje por prescripción médica. Ahora que ya ha pasado todo podemos por fin confesar que no fue exactamente así, que en realidad no fue un médico el que sugirió que hiciéramos caso a este sueño de la infancia, sino un impulso gestado en varios años de leer aventuras ajenas, y de pequeñas escapadas por la Península. En cualquier caso el resultado final fue el mismo: ¡que tras algo de preparación nos lanzamos a vivir una aventura!

Tramo 1: Canadá y Alaska

Llegamos a Vancuver un 22 de mayo, con un sol radiante. Todavía no sabíamos que esa sería la última vez que lo íbamos a ver en varias semanas. La ciudad nos acogió con todos sus contrastes y pesar de estar a gusto en ella tan pronto pudimos nos lanzamos a conocer los bosques y playas de la costa oeste. Nuestro primer contacto con las bicis cargadas hasta las trancas fue en la isla Vancouver, y casi nos morimos del susto al ver lo que pesaban. Después, y con ayuda de un ferry saltamos a Prince Rupert, donde empezó la parte continental (y más salvaje) de este tramo del viaje.

Con 1000 kilómetros cumplidos y unos cuantos encuentros maravillosos en las espaldas avanzamos por la Stewart-Cassier Highway, subiendo y bajando infinidad de colinas de un kilómetro de largo. La Stewart-Cassier es una carretera que se construyó para conectar una mina de oro con un puerto de mar y que ahora nos permite conocer el interior del país menos poblado de América del Norte. Cuando llevamos 4/5 de la carretera hecha, la rueda trasera de la bici de Alicia estalló y tuvimos que parar un coche que nos llevara hasta la siguiente ciudad donde pueda haber recambios, Whitehorse… ¡650 kms más adelante! Así fue como conocimos a Clancy, un minero de oro.

En Whitehorse coincidimos con la final de la copa del mundo de fútbol que se estaba jugando en Suráfrica en esos momentos. No somos muy aficionados al fútbol, pero vivir un partido así fuera de casa es muy emocionante.

Después giramos momentáneamente hacia el Sur para hacer un poco de tiempo en tanto llegaba nuestro esperado paquete de jamón serrano, enviado con mucho amor por la familia Urrea. Así pasamos por Haines y Skagway, y aprovechamos para hacer algunas excursiones por el Kluane National Park y ver así algunos de los paisajes más hermosos que se pueden visitar desde una bicicleta en esta parte del mundo.

Desde Haines Junction no tuvimos muchas oportunidades para conectarnos a internet, aunque sí espacio para vivencias y aventuras, y algunos «rescates» de material olvidado en las cunetas. Fueron semanas para disfrutar de campo abierto, ver osos, alces y bufalos, mosquitos sin par y muchas otras pequeñas y grandes aventuras en el mes escaso que nos queda para llegar a Anchorage, capital administrativa del estado de Alaska, donde termina este primer tramo de la aventura.

Para los fans de los números, aquí algunas estadísticas de este primer tramo del viaje.

Tramo 2: América del Sur

Ya en Lima, Alaska parecía un sueño lejano. La ciudad está en pleno invierno tropical, cargada de bruma pero parece un hervidero. El paisaje y paisanaje han cambiado tan completamente que tenemos que frotarnos los ojos varias veces para asegurarnos de que de verdad estamos aquí.

Salimos en seguida hacia el sur por el desierto costero acompañados por Ivana, Harry y la familia Tomlinson. Todos ellos vienen de Alaska, pero han pedaleado íntegramente la ruta y llevan algo más de dos años de viaje. Cuando llegados a Nazca nos despedimos de ellos y partimos hacia la cordillera, lo hacemos con lágrimas en los ojos, pero con la esperanza de que pronto nos veremos de nuevo.

Los Andes nos reciben con su magnificencia y nos dan la oportunidad de visitar las ruinas incas en el valle sagrado y Machu Pichu. El lugar es mágico, y nos catapulta a épocas en lo que todo era más simple, que no más sencillo. Relajados y contentos seguimos hacia el lago Titicaca, esta vez acompañados de otro grupo de ciclistas: Juanjo, Marc e Indira, con los que reimos sin parar.

En La Paz nos despedimos de ellos y nos reencontramos con Harry e Ivana, con los que continuaremos viaje hacia el sur, hasta Argentina. Juntos nos sorprendemos medio divertidos con las contradicciones bolivianas, que también nos provocan no pocas reflexiones sobre lo que tenemos en casa, nos horrorizamos con la situación en las minas de Potosí, y cruzamos los impactantes salares de Coipasa y Uyuni. Casi se nos parte la bici (y el alma) en Bolivia y descubrimos que no te mata, te hace más fuerte. Imbuidos de energía y con ganas de disfrutar de un buen asado y un poco de asfalto, llegamos a Argentina.

Mil kilómetros de desierto y cien mil calorías en facturas (un pastelito típico) después cruzamos de nuevo los Andes hasta Santiago de Chile, donde acaba esta nueva etapa del viaje.

Al final, casi 5000 kilómetros en 63 jornadas de bici por tierras latinoamericanas.

Tramo 3: Sureste asiático

Cincuenta horas de avión y aeropuertos después aterrizamos en Tailandia, tierra de las sonrisas, en donde tramitamos unos cuantos visados y disfrutamos de la visita de la familia de Alicia que viene a pasar una semana con nosotros. Ya a pedales, el país nos sorprende por su tranquilidad, su seguridad y su belleza exuberante y cada día nos regala momentos mágicos entre monasterio budistas y campos de arroz. El continente, tan nuevo para nosotros nos plantea no pocas incógnitas diarias: ¿eso se come? ¿esto otro para qué sirve? ¿qué venderán en esta tienda?

Casi sin darnos cuenta entramos en Laos, y nos empiezan a llover saludos por todas partes: desde sus casas, desde los árboles, desde el río. Los niños laosianos han convertido en deporte nacional el saludo al ciclista, y nosotros lo disfrutamos como un regalo cada vez que ocurre. En medio de Laos cumplimos nuestro décimo cumplekilometraños y visitamos la zona todavía llena de minas donde se desarrolló una guerra secreta (secreta para los americanos) que dejó el país plagado de bombas sin explotar que aún hoy hieren y matan a diario a campesinos y niños que juegan en los jardines de sus casas.

Vietnam tiene un carácter más comercial que sus vecinos regionales y los regateos constantes nos hacen enfandar, a la vez que nos reimos con la increíble imaginación que le echan para transportar lo que necesitan en sus motos. ¿Pensábais que no iba a caber? ¡Pensadlo otra vez!

Con todo llegar a China nos resulta un soplo de aire fresco. Increíble pero cierto: las cosas tienen precios en las tiendas. De hecho, todo en China tiene precio. A pasos de gigante, la potencia asiática se dirige hacia un capitalismo feroz. Poco a poco avanzamos hacia el Kham, región tibetana de libre acceso para extranjeros donde tomamos contacto por primera vez con esta increíble cultura que nos dejaría varias veces con la boca abierta. En el camino, la Lola (la bici de Ali) se va vistiendo con todo lo que encuentra y conocemos personajes cuyo valor nos recuerda constantemente que el límite está donde uno lo quiera poner.

Tramo 4: Europa

Girasoles

Ya en faena, decidimos prolongar un poco más de lo que originalmente estaba previsto el viaje y continuar hasta Cabo Norte, en Noruega, desde donde iniciaríamos el largo descenso a casa. Noruega es un lugar de una belleza impresionante. Del mes y medio largo que pasamos allí cada día vemos algo que nos deja alucinados. A medio camino cruzamos el círculo polar Ártico y poco a poco los días se van acortando. Ya no duran 24 horas, sino 18, o 12… Sin saber cómo entramos en la vieja Europa. Circulando por sus carreteras secundarias a menudo nos preguntamos si no va a salir un comandante de la segunda guerra mundial en una moto con sidecar de cualquier esquina.

De la Dinamarca calmada y rural a la Alemania industriosa y ejecutiva, la Holanda moderna, Bélgica rural y finalmente Francia, con sus colinas y sus pequeños y tranquilos pueblos, el viaje transcurre rápido ya, pero sin prisa. El pais galo como cada vez que lo visitamos, es un bálsamo para el alma.

Es el momento de empezar a hacer balance del año que hemos pasado en ruta, y disfrutar de los pequeños grandes momentos de cada día antes de la llegada definitiva y bien arropada al km 0, el 18650 para nosotros, en la Puerta del Sol de Madrid.

Ficha técnica

El pelotón

Las bicis y el equipo

Si volviera a hacer este viaje...

La ruta

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