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Un viaje al Levante


  1. Bueno, tras leer la crónica de Jav, y su magnífico periplo por tierras de Gredos… me han dado ganas de publicar a mí también la crónica diaria de mi último periplo, el cual ya empieza a tener solera sin, de momento, un proyecto a corto o medio plazo... y no porque no lo esté deseando, perooo, entre mi trabajo, asuntos familiares varios, y la llegada del covid, que como a muchos ( o a todos ), me echó por tierra el proyecto que tenía para este año, lo de viajar lo he tenido que volver a dejar en el cajón de " pendiente para otra ocasión "... este año me propuse hacer otra bajada al Levante, pero en esta ocasión, mi idea era bajar a Caravaca de La Cruz, pasando por Las Lagunas de Ruidera, y tras Caravaca, alcanzar Cartagena... pero como ya os podréis imaginar, la pandemia, pero sobre todo un asunto familiar grave, me echaron todos los planes al traste.

    Por ello, y sin visos de poder realizar algún mini viaje a corto o medio plazo, me limitaré a narrar la aventura que viví para alcanzar la costa murciana desde el sur de Madrid.

    Las crónicas diarias un pelín largas, y os pido disculpas y paciencia por ello espero que os guste... ya me contaréis.

    Primer día, de Fuenlabrada a Tarancón

    16-08-2017

    Este es el segundo viaje que hago a la costa levantina en bici, pero en esta ocasión lo realizo en solitario, pero valiéndome de la inestimable ayuda de mi e-bici, la cual me ha proporcionado un plus de seguridad... sobre todo en los momentos más duros y complicados del camino, gracias a ella, he podido llevar a buen término este viaje, pues tenía por delante varios retos que, de haber llevado una bicicleta sin electrificar, no creo que pudiera haber superado, o de haberlo hecho, no creo que de la misma forma y por los mismo lugares.

    Inicio el viaje desde la misma puerta de mi casa, las primeras pedaladas, a pesar de la e-bici, me  cuestan, he salido bastante temprano con la idea de ganarle horas al Sol, el cual, ya en la bonita población de Aranjuez me irá aleccionando sobre lo que me espera a lo largo de la jornada... y en las posteriores... un infierno caldente.
    Para alcanzar Aranjuez no me he complicado mucho la vida, y he optado por seguir el trazado de la ruta rápida que tantas veces he realizado en otras ocasiones ( ruta clásica ), lo más destacables de este tramo es el tránsito por el Parque Natural de Bolitas de Airón, en Valdemoro... algo reseco a estas alturas del verano, y el siempre agradecido paso por el puente centenario de hierro que da acceso a la villa de Titulcia. La elección de este tramo hasta Aranjuez me ha permitido aumentar la autonomía de las dos baterías, ya que al tratarse de un tramo que tengo muy trillado, es prácticamente llano y muy rodador, apenas si he necesitado hacer uso de la asistencia eléctrica. Hasta Aranjuez poco hay que destacar, eso sí, el puente de hierro de Titulcia no me cansaré de fotografiarlo.

    Puente centenario de Titulcia


    El paso por Aranjuez es fugaz, un paradita en una terracita de una de sus avenidas para un desayuno ligero... y poco más.
    No tardo mucho en reiniciar el camino, pues quiero llegar cuanto antes a la parte desconocida de la ruta, donde realmente he de iniciar mi aventura... hasta ahora, todo el recorrido me es familiar, Aranjuez es un municipio al que me gusta arribar a menudo en la bici.
    En la Playa de La Pavera, a las afueras, una conocida zona de baño ubicada en uno de los muchos meandros que hace el río Tajo antes de entrar en Aranjuez ... ( los recuerdos me asaltan a borbotones...  tardes baño en compañía de mifamilia y amigos en mi niñez... mis barbitos al tiento... ya no tan niño ).
    Aquí hago una segunda parada, tiro de móvil para realizar cuatro llamadas.
    La primera, a mi madre, quien me esperaba al final del viaje, y cuya preocupación... de madre, tenía que intentar apaciguar, al menos un par de veces al día.
    La segunda llamada, a mi mujer, que sin ser mi madre, tenía las mismas preocupaciones y los mismos temores que ésta... por lo que también tenía que apaciguarlos, y de la misma manera.
    La tercera, a mi hermana mayor, que es como mi segunda madre ( supongo que como cualquier hermana mayor je je je )...  lo mismo con ella... ( vamos, que al final del viaje me dejaría una pasta en llamadas... menos mal que, al menos, las que realizaba a mi mujer me salían gratis... por tema de contrato con el operador.
    Cuando uno se embarca en una aventura así, y máxime cuando lo realizas en solitario... es inevitable que la familia se preocupe por uno... quizás en exceso... pero también es normal.
    La cuarta llamada ya fue por interés... tenía que asegurarme un lugar donde hacer noche... así que a reservar habitación en el hostal... a pesar de que Tarancón cuenta con una más que aceptable cadena de hospedaje... no quiero tentar a la suerte, así que, a pesar de quedarme aún varias horas por delante, hago la reserva para pasar la noche.
    Llevo algunas referencias sobre los distintos hostales que hay en Tarancón, pero éstas no son más que la poca información que he podido recopilar por internet.
    En una libreta llevo apuntados los alojamientos y sus teléfonos, y sin pensármelo dos veces, llamo al primero que tengo en la lista... Hostal * La Estación.

    Tras la llamada y la confirmación de la reserva, reanudo el viaje.

    Hasta que no he llegado a la Casa de La Monta, no me terminaba de creer que ya estuviera camino del Levante.

    Casa de La Monta, Aranjuez


    Para llegar al Azud de El Embocador, un inmenso azud que represa las aguas del Tajo, se a de tomar por un camino rural ancho, pero que se hace cansino de recorrer, dado que su firme es muy irregular, debido a los numerosos baches que han formado los vehículos que acceden a las distintas fincas que lindan con el camino, así como grandes tramos de zahorra suelta, quizás debido a que gran parte de los cultivos de la zona son de regadío, este camino tiene pinta del volverse intransitable cuando llueva... o cuando los potentes aspersores empapen la tierra.

    Azud de El Embocador


    Tras El Embocador, me sumerjo de lleno en el traqueteo del camino que me ha traído hasta el Azud. Un camino cansino, polvoriento y con mucha graba suelta, el cual no llega a ser aburrido gracia a la presencia de los cortados que a la derecha del camino, se van derramando a cada pedalada que voy dando.

    Varios kilómetros más allá del Azud llego a una bifurcación, donde el Garmin no para de insistirme en que he de desviarme a la derecha y retomar por ese nuevo, ancho, con mucha inclinación... hacia arriba, roto, empedrado y polvoriento camino que trepa entre los cantiles y que, un poco más adelante, pierdo de vista... es el acceso al Despoblado de Oreja.

    La cuesta se torna dura, lo que me obliga a activar el motor eléctrico de la bici, selecciono un nivel de asistencia alto, voy a necesitar bastante potencia para trepar por esta cuesta con la carga que llevo.

    Tras superar el primer tramo, la cuesta se embrutece más todavía, lo que me obliga a seleccionar la asistencia más alta, y emplearme a fondo en los pedales si no quiero que la bici se me quede clavada... a duras penas logro alcanzar la cima de la cuesta... unos 700 metros de cuestón de padre y muy señor mío.

    El cuestón termina en un camino que surge de entre las lomas, a la izquierda y va a parar a unas edificaciones que se pueden ver allá, a lo lejos, a la derecha.

    Siguiendo las indicaciones del gps, tomo dicho camino a la derecha, y en seguida llego a dichas edificaciones, que en realidad son los restos del poblado Oreja.

    Hago una visita pausada a las ruinas, mientras me devano los sesos intentando averiguar cómo debía de ser la vida de las gentes que aquí vivieron, como se las apañaban para subsistir en este lugar, tan lejos de cualquier núcleo de población, con tan difíciles accesos y aparentemente sin agua ( me imagino que dispondrían de algún pozo ).

    Calle central del despoblado de Oreja


    No sé si será por la hora, o por ser entre semana... el caso es que me encuentro solo en toda la zona del despoblado, no se ve movimiento, ni en éste, ni en los alrededores de lo que queda del castillo, el cual a duras penas se mantiene en pie.
    La paz, la calma y la quietud inundan el lugar, me gusta esa sensación de serenidad que lo embriaga todo, por lo que decido sentarme a la sombra en el único peldaño que tiene el acceso a la ermita, para degustar una lata de rodajas de piña en su jugo, junto a uno de mis termos de agua fría... mientras disfruto de esa tranquilidad.

    El aire corre y silba alegremente por la planicie de la ermita, mientras tanto, una rapaz juguetea allá, en el borde del cantil.

    Hay situaciones que son especiales y que en muy contadas ocasiones uno puede decir que las ha vivido... todavía recuerdo aquella tormenta de verano que nos cayó a mi colega de rutas, Jose , y a mí en San Frutos, éramos las únicas almas que había por aquellos lares, la tormenta, que vino avanzando desde las laderas de las lejanas montañas, se cernió sobre San Frutos; dejamos hacer a la tormenta la cual nos regaló una ligera y refrescante lluvia, mientras la acompañábamos tranquilamente fumándonos pausadamente unos puritos, al tiempo que los grandes buitres nos sobrevolaban a baja altura... ¿ cuantas personas pueden decir que han disfrutado de una tormenta de verano en San Frutos ?... no lo sé, la verdad, al menos nosotros sí lo podemos decir.

    Bueno, pues aquí, sentado en el escalón de la ermita, completamente solo, disfrutando de la paz y la tranquilidad que lo inunda todo, mientras doy buena cuenta de mi lata de rodajas de piña, a la vez que disfruto del vuelo juguetón de las rapaces sobre el borde del cantil... esto no tiene precio.
    Me habría gustado haberme acercado más a los restos del castillo, pero la prudencia, me chillaba en los oídos " ¡ NO SIGAS ! "... Un senderillo corre bordeando la cima donde se encuentra la fortificación, pero para poder alcanzarlo me veo en la obligación de descender unos metros por una bajada con una fortísima inclinación, y para hacer más complicada la tarea, justo donde se fusiona la bajada con el senderillo, lo que me espera más allá es una caída al vacío de varios metros de altura.

    El hecho de estar solo hace que desista del empeño... la bici se puede quedar sola, no hay nadie, ni se le espera... pero la prudencia es sabia, por lo que desisto de mi idea, me conformaré con sacar unas fotos desde la distancia... quizás en otra ocasión pueda volver y acercarme más.

    Regreso al escalón de la ermita, y me deleito, una vez más, de la bella panorámica que me ofrece la fortaleza, Tras las oportunas fotografías, recojo todo, procurando que no quede rastro de mi paso por aquí ( no como otros que dejan sus restos a modo de sucio recordatorio ).
    Retomo la Mercury, y abandono Oreja por el mismo camino que me ha traído hasta aquí, eso sí, una vez llegado al cuestón de marras, decido que, esta vez, lo voy a recorrer desmontado, no tengo ninguna prisa, ni nadie que me espere, así que, poco a poco, desciendo en busca del camino que correr, allá abajo, junto a los cantiles... la Laguna de Noblejas me espera.

    Esto de las bicis eléctricas es todo un invento, hasta Noblejas, todos los caminos que hay por aquí van hacia arriba, y es en estas cuestas donde la bici eléctrica hace lo que debe de hacer, convertir esas cuestas en rampas mecánicas... bendito invento.

    Alcanzo la laguna, y como ya me pasara en el despoblado de Oreja, no hay ni un alma en los alrededores... me la esperaba más grande, las cosas como son, pero no deja de ser una laguna muy bonita, que invita a la pesca tranquila y relajada en sus aguas... quizás también al baño, el calor del medio día ya es tórrido, y esas aguas tan serenas, te invitan a una zambullida... pero me reprimo, otra vez la prudencia y sus advertencias a grito pelao... no parece muy seguro el baño, las paredes están forradas de vegetación y parecen muy inclinadas... mejor abstenerse.

    Laguna de Noblejas


    Tras un alto a la sombra, y las oportunas fotos, continuo mi periplo, siguiendo las indicaciones de mi fiel guía, el Garmin, el cual me lleva a bordear la laguna y a alejarme de ella por un camino en bastan buen estado y, sí... hacia arriba.

    Tras bregar un buen rato por este camino, en el cual me he visto en la necesidad de usar las asistencias eléctricas, entronco con una aburrida y solitaria carretera, la que hace mucho tiempo que no disfruta de un asfaltado.
    Poca gente transita por ella, pero mi guía me invita a que ruede por ella, la cual,  en un continuo ascenso me llevará hasta el bonito pueblo de Noblejas.
    Ya es hora de comer, por lo que me detengo en la terraza del primer restaurante con el que me cruzo, en realidad es el Hotel Restaurante Los Monteros, hotel que llevo grabado en la memoria del Garmin... por si acaso... y bien que hice.
    Aparco la Bicicleta junto a las cuatro mesas que forma la improvisada terraza, y me asomo a la puerta del restaurante, con la intención de consultar si sirven las mesas.
    En un principio, el camarero que atiende la barra, y que a la postre resultó ser el dueño del restaurante, es receloso a atenderme, ya que no me atrevo a alejarme mucho de la bicicleta, por lo que no paso de la puerta de entrada al restaurante.
    Supongo que las pintas que traigo no son muy agraciadas... ropa de ciclista, sudoroso, con la bandana en la cabeza... embadurnado de polvo...  supongo que no infundía mucha confianza.
    Ante el recelo del dueño, que pasa de mi como de comer flores, decido continuar camino, con la esperanza de encontrar otro lugar donde mi aspecto no levante malas sospechas, pero antes de que logre poner en marcha la bicicleta, el dueño sale a mi encuentro, y al ver el vehículo en el que he llegado, decide cambiar de idea, es más, no solo me invita a entrar al salón del restaurante, también me ofrece guardar la bicicleta en el recibidor del hotel, mientras como tranquilamente, allí estará a buen recaudo.
    Acepto la invitación, dejo la bici en el lugar que el hombre me indica, y decido pasarme por el aseo antes de sentarme a la mesa... hay que asearse un poco antes de comer.
    La comida la hago ligera, pues me queda mucho trecho por delante, y el calor es castigador.
    El comedor es acogedor y bastante limpio, la chica que atiende las mesas es muy atenta y simpática.
    Una ensalada , como yo digo " industrial " de primero, y unos filetes de pechuga a la plancha con unas patatitas de segundo, pan, una botellas de agua de 1,5 l, un trozo de melón y un café con hielo... todo perfecto, tanto en la preparación como en la presentación, hacen que recomiende este restaurante, pues el trato del personal es muy bueno, está muy limpio, y no se come nada mal.
    Eso sí, si venís " disfrazados " de ciclistas, decirle al dueño que sois de fiar, no sea que las falsas impresiones os dejen sin almuerzo.
    El precio del menú fue de 10€, añadiéndole a este precio una segunda botella de 1,5 l de agua fría, y un café con hielo que no entraba en el menú.
    Tras la comida, reanudo la marcha, mi siguiente destino parcial es Villarrubia de Santiago, y para llegar hasta allí opto por ciclar por la antigua carretera nacional N-400.
    La N-400 era la antigua carretera nacional que une Toledo con Cuenca, pero que tras la construcción de la autovía A-40, a quedado relegada a mera " vía de servicio ", o lo que es lo mismo, una estupenda carretera, que apenas si soporta tráfico rodado, que cuanta con un arcén muy ancho y un asfalto estupendo, y por la que se puede ciclar sin problemas.
    Gracias a lo bien que se cicla por la N-400, tardo poco en llegar a Villarrubia de Santiago.
    El sol castiga de lo lindo, pero el hecho de poder rodar por la carretera me permite viajar más rápido, y alcanzar antes los distintos núcleos de población, donde podré hacer paradas a la sombra.
    De Villarrubia de Santiago a Santa Cruz de La Zarza, cojo por un camino rural en bastante buen estado, pero con ausencia casi total de sombra en todo su trazado.
    Son 15 km lo que separa un municipio del otro, no hay posibilidad de reponer agua en esos 15 mortificantes kilómetros, por lo que es muy recomendable aprovisionarse de agua antes de salir de Villarrubia de Santiago.
    Como ya he comentado, el camino es bastante bueno, lo que me permite rodar muy rápido, y gracias a la potencia extra de mi bicicleta eléctrica, llego a rodar a velocidades muy altas sin problemas; a pesar de ello, el camino se me hace muy largo,  las sombras más grandes la ofrecen los hierbajos que hay en la linde del camino, mientras ruedo el sol me sacude a manotazos.
    No logro encontrar ninguna referencia de ningún tipo, todo lo que me rodea son campos de labranza... no se ve ni una triste nave que te haga pensar en que pueda haber alguien cerca, ruedo completamente solo en una inmensidad de 15 km que se me hacen muy largos y aburridos.
    No hay nada en que distraer la mirada... son todo terrarios lo que hay a mi alrededor, lo que hace que me concentre en la dirección de la bicicleta y en que no decaiga el ritmo de pedaleo... un pedaleo frenético que me obligo a mantener para poder recorrer, cuanto antes, este desolado páramo.
    Por fin logro alcanzar Santa Cruz de La Zarza, se me ha hecho eterno el camino... llego exhausto, pues a pesar de la ayuda eléctrica, si quiero que la bici ruede deprisa, no me queda más remedio que emplearme a fondo... la bici, a pesar del sistema eléctrico, no rueda sola.
    En Santa Cruz de la Zarza hago una parada " técnica " en un bar de carretera, junto a la N-400, me he ganado una cervecita con limón bien fresquita... la cerveza sin alcohol, claro... un rato a la sombra junto a una bebida fría me van a venir muy bien, y de paso, me repondrán del palizón del camino.
    Ya con las pilas recargadas, retomo la solitaria N-400 ( recomendada por la camarera del bar ), el trazado de la antigua nacional es muy amigable, con escaso desnivel, me permite avanzar muy rápido sin necesidad de molestar al Bafang.
    Por fin llego a Tarancón, tras algo más de 100 km donde el mayor hándicap ha sido el calor.
    En Tarancón me llevo una sorpresa, quizás más fruto del cansancio que del despiste, arribo al primer hostal que hay nada más entrar... indicado por el GPS... el Hostal Avenida.
    Al ver las instalaciones me lleno de alegría al saber que no es un antro, son casitas de madera de una sola planta.
    La recepcionista me recibe muy amablemente, y tras darle mis datos, la muchacha se devana intentando localizar la reserva.... " aquí no estás... ¿ seguro que tienes una reserva con nosotros ? "... miro el GPS... no me puedo haber confundido, el Garmin me indica que es en este hostal donde termino la jornada... las dudas me asaltan, hecho mano a mi libreta de apuntes... y de repente siento que empequeñezco... " no puede ser, me he confundido de dirección y he llamado a otro hostal "... La mujer me mira con cara de resignación... " si te quieres alojar aquí, dispongo de una habitación libre... pero si ya tienes una reserva hecha... ".
    Le pido mil disculpas a la mujer por mi supina torpeza, y decido, con resignación, que proseguiré hasta el hostal La Estación, que es donde he realizado la reserva.
    La mujer muy amablemente me indica cómo llegar hasta el Hostal, y retomando nuevamente los mandos de la bici, me alejo maldiciendo mi mala cabeza.
    Llegar al hostal me va a llevar un rato de dar vueltas por las calles de Tarancón, pues, por desgracia de males, la calle que me debería de llevar hasta él, está cortada por obras... a dar vueltas toca... y como una peonza, eso es lo que hice, dar vueltas a la misma manzana, sin encontrar por donde llegar al hostal.
    Tras la segunda vuelta, decido poner fin al carrusel en que he convertido los dos edificios a los que me he dedicado a circunvalar... me meto por dirección prohibida y tras volver a callejear, por fin, logro llegar al hostal.
    El acceso al hostal me resulta complicado, la puerta del portal se resiste a dejarme entrar, sujetar la bici, mientras intento abatir la puerta se me convierte en una absurda batalla que termina ganando la tozudez.
    El hostal es antiguo y no tiene ascensor, la recepción está en la primera planta, y para acceder a ella hay que subir por una largas y antiguas escaleras... me veo en la obligación de recorrer tres veces las susodichas escaleras, cada uno de los viajes me llevan al descansillo que hay delante de la recepción, donde voy amontonando todos los bultos que traigo en la bicicleta.
    Tras dar mis datos, el recepcionista, muy amable y atento, me hace entrega de la llave de la habitación, la cual está en la segunda planta... con resignación me vuelvo a enfrentar, de nuevo, a un nuevo triple trasiego, cargado con los bultos, por dos nuevas hileras de escaleras, mellizas de las anteriores.
    El recepcionista me ha dado permiso para dejar la bicicleta en el descansillo de la primera planta, frente a la recepción, candádola a la barandilla " ahí no estorba y nadie la va a tocar ".
    Por fin termino de meter las cosas en la habitación, la cual es bastante pequeña... dos personas se las verían y desearían para desenvolverse dentro.
    Eso sí, la pequeña estancia está muy limpia, un mueble sin puertas se ofrece voluntarioso para contener las baterías y las alforjas.
    El cuarto de baño es de juguete, es pequeñito, pero al menos está muy limpio, y cuenta con una ducha más que decente.
    Hay una pequeña ventana en una especie de mini pasillo, no es que entre mucho aire, pero me va a servir para tender la colada... sobre todo la cortina que la cubre, la cual usaré de improvisado tendedero.
    Al menos tengo aire acondicionado, el cual, al ser la estancia tan pequeña, enfría rápidamente.
    La cama es cómoda, es de 1,90 x 90, suficiente para una persona... no me desagrada la habitación, y con lo cansado que vengo, y siendo para una noche, lo doy hasta por buena, una tele plana de modestas dimensiones cuelga de la pared a los pies de la cama, esta noche hay partido de fútbol y podré verlo tumbado en la cama... me gusta la idea.
    La habitación cuenta con varios enchufes, que me sirven para poner a cargar las dos baterías y el teléfono.
    Lo primero, es hacer la colada... es una regla de oro que siempre procuro cumplir... si la dejas para después de la ducha, es posible que el cansancio te venza y... adiós colada.
    Tras colocar la ropa en la ventana... tenderla, vamos, me pego una ducha de una hora por lo menos.
    Para cenar tiro de unas latas que traigo, calamares en su tinta y angulas... y una refresco de naranja que llevo en uno de los termos y que se ha mantenido frio.
    Me dejo caer en la cama, con la intención de ver el partido.
    No recuerdo si llegué a ver el final de la primera parte, pues los párpados se me empezaron a caer, por lo que decidí apagar la tele antes de que mis ojos echaran definitivamente el cierre y se quedara la tele encendida toda la noche.
    La tranquila y relajante oscuridad de la habitación me llevaría de la mano a los infinitos e idílicos mundos de Morfeo... vamos, que esa noche dormí como una marmota y roncando como un tractor a escape libre je je je.
    El precio, solo por alojarme, fue  de 25 €, que a la postre, no será de los más caros... si tengo en cuenta donde me alojaré en Cuenca.


    Publicado hace 2 semanas #
  2. Playa de La Pavera, Aranjuez


    Camino hacia el despoblado de Oreja... al borde del cantil, el Castillo de Oreja


    El cuestón para acceder al despoblado de Oreja


    Despoblado de Oreja


    Castillo de Oreja


    Laguna de Noblejas... en realidad es un embalse... creo que es del medievo







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    Publicado hace 2 semanas #
  3. Ermita de Oreja


    Otra foto del Castillo de Oreja


    Entrando en Tarancón


    Final de la primera jornada... 113 km en total


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    Publicado hace 2 semanas #
  4. Muy interesante. A la espera del siguiente capítulo.

    Publicado hace 2 semanas #
  5. Segundo día, de Tarancón a Cuenca

    17-08-2017

    La segunda jornada se presenta con la misma nota predominante que la anterior... calor, mucho calor.

    Antes de iniciar la ruta, hago un alto a poco más de dos calles del hostal, donde una churrería me permite cargar las pilas a base de un buen desayuno, y un par de litros de agua embotellada que van a parar a mis botellas de aluminio, ellas se encargarán de mantener el líquido elemento a una temperatura apta para el consumo.

    Tras el desayuno, inicio, ahora sí, la marcha.

    Tarancón apenas si ha empezado a desperezarse, pero el sol ya lo inunda todo, y aunque es muy agradable este solecito de las primeras horas de la mañana, se hace un poco molesto... hay que tener en cuenta que ruedo hacia el Este, por lo que, hasta el mediodía por lo menos, siempre lo llevaré de cara, lo que me obligará a rodar siempre con la cabeza acachada, intentando cubrirme los ojos con la escasa sombra que me proporciona la visera del casco.

    Callejeando, alcanzo la solitaria N-400, la que me permitirá alcanzar mi primer objetivo parcial de la jornada, el cercano Santuario de Ntra. Sra. de Riansares... una edificación rodeado de pinares, enclavado en un alto del que se tiene unas vistas privilegiadas de toda la vega del rio Riansares , el cual corre al fondo, al otro lado de una gran planicie acondicionada para que las familias y quienes no son aun familia, puedan disfrutar de las tardes campestres, en sus merenderos, y de sus fuentes.


    Temprano he llegado al santuario, la tranquilidad y el sosiego inundan el lugar, no hay nadie, mire para donde mire, solo estoy yo y mi compañera de fatigas.

    Aprovecho el alto en este lugar para prepararme a conciencia para una tórrida jornada de calor, por lo que me pongo mis manguitos blancos Castelli con protección UPF 50+, todo un descubrimiento, ya que me protegen los brazos del sol, gracias a su alto grado de protección solar, y en contra de lo que pueda parecer, no solo no dan calor, sino que lo elimina muy bien de mis brazos.

    También llevo unas perneras de la misma marca y tejido, y son geniales, no hace falta embadurnarse en protector solar, ya se encargar los manguitos y las perneras de protegerme de los rayos UV... eso sí, la cara y el cuello si que necesito protección, así que una buena rociada de protector solar Upf 50+ por toda la jeta, y tras aplicarme una buena capa de cacao labial... a sumergirse toca en el ya tórrido calor de la mañana.

    Tras bordear el Santuario, por un camino que baja a la explanada del área de los merenderos, la continuación de éste me llevará a cruzar un veterano puentecillo de piedra, el cual me permite salvar el estrecho y tranquilo cauce del Riansares.

    Una decena de metros más allá, un paso a nivel sin barreras me pone en alerta.

    Los raíles de la solitaria vía férrea se pierden en la lejanía, ya mire a mi derecha o a mi izquierda, solitaria, la vía se muestra amable y me permite saltarla al otro lado sin mayores complicaciones, mientras la campiña se despereza ante mí.

    Me adentro en tierras de labranza, la fresca de la mañana llena el aire de campo, mientras el camino me va llevando por suaves lomas que me permiten despedirme, allá en la lejanía, de Tarancón.

    Tras varios kilómetros por caminos amigables, llego a mi segundo destino parcial, la pequeña ermita de Santa Ana, patrona de Tribaldos, que rodeada de pinos, me ofrece cobijo a la sombra de su pequeño porche.


    Desmonto de mi pesada bicicleta, ahora, el aire huele a pino, sin prisa, me voy despojando de los complementos que me impiden relajarme... el casco, los guantes, la bandana, las gafas... todo va a parar amontonado sobre la plataforma del portabultos.

    Abro una de las alforjas y saco uno de mis termos, el cual está lleno de parte del agua fría que he comprado en la churrería de Tarancón.

    Delante de la pequeña ermita hay una especie de pequeña explanada, y un poco más allá, los pinos se arremolinan en torno a la ermita, dejando claros entre ellos, y mientras disfruto de unos tragos de agua fría, contemplo, entre esos claros y allá en la lejanía, las últimas casas encaladas de Tarancón.

    Un perro surge por el camino que me ha traído hasta aquí, aparentemente viene solo, y eso me pone en alerta.

    En principio no he llamado su atención, pues parece distraído, mientras trota de un lado a otro del camino, como si estuviera esperando a alguien.

    Tras él aparece una mujer, la cual porta una cadena en una mano.

    Bajo la guardia, pues está claro que el perro está controlado... no es un perro asilvestrado o que tenga pinta de haberse escapado de ningún sitio.

    Al verme la mujer, llama al anima, y éste retorna junto a la que supongo es su dueña. Ella le sujeta al collar la cadena que portaba en la mano, tras ello, prosiguen acercándose hacia mi posición, sin prisas, pero sin demoras.

    Ya a mi altura, la mujer me da los buenos días, a lo que yo le respondo mientras contemplo al joven perro que le acompaña.

    No entiendo de perros, pero por el tipo de animal, yo diría que es un perro de caza, algo que me confirmaría la mujer al entablar conversación con ellas.

    Estuvimos hablando un rato. La conversación, en un principio amena, se torna interesante para ambos.

    Me cuanta la mujer, que rondará los 60 años, que el perro es de su hijo, el cual vive en Parla, y que ella se ha traído el perro desde Fuenlabrada, donde vive, a Tribaldos, su pueblo natal.

    Que cierto es el dicho " el mundo es un pañuelo... ", resulta que esta mujer, no solo vive en Fuenlabrada, reside cuatro portales más arriba del mío... manda coj*nes, resulta que somos vecinos del mismo barrio, y no nos conocíamos hasta ahora, que hemos coincidido en medio de ninguna parte, donde nos hemos presentado y nos hemos conocido...

    La conversación, como es de suponer, toma derroteros personales... tema vecinos, familia... en fin, la conversación normal y corriente que dos desconocidos, que se acaban de conocer, suelen tener en el recodo de un camino, en medio de la nada, y donde cristo dio las tres voces.

    Mi nueva amiga y vecina, me ofrece pasar por su casa a desayunar o a comer lo que quiera... con esa confianza que da saber que eres vecino... pero me veo obligado a rechazar amablemente la propuesta, de momento voy servido, y quiero alcanzar Uclés antes de que el sol empiece a fundir el suelo.

    Me despido de mi " nueva " vecina, y abandono la ermita, rumbo a Tribaldos, por donde pasaré despacio, haciendo un alto en su pequeña y coqueta iglesia, antes de sumergirme en la carretera CUV-7021, una carretera tranquila y bien asfaltada que me permitirá alcanzar, en poco tiempo, mi siguiente destino parcial... Uclés y su impresionante Fortaleza-Monasterio.


    En Uclés se encuentra uno de los monumentos principales de peregrinación jacobea, el conocido como " El Escorial de La Mancha "; una fortaleza amurallada de origen musulmán, en cuyo interior se encuentra el conocido y bello Monasterio de Uclés, perteneciente a la Orden de Santiago, y que fue sede principal de dicha orden religiosa hasta que fue trasladada a Santiago de Compostela.


    Hoy en día, Uclés es un importantísimo punto de peregrinación jacobea, un grupo de amigos de los Caminos de Santiago se encargaron hace pocos años, de recuperar y de señalizar este camino jacobeo, el cual ya realiza mucha gente, tanto a pie como en bicicleta.

    En el interior, en su recibidor, encontraréis la sala de recepción, donde muy amablemente os atenderán, así como varias máquinas expendedoras de refrescos, cafés, helados y agua embotellada, la cual suministra, por 1 €, botellas de 1.5 l de agua fresquita.

    Tras visitar el interior del monasterio, y tras volver a aprovisionarme de agua y... por qué no, comerme un par de ricos y fresquitos helados de hielo, desciendo al pueblo con la idea de llegar a la conocida Fuente de Los Cinco Caños, una bonita fuente... con 5 caños, que ofrece agua fresca y potable a todo el que se acerca a ella, pero que también necesita un mantenimiento por parte del consistorio, por lo que cuando llegué a ella... no funcionaba, estaban limpiándola, así que... a continuar camino.

    Me alejo de Uclés por una estrecha carretera vecinal bien asfaltada.

    Todo el rato voy rodeado de campos de girasoles, lo que hace ameno el rodar por esta solitaria y desértica carretera... un perro de caza me sale al encuentro por delante, pero más asustadizo que amenazador, el animal prende a la carrera delante de mí... me sirve de distracción el intentar darle alcance, pero cuanto más subo el ritmo de pedaleo, más corre él, tras un par de cientos de metros, el animal decide poner fin a la fuga ficticia, trepando por una pequeña loma que había junto a la carretera, y desapareciendo de mi vista... fin del entretenimiento.

    Un problema que me he encontrado en casi todo el viaje, mientras he rodado por el territorio conquense o albaceteño, ha sido el viento, un viento de cara plomizo y cansino que me impedía, en muchas ocasiones, rodar con soltura, lo que me obligaba a aumentar los niveles de asistencia de la e-bici si quería mantener unos triste 10/15 km/h de media. Un problema que me trastocaba los planes de autonomía de las baterías, ya que en la mayor parte del viaje, he ido reservando las cargas para los momentos más necesarios, como subidas fuertes, o algún que otro puerto de montaña... pero en el llano siempre he procurado llevar el motor apagado... pero cuando se levantaba este viento, no me quedaba más remedio que poner en marcha la asistencia eléctrica si quería avanzar.

    En Salices decido hacer un alto " técnico " en el camino, el bar " Mesón Susi ", que se encuentra en el centro del pueblo, me servirá para tomarme mi ya tradicional doble jarrita helada de cerveza sin alcohol con limón... la cerveza es el mejor reconstituyente que hay en cuanto a bebidas " isotónicas ", te recupera bastante bien, y de paso, te hidrata y te quita la sed... y entra que no veas cuando llevas un buen rato trajinando sobre la bici.

    En este bar, un grupo de lugareños me convencen de retocar casi completamente mi plan de ruta para hoy, me dirigía a Montalbo, pero más por logística que por otro motivo, pero dado que la logística ya estaba solucionada, la recomendación de los lugareños era que evitara la ruta que iba a seguir, y que me dirigiera, por carretera, a Carrascosa del Campo, y que allí tomara por la N-400, la cual me llevaría directamente a Cuenca sin problemas... eso sí, me esperaba el Puerto de Cabrejas, que supuestamente cuenta con unas cuestas bastante picantes... pero no repararon en que llevaba una bicicleta eléctrica... "esas cuestas no son problema con la bici que llevo ".

    Siguiendo las recomendaciones, y las indicaciones, abandono Salices por la carretera CM-310, una carretera solitaria, muy tranquila, con un muy buen arcén, y con escasísimo tránsito de vehículos, los pocos que acertaron a rebasarme lo hicieron con un escrupuloso respeto hacia el ciclista que estaban rebasando... la verdad es que tanto los conductores conquenses como los albaceteños con los que me he cruzado en las distintas carreteras por las que he rodado han sido muy respetuosos conmigo, no solo mantenían la distancia mínima de seguridad, se pasaban al carril contrario, dándome margen de más de 2 mt, y si por un casual no podían pasarse al otro carril, aminoraban la marcha tras mía, hasta poder rebasarme con total seguridad... ¡ CHAPÓ POR ELLOS !, ojala todos los conductores fuéramos iguales en el resto del país... pero la cosa cambiará radicalmente al entrar en la provincia de Murcia, pero sobre todo, donde más cuidado me he visto obligado a tener, ha sido al llegar a la Mata y en adelante.

    Ya pasa de las 13:00 pm cuando llego a Carrascosa del Campo ( de haberlo sabido, hubiera ido directamente desde Uclés, ahorrándome unos kilómetros, peroooo... que le voy a hacer, la cosa se presentó así ).

    La N-400 atraviesa este pueblo, y en uno de sus recodos, aparece ante mi una pequeña plaza, frente a la iglesia del pueblo, y en uno de sus extremos, la terraza de un restaurante me invita a parar a comer... restaurante Chalán.


    Las comidas las empiezan a servir a partir de las 14.00 pm, por lo que decido comerme un bocadillo y tomarme un par de refrescantes jarritas de cerveza sin alcohol.
    Retomo la solitaria y aburrida N-400, siempre indicada como " vía de servicio ".

    Continuo totalmente en solitario, apenas si me cruzo con un par de vehículos.

    Por mi derecha, por la nueva A-40, fluye todo el tráfico del que se ha librado la carretera por la que transito, mientras, por esta N-400, degradada a mera vía de servicio, ruedo plácidamente, sin preocuparme de otra cosa que calcular el tiempo que me va a llevar alcanzar el final de la carretera que se vislumbra allá, en el lejano horizonte, donde el cielo y la tierra se hacen uno... una cosa que me desmotiva es ver todo lo que me queda por delante que recorre, tengo la sensación de que la carretera no se va a terminar nunca.

    Hay pocos lugares donde poder parar a la sombra, la mayoría de ellos no son seguros, ya que debo de hacerlo sobre l mismo arcén, y aunque no pasan muchos vehículos,  no me hace la idea de hacerlo en el arcén, así que voy buscando apartaderos en la carretera donde poder parar a hidratarme.

    Llego a un punto de la carretera donde un dueto de glorietas me lleva a pasar al otro lado de la A-40, ( dirección Horcajada de La Sierra ), encajonando la solitaria carretera entre la autovía, a mi izquierda y el viaducto del AVE, a mi derecha.

    Sigo avanzando por la N-400, empieza a hacerse monótona y aburrida, mientras, a ratos, por mi derecha, los comboy del AVE pasan como alma que lleva el diablo, mientras voy avanzando, comparado con ello, lentamente, a pesar de tener tramos en los que puedo rodar a más de 35 km/h sin necesidad de poner en marcha el sistema eléctrico... el Alfine 11 es toda una maravilla, funciona a la perfección, y me permite rodar muy alegremente en terreno llano.

    Llego al pequeño pueblecito de Naharros, el calor es ya sofocante, ya rondan las 15:00 pm, y necesito apartarme un rato a la sombra, llevo mucho rato cocinándome al sol, y decido parar en este pueblecito, con la esperanza de encontrar algún lugar sombrío en el que poder dejar pasar las horas de más calor.

    El pueblo parece abandonado, no hay ni un alma por las calles... la gente de campo sabe que a estas horas, lo mejor es recogerse en casa.

    La pequeña placita del pueblo me ofrece la solución, a la sombra de unos árboles bien fortificados de hojas, unos bancos solitarios y, lo mejor, un pequeño pilón de agua cristalina que me permitirá poner a remojo los pies... me acoplo en uno de lo bancos, y como si estuviera en mi casa, saco las chanclas, me descalzo, me remango las perneras y... premio para mis pies, los cuales sumerjo en las frescas aguas del pilón... aquello no tiene precio.


    Con los pies fresquitos y relajados, me siento en el banco mientras voy dejando pasar intencionadamente los minutos, repasando en el GPS y el móvil lo que me queda por delante todavía.

    Una manada de gatillos se aproximan a los aledaños del pilón, me espían recelosos... les debo de haber jorobado la zona de siesta... mala suerte, la plaza es bastante grande para todos, y no me pienso mover del banco en que me he apalancado.

    Ellos se adueñan de otro banco, un par de ellos más allá, desde el que me controlan y no me quitan ojo, a pesar de que, aparentemente, no buscan problemas, yo tampoco dejo de controlarlos también de cuando en cuando... estos bichos muerden y tiene unas uñas como cuchillas, por si acaso, preparo mi navaja suiza... nunca se sabe cuándo vas a necesitar una suiza.

    Tras algo más de una hora a la sombra, empiezo a ver como el pueblecito retorna a la vida, empieza a haber movimiento en torno a la placilla, gente que viene y se va en coche, o gente que sale de una casa y desaparece en la de al lado... es el momento de levantar el campamento y proseguir mi camino.

    Un abuelillo se me acerca, y entablo una conversación amena con él, mientras rememora sus tiempos en los que montaba en bicicleta, y subía las cuestas de la antigua carretera, que lo llevaban a coronar el puerto que me está por llegar.

    Tantas veces me han referido ya el puerto de Cabrejas ( en Salices, en Carrascosa del Campo, y ahora este buen hombre, aquí en Naharros ), que empiezo a dudar de si va a ser suficientemente potente el motor de mi bicicleta para superarlo... bueno, todo se andará.

    Tras despedirme del buen hombre, y del pilón de agua fresquita... y de los gatos espías, retomo de nuevo la N-400, rumbo al puerto de marras que me espera un poco más adelante... rumbo a mi destino final del día, Cuenca.

    Unos kilómetros más adelante, el entorno cambia radicalmente, empieza a cubrirse todo de densos pinares.

    La A-40, que hasta ahora me ha ido acompañando en paralelo, se aleja en la altura... y la carretera empieza a picar hacia arriba.

    Mis sospechas se confirman, estoy empezando a subir el tantas veces referido puerto.

    Ya no se sienten el tráfico de la A-40, solo se siente el ruido de los pinos mecidos por el viento... y la carrera sigue picando hacia arriba, pero no es problema, solo he de despertar a mi adormilado motor eléctrico que hasta aquí casi no he usado.

    La velocidad de la bicicleta empieza a caer, por lo que le voy subiendo niveles de asistencia para que mantenga el ritmo.... y la carretera sigue trepando hacia arriba... las cuestas no son las paredes que yo me había llegado a imaginar, al contrario, es una cuesta suave, pero continua hacia arriba.

    Llega un momento en que la cuesta se torna durilla, he de meter la asistencia más alta, y desahogar un poco el motor metiendo una de las relaciones más cortas... subo a poco más de 10 km/h, no está mal si tenemos en cuenta que voy muy cargado, y que la cuesta se las trae.

    De repente, y sin darme cuenta, aparece ante mí la placa marrón de información que me indica que ya he coronado el " Puerto de Cabrejas 1150 mt ".... " ¡¿ ya se ha terminado el puerto ?... me esperaba más, se me ha hecho corto ! ".

    Lo que antes era subida, ahora es bajada trepidante, por una carretera solitaria, y con un asfalto que invita a desmelenarse... " frenos para que os quiero ".

    La bajada es continua, sin dar pedales tengo que ir sujetando la bicicleta, la cual, a poco que me descuido se me pone a más de 50 km/h... me empiezan a doler las manos de ir tirando de los frenos, es un no parar de bajar.

    Llego a las inmediaciones de la urbanización Pinar de Jábaga, tengo que aminorar la marcha, pues ya me encuentro cerca del desvío que me ha de sacar del frenesí de esta N-400, para meterme de lleno en una senda que me ha de llevar, bordeando el Júcar, hasta la ciudad conquense.

    El desvío viene a poco de pasar la glorieta que da acceso la urbanización.

    Una estrecha carreterilla que sala a la derecha, y que tras serpentear junto a plantaciones de girasoles, me lleva a cruzar el Júcar sobre un deslucido y soso puente de hormigón.

    Tras el puente, me topo con un vallado, el Garmin me insiste en que debo de bordearlo por la izquierda... las dudas me saltan, pues lo que hay por ahí es una senda muy estrechita que lleva a una pasarela que cruza el rio.

    Me aventuro por dicha senda, hasta que llego a la pasarela, y descubro que, justo a la derecha de ésta, parte un camino que el GPS me invita a seguir... me adentro en dicho camino... haber por donde salgo.

    El camino, rodeado de vegetación, es agradable y poco a poco se ensancha, tiene algunos puntos donde encuentro piedras sueltas, pero no es problema, se cicla bien... un par de ciclistas con los que me cruzo me permiten aliviar la tensión " vaya, el camino es transitado por ciclistas ".

    Tras un rato de ciclar junto al rio, se adentra en zona urbana, Cuenca se abre ante mis ojos.

    Llego a una avenida donde muere el camino.

    En este lugar programo el GPS para que me lleve hasta el Hostal** Avenida, un hostal céntrico en el cual tengo hecha la reserva para pasar la noche.

    Tras callejear un rato, llego a una calle peatonal, cerrada al tráfico, tomada por los transeúntes y salpicada de terrazas y tiendas de todo tipo.

    Llamo al Hostal, el dueño baja a recibirme, pues sabe que vengo con una bicicleta.

    No hay problema, me permiten subirla a la habitación... fantástico, eso me permitirá hacerle algo de mantenimiento de forma relajada.

    Me topo con el primero de los múltiples problemas y deficiencias que me encontré es este hostal.

    La bici no entre en el ascensor, ya que es un poco estrecho y ésta es muy grande, La solución es fácil, desmonto la rueda delantera y la bici entra a la perfección, de pie.

    Ya en la habitación me encuentro una estancia amplia, con dos camas juntadas, con un mobiliario que ni el fuego querría para hacer lumbre... viejo y muy descuidado.

    A lo que simula ser una cómoda le falta un cajón, el otro sobrevive de casualidad... quizás alguien lo necesitó para calentarse... vaya usted a saber.

    Las mesitas de noche son de mírame y no me toques... me dan la sensación de que se vayan a desmontar en cuanto abra uno de sus cajones.

    No hay aparato de A/A... mal asunto, ya que el único ventanal con el que cuenta la habitación da a un patio de luces estrecho... estamos hablando de un piso de varias plantas, por lo que no corre nada de aire.

    La habitación está bastante caldeada, por lo que pronto rompo a sudar... decido darme una ducha antes de deshacer el equipaje.

    Me quito la ropa, la cual llevo empapada y rebozada en polvo, y me dirijo al baño... quien me iba a decir a mi que tras atravesar la puerta del baño me vería enfrascado en una dura batalla contra un enemigo difícil de matar.

    La llave de la luz del baño me produce recelo, es muy antigua, y cada vez que la acciona pega un chispazo, por lo que procuro accionarla con la punta de los dedos.

    La luz del baño tarda en encenderse, la bombilla no se ha percatado que ya hace unos segundos que accioné el interruptor... tras unos largos segundos en que llegué a pensar que estaría fundida... comienza a parpadear, hasta que logra mantenerse encendida... " vaya, es de efecto retardado ".

    El baño no le va a la zaga al resto de la habitación... se nota que no se ha reformado desde la inauguración del edificio, allá por el año de la tos... al menos, una inmensa bañera va a hacer mis delicias... hoy no hay ducha que valga... hoy toca inmersión profunda en bañera.

    Voy dispuesto a descorrer las cortinas de la inmensa bañera, cuando, de repente y sin previo aviso, de la nada surge una... ¿ mosca ?... aún hoy sigo con la duda de que realmente fuese tal insecto.

    Revolotea a mí alrededor.

    No me tiene ningún mido, a pesar de que doy varios manotazos al aire intentando ahuyentarla.

    Ella no solo no se achanta, está empecinada en posarse sobre mis piernas, lo cual consigue en un par de ocasiones.

    No logro quitármela de encima.

    Decido salir del baño, cerrando la puerta, y volver a entrar con una camiseta.

    Quiero acabar con esta situación, este bicho está empecinado en ¿ picarme ?...

    Empiezo a dudar que sea una mosca, su comportamiento no es el mismo que el de estos insectos.

    Este intenta evitar mis manotazos con vuelo bajo, mis muslos son su objetivo.

    Le sacudo un par de buenos viajes con la camiseta, pero a pesar de que estoy seguro que acerté a sacudirle, el bicho se mantiene en el aire, no logro derribarlo al suelo.

    Empiezo a preocuparme, este insecto no puede ser una mosca.

    Logra posarse sobre mi pierna.

    Encabronado, lanzo un manotazo sobre mi muslo, sin medir la fuerza... me a dolido el manotazo, me he dejado la mano marcada, pero confío en haber terminado con el duelo.

    Retiro la mano... ¡ el insecto vuelve a prender el vuelo !.

    Me entra un poco de pánico... ¿ cómo es posible que no haya logrado matarlo con el manotazo que le he calzado ? ( ... más bien me lo he calzado a mí mismo ).

    Me he fijado en él cuando se posó sobre mi pierna... tiene el cuerpo plateado, las alas son negras y... no sé cómo decirlo, es estilizado, como si fuera una punta de flecha... nunca había visto un insecto así.

    Tras el manotazo, la actitud del insecto cambia, sigue empecinado en posarse en mi pierna, pero ahora me mantiene la distancia y su vuelo en círculos se ha hecho más grande y más bajo, ahora vuela a la altura del bidé, desde éste a la pata del lavabo que está al otro lado.

    Me quedo completamente quieto, vigilando sus movimientos, hasta que decide posarse sobre uno de los azulejos del baño, momento que aprovecho para volver a sacudirle un fuerte manotazo... " de ésta no sales "... el manotazo me ha dolido, no he roto el azulejo de milagro.

    Retiro la mano... el alma se me viene a los pies.

    El condenado bicho no solo no está muerto, si no que ahora está más cabreado, pues su vuelo ahora es frenético.

    Vuela de un lado al otro del baño.

    Ahora sabe a quién se está enfrentando e intenta evitarme, todo su afán es huir de mí, " Este bicho está acorazado, la madre que lo pario "... va y viene, hasta que se termina escondiendo detrás del bidé... " ¡ Ah no, eso sí que no !, no puedo dejarte ahí, sino esta noche no voy a poder pegar ojo contigo por ahí merodeando ".

    Vuelvo a salir del baño.

    Cierro la puerta tras mía para evitar que salga al dormitorio.

    Me armo con una de las chanclas... y vuelvo a la carga, encerrándome nuevamente con él dentro del campo de batalla en que se ha convertido el baño.

    Ha desaparecido, no hay rastro de el por ninguna parte, pero se que está escondido en algún recoveco de los saneamientos.

    Introduzco la chancla tras los saneamientos hasta que... ¡ BINGO !, logro hacerlo salir de su escondite tras el bidé.

    Vuela hasta la pata del lavabo, pero impido que pueda meterse tras ella lanzándole un zapatillazo al aire, lo que hace que cambie de dirección.

    Debe de estar ya cansado, pues no dejo que se esconda en ninguna parte, y... por fin, vuelve a posarse sobre uno de los azulejos de la bañera. " Esta es la mía, si no te mato con esto, salgo y pido otra habitación ".

    Descargo la suela de la chancla con todas mis fuerzas sobre el H.P. del bicho.

    El azulejo cruje ante el zapatillazo... no me lo he cargo de casualidad.

    Retiro la chancla, y el bicho... ¡ NO ESTÁ !... " ¿ dónde coj*nes se ha metido ? ".

    Lo busco con desesperación por todos los recovecos del baño, hasta que doy con él.

    No termino de creérmelo, a caído tras el bidé, pero... ¡ SIGUE VIVO !, está tirado en el suelo panza arriba, pataleando como un desesperado para lograr volver a ponerse en pie.

    " ¡ AH, NO, ESTO YA SE HA TERMINADO ! "... Le descargo con toda mi alma un nuevo zapatillazo, pero  ¡ SIGUE VIVO !.

    Más fruto de la desesperación que de otra cosa, me lio a soltarle zapatillazos con todas mis fuerzas... uno tras otro, el bicho acorazado va reduciendo su movilidad, mientras yo no dejo de descargarle zapatillazos enfurecidos.

    No sé cuántos zapatillazos me hicieron falta para reventarlo, pero no paré hasta convertirlo en una argamasa de sangre roja y trozos de insecto, momento en que me llené de tranquilidad... por fin la batalla había terminado, aquel duro contrincante me había hecho pasar un mal rato... ahora, ya con el enemigo aniquilado, me sentía aún más merecedor de baño que pretendía darme... me ha llevado cerca de veinte minutos acabar con ese bicho... aun hoy no sé qué tipo de insecto era, lo que tengo claro es que de una mosca no se trataba... quizás se tratase de " The Iron Fly".

    Game Over... Bicho 0 - Yo 1 😜

    Mientras voy llenando la bañera, y recobrando el aliento tras la lucha encarnizada con el bicho de los coj*nes, decido hacer uso del retrete... la tapa del retrete está rota y casi me quedo con ella en las manos... y cuál es mi sorpresa cuando descubro que la cisterna no funciona... por más que tiro del tirador, no sale ni una gota de agua.

    Mientras se va llenando la bañera, decido poner en práctica mis escasos conocimientos de fontanería, desmonto la tapa de la cisterna, y descubro un depósito que pide a gritos que los sustituyan, roto por los bordes, con un sifón atascado por la cal y los años de servicio, y un grifo de llenado igualmente atrancado por la cal.

    Tras accionarlos manualmente varias veces, logro que se desatranquen, y el agua comienza a fluir, llenando el deteriorado depósito de la cisterna.

    Vuelvo a enganchar el tirador al sifón, recoloco la tapa sobre el depósito, y tiro de tirador... pero nada, el agua no sale... al parecer, en el pasado, se tuvo que romper el tirador original, y lo sustituyeron por un " engendro casero " que encima no hace su función.

    La única forma que encuentro de hacer que funcione la cisterna es agarrar la tapa con las dos manos y tirar de ella hacia arriba... el agua comienza a salir a borbotones desde la cisterna, " ¡ Ahora funciona la cisterna !, hay que tirar de la tapa hacia arriba para que descargue el agua... manda coj*nes ".

    Para colmo, y tras " ducharme ", decido limpiarme los dientes... ¡ anda coñ* !, tengo que darle veinticinco mil vueltas al mando del grifo para que empiece a echar agua... esto ya es de traca.

    Al salir del baño prefiero dejar la luz encendida... mojado no me quisiera enfrentar a esa llave de la luz tan agresiva y amenazante.

    Me auto convenzo, ya que es solo para pasar la noche, pero la verdad es que el zulo en que me han " colocado ", no merece estar en él ni un día más... no sé cómo será el resto de habitaciones, el hostal está lleno, y me da que esta habitación es la que todo hotel u hostal tiene como último recurso... y me la han encasquetado a mí.

    Mirando el lado bueno, la tele plana funciona, si bien la tengo que desenchufar porque no logro apagarla desde el mando.

    La habitación cuanta con varios enchufes, con toma de tierra, aunque hay uno al que le han doblado una de las patillas de tierra, y no puedo usarlo, aun así, puedo poner a cargar las dos batería y el móvil.

    Junto al portal del hostal hay un DIA, al que bajo a realizar algo de compra... algo para cenar, y barias botellas de agua para el día siguiente, el agua de Cuenca es muy gorda.

    El hostal me ha costado, con desayuno incluido, 25 €... el desayuno se salva, ya que fue un buen desayuno, pero 25€ por este zulo... que para colmo de males, las paredes son de papel y se oían todos los ruidos del mundo, amén de los que entraban desde el patio... en fin, que no recomiendo este hostal... afortunadamente Cuenca cuenta con una buena cadena de alojamientos de toda índole, desde pensiones hasta Hoteles de varias estrellas... informaros sobre ellos, que a buen seguro encontraréis mejores sitios donde pasar la noche... aunque no os dejen dormir junto a vuestra bicicleta je je je.

    Track de la ruta de hoy

     

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    Publicado hace 2 semanas #

  6. Acceso al Santuario Ntra. Sra. de Riansares

    Fuente en el Santuario


    Acceso al Santuario


    Zona de merenderos en la parte baja del Santuario


    Llegando a la ermita de Santa Ana, cerca de Tribaldos


    A lo lejos, las últimas casas de Tarancón, vistas desde la ermita


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    Publicado hace 2 semanas #
  7. Entrando en Tribaldos


    Iglesia de Tribaldos


    Mirador de Uclés, a la entrada del pueblo


    Castillo árabe del monasterio


    Interior del monasterio


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    Publicado hace 2 semanas #

  8. Detalle de la lámpara de techo del recibidor del monasterio


    Fuente de los cinco caños ( captura de imagen de Street View )


    Iglesia de Carrascosa del Campo


    De estas ya no se encuentran fácilmente. En la plaza de Naharros


    Llegando a Cuenca ( captura de imagen de Street View )


    El Hostal... Cuenca ( captura de imagen de Street View )







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    Publicado hace 2 semanas #
  9. Buena crónica, buenas fotos y buen recorrido.


    El viento es un devora batería y más en llano cuando no hay bajadas para hacer kilometros sin gastar.

    Salud y bicio
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  10. Adjunto

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  11. Tercer día, de Cuenca a Fuentes

    18-08-2017

    La ruta de hoy es una de las " jornadas estrella " del viaje.
    El tramo de hoy me ha motivado ha realizar este desvío hacia Cuenca, con el principal propósito de, no solo visitar el casco antiguo de esta bella ciudad, también el visitar y recorrer el rico y bello entorno natural que la rodea, así como la visita al cercano Monumento Naturas de Los Palancares y Tierra Muerta, en plena serranía conquense, con la intención de visitar Las Torcas.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Torcas_de_los_Palancares
    Inicio la jornada sumergiéndome en el tráfico de la ciudad, me veo obligado a " chupar atascos ", pues las alforjas difícilmente me permiten pasar entre los coches parados.
    A trancas y barrancas logro llegar al Paseo del Huecar, por donde accederé, por una empinada cuesta, al privilegiado mirador del Parador Nacional de Cuenca, desde donde se tiene unas vistas muy bonitas de cañón del rio Huecar a su entrada en la capital.


    En este punto tramito la reserva para esta noche, no sé lo que me va a llevar recorrer el trazado que tengo previsto para hoy, ya que la ruta tiene principalmente carácter contemplativo... y eso requiere de su tiempo, así que la ruta de hoy va a ser " corta ".
    Para poder cruzar al otro lado del cañón, donde se encuentran las famosas Casas Colgadas, no me queda más remedio que atravesar el imponente Puente de Hierro de San Pablo... un puente / pasarela peatonal, que si bien no cuadra estéticamente con la fisonomía pétrea del entorno, no deja de impresionar, ya que salva, a una altura de vértigo, el profundo cañón, permitiendo a los turistas acceder directamente al casco antiguo.
    Por el puente se puede pasar con la bicicleta, pero ha de hacerse desmontado... de lo contrario te echarán los perros, pues es mucha gente la que viene a fotografiarse a él.
    En su parte media, es donde más impresión da el asomarse al vacío, por allá abajo, correr el río Huecar, rodeado de un frondoso bosque de ribera que prácticamente cubre el fondo del cañón y por donde la carretera que viene de  Buenache de La Sierra, y tras recorrer la base de todo el cañón, desemboca en la capital conquense.
    Tras cruzar al otro lado, una cuesta enlosada y con fuerte inclinación te lleva justo al lado de las famosas Casas Colgadas... la verdad es que uno no deja de preguntarse... cómo narices pudieron construir estos edificios en este lugar... y lo más intrigante... cómo se las apañaron para construir, en madera y en voladizo sobre el cañón, esas terrazas que son las que realmente le han dado fama a estas centenarias dificaciones... creo que esa duda es lo que a todo el visitante le asalta cuando llega hasta aquí... y la pregunta del millón... ¿ qué sensación dará el asomarse a uno de estosbalcones ?... en fin, mejor prosigo mi visita ,-)


    Para lograr alcanzar el nivel de la Plaza Mayor, no queda más remedio que luchar a brazo partido en las estrechas calles empinadas que llevan hasta ella... empujar la bici por estas calles es todo un ejercicio de voluntad y fortaleza física... madre mía que cuestones.
    La Plaza Mayor hierve de vida, varias terrazas abarrotadas de gente, el trasiego continuo de vehículos que entran o salen de ella, los vehículos de reparto que llegan y se van, disputándose entre ellos el escaso aparcamiento... y la gente, mucha gente deambulando de aquí para allá, entrando y saliendo de la bonita catedral... a la que no he podido acceder, pues a su entrada hay una gran escalinata que, difícilmente podría salvar con mi pesada bicicleta, me conformaré con hacer un vídeo de la plaza.
    Pongo rumbo a uno de los lugares que más he visto que suele ir la gente a visitar... voy de " oídas "...
    ... La Torre de Mangana, ( https://es.wikipedia.org/wiki/Torre_de_Mangana ), una bonita antiquísima torre que al parecer merece la pena ser visitada.
    Al llegar a los aledaños de la torre, y para mi desgracia, no puedo acceder a la zona donde se encuentra, al parecer, solo hay tres accesos a la zona de la torre, y todos ellos tiene escaleras... mal asunto si vas tan cargado como voy yo, así que sintiéndolo en el alma me veo en la obligación de abortar mi visita a la torre, y retornar de nuevo a la Plaza Mayor.
    Un tren turístico recorre el casco antiguo, siguiéndolo llego al antiguo castillo de Cuenca donde se encuentra el Archivo Histórico Provincial, Frente a él, un mirador ofrece unas vistas preciosas del cañón del Júcar.
    .... y un poco más allá de él, tras superar lo que queda de la muralla, bajo un gran arco, hay un aparcamiento desde el que hay unas vistas impresionantes de todo el cañón del Huecar, las vistas son magníficas y el cañón simplemente impresionante.
    Tas deleitarme con el cañón del Huecar y sus caprichosas formas y colores, prosigo mi ciclovisita, despidiéndome del Huecar, para dar la bienvenida al impresionante Cañón del Júcar que se encuentra al otro lado del gran aparcamiento... desde la atalaya en la que me encuentro, puedes pasar de visitar un cañón al otro en escasos metros.
    Voy a recorrer el cañón de modo descendente, desde la atalaya del castillo, bajaré por la carretera que serpentea al borde del cañón.
    Esta carretera es muy tranquila y transitan pocos vehículos por ella, eso sí mucho ciclista la sube o la baja, y mucho " ranning ", por sus márgenes... es conocida como La Ruta de La Ermita de San Isidro.


    Serpentea por el borde caprichoso del cañón, varios " balcones ", permiten al visitante asomarse y asombrarse con las formas caprichosas del cañón, que ha ido labrando con tesón y paciencia el  pacífico Júcar que discurre por allá abajo, por sus entrañas.Sigo bajando por la carretera, hay que tener cuidado, ya que la carretera tiene una fuerte pendiente, y la bicicleta no quiere más que lanzarse hacia abajo.


    Tras varias paradas casi obligadas en varios miradores, llego a la Ermita de San Isidro, otro de mis objetivos a visitar... pero hoy se ve que no estoy de suerte... primero no puedo acceder a la Torre de Mangana, y ahora me encuentro cerrado el acceso a la ermita... está rodeada por un enrejado, cerrado a cal y canto... así que, nuevo chasco, y continúo con el descenso, en busca de Júcar.
    Más Miradores, y más paradas, hasta que llego a la cota del río. Justo cuando la carretera alcanza su orilla izquierda, a la derecha de la calzada por la que desciendo se inicia un carril bici, el cual corre paralelo a la carretera, río arriba, pero no es mi objetivo.


    Mi verdadero objetivo es recorrer el cauce del Júcar por su margen izquierdo, un ancho y bien delimitado camino me ha de llevar por una vereda tranquila y muy atractiva... esta vereda invita a rodar plácidamente por ella.
    El camino va encajonado entre las paredes verticales del cañón, a mi izquierda, y el bosque de ribera a la derecha. De cuando en cuando, rompen la quietud de las aguas los piragüistas, que van surcando raudos el río aguas arriba.


    La senda no es complicada de seguir, para nada, está bien acondicionado y es imposible perderse... siempre es hacia delante.
    Las paredes verticales de roca caen a los pies del apacible sendero, la sombra es casi un constante en el primer tramo del sendero.
    Llego a un punto donde una pasarela me invita a cruzar el río a la otra orilla, por aquella parte corre la carretera que baja a la Capital, y junto a ella sé que le acompaña un carril bici, pero yo quiero continuar por el camino que llevo, por lo que ignoro la invitación y prosigo adelante.
    En este punto, el camino pasa a ser más bien una senda, se estrecha y aparecen ciertas complicaciones... ya no es tan apacible como antes... pasos estrechos entre grandes rocas y en bajada, en algunas incluso cigzaguenado entre las rocas, zonas con graba suelta, o con roderas formados por las lluvias pasadas, e incluso me encuentro en algún paso angosto una especie de escalones artificiales que han formado con hileras de piedras... hay puntos con cierta pendiente por los que hay que pasar despacio, ya que el sendero se estrecha y el borde de éste te va insinuando caídas a distinto nivel hacia el río; este tramo es bastante entretenido, y requiere de paciencia y mucha atención a los mandos de la bici para recorrerlo sin percances ni sustos.
    Tras bregar por este tramo de sendero, llego a una especie de cancela hecha con troncos de madera, en esta parte el camino se ensancha, y se libera de las estrecheces que me han traído hasta aquí, entre paredes de roca y vegetación, ofreciéndome una panorámica de los cantiles.
    Tras cruzar al otro lado de la cancela, por un paso acondicionado para tal propósito, el camino se ensancha y se vuelve muy rodador, de tierra compactada y sin piedras, a pesar de ello,  no se puede rodar muy deprisa, pues hay muchos transeúntes y no es cuestión de pasar a todo trapo junto a ellos.
    Llego a un punto donde siento mucho jaleo de gente... el griterío de la chiquillería... y de los que no son tan chiquillos, atraviesa el denso follaje del bosque de ribera, me siento un poco intrigado, el " barullo " proviene del cauce del río.
    Intrigado, alcanzo un claro que me permite comprender a qué se debe ese barullo... en la otra orilla, hay una hermosa playita que invita al baño, y la gente la está disfrutando; ganas me dan a mi también de darme un buen baño, pero la única forma de alcanzar la playa es continuar hacia delante, hasta alcanzar un puente que me permita cruzar al otro lado y deshacer el camino hasta alcanzar la playa... pero... ¿ dónde dejo la bici ?... hay mucha gente, y la bici es muy " cantosa "... decido desistir del baño y proseguir mi camino.
    Una nueva cancela, gemela a la anterior, pone punto y final a la senda. A la derecha de ella, sale un puente, que cruza el río y por donde no circular de transitar vehículos.
    Dejo atrás la cancela, me adentro en una zona de aparcamientos y jardines... se rompe el encanto de esta senda, ahora ruedo por asfalto... vuelvo a la realidad de la ciudad.
    Tras pasar junto a una terraza, la calzada continúa de frente y lleva a unas escaleras de piedra, supuestamente un poco más allá de ellas, una pasarela en boladizo sobre las aguas del Júcar, bordea las paredes verticales del cañón. Arriba de dichas paredes, las casas desafían la gravedad, aferrándose a las rocas con uñas y dientes.
    Desisto de continuar por dicha pasarela, ya que hay varias zonas de escaleras, por lo que decido cruzar al otro lado del río por un nuevo puente que se me ofrece a mi derecha, volviendo a encontrarme inmerso en el tráfico de la ciudad.
    Alcanzo a regañadientes el Puente de La Virgen de La Luz con su pequeño y fotogénico azud.


    En este punto me despisto, continúo por el margen derecho del rio, calle arriba, y llego a una zona donde apenas hay gente, junto a un Instituto.
    Me aparto en uno de los entrantes del edificio, me ofrece una sombra que no desprecio, y reviso el GPS... el despiste me ha llevado a desviarme de la ruta, por lo que he de deshacer mis pasos para retornar al Puente de La Virgen de La Luz para, tras cruzarlo, dirigir mis rodadas, ahora sí, hacia el corazón de la ciudad... a sumergirme de lleno en el tráfico del Centro, he de alcanzar el otro extremo de Cuenca para poder llegar a mi siguiente objetivo... Las Torcas.
    Rodeado de coches, eso es lo que me encuentro, tráfico lento que a duras penas fluye, viéndome obligado a ir parando cada pocos metros... menos mal que los conquenses tienen cultura ciclista y me respetan como un vehículo más de la vía... también es un alivio la garantía de respuesta que me da el sistema eléctrico, puedo lanzar la bicicleta desde parado, lo que es toda una garantía de seguridad, a pesar de todo, no me siento en peligro... a pesar de verme rodeado de amenazantes tubos de escape.
    Tras un buen rato donde he luchado a brazo partido con el tráfico, logro alcanzar la zona residencial de Cuenca. La zona más nueva de la ciudad, por aquí el tráfico se relaja y puedo rodar más tranquilamente.
    Mi nuevo objetivo es alcanzar un supuesto camino que parte de la zona Noreste de la ciudad, y que me ha de llevar hacia la zona de Los Palancares y Tierra muerta, o lo que es lo mismo, a la cercana serranía de Cuenca.
    Tras callejear por varias y anchas avenidas, llego a una zona donde me encuentro otras avenidas cerradas al tráfico, unas cancelas de metal lo impiden... me resulta extraño, pero en las zonas lindantes de estas avenidas sin coches, solo hay solares vallados.
    Llego al supuesto lugar donde debería de iniciarse el supuesto camino, pero me llevo es un nuevo revés... y ya van tres hoy.
    La zona está totalmente vallada y tomada por maquinaria pesada, no encuentro la forma de, ni tan siquiera vislumbrar, el supuesto camino; por fortuna me cruzo con un chaval que está haciendo footing, y al que le corto todo el desarrollo para preguntarle por el susodicho camino... a lo cual él, muy amablemente, y entre jadeos, me confirma lo que ya estaba sospechando... " no existe dicho camino ".
    Al parecer, y siempre según sus explicaciones, lo que hay es una senda estrecha y no en muy buen estado para ciclar con lo que llevo detrás, por lo que la solución más favorable que me ofrece es tomar por la carretera N-320a, hasta el desvío de Teruel ( N-420 ), donde unos kilómetros más adelante debería de encontrar las indicaciones de Las Torcas.
    No me hace mucho la idea, pues he sufrido en mis carnes el tráfico que fluía hacia la carretera N-320a, que es por donde no me queda más remedio que ciclar... con resignación, y tras agradecerle al chaval el favor de haberse parado a informarme, enciendo el foco delantero y el piloto trasero y me lanzo al encuentro de la transitada carretera.
    La N-320a, como ya he referido, soporta bastante tráfico, pero por fortuna dispone de un ancho y limpio arcén que me permite rodar a una distancia prudencial de los coches... y grandes camiones que me van rebasando, de todas formas, no voy muy preocupado, los vehículos que me van  adelantando son muy respetuosos conmigo, y en ningún momento me siento amenazado por ellos.... así deberíamos ser todos los conductores para con los ciclistas... y también nosotros, los ciclistas, deberíamos de ser conscientes que somos la parte más débil de la bicicleta... llevar una luz delantera y otra trasera, aparte de ser obligatorio en vías interurbanas, y usar nuestros brazos para indicar las maniobras que vamos a realizar, ayuda.. y no veas de qué manera, a nuestra seguridad.
    Llego sano y salvo al desvío que me indica hacia Teruel, me incorporo a una nueva carretera nacional, en este caso, la N-420.


    Por fortuna esta carretera es mucho más tranquila que la anterior, y no cambia en cuanto a fisonomía... buen asfaltado y un arcén ancho y limpio que me permite rodar a buen recaudo del escaso tráfico rodado que soporta esta nueva carretera.
    A un puñado de centenares de metros desde la incorporación, una especie de carril de servicio me permite salirme de la carretera y rodar por una estrecha carreterilla que corre paralela a la nacional, y que está libre de tráfico, ya que, al parecer, solo es usada para acceder a las numerosas fincas que tiene su acceso desde dicha carreterilla.


    El reloj ya empieza a marcar más del medio día, y si hecho cuentas, una vez que me meta en la zona de Los Palancares, ya no podré disponer ni de agua ni de comida durante muuuuchos kilómetros de monte, por lo que prudentemente, decido desviarme por el primer desvío que me lleva al primer pueblecito con el que me topo... La Melgosa.
    Al acceder a este pequeño pueblecito la primera impresión que me llevo es la de que no voy a encontrar un lugar donde poder reponer agua o comida, pues el pueblo es más bien una aldea, pero... tras consultar a un par de abuelillos que descansaban a la sombra del primer edificio que hay a la entrada del pueblito, éstos me dan un alegrón... " un poco más adelante hay un restaurante ".
    Efectivamente, a escasos veinte metros la calle se ensancha a modo de pequeña plaza, y en un rincón, opuesto a donde la he alcanzado, una pequeña terraza a la sombra me invita a reposar y a revisar tranquilamente mi plan de ruta para hoy.


    El restaurante " La Melgosa " es muy limpio y acogedor, y en su interior, un grupete de parroquianos se arremolinan en torno a una mesa donde un improvisada timba tabernera los tiene un poco  alterados... juegan más los que miran que los que tiene las cartas en sus manos... lo típico je je je.
    Al camarero le solicito mi ya tradicional jarra grande de cerveza sin alcohol y limón. Me salgo a la terraza exterior a esperar a que el reloj marque las 14:00 pm, hora en que quedará abierta la veda para asaltar el comedor.
    El dueño del establecimiento muy amablemente, y tras previa petición, me da permiso para enchufar una de mis baterías a un enchufe que hay junto a la mesa del comedor en la que me he sentado y así poder darle algo de carga a una de mis baterías mientras como... la verdad es que he seleccionado la mesa precisamente por eso, porque estaba junto a un enchufe.
    La bicicleta no me ha quedado más remedio que dejarla fuera, por lo que la he candado a la reja de una ventana... el candado Abus que llevo es robusto, y muy fiable... me vigilará la bici muy  fielmente... eso sí, por si acaso, le retiro las dos batería a la bicicleta, no vaya a ser que el Abus se me despiste.
    La comida estaba muy rica y muy bien cocinada. Un primero y un segundo plato, ambos bien  cargados, postre y café + dos botellas de 1,5 l de aguaen total 11 €... no está mal ¿ no ?... y eso sin contar la hora y media de electricidad gratis.
    Se come muy bien en este modesto restaurante, ha sido toda una suerte dar con él, puesto que ya no tenía más posibilidades de comer o de reponer agua, a pesar de encontrarse más adelante el pequeño pueblecito... o más bien aldea, de Mohorte, señalizado dentro de la Ruta de La Lana, pero que no cuenta con tiendas o restaurante.
    Reanudo la marcha, ya con las reservas de agua al 100%, y con el buche lleno.
    Por fin alcanzo el desvío de Las Torcas, el cual está bien señalizado.


    Abandono la nacional, y me adentro en una carretera local bien asfaltada convertida en un auténtico tostadero.
    Tras unos kilómetros, la tendencia de la carretera es " hacia arriba ".
    No dejo de trepar por cuestas y curvas de herradura, mientras el entorno va cambiando y va dando paso a la frondosidad y a los pinares.
    Por fin llego a la entrada del Monumento Natural de Los Palancares y Tierra muerta... un gran letrero te da la bienvenida.
    Un poco más allá, a la izquierda de la estrecha carretera, me recibe La Fuente del Royo, una fuente con varios caños por los que no para de manar agua, pero un letrero advierte que se trata de agua no controlada... mejor agua de botella.
    La carretera se estrecha, pero es amable y tranquila, con un buen asfalto... lo que más me llama la atención es que no hay prácticamente desnivel, el trazado esprácticamente llano; no hay tránsito ni de vehículos, ni gente, sopla un aire muy agradable y refrescante lleno de pino, y mientras voy adentrándome en el monte.
    Alcanzo el Albergue Juvenil Los Palancares, pero está cerrado a cal y canto... desierto  completamente, a pesar de haber varias casitas a mí alrededor.
    Prosigo por la carretera hasta que unos kilómetros más adelante, en una bifurcación, el Garmin me señala el desvío a la izquierda por una nueva carretera con la misma fisonomía que la que me ha traído hasta aquí.
    Ciclo durante unos kilómetros por la nueva carretera, aunque ahora pica hacia arriba, y siempre rodeado de densos pinares, por fin llega al punto donde el Garmin me indica que está ubicada la primera torca, la cual está a la izquierda de la carretera, a unos escasos 20 metros.
    Me aproximo, pues no sé lo que me voy a encontrar, y al pasar junto a unos pinos me llevo una gran sorpresa... un inmenso precipicio se abre ante mí.
    Me acerco con cuidad, el vértigo no me deja aproximarme mucho más, los bordes no están protegidos, y tiene pinta de ser resbaladizos, aun así, y peleando contra mi miedo, logro asomarme al inmenso cráter que es lo que tengo delante, estoy ante La Torca Rubia.
    Un inmenso y profundo socavón, al que no logro ver el fondo, con paredes verticales, y cubierto de inmensos y pinos.
    Es simplemente impresionante, aquello quita el aliento a los que sufrimos de vértigo, pero me puede más la curiosidad que el miedo a las alturas, y logro asomarme, a duras penas, a la inmensa caída que tengo delante.
    NOTA :
    Hay que tener presente que ninguna de las torcas está protegida ante posibles caídas, no hay barandillas de ningún tipo, solo la prudencia y la cabeza fría para asomarse a estas impresionantes estructuras naturales, si vais con perros o con niños tened mucho cuidado con ellos, pues las torcas son muy profundas y de muy difícil acceso a su interior, y caerse en ellas es mortal por necesidad.
    Frente a la Torca Rubia, quizás de las más profundas, se encuentra la Torca Cenajo, a la que se acceder por una senda desdibujada y muy empedrada, difícilmente accesible a vehículos que no sean 4x4. Se puede acceder andando, no hay problema para ello, pero a diferencia de la primera torca, esta me decepciona un poco, ya que tiene una densa cubierta vegetal que impide verla en plenitud.
    No deja de ser impresionante el poder de la naturaleza para crear estructuras así, pero esta torca, al ser menos profunda que la torca Rubia, y al haber crecido una densa vegetación, mayormente un denso pinar, apenas si se puede visualizar bien su perímetro, o hacerse una idea de su profundidad... eso sí, hay algunas partes que muestran paredes verticales, y, al igual que el resto de las torcas, no tiene protecciones, así que extremar la precaución al acercaros a su borde, pues acercarse demasiado es muy peligroso.
    Realmente no llegué a visitar todas las torcas, hay tantas y con un acceso un poco complicado para hacerlo en bicicleta, que me habría llevado toda la tarde recorrerlas todas, por ello solo visité las más conocidas, a pesar de ello, gran parte de la senda que lleva a recorrer las torcas me vi obligado ha recorrerlo empujando la bici, ya que hay zonas que son casi imposibles de ciclar con una bici cargada.
    Volviendo por la carretera, unos centenares de metros, en sentido hacia el albergue, una senda desdibujada y empedrada se adentra, a la izquierda de la carretera, en los pinares.
    El Garmin me indica que he de desviarme por esta senda.
    Un poco más allá me topo con la Torca del Lobo, la que quizás sea la torca más espectacular de todas junto a la pequeña Torca de La Novia.
    La Torca del Lobo es, con diferencia, la más espectacular, si bien no es tan profunda como la Torca Rubia, es la única que apenas si tiene vegetación en sus paredes y en su fondo, mostrando un inmenso cráter, con paredes verticales que caen a las profundidades de la torca.
    El juego de colores que forman sus distintos estratos le dan un toque casi mágico.
    Esta Torca tiene una bonita leyenda que podréis leer en esta web.
    Su fondo, prácticamente despoblado de vegetación, se muestra allí abajo... uno no puede dejar de buscar, entre todas las paredes del cráter, una forma de salir de allí en caso de caer dentro... difícilmente se podrá salir de allí sin ayuda, eso suponiendo que uno sobreviva a la caída, claro.
    El Garmin me invita a seguir la senda que, a duras penas, se percibe. Voy empujando la bici, ya que el suelo está muy empedrado, y algunas piedras son muy afiladas... malo para las ruedas de la bicicleta.
    Siempre desplazándome dentro del denso pinar que me rodea, llego a la siguiente torca cuyo nombre, al pronunciarlo, uno tiene la sensación de que se le va a hacer un nudo la lengua je je je... La Escaleruela. Esta torca, le pasa lo mismo que a la gran mayoría de ellas, es tanta la vegetación que ha crecido dentro de ella, y tan frondosa, que es muy complicado hacer su idea de su magnificencia, y al igual que pasa con el resto... no os acerquéis mucho a su borde, pues aunque la vegetación de su interior puede engañaros... no deja de tener paredes verticales con fortísimas caídas.
    El Garmin me sigue adentrando en el denso pinar, para poder alcanzar la siguiente, La Torca del Agua, al igual que la mayoría de ellas, está densamente cubierta de vegetación, por lo que no hay forma de hacer una idea de cómo es ni de que profundidad tiene... una lástima, pues terminas al ser la gran mayoría de las torcas así, terminas un poco cansado de ver pinos más que de otra cosa.
    La siguiente, La Torca de El Torcazo, es gigantesca, y al igual que la mayoría de ellas, la vegetación apenas te deja hacerte una idea de su inmensidad y profundidad... ojo y no os acerquéis mucho al borde.
    Ante mi aparece un camino de tierra compactada... ahora camino fuera del pinar.
    Me acerco a la siguiente torca... más de lo mismo, ya ni me molesto en sacarle fotos... para  fotografiar pinos..:-(
    El centro de interpretación está cerrado, se ve que a diario no funciona.
    Hago una parada técnica a la sombra de la cabaña del Centro de Interpretación, con la idea de trasvasar agua fresca de mis botellas de aluminio al bidón que llevo sobre la bicicleta, del que voy tirando para hidratarme.
    En el aparcamiento hay un par de vehículos, y junto a uno de ellos, un hombre de se encuentra sentado en una silla plegable, está descalzo, unas zapatillas de ranning descansan a sus pies.
    Entablo conversación con él, desde que abandoné el pueblo de La Mergosa, no he cruzado palabra con nadie.
    Se llama Cristian... al menos así es como me dice que se llama, y viene de Madrid... ha venido a practicar su deporte favorito el Trail Ranning por la zona de las torcas, y tras recorrer y visitar las torcas, no sabía qué hacer, si continuar hacia Teruel, o hacer noche allí mismo, en el aparcamiento... echaría los asientos para delante y extendería una cama en la parte de atrás de su Picasso... estaba en duda.
    Mantenemos una buena charla, resulta que tenemos muchas cosas en común, lo que hace que a los dos se nos vaya el santo al cielo.
    Me despido de él momentáneamente, ya que yo voy a visitar la Torca de La Novia y el Pino Candelabro, que están un poco más adelante, por la carretera.
    Él tiene la misma idea, pero se retrasará un poco, pues ha de recoger todas las cosas que tiene fuera del coche... ya nos encontraríamos de nuevo en la Torca de La Novia.
    La torca de La Novia es, junto a la del Lobo, la torca más bonita, carente de vegetación que oculte su belleza, es sin duda, la torca más pequeña, pero no por ello deja de ser muy bonita, con unas paredes verticales, en tonalidades rojizas, y en algunos puntos cubiertas por enredaderas que han crecido desde la base de la torca y que le dan un toque curioso y llamativo.
    Frente a la Torca de La Novia, al otro lado de la carretera, una placa de madera indica un camino ancho y en bastante buen estado, por donde los vehículos pueden adentrarse sin mayores problemas, por el cual he de llegar al Pino Candelabro.
    Como digo, el tiempo se me ha escapado... el sol empieza a caer entre el denso pinar, amenazándome con la pronta llegada de la oscuridad.
    Compruebo en el Garmin lo que me resta de visitar... es mucho lo que me queda, y claramente no tengo tiempo físico para ello; aun así, me adentro por el sendero que indica la placa de madera , al otro lado de la carretera... " Pino Candelabro... 500 m ".
    Cristian se me ha adelantado, y cuando llego a su altura, él desciende de su vehículo.
    Decido desmontar de la bicicleta, y juntos recorreremos el camino que nos deberá de llevar a visitar tan peculiar pino.
    Vanos hablando, la conversación es amena e interesante, hablamos de nuestras aficiones, el me comenta que antaño le gustaba mucho montar en bicicleta de carretera, pero una lesión en la espalda le retiró de dicha afición " lumbalgia crónica ", por ello se dedicó a practicar el Trail Ranning .

    Le hago referencia a mi amigo Jose... quizás le conozco de algo o, al menos, le suene el apodo... " Faljau ", al que también le gusta y practica esta modalidad deportiva... por desgracia no le conoce, peroooo, le sugiero que visite su blog... a lo cual él me responde con agradecimiento, pues este deporte le encanta.
    A todo esto, seguimos adentrándonos en el bosque... y el pino de marras que no aparece.
    Llegamos a un punto en que tenemos la sospecha de habernos pasado de largo... se supone que el pino se encontraba a 500 m de la carretera, y hemos recorrido más del doble... quizás, más que por habernos enfrascado en la amena conversación, el hecho de ir siguiendo un camino que no tiene dificultad el seguirlo... el caso es que decimos darnos la vuelta, empieza a hacerse tarde, y no conviene estar por la zona si cae la oscuridad.
    Retornamos a la zona en la que él ha estacionado su coche, y una vez junto a él, nos despedimos.
    Yo retomo los mandos de la bici, y pongo rumbo al inicio del camino... cuando un centenar de metros más adelante, un grupo de unas 4 o 5 personas, me ponen en aviso.
    Le acierto a preguntar a una de ellas por el susodicho pino, y muy amablemente me indica a mi espalda... al darme la vuelta, me doy cuenta de lo lejos que hemos ido a buscarlo... estando tan cerca de la carretera.
    Cristian aparece de entre los pinos, y le hago señas con los brazos... " el pino se encuentra aquí ".
    El Pino candelabro debe su nombre a lo evidente, uno ve este pino caprichoso, y entiende el por qué del nombre... tiene forma de candelabro, un tronco muy grueso se levanta hacia arriba, se divide en dos inmensos brazos, y de ellos, a su vez, varios brazos salen hacia el exterior, curvándose hacia arriba, dándole esa forma tan caprichosa y tan familiar... un candelabro.
    Si miráis a vuestro alrededor, podréis comprobar que no hay ningún otro pino que haya tenido la ocurrencia de crecer, ni siquiera, de forma parecida.
    Le sacamos unas fotos al curioso pino, y, ahora sí, tras despedirnos y desearnos buena suerte y buen viaje para ambos, ya en la carretera, cada uno tomamos la dirección contraria... él dirección a Cuenca, y yo... yo decido que no tengo ya tiempo para seguir con las visitas, las torcas del agua quizás son las más bonitas, pero se me va a hacer de noche, y no me hace ninguna gracia rodar por el monte a oscuras, así que, sintiéndolo mucho, selecciono la asistencia más alta a la bicicleta... la 9, y salgo como alma que lleva el diablo carretera adelante.
    Tengo que llegar cuanto antes a Cañada del Hoyo, el núcleo de población más cercano en varias decenas de kilómetros a la redonda... por delante me quedan 14 km hasta este pueblecito, y la carretera se alía conmigo... ahora es todo en bajada, y las pendientes me lanzan a toda velocidad hacia el pequeño pueblecito que me espera a los pies de la serranía... los frenos arden.
    En Cañada del Hoyo hago un alto en un modesto restaurante que hay dentro del pueblo " La venta de Los Montes ", donde paro a reponer un poco de fuerzas, a base de un par refrescos de cola.
    El sol prácticamente se ha escondido tras las montañas, y la penumbra empieza a cubrirlo todo.
    El track se supone que me ha de llevar desde este pueblo a Fuentes donde haré noche, pasando previamente por debajo de un impresionante viaducto ferroviario ( viaducto Milano ) y conduciéndome por una camino que no se ni en qué estado se encontrará.
    Pregunto en la barra a los camareros, los cuales me remiten a un hombre que está sentado delante de la barra, justo a mi izquierda.
    Las referencias que esta persona me da no son nada malas... supuestamente el camino está en bastante buen estado, él lo suele recorrer a menudo con su quad, y según me confirma, acortaré bastante en llegar a Fuentes... lo malo es que se me hecha la noche encima, y no me hace gracia aventurarme por un camino que desconozco, a oscuras, por lo que la alternativa, a pesar de llevarme a recorrer casi el doble de kilómetros, me resulta bastante más segura... tomar por la carretera que me ha bajado del monte, y a unos 5 km, en el cruce de carreteras, tomar por la nacional que me llevará a Fuentes... en total, por delante me esperan unos 15 km de carretera.
    Salgo del bar, retornando a mi mesa, en la terraza de la entrada, finiquito mi refresco de cola y las olivas que me habían puesto de tapa, y tras encender el foco delantero y el piloto trasero de la bicicleta, me lanzo a toda velocidad, dejando atrás el pequeño pueblo, huyendo de la oscuridad, la cual me dará alcance ya inmerso en la N-420, la cual, por fortuna, soporta poco tráfico y cuanta con un arcén ancho y limpio que me permite rodar a gran velocidad en busca de mi destino final de la jornada, el pequeño pueblo de Fuentes, que curiosamente está dentro del camino jacobeo de La Ruta de La Lana.
    Por fin llego a Fuentes, a la entrada me encuentro con el restaurante Marathon, cuyos dueños muy simpáticos y atentos, son los que regentan también el Hostal** Los Palancares.
    Están un poco ajetreados, la terraza del bar está tomada por un grupo de padres y un nutrido grupete de niños que pululan de una mesa a otra portando regalos... están celebrando un cumpleaños, y los dueños del bar van y vienen con platos y vasos, unas veces llenos y otras vacíos.
    Estoy muy cansado, pero entiendo que la situación en la que he llegado no es precisamente la más adecuada, por lo que me resigno a esperar a que me puedan atender, mientras doy buena cuanta de una botella grande de agua fría en la barra del bar... vigilando de cerca la bicicleta, la cual tengo apoyada en la fachada del bar, justo al borde de la nacional por la que he llegado, y que atraviesa todo el pueblo.
    Por fin, me puede atender la dueña del hostal, una mujer muy atenta y muy simpática que me acompaña hasta el hostal, el cual se encuentra en una calle aledaña al bar.
    Me permite dejar la bicicleta en un cuarto que hay justo a la entrada del portal, como solo se puede acceder con lleva al edificio, no hay problema.
    El edificio está totalmente reformado, pero no tiene ascensor... tampoco es que sea muy necesario; curiosamente las habitaciones no están numeradas, sino que cada una tiene el nombre de una Torca... a mí me ha tocado la habitación · torca de La Novia ".
    La habitación es amplia, con una cama de matrimonio, con un colchón muy cómodo, y mobiliario nuevo y funcional.
    No dispone de A/A, pero tampoco lo echo en falta, una puerta de aluminio que da a un patio interior muy amplio y de acceso único, permite una buena ventilación del dormitorio.
    El baño es moderno, con una cabina de ducha amplia y multichorro, el cual hará mis delicias tras le obligada colada.
    La dueña me ha facilitado un par de sillas de plástico para improvisar un tendedero, el cual montaré junto a la puerta de acceso al patio... para la mañana siguiente la ropa estará limpia y seca.
    La noche de alojamiento me ha costado 30 €, precio que no me resulta nada caro si lo comparo con el zulo en que me metieron la noche anterior.
    Por fortuna, el hostal y la habitación están muy limpios... y esta noche podré descansar sin tener que batallar con ninguna especie autóctona del lugar je je je.
    Track de la ruta de hoy


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    Publicado hace 2 semanas #

  12. Camino junto al Júcar

    Desde el puente sobre el Júcar, cerca de su playa
    Llegando al acceso al Parque Natural de Palancares y Tierra Muerta



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    Publicado hace 2 semanas #

  13. Fuente del Royo

    En el centro de interpretación


    Acceso al Pino Candelabro

    El Pino Candelabro... todo un símbolo de este bello parque natural


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  14. Publicado hace 2 semanas #

  15. Torca Rubia


    Torca Cenajo


    Torca del Lobo

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  16. Torca La Escaleruela

    Torca de La Novia


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  17. Cuarto día, de Fuentes a Valverde de Jucar

    19-08-2017

    Hoy toca ruta corta, la logística obliga, y esa logística no es más que el problema de alojamiento con el que me he topado por toda la zona norte del embalse de Alarcón.
    Por esta parte del embalse, el alojamiento brilla por su ausencia, solo hay un pueblo, Ormedilla de Alarcón, que cuenta con posibilidad de alojamiento... el camping Pantapino... y no llevo tienda de campaña ni nada que se le parezca, ya que he prescindido de ella... simplemente porque las zona de Cuenca y Albacete, por las que pretendo pasar, apenas si hay un par de camping, lo que no justifica el acarrear tantos días una tienda de campaña, el saco, la esterilla... etc.
    Lo que es tema pensiones u Hostales, no hay nada entre Valverde de Jucar y Alarcón.
    Ir directamente desde Fuentes a Alarcón habría sido factible, pero me encontraría con el problema al llegar al día siguiente a Minglanilla, me obligaría ha realizar una ruta corta, ya que no hay posibilidad de alojamiento una vez pasado Villalpardo, siguiendo la ruta trazada, o en el peor de los casos, desviarme a alguno de los pueblos al sur de la antigua N-III y alojarme allí, pero eso me desviaría muchísimo de mis intenciones, recorrer el cañón del Cabriel y visitar la Presa de Contreras... y desde estos pueblos, al sur de la N-III, de siguier el plan de ruta, me habría salido una kilometrada de ciento y muchos km para poder llegar a Casas Ibáñez, algo totalmente inviable, máxime confirmándose mis sospechas, como se me confirmarían al día siguiente... la ruta de mañana va a ser MUY EXIGENTE.
    La mejor forma de cuadrar días, distancias y alojamientos pasaba por hacer hoy una ruta corta y alojarme en el Hostal Paqui, en Valverde de Júcar... de no hacerlo así habría tenido problemas logísticos, pero, sobre todo, de autonomía de las baterías.
    Dado que hoy toca ruta corta, me levanto " tarde ", en lugar de hacerlo en torno a las 6:30 am como vengo haciéndolo hasta ahora, me levanto un hora más tarde, y así salgo más descansado, total, me espera una ruta de poco más de 45 km... y todo por carretera.
    Tras preparar el equipaje y subirlo a lomos de mi Mercury ( no, no es un coche americano ), me acerco tranquilamente al bar Marathon, donde me preparo una mesa en el exterior, poco después la dueña del hostal me sirve el desayuno.
    La mañana se ha despertado a ritmo de copla, cuatro o cinco parroquianos, que ya estaban dentro del bar cuando llegué, se arremolinan en torno a otro, un hombre de unos 60 años, al que jalean y vitorean, quien a golpe de copla, va haciendo un recorrido por todo el cancionero español.... menudos pulmones... y menuda voz.
    Muchas de las coplas me recordaban a mi infancia, pues mis padres gustaban de sentir copla española, y los recitales estaban servido cuando íbamos de viaje en el coche... en el radiocasete, se entiende ;-)... y el parroquiano me las recordaba unas tras otras, pues cantaba en " pupurril ", eso sí, sin desafinar ni una sola vez, y con un magnífico y potente tono de voz... la verdad es que el desayuno estuvo bien amenizado.
    Tras el desayuno, me despido de la dueña, y abandono el improvisado O.T. en que se ha convertido el interior del bar, para dirigir mi pesada bicicleta hacia un pequeño puente de piedra que me permitira cruzar cauce seco del arroyo San Miguel, cauce que cruza el pueblo.
    Dejo atrás las últimas casas, y cuando creo que ya solo me queda la carretera por delante, y al pasar a la altura de una gran nave... de reojo lo veo, y no puedo evitar parar la bici casi casi de golpe... " me ha parecido haber visto un ...".
    Sin pensarlo dos veces, doy la vuelta y vuelvo dirección al pueblo, pero mi intención es desviarme hacia la parte trasera de la nave que acabo de sobrepasar.
    Al llegar a la parte trasera... ahí está, es inmenso, no puedo evitarlo, me bajo de la bici y me acerco a él a sacarle fotos... un Titanosaurio en medio de un pequeño parquecito... " Parquecito Jurásico " je je je

    Hay una cartel donde explica que tipo de dinosaurio era, y cual era su habitad en la provincia de Cuenca.
    Justo donde termina el parquecito, una extensa plantación de girasoles baña de amarillo y verde la planicie, y según el cartel informativo que hay junto al Titanosaurio, en medio de esa plantación es donde se descubrieron, tiempo atrás, varios fósiles de este gran saurio, por ese motivo han levantado aquí una figura a tamaño real, supongo, de esta bestia que vivió por esta zona hace un buen puñado de millones de años. Esta figura del Titanosaurio está señalizada como uno de los puntos a visitar dentro de La Ruta de Los Dinosaurios de Cuenca.


    Tras hacerme unas fotos con " Dino ", ahora sí, prosigo mi camino, dejando atrás Fuentes y su curiosa " mascota ".
    Llego a las vías del Ave, las cuales cruzo bajo un paso inferior, mientras el asfalta da paso a la tierra y la gravilla.
    El camino me adentra en la campiña, mientras sigo avanzando hacia mi proxóimo objetivo la carretera N-320, la cual alcanzo tras un rato de corretear por un camino que no me ha puesto muchas complicaciones.
    El camino muere en un cruce sobre la N-320, de frente, una carretera flanqueada por dos hileras de árboles, lleva al vecino pueblecito de Villar del Saz de Arcas.


    En el cruce tomo a la izquierda por la carretera N-320, la cual me recibe con escasísimo tránsito de vehículos, su firme es muy bueno, y cuenta con un arcén que no le va a la zaga... ancho y limpio.
    Me toca despertar al Bafang, pues la carretera rápido comienza a tirar para arriba.
    Voy avanzando por su arcén sin ningún problema, pero la cosa mejora cuando el carril derecho se desdobla en otro carril para vehículos lentos... la cuesta se pone seria, por lo que me veo en la necesidad de subir las asistencias de la bicicleta si quiero coronarla con éxito y sin bajar demasiado el ritmo.
    Nada más coronar la cuesta, el Garmin me avisa del desvío que he de tomar a la derecha... una pista forestal que se adentra en un bosque de pinos, me llevará por un remanso de paz.
    La pista es bastante ciclable, si bien me encuentro algún que otro tramo de piedras sueltas y baches, pero en conjunto, la pista es muy ciclable y  bastante amigable.


    Tras recorrer los cerca de 7 km de piesta ésta termina en la carretera CM-2100, carretera muy tranquila y solitaria, la cual me llevará a mi primer destino parcial, Valeria.
    Valeria es un pequeño pueblecito al sur de Cuenca, el cual no destacaría si no fuese por que tiene, a las afueras, los resto de lo que fue un gran asentamiento Romano, el cual tiene la particularidad de haberse conservado bastante bien, y por encontrarse en un alto con vistas impresionantes... pero Valeria tiene algo más que ofrecer, y eso " algo más " lo disfrutaré una vez abandone este pequeño pueblecito, en el cual hice una paradita " técnica "... mis jarritas de cerveza sin alcohol.
    En la plaza del pueblo, en la cual se levante majestuosa la iglesia, una terraza me ofrece la oportunidad de hacer esa parada " técnica " que tanto he disfrutado a lo largo de mi viajes.
    La chica que atiende la barra no atiende las mesas de fuera, así que, tras aparcar como buenamente puedo mi pesada bicicleta, me introduzco en el bar, poco después saldré a ocupar una mesa con dos tercios de cerveza helada y una jarra con un poco de limón.
    Mientras degusto el jugo de cebada de mi jarra, un grupo de ciclistas se va apelotonando poco a poco en la plaza... van llegando por tandas, y cada vez se va juntando más y más gente vestida como yo, con ropa de llamativos colores y bicicletas de montaña.
    Tras un rato en el que no ha dejado de llegar gente a la plaza, deciden agruparse delante de la puerta de la iglesia... son tantos que no se yo si van a salir todos en la foto.
    Como siempre, foto de rigor para poder presumir del " yo estuve allí ", y de repente, la gente desaparece  en todas direcciones, unos se arremolinan en torno a los vehículos que hay aparcados delante del bar, otros desaparecen por las calles aledañas... el caso es que en poco más de 10 minutos, allí no quedaba ni el Tato.
    Poco después, la chica del bar me pondría al día sobre el evento que se había acabado de celebrar... era una concentración no competitiva que se celebra todos los años en Valeria, y que atrae a muchísimos ciclistas de todos los pueblos de alrededor... y más allá.
    Tras un rato en el que he disfrutado de la refrescante bebida, prosigo mi camino, pero éste no me ha de llevar muy lejos, ya que cerca de la plaza se encuentra el acceso a las ruinas romanas.
    Al llegar a la entrada, una gran verja de hierro me cierra el paso.
    A la derecha de verja se levante el Centro de Interpretación de Valeria.
    Le pregunto a la mujer que se encarga del centro de interpretación si puedo acceder con la bicicleta... la respuesta es rotunda... " solo se permite el acceso andando ".
    La mujer me da una posible solución, me permite candar la bici a la verja de hierro y así podre visitar las ruinas.Hay dos recorridos, uno corto y otro largo, el corto es de 30 minutos de duración, el largo es de poco más de una hora.
    Me veo en la obligación de desistir en mi intento de visitar Valeria, el calzado que llevo es de ciclista y con las calas no voy a aguantar ni 15 minutos andando... las calas me van a hacer polvo los pies, así que lamentándolo mucho desisto de visitar la ciudad romana.
    La mujer, con toda la mejor intención, al comprender el motivo por el que renuncio a la visita, me ofrece la posibilidad de ver un vídeo de unos 10 minutos de duración donde podré contemplar los resto de la ciudad romana... pero agradecido rechazo la oferta " si veo el vídeo me vas a poner los dientes largos y va a ser peor, así que prefiero no verlo... ya vendré en otra ocasión con la familia ".
    Retomo los mandos de mi bicicleta, y sin mirar atrás, abandono el pueblecito de Valeria, poniendo nuevamente rumbo hacia la tranquila CM-2100, un poco más adelante me aguarda mi siguiente destino parcial, el cañón del río Gritos, el cual recorre por su base esta carretera.
    En realidad El Cañón del Río Gritos se inicia en torno a la cima donde se asienta los resto de la ciudad romana de Valeria, el cañón serpentea en torno a la cima, y termina discurriendo hacia el sur de la ciudad romana.
    Mi intención es recorrer todo lo que pueda del cañón, y para ello, he de desviarme a la izquierda de la carretera, por un camino que se adentra en una gran garganta, bordeando los farallones sobre los que se asienta la ciudad romana.


    El camino muy fácil de seguir, a ratos se estrecha por la vegetación, pero no hay problema en ciclar por él. Poco a poco me va llevando hacia el interior del cañón, paredes verticales muy altas, matices de colores, formas caprichosas, todo ello se va exhibiendo ante mi, mientras me voy adentrando más y más en el interior del cañón, el cual, lejos de estrechase, se ensancha.
    A mi izquierda voy deleitándome con el cortado rocoso que cae casi en vertical sobre el camino por el que discurro, a mi derecha, una hilera ancha de juncales y carrizos me chiva que el rio gritos corre por ahí.
    Llego a un punto donde el camino gira a derechas y salva el estrecho cauce del río Gritos sobre un pequeño puente. Un grupo de senderistas se acercan desde él otro lado, a los cuales les consulto sobre la posibilidad de continuar por el otro lado del cañón, al otro lado del río. Por lo que me cuentan, no parece que haya problemas en que lo recorra con la bici, solo que me va a tocar recorrer algo más de distancia para poder volver a cruzar el río por un supuesto puentecillo que hay cauce abajo.
    Me lo pienso dos veces, y decido retornar a la carretera por el mismo camino por el que he venido, a fin de cuentas, el recorrido va a ser el mismo por un lado del río que por el otro.
    Ya en la carretera, tomo a mano izquierda, en sentido Valverde de Júcar. Discurre paralela al rio, mientras voy deleitándome con las altas paredes del cañón.
    Dentro del cañón corre un aire fresquito, el Sol no es el machacante de las jornadas anteriores, y la luz dentro del cañón muestra los interminables matices de colores de las paredes verticales... por esta zona voy ciclando sin prisas, con el motor apagado... disfrutando del momento
    Por desgracia no hay mucho sitio donde apartarse de la carretera pasa sacar algunas fotos, pero el cañón ofrece instantáneas según se va avanzando.
    Del cañón se sale igual que se entra, por la carretera. Tras llegar al cruce con el pueblo de Valera de Abajo, donde hice un alto para comprar en un pequeño supermercado que hay dentro del pueblo y que abre los sábados, necesitaba pilas y agua.
    Tras realizar mi pequeña compra decido acercarme a la plaza del pueblo, donde hay varios cajeros automáticos.
    Tras reponer mi ya debilitado monederos, decido llamar a Valverde de Júcar, al hostal Paqui, para realizar la reserva de la habitación... les queda una habitación, y esa es para mi.
    Ya con la reserva hecho, pongo rumbo a Valverde de Júcar, que no me pilla muy lejos de aquí... a escasos 10 km.


    El hostal, para tener una estrella está muy bien, aunque el acceso al hostal es por escaleras, pero al menos cuenta con ascensor, el hostal está reformado, y es muy limpio.
    Los dueños del hostal son muy simpáticos y muy atentos, y me permiten guardar la bicicleta en un salón que tiene cerrado bajo llave.
    La habitación es muy grande, con dos camas, una tele plana grande y equipo de A/A.
    El mobiliario es rústico, pero nuevo, y el cuarto de baño está muy limpio, y la dicha, aunque es de cabina... un poco estrecha para mi gusto, pero que me va a ofrecer una ducha de las que hacen época.
    El precio de la habitación, con desayuno incluido fue de 30 €.
    La comida fueron 12 € ( 1º, 2º, pan, bebida y postre + un café con hielo ), la cena fueron 11€.
    La comida y la cena la realizo en el propio restaurante del hostal, donde, por cierto, se come muy bien y los camareros están muy atentos a todo lo que necesites.
    Por cierto, si tenéis oportunidad de probarlo, os recomiendo que probéis un plato típico de Cuenca y que en este restaurante suelen tener en el menú, se trata del Ajoarriero, un plato sencillo, pero muy rico, cuya base principales el bacalao desalado y la patata... es un plato exquisito, del cual hay varias variantes, por ejemplo, en la zona de Cazorla existe un plato típico muy parecido, solo que lleva pimiento rojo en su confección, en aquellas tierras a este plato se le conoce como Rin Ran... y está igual de bueno.
    La jornada de hoy no da para mucho más... total, no ha llegado ni a los 50 km... la de mañana será otra cosa... mañana si que me espera una buena jornada... pero eso será mañana.
    Track de la ruta de hoy

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  18. La " macotilla " de Fuentes...


    Junto al " Parquecito Jurásico " de Fuentes


    Cañón del río Gritos... la furgo ya estaba ahí cuando yo llegué ¿ vale ?







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    Publicado hace 1 semana #

  19. La " macotilla " de Fuentes...


    Junto al " Parquecito Jurásico " de Fuentes


    Cañón del río Gritos... la furgo ya estaba ahí cuando yo llegué ¿ vale ?







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  20. Sentido Valeria

    Sentido Valverde de Júcar


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  21. Quinto día, de Valverde de Jucar a Minglanilla

    20-08-2017
    La ruta que tengo hoy por delante promete regalarme preciosas instantáneas, pero para ello me voy a ver obligado a rodar muchísimos kilómetros por una Nacional III casi olvidada, relegada a mera carretera de servicio,  lo que me va a suponer muchos kilómetros de aburrido pedaleo, pero también de tranquilidad y relajamiento.
    A pesar de que el despertador me desvela a las 6:30 am, no iniciaría ruta hasta cerca de la 8:00 am, ya que tengo el desayuno incluido en el precio de la habitación, pero es que el restaurante no abre hasta las 7:00, por lo que me tomo mi tiempo para organizar las alforjas y dejar todo preparado para, tras el desayuno, iniciar la nueva jornada de hoy, la cual va a ser dura, más que nada, por el calor machacante que voy a encontrarme durante todo el trayecto.
    Los dueños del hostal han sido muy atentos conmigo, no solo me han permitido guardar la bicicleta en un salón que ellos tiene cerrado bajo llave, antes de abrir el restaurante, me han abierto el salón, para que pueda sacar la bici cuando diga de marcharme, así no tengo que estar detrás de ellos... que gente más maja.
    Inicio la jornada con la idea de ir en busca de la orilla del pantano de Alarcón, ya que uno de sus recodos, cerca de la cola del pantano, queda muy cerca del pueblo, más bien, a las afueras, y tengo ganas de verlo; he visto fotos de la zona, y tengo ganas de rodar cerca del agua.
    El Garmin me guía hacia un antiguo camino que, antaño, unía Valverde con Hontencilla, pero que, supuestamente, se debe de encontrar sumergido bajo las aguas del pantano, aun así, y siempre según las imágenes que había visto en Google Earth, me podría acercar hasta el borde del agua si recorría la parte de este camino que no queda anegada.
    Llego al supuesto camino, un letrero amenazador me advierte del peligro, ya que me estoy metiendo en una zona inundable.


    Supuestamente, el agua debería de encontrarse donde terminan los árboles de la derecha... supuestamente, y siempre  según el Google Earth, y mi Garmin, los peces deberían  de estar disfrutando de este camino, pero... lo que me encuentro son grandes plantaciones de girasoles en torno a él.
    No lo entiendo, el Garmin me muestra la pantalla en tonalidad azul, en este punto debería de estar nadando... a todo ésto, la calle del pueblo que me ha traído hasta este camino... está a escasos 100 m., a mi espalda, según he sacado la foto de arriba.
    Soy un mar de dudas, supuestamente, hasta donde alcanzo con la vista, debería de estar cubierto de agua, pero lo que tengo delante no hace más que acrecentar mis dudas... el camino no solo está libre de agua, el suelo da fe de no haber visto una gota en muchísimo tiempo.
    Una impresionante recta se abre ante mi, y allá, en la lejanía, la pierdo de vista entre unos árboles... ¿ cortará el agua el camino al otro lado de esos árboles ?... esa era mi gran duda... pues aquellos arbolitos estarían a uno o más kilómetro... y no me hacia ninguna gracia llegar hasta ellos y tener que volverme por encontrarme todo anegado.
    En realidad, el track de hoy me lleva por una calla que, supuestamente, corre al borde de la supuesta orilla del pantano; dicha calle me debería de llevar a la carretera CM-2100, para, una vez en ella, y habiendo bordeado todo el codo del pantano, llegar al pueblecito de Hontencilla.
    No se que hacer, no veo a nadie a quien le pueda preguntar... sigo el track, o me arriesgo por el camino.
    Tras unos minutos en que las dudas no me dejan decidirme, aparece, como caído del cielo, un hombre acompañado de un perro, el cual deambulaba libremente por la zona que debería de estar sumergida.
    Le pregunto a este hombre si hay algún problema en recorrer el camino, y si estaría cortado más adelante.
    El hombre no lo duda ni por un momento... " el camino está libre de agua, puedes ir sin problemas hasta Hontencilla por él... lleva más de dos años que el agua del pantano no llega hasta aquí, a penas llueve, y el pantano está muy bajo, por lo que no vas a tener problemas en todo el camino, de hecho, nosotros, los del pueblo, lo recorremos con nuestros coches todos los días ".
    Sin pensármelo dos veces, me aventuro por el camino, el cual está cubierto de gravilla y una arena muy fina, parecida al talco, que se levantaba en polvo al paso de mi bicicleta.
    No hay rastro de agua, lo que voy encontrando son girasoles y vestigios de los que meses atrás fueran trigales... han aprovechado los terrenos que anegaba el pantano para cultivar... hasta que vuelvan a subir las aguas, que de momento no va a suceder.
     Llego a un punto del camino en que gana algo de altura, no es mucha, pero si la suficiente para contemplar, en la lejanía, donde quedan las aguas del pantano... calcularía que a un par de kilómetros de donde me encontraba, las aguas son visibles gracias a que todo al rededor del camino es un páramo yermo, y casi despojado de vegetación, apenas hay desnivel... toda una llanura.
    No tardo mucho en llegar a Hontencilla, el camino es completamente recto, y con ello me he ahorrado unos kilómetros de haber seguido el track, es una pequeña recompensa que recibo con agrado... no todo va a tener que ser malo je je je.
    En Hontencilla, el camino por el que vengo entronca con la CM-2100, a la cual me incorporo dirección Este.
    El pueblo aún sigue dormido, y sin detenerme, lo atravieso raudo, la comarcal, libre de trasiego, me permite rodar deprisa sin necesidad de molestar al Bafang, el cual sigue ahí abajo, dormido pero latente, a la espera de entrar en acción a mi demanda.
    Unos kilómetros más adelante, siempre por la comarcal, llego al siguiente pueblo, Buenache de Alarcón.
    NOTA :
    He de decir que, si bien la mayoría ( por no decir todos ) los pueblos que están ubicados al note del Pantano de Alarcón, carecen de infraestructuras hoteleras de cualquier índole, si es cierto que algunos de ellos, se puede encontrar alojamiento en casas rurales, que de este tipo de alojamiento si que es fácil encontrar, el problema es que en la gran mayoría de ellos, lo que se alquila es la casa completa, algo que es inviable tanto para una sola persona como para hacer noche... los precios son prohibitivos en la mayoría de los casos.
    A las afueras de Buenache, un bar junto a la carretera me ofrece la posibilidad de tomar un tentempié, y de paso, cambiar el agua de mis botellas de aluminio, las cuales he llenado con el agua del grifo de la habitación, que aunque es agua potable, el sabor no me termina de convencer... prefiero el agua embotellada, me da más confianza.
    Debo de dejar la bicicleta fuera, ya que no hay terraza en el exterior, y al estar tan cerca de la carretera no quiero dejar la bici sin protección, por lo que dejo en manos de mi Abus su cuidado, candandola a una verja que hay al otro lado del bar.
    Un lugareño, que acaba de arribar a la orilla del bar no deja de observar mis maniobras... " ¡ ... Si no te la va a tocar nadie, aquí nos conocemos todos, y somos gente de fiar ! ", me dice en un todo un poco burlón.
    Yo sigo a lo mio, cando mi bicicleta, y dirijo mis pasos hacia este hombre.
    " Sí, es posible que en este pueblo sean todos ustedes muy buena gente y de fiar, yo no lo voy a poner en duda, pero se tarda muy poco en abrirle la puerta a una furgoneta y echar dentro la bicicleta... y adiós a mi medio de transporte ".
    Al hombre no le quedó más remedio que meterse la lengua ahí, en esa parte baja de la espalda y donde nunca da el sol, acto seguido me introduje en el bar.
    ... Valencianas... ¿ es que no fabrican los pasteleros en Cuenca más que Valencianas ?... en la mayoría de los bares o cafeterías que paraba a re-desayunar, solo me ofrecían valencianas o tostadas... pfff, he terminado un poco cansado de estas magdalenas.
    Con el sol siempre de cara, y la soledad de compañera, dirijo mis rodadas hacia el siguiente pueblo, Olmedilla de Alarcón, el cual bordea la carretera por el sur.
    Cerca del pueblo se encuentra el Camping Pantapino, el cual ya llevaba yo programado en mi gps... uno no sabe cuando o donde podrá reponer agua, o comer algo,  por lo que no hay que desechar ninguna posibilidad.
    Continuo mi viaje, siempre por la solitaria comarcal, pendiente de las indicaciones de mi fiel guía, mi Garmin Etrex 30, pues tras este último pueblo, he de desviarme a la derecha por un supuesto camino que me ha de llevar hasta el cruce de la antigua N-III con la carretera de Alarcón... el Garmin sabe, y me dejo llevar por él.
    A poco más de dos kilómetros de Olmedilla de Alarcón, el Garmin me avisa del susodicho desvío, una estrecha carreterilla que me lleva hasta unas construcciones ( casas y naves ).
    He de atravesar por medio de ellas, la carreterilla serpentea entre los edificios, y al poco, se convierte en camino ancho y amigable, el cual se adentra en los campos de labranza... más adelante el camino me adentrará en un pinar, donde el susodicho cambiará su fisionomía, embruteciéndose, con algunos puntos donde encontraré sobre el terreno bastantes piedras.
    Lo bueno es que, en la distancia, y como si de un faro se tratase, ya se puede ver el castillo y los torreones de Alarcón... ya me queda menos para llegar a uno de mis destinos principales de esta jornada.
    A poco de pasar el pinar, el camino vuelve a ser amable, no tardo mucho, en alcanzar el cruce de la antigua N-III, por la cual apenas si transitan vehículos.
    NOTA :
    Al igual que le ocurriera a la antigua N-400, la antigua nacional que unía Toledo con Cuenca, y por la que ciclé mi segundo día de ruta, el tramo Tarancón - Cuenca, esta antigua nacional III ha sido relegado a un segundo plano.
    En este caso, y al contrario de lo que ocurriese con aquella, la N-III no ha perdido su " nombre de pila ", por lo que no es considerada " vía de servicio ", pero eso no cambia el panorama de esta carretera, una carretera que apenas soporta tráfico, que cuenta con un muy buen firme, y con un arcén ancho y limpio, por el que poder ciclar sin problemas.
    Puedo aseguraros que la N-III es una carretera tranquila por la que poder ciclar sin problemas, eso sí, no ha que olvidarse que es una carretera que sigue siendo usada para comunicar los distintos pueblos por los que atraviesa, por lo que seguro que vamos a cruzarnos con vehículos, pero lo que no vamos a encontrar es tráfico denso, ni tan siquiera tráfico, como lo hay en la autovía A-3, que es la que se ha encargado de desalojar todo ese denso tráfico que antaño soportaba esta carretera.

    Ya a pie de cruce, me surge la duda, ya que este cruce me ha de servir de " distribuidor " para alcanzar tres lugares que quiero ir a visitar; a la derecha derecha, y siguiendo el curso de la N-III sentido Madrid.
    Quiero alcanzar el Hotel Claridge, y un poco más adelante, y tras atravesar el largo y oscuro túnel de Alarcón, alcanzar el muro de la presa que le da nombre al túnel, La Presa de Alarcón.


    El motivo principal de querer haces estas dos visitas, las cuales me obligan a realizar un buen desvío de mi ruta, es la añoranza, y los recuerdos.
    Corría mediados de 1990 cuando, por motivos de trabajo, me veía en la necesidad de viajar a Valencia y Castellón en los autobuses de una empresa madrileña muy conocida que cubre la mayoría de los trayectos a la zona levantina.
    Por aquellas fechas, la A-3 estaba en construcción en la mayor parte de su trazado, por lo que el viaje lo realizábamos por esta N-III... y el paso por la Presa de Alarcón... y la posterior de Contreras, eran obligados... a su paso por estos dos puntos, era inevitable clavar la vista más allá de los grandes ventanales del autobus... cuando iba para el levante siempre procuraba cogerme asiento de ventanilla derecha, me encantaba recrearme en las vistas que ofrecía las dos presas desde el autobus.
    El ahora abandonado Hotel Claridge, situado a poco de salir del largo túnel, era el punto de parada donde esta empresa de autobuses hacía su escala para que los viajeros pudiéramos " estirar las piernas "... hoy, como digo, el hotel está cerrado, y aunque realmente no está abandonado, pues sus dueños lo intentan mantener estructuralmente, a la espera de que les salga un potencial comprador, la verdad es que da más la sensación de encontrarse abandonado que de otra cosa.
    27 años después he regresado a estos dos lugares, el primero, la Presa de Alarcón, con la idea de volver a deleitarme con la belleza que ofrece su caída, en una de las hoces que realiza el Júcar, la otra, el hotel... más que nada por mera curiosidad.
    NOTA :
    Tras pasar junto al abandonado hotel Claridge, y un poco antes de alcanzar el túnel de Alarcón, un desvío a mano derecha lleva al Albergue de Alarcón, un lugar donde poder alojarse a un precio más que interesante, eso sí, os recomiendo que les consultéis previamente la posibilidad de alojaros, ya que os pude suceder como me ocurrió a mi, que llamé para hacer una reserva para la noche anterior, y me dieron calabazas, ya que, al parecer el albergue había sido ocupado por un grupo grande de gente que lo ocupo entero, por lo que no tenían plazas libres.
    Realmente este motivo, y el que en el hostal** Don Juan, en Alarcón estuviese igualmente completo, fueron la causa de que el día de antes me viera obligado ha realizar una ruta corta, viéndome obligado a recalar en Valverde de Júcar, cuando mi idea inicial era hacer noche en Alarcón... o alrededores, siendo la de hoy la que tenía proyectada como ruta corta a Minglanilla... pero las cosas no siempre salen como uno espera o desea.
    Por otro lado, tener presente que Alarcón es un pueblo muy visitado, y los fines de semana es muy probable que no encontréis alojamiento en el pueblo, al no ser que reservéis con antelación.


    Abandono la presa, sumido en los recuerdo del pasado, los cuales han regresado nítidos, mientras me adentro en la oscuridad perpetua del largo, frio y solitario túnel.
    Tras salir del túnel me vuelvo a detener a sacar otro vídeo rápido, pues tras la presa, el Júcar ne enfrasca en un continuo zigzagueo de hoces y pinares.
    Alcanzo de nuevo el cruce " distribuidor ", y en esta ocasión me desvío a la derecha de éste, por una carretera bien asfaltada, pero sin arcén, la cual no es demasiado transitada, y que me ha de llevar a varios puntos donde poder deleitar la vista en una preciosa e inmensa hoz que se abre a la derecha de la carretera, paso previo a entrar en el bonito y bien cuidado pueblo de Alarcón.
    Mi fiel guía me avisa del desvío, a mano derecha, por un camino que me conduce hacia unas viejas edificaciones; llego a la altura de los restos de piedra de lo que fuera antaño un corral o quizás un cobertizo, a mi izquierda, y a su altura decido que es buen lugar para empezar a llenar de fotografías y de vídeos la ya mermada memoria de mi modesto smartphone.


    Ante mi, y en una caída considerable, se abre una preciosa panorámica que, con forma de herradura, ha creado el caprichoso Júcar.
    El aumento del caudal y sus remansadas y verdosas aguas, propiciadas por una modesta represa que hay al otro lado de la herradura, acentúan aun más si cabe, la belleza del lugar.
    Hay una estrecho caminito que se inicia desde el mismo que me ha traído hasta aquí, y por el que, en un principio tenía intención de aventurarme, este caminito, en continuo descenso, va serpenteando por las laderas del cañón, adentrándose en él, a la vez que te lleva a la cota donde se encuentra el agua, para, tras recorrer por el fondo toda la herradura, devolverte a lo alto del cañón, ya a la entrada del pueblo.
    Desisto de mi idea, tras repasar a conciencia la parte de camino que se puede ver desde mi posición.
    El camino en cuestión no es muy amigable que se diga, no es muy ancho que se diga, hay zonas que son un poquito técnicas ( más bien diría que mucho )... las alforjas y la técnica ciclista no es que se lleven muy bien que se diga... y el camino no parece que sea dado a conceder segundas oportunidades, si no sabes lo que debes de hacer a los mandos de la bici, o te equivocas, o simplemente pierdes el control,  lo que te espera es un buen remojón en las profundas y verdosas aguas del rio, el cual te espera allá abajo.
    Regreso a la carretera, para continuar hacia el pueblo, pero hay varios puntos previos que te ofrecen unas panorámicas magníficas de " la herradura ", en esta ocasión, en el lado opuesto, ya junto al pueblo.
    A mano derecha de la carretera, una gran planicie, la cual es usada como improvisado aparcamiento, te permite asomarte al abismo, y deleitarte con unas impresionantes vistas de toda la hoz; desde este lugar puedes contemplar en su totalidad la hoz que forma el río.
    Al otro lado de la carretera han levantado un pequeño " recibidor " en piedra, el cual te da la Bien Bienvenida al Pueblo de Alarcón.
    La cosa no termina en la explanada junto a la carretera, hay que recordar que Alarcón se encuentra ubicado en un promontorio que se asoma a las hoces del Júcar, y el rio serpentea en tono a este bonito pueblo, por lo que, te asomes por donde te asomes, en sus múltiples " terrazas " que hay por todo el perímetro del pueblo, lo que verás es Júcar, retorciéndose en torno al pueblo, en las profundidades del cañón que circundan el pueblo.
    La entrada al pueblo no puede ser mejor, tres arcos de piedra, que pertenecen a las antiguas murallas que rodean el pueblo, controlan su acceso... mientras a la derecha de la carretera que te lleva a rodar junto a la milenaria muralla, a su izquierda te invita a deleitarte con el poder de la madre naturaleza... densos bosque de pinos que " resbalan " como si de toboganes se tratasen las abruptas paredes de piedra que caen al fondo del cañón, mostrándose en una grandiosidad indescriptible.


    Alarcón es un pueblo muy pequeño, apenas si cuenta con ciento y pocos habitantes ( dato que me facilitó el dueño del restaurante en el que paré a tomarme mis tradicionales jarritas de " beer and lemon " fresquitas ).
    La verdad es que, al sumergirme por sus calles, no puedo más que sentirme un poquillo decepcionado, esperaba casas de piedra y calles empedradas, pero lo que me encuentro son casas bajas encalas... y sí, al menos las calles tan empedradas... pero lo que realmente me frustras es que las calles tan tomadas por los coches, hay montones de coches aparcados por todos lados, lo que desluces muchísimo el atractivo que pueda tener sus calles.
    Me acerco al castillo, convertido en Parador Nacional, el cual se encuentra en un extremo del pueblo y, como no, al borde del cañón, al que se asoma sin miedo a la gran caída que hay a los pies de su muralla.
    Justo al lado hay una especie de placita, la cual está rodeada de arboles que ofrecen buena sombra, y en el extremo opuesto a la calle, la placita ofrece un balcón de piedra, un mirador desde el que poder asomarse a la inmensa hoz a la que la cercana muralla del castillo desafía en las alturas.
    Alarcón es un pueblo que vive por y para el turismo, está bastante bien equipado en cuanto a alojamiento y restaurantes se refiera.
    Cuenta con la joya del Parador, como ya he comentado, ubicado en el mismo castillo, así como varios hostales y pensiones, o varios restaurantes.
    Visitar Alarcón merece la pena, así como venir a disfrutar, no solo de su belleza natural o arquitectónica... también por las muchas posibilidades que ofrece en cuanto a deportes al aire libre... rutas senderistas o de mtb recorren la zona.
    Regreso al " distribuidor " de la N-III, en esta ocasión tomo a la derecha, mi nuevo destino parcial se encuentra en Motilla del Palancar, municipio al que llego ya bien avanzado el medio día, y tras un buen trecho de carretera solitaria y aburrida donde me he ido cociendo a fuego lento, la carretera parece que no se va a terminar nunca...
    La N-III atraviesa el pueblo, y en una gasolinera que hay en el centro del mismo, junto a la carretera, decido hacer algo de compra para comer, hoy la comida la voy a hacer " en ruta ", buscaré un lugar a la sombra, apartado del tráfico, y dejaré pasar las horas que más caldean el día.
    Como no podía ser de otra forma, en la gasolinera me he de topar con el " listillo del pueblo ", un tío que ya  estaba allí, en la gasolinera, cuando yo llegué, y que al verme sacar el Abus para candar la bici... me dio la sensación de que se me repetía la situación... imitando al de Buenache de Alarcón... igual tono jocoso y sonrisita estúpida en la boca... " si no te la va a tocar nadie... si quieres yo te la vigilo "...  ¿ es que hay gente que no tiene nada mejor que hacer que ofrecerse como improvisado " guardabicis " ?.
    Prefiero no contestarle, pero para no parecer maleducado, le contesto con una sonrisa forzada, acto seguido cando la bici a un enrejado donde almacenan bombonas de gas, previo permiso del " gasolinero " que se encuentra al otro lado de un ventanal de cristal blindado, y que estaba siguiendo con atención mis maniobras.
    Tras comprar la comida, unos refrescos bien fríos, y un gran polo de hielo, el más grande que había en la cámara, reanudo la marcha.
    No se donde voy a parar a comer, pero continúo por la carretera, con la esperanza de encontrar un apartado, a la sombra de algún árbol o algo que me la pueda ofrecer.
    Al poco de abandonar Motilla del Palancar, a la izquierda de la carretera, un restaurante cerrado me ofrece la solución, su aparcamiento techado, libre totalmente de cualquier vehículo, me va a servir de improvisado merendero... no hay nadie al rededor, estoy completamente solo, por lo que voy a tener una comida relajada y tranquila.
    Mientras mi comida va tomando temperatura al sol, voy acomodándome para la ocasión, despojándome de todo aquello que pueda impedirme una relajada comida... fuera zapatos y calcetines,  me calzo mis chanclas, fuera casco, bandana, gafas, guantes, maillot... preparo un improvisado mantel con la bolsa de plástico en al que he traído la compra, y preparo la bebida y los cubiertos, un tenedor pequeño que traigo de casa, y mi inseparable navaja suiza... tras unos minutos al sol, la comida está calentita... y sin más miramientos... a comer.
    Tengo que revisar el plan de ruta, pues a pesar de seguir el track marcado, no estoy siguiendo el plan de ruta que debería de llevar hoy... ya sabéis la logística manda.
    Me quedan que pasar dos pueblecitos más... Castillejo de Iniesta y Granja de Iniesta, tras este último llegaré a Minglanilla, donde ya tengo reserva hecha en el único hostal que hay en el pueblo... o al menos que yo sepa.
    Tras recoger los restos de mi comida, y volver a equiparme con la " coraza anticalórica " en que llevo convertida mi ropa húmeda, vuelvo a la bendita, solitaria y cansina monotonía de la nacional... vuelvo al calor y al sofoco.
    Los kilómetros van cayendo, curiosamente en esta ruta apenas si he usado el sistema eléctrico, lo que significa que llevo las dos baterías bien cargadas, decido que en adelante, y hasta llegar mi destino final de hoy, voy a facilitarme las cosas, y de paso, intentar aligerar el ritmo, pues el sol me está castigando de lo lindo... decido despertar al Bafang, y ponerlo a trabajar en un nivel de asistencia que me permita mantener una velocidad  alta y constante, pues ya empiezo a tener ganas de terminar el tramo de hoy.
    No tardo mucho en alcanzar Castillejo de Iniesta; podría haber bordeado este pueblo siguiendo por la nacional, pero tengo programado en el gps un posible bar con terraza, al que quiero arribar para tomarme un par de jarritas de cerveza fría, así realizaré con más ánimo el último trecho que me queda hoy.
    Atravieso el pueblo, apenas hay movimiento por sus calles... algún que otro gato que deambula por la calle, quizás buscando un lugar donde ponerse a la fresca.
    Al otro lado del pueblo, ya en las últimas casas, a mano derecha se encuentra el bar que el gps me está indicando... Bar-restaurante La Estrella de Castillejo... vaya, resulta que también es restaurante, de haberlo sabido habría venido aquí a comer, tiene una terracita en el exterior, a la sombra, que invita a tomarte algo relajadamente.
    Me saco las bebidas fuera, ya que no atienden la mesa, y tras casi derrumbarme en la silla, comienzo a disfrutar de mi merecida jarrita helada.
    No llevaba ni dos sorbos de la jarra, cuando surgió de la ¿ nada ?...
    Allá, en el otro extremo del patio, se levanta una verja de poca altura, y un transportín canino que ha sido habilitado como " la  guarida  de la fiera ", descansa en un rincón del área delimitada por la verja... no he visto por ninguna parte el atemorizante cartel de " cuidado con la fiera ".
    Salió de aquella roñosa, mugrienta y... semioscura " guarida ".
    " La fiera ",  no calzaría más de un 42 en pleno lomo.
    Sus ladridos revotaban de continuo por todo el patio, creo que se sintieron en todo el pueblo.
    Con cara de pocos amigos, y una caja de dientes que si me muerde me mata de la infección, el put* perrito decidió que me tenía que echar de allí por sus santos conjoncillos... lástima de verja, por culpa de ella, " la fierecilla " se quedó sin probar una buena ración de zapato a la cala... menuda patá en los wev*s tenía el bicho.
    Como digo, la paz del lugar se fue a la mierda... no me podía creerme que una mierdaperro como este pudiera tener tanta potencia pulmonar... y no se atraganta el animalico.
    La madre que lo parió, no deja de ladrar el desgraciado, y para colmo, los ladridos se intensifican al hacer eco en el patio... está claro que me va a dar la serenata el rato que me encuentre aquí sentado... una mierdaperro que no tiene ni media patada en la barriga... pero es que éstos son los peores.
    Procuro olvidarme de los ladridos, me lleva mi trabajo, pero logro concentrarme en el móvil, hasta que llega un momento en que, bien por aburrimiento, bien por cansancio, o bien porque no le estaba haciendo ni puñetero caso, decide callarse... la paz vuelve al patio y el descanso a mis oídos.
    Por fin puedo seguir disfrutando tranquilamente de mi refrigerio... menos mal que no he parado a comer... el jodido mierdaperro de media patada seguro que me habría dado la comida.
    Decido volver a la carretera, a pesar de que me apetece otra jarrita fría, pero lo que me quita las ganas es la presencia de " la fiera ", y su afán por echarme de allí y vaya si lo consiguió...el patio se ha vuelto a llenar de desafinados ladridos.
    Me queda ya poco para llegar a mi destino, pero aún me queda que superar Granja de Iniesta, pueblecito al que me desvío, pues me llama la atención una minúscula ermita, más bien parece un chozo acristalado, dedicado a San Cristóbal, el patrón de los conductores.
    Aparco la bici junto al chozo-ermita, y a través de los cristales, de los cuales tuve que retirar previamente la roña que tenían, poder sacarle una foto.
    Tras ello, decido atravesar el pueblo, y retomar la carretera por el otro extremo.
    Me queda el último arreón, a escasos 6 km se encuentra Minglanilla es el siguiente pueblo por la nacional, y punto y final de la ruta de hoy.
    Me alojo en el único hostal que hay en el pueblo, Hostal* Miralles.
    El trato del personal es muy bueno y atento, y me permite guardar la bici en un salón contiguo al bar y donde nadie más que el personal entra.
    El hostal es antiguo, y, la verdad, un poco de reforma no la vendría mal, pero como me dijo uno de los camareros, al que le pagué la habitación... " mantenemos el hostal abierto, pero realmente no es el negocio principal, por ello no es que sea muy moderno, pero intentamos dar el mejor servicio posible ".
    No hay ascensor, y el único acceso a los alojamientos se hace desde una escalera que hay en el propio bar, lo que significa que cuando cierran el bar, ya no hay posibilidad de salir del hostal, eso sí, el bar cierra muy tarde, pero si decidís alojares en este hostal, no os retraséis mucho en regresar a la habitación, porque os podréis encontrar la puerta del bar cerrada, y ya no podréis acceder al hostal.
    La habitación que me han dado es grande, con dos camas, sin  A/A, pero si una lámpara-ventilador de techo que hace bien su trabajo.
    Hay varios enchufes, lo que me permite cargar las baterías y los equipos electrónicos que llevo.
    La cama es cómoda, lo que me permitirá descansar bien.
    En el baño se ve que le quisieron dar un toque más moderno, pero no supieron hacerlo... azulejos de colores no muy agraciados, y una ventana de hierro antigua, que a duras penas mantenía el tipo junto a una persiana que no se deja levantar... lo que más me llama la atención es la ducha o más bien la mampara, es desplegable, no es corredera, hay que estirar de un tirador hacia el otro extremo de la ducha, y entonces se despliega una especie de " cortinilla " flexible que se engancha, con mucha maña, al otro extremo de la ducha... pero mejor no apoyarse en ella, se sujeta de mírame y no me toques, porque si se suelta termina enrollando con muy mala leche.
    El mobiliario... bueno, un único cabecero con mesita incluida hecho de forma artesanal por manos a las que le faltaba experiencia para rematar la faena finamente, pero a pesar de ello, hace su función.
    El mueble es de kit... quizás de centro comercial, pero cumple bien con su cometido.
    La habitación y el baño estaban muy limpios, y se aprecia que han pintado las paredes no hace mucho.
    La verdad es que el hostal, en conjunto, no está mal, si lo que buscamos es un alojamiento " de paso ", pero para alojarse unos días... a lo mejor no es la mejor opción, pero.... claro, la alternativa se encuentra, o bien en Granja de Iniesta ( Hostal Pepe o el Pepe II ), o ya habría que desviarse mucho de la ruta, en Iniesta, o en Villargordo del Cabriel.
    Para los que prefiráis ir de camping, estáis de suerte, en Minglanilla se encuentra el camping Venta de Contreras, frente a la presa de Alarcón, y al comienzo de la ruta de las Hoces del Cabriel.
    Hay otro camping bastante más retirado de la zona de las Hoces,  el Kikopark Rural.
    En definitiva, recomiendo este hostal por el trato amable y constante que prestan los empleados, por ser el único hostal que hay en Minglanilla, por su limpieza, y por su precio, 20€. la noche con desayuno incluido, y porque para pasar una noche no es mala opción.
    Track del día.

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    Publicado hace 1 semana #
  22. Camino anegable a Hontencilla... Supuestamente, todo al rededor del camino tendría que estar bajo las aguas

    En la distancia, desde el camino, se puede ver donde quedan las aguas del pantano
    Camino a Alarcón
    Camino a Alarcón
    Entrando en Alarcón

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    Publicado hace 1 semana #
  23. Alarcón
    Jardines exteriores del Castillo-Parador de Alarcón
    Vistas desde los Jardines exteriores del Castillo
    Plaza Mayor de Alarcón

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  24. Iglesia de Alarcón
    Saliendo de Alarcón

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    Publicado hace 1 semana #

  25. Carretera N-III... hasta el infinito, y más allá
    Pequeña ermita a San Cristobal, en Granja de Inista
    Hostal Miralles, en Minglanilla ( captura de Street View )


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  26. Presa de Alarcón

    Adjunto

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  27. Y aquí te has quedado...

    Tu viaje me recuerda muchas cosas
    A ver cómo sigue...

    No hay incendio como el de la pasión, no hay ningún mal como el odio.( Buda.)
    http://www.bicigarraf.com/usuarios/95-slow.html?sec=3
    https://esdeslow.blogspot.com/
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  28. vamos a por la sexta crónica... la sexta de nueve

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  29. Sexto día, de Minglanilla a Casas Ibáñez


    21-08-2017
    Por fin ha llegado el día que ha marcado mi segunda ruta al levante...
    Dura... dura no, durísima jornada la que me aguarda hoy... y me la quería perder.
     Tras el desayuno, el cual iba incluido en el precio de la habitación, inicio el tramo del día, el cual es la piedra angular de mi viaje.
    No tardo mucho en verme inmerso de nuevo por la solitaria N-III, voy dirección Este, pues mi intención es llegar al Puerto de Contreras, desde donde he de iniciar un recorrido espectacular por todo el Parque Natural de Las Hoces del Cabriel.
    Tras unos kilómetros de cansino pedaleo, y nada más pasar por encima de la A-3, el Garmin me señala un desvío que me viene a la derecha, en el que hay una placa que indica que esa es la dirección correcta para alcanzar el puerto de Conteras.
    Tras tomar por la nueva carretera, lo que me encuentro me deja un poco frio, una cuesta bastante dura y muy larga en doble curva derecha-izquierda.
    Meto el nivel más alto de asistencia al motor... pronto he empezado a exigirle, y para no forzarlo demasiado, selecciono la 2ª relación mas larga en mi Alfine... la cuesta se las trae.
    La carretera pasa por encima del primer túnel, desde donde ya empieza a aparecer el entorno de la presa.

    Tras superar la cuesta... " ¿ se ha terminado el puerto ?... de repente las tornas cambian, y la carretera me lanza a toda velocidad hacia abajo, en un frenesí de curvas de herradura, pero no tardaré mucho en detener la marcha en medio de la bajada, las vistas que ofrece la carretera de la presa y de todo su entorno son magníficas, e incita a fotografiarlo todo.

    Fotomontajes, Alto del puerto de Contreras.

    Por fin llego a una zona de casas encaladas, es el Camping Rural Venta de Contreras.
    Paso por delante, pero sigo bajando por la carretera, hasta que el Garmin me indica un desvío a mano derecha por una carretera estrecha que sale a la derecha de ésta, por la que bajo.
    Sigo las indicaciones del gps, y la nueva carreterilla zigzaguea entre la densa vegetación, hasta que llego a un punto donde unas columnas blancas me indica que voy a entrar una finca privada.
    No hay problema en seguir adelante, no hay ningún letrero que prohíba el paso, ni tan siquiera una cancela, el paso está libre.
    La carreterilla ahora discurre por el margen derecho de un Cabriel manso, con unas aguas casi como el cristal, se puede ver su fondo pedregoso perfectamente... el recorrido es idílico, y aunque estas aguas están tan limpias, hay letreros que prohíben el baño, dado que esta parte del cauce se encuentra muy próximo a la presa, por lo que el nivel y la fuerza del agua pueden variar en cuestión de segundos.
    La carreterilla gira bruscamente a la derecha, a su izquierda, un vallado impide el acceso a una pequeña represa que hay en el rio, y que es bastante fotogénica...Estoy ante la presa de Mirasol.
    Tras el giro a derechas, la carreterilla se ensancha en un enorme aparcamiento, pero sigue de frente, en dirección a unas casas bajas, lugar donde se termina.
    Mientras ruedo en dirección a las casas, no dejo de admirar, a un lado y a otro, las grandes tirolinas que hay, estoy atravesando el complejo de multiaventuras de Cofrentes.
    Al llegar a la altura de las casas, el Garmin me indica que he de seguir por un camino que se inicia entre las casas, tras superar un verja la cual me encuentro abierta.
    Unos metros más adelante, una cancela impide que los vehículos motorizados se puedan " colar " en el camino que se despliega a continuación, y por donde me indica el gps.
    Salvar la cancela con una bici tan pesada como la que llevo es un poquillo laborioso, pero consigo superarla y proseguir por la senda, al cual lleva a recorrer un tramo junto a otra represa menos vistosa que la anterior.
    Al poco, desde la cancela, llego a un punto en que me es imposible continuar montado en la bicicleta,  la Rambla Martinete, que parte el camino en dos, es una " cuesta rocosa ", el camino la cruza de lado a lado, pero en esta parte el suelo es pura roca pulida por el paso de las aguas... cuando la rambla baja agua... algo que, viendo la rambla, tiene que ser todo un espectáculo... ya lo es ver la rambla en si.


    El camino atraviesa la rambla " enrocada ", y en el suelo hay grietas y huecos grandes que podrían destrozar las ruedas de la bicicleta si pasara montado, por lo que prefiero pasar desmontado y despacio para no romper nada.
    El paso de la rambla es cortito, será de unos 10 metros poco más, a continuación renace el camino de tierra compactada, un camino ciclable al 100%, y que me lleva a introducirme en la densa vegetación que acompaña el cauce del río, y que entre los claros me permite ver las paredes verticales de las laderas que se ciernen sobre mi cabeza.
    No se como describir esta parte de la ruta, la paz y la tranquilidad que se respira en todo el trazado de este sendero, la densa y refrescante vegetación, el sonido del agua que juguetea cerca, y que no puedes ver, pero si que se deja oír ahí, a mi izquierda, detrás de la vegetación que casi voy acariciando con el mango izquierdo del manilla... y cada vez las paredes de las lomas de mi derecha se hacen más altas y mas... coloridas, y el aire... el aire es fresco, limpio y con aroma a naturaleza.
    La verdad es que rodar por este sendero es un no parar de sacar fotos, a cada poco detengo la bici para sacar una.
    Por fin alcanzo la zona conocida como Los Cuchillos... esta parte de sendero es simplemente preciosa.


    El camino desaparece ante la entrada a un oscuro túnel cavado en la roca.
    Me detengo a escasos metros de la entrada, en principio siento un poco de recelo, ya que no tengo muy claro qué me voy a encontrar, pero las dudas que me surgen desaparecerán de repente, al ver saler de aquella oscuridad a tres ciclistas con sus btts. En realidad no es uno, sino dos los túneles lo que tengo por delante.
    Tras superar los dos túneles, que son cortitos y no se requiere luces para transitar por ellos, de hecho, el primero, el más largo, tiene una abertura natural en la pared que da al río, y a través de ella, a parte de entrar la luz del día dentro del túnel, se puede ver el agua.
    El segundo túnel es más cortito que el primero... que tampoco es muy largo.
    Tras superar el segundo túnel, que más bien es un " arco " cavado en la roca, se puede dar por terminado el recorrido, a la izquierda de él se encuentra la estructura de un viejo puente de hierro al que le falta el suelo... por más que pregunté, nadie supo decirme el por qué no se había restaurado, ya que se había acondicionado el camino hasta el segundo túnel en su día, pero nadie entiende el motivo de no restaurarlo para un uso peatonal.
    Doy por concluida la visita a esta zona del Cabriel, a pesar de que el camino continua hacia delante tras superar el segundo túnel.
    La noche anterior, mientras cenaba en la terraza del restaurante del hostal entablé conversación con un hombre que, parece ser, conoce bien la zona, pues me comentó que practica senderismo y footing desde hace varios años por toda esta parte de Contreras y al parecer la conoce bien, y me comentó que lo que me encontraría más allá del segundo túnel era un camino empedrado, en muy mal estado, con unas cuestas muy duras y que me llevaría a atravesar varias fincas privadas que, muy posiblemente no podría atravesar por ellas.
    El track original me llevaba a seguir adelante por este camino con la intención de llegar a Villalpardo, pero tras exponerle mis intenciones, su recomendación fue tajante " lo mejor que puedes hacer para llegar a Villalpardo es volver a deshacer el camino, y volver por la nacional a Minglanilla, y desde allí, alcanzar Villalpardo por carretera, ya que por esta parte los caminos son muy liosos. Si continuas ese camino adelante, es muy probable que te metas en problemas... hay unas cuestas muy empinadas, y el camino está en muy mal estado, hay una maraña de caminos, y muchos de ellos hace mucho tiempo que no se utilizan, por lo que es posible que hasta hayan desaparecido por la vegetación ".
    Tras el segundo túnel hice un alto para descansar un poco y disfrutar del entorno y de su tranquilidad, la cual se vio rota momentáneamente cuando otro grupete de 4 ciclistas apareció desde el otro lado del camino... de la zona complicada... me imagino que esa parte deberá contar con tramos muy técnicos, o lo suficientemente complicados como para aventurarse por ellos con una bicicleta cargada como la mía... no me lo pensé mucho, tras retomar los mandos de mi Mercury... ( no, no es un coche americano ), deshice todo el recorrido hasta alcanzar el puente que cruza la base de la presa, y desde donde alcanzaré el pequeño poblado de Contreras, en lo alto de la ladera al otro lado del valle.
    En el puente, justo por la parte central de éste, pasa la línea imaginaria que forma la " frontera " entre la Comunidad de Castilla La Mancha y La Comunidad Valenciana, y para dar fe de ello, en medio del puente hay dos placas, junto a un mojón cada una de ellas, que te hacen saber cunado estás en la provincia de Valencia y cuando en la provincia de Cuenca.
    En la parte central del puente, en el lado que mira hacia la presa, hay una placa conmemorativa sobre la construcción del citado puente, lo curioso es que, en lugar de vanagloriar al típico alcaldillo o politicucho de marras, la placa conmemora las obras del puente y de la carretera, y ensarta el nombre del ingeniero que diseñó el proyecto y lo dirigió, así como el año de inicio y final de las obras... igualito que como se hace ahora cuando se inaugura algo.
    La placa reza así :
                                                             "                     D. Lucio del Valle
                                                                 Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
                                                                                   Proyectó y Dirigió
                                                                      Esta Carretera y Todas Sus Obras
                                                                                 Desde 1841 a 1851                       "

    166 años tiene el puente, y ahí se encuentra, manteniendo el tipo... a saber cuantas embestidas, provenientes de la presa, ha soportado, y sigue manteniendo el tipo... antes las cosas se hacían para que durará por muchos años... no como ahora.
    Dejo atrás el más que centenario puente, y comienzo un duro ascenso por la carretera, la cual trepa por la ladera del valle formando zetas de herradura.
    Tras un rato de briega, donde el Bafang a trabajado a destajo, por fin alcanzo el pequeño poblado, que lejos de lo que se pueda uno pensar, está habitado... a pesar de encontrarse donde se encuentra.
    La carretera se amansa al llegar al poblado, y un poco más allá de éste, la carretera se divide en dos, la que sigue por la derecha, vuelve a recuperar la tónica que ha traído hasta el poblado... fuerte inclinación y zetas.
    La carretera que sigue de frente es la que me ha de llevar a la parte superior de la presa.
    Hay varios carteles que avisan de que el tránsito está prohibido a todo aquel que sea ajeno al complejo de la presa, pero la realidad es que la carretera es totalmente transitable y nadie sale a mi encuentro, ni por asomo, desde que esta zona fue declarada Parque Natural, en 2005, y según me comentaría el dueño del hostal en el que me alojaría, en Casas Ibáñez esa misma noche, tras la declaración de Parque natural, se obligó a abrir todas las vías que dieran acceso al parque, y hacerla públicas, de hecho, la gran mayoría de las fincas privadas que hay dentro del parque están obligadas a, no solo no cerrar los accesos a las mismas, sino también permitir el libre tránsito de las personas que accedan a ellas... siempre y cuando sea " de paso ", para poder acceder a otras zonas del parque.
    A pesar de ello, y según me comentó este hombre, "... los letrero de prohibición se quedaron, pero no hay que hacerles caso "
    Al poco de tomar de frente, el la bifurcación de la carretera, en su margen derecha, nos sale al paso los resto de una antigua cementera abandonada... supongo que se construyó con la idea de suministrar el hormigón en la construcción de la presa... tampoco estoy seguro.
    La carretera continua de frente, mientras a su izquierda me va ofreciendo unas panorámicas inigualables del valle del Cabriel, pero esta vez desde el otro lado... y en las alturas
    Por fin alcanzo la cima de la presa, la cual está flanqueada en sus extremos por dos oscuros y tenebrosos túneles, de los cuales surgen amplificados el sonido de los vehículos que surgen de su interior... da la sensación de que el túnel emitiera rugidos... como suenan los coches que salen de ellos.
    La cima de la presa es todo un espectáculo... menudo balcón ofrece a todo aquel que diga de asomarse a su robusta barandilla.
    Desde la parte que da al pantano, la imagen que ofrece es cuanto menos triste, a pesar de lo impresionante que es, muestra la falta grave de nivel que está padeciendo la presa... el corte, desde donde debería de estar el agua, a donde está actualmente, es cuanto menos, alarmante.
    Bueno, y hasta aquí la parte de la ruta que lleva a visitar el Parque Natural de Las Hoces del Cabriel... me toca retornar a Minglnilla por la N-III, pero previamente tendré que atravesar dos túneles, el túnel Oeste, el más largo de los dos, y que termina al otro lado de la montaña, dejándome sobre el muro de contención que se encuentra al otro lado, y a continuación, un segundo túnel, un poco más corto, pero igual de oscuro,  ambos túneles requieren transitarlos con las luces encendidas.
    Me vuelvo a ver inmerso en la nacional, deshaciendo el camino, en dirección a Minglanilla.
    Voy con dudas, son más de la 13:00 y mis cálculos me dicen que llegará a Minglanilla en torno a las 14:00 o 14:30... el caso es que no se que hacer, si hacer un alto para comer en el hostal donde me he alojado la noche anterior, o prosigo camino sin detenerme y pruebo suerte en Villalpardo.
    Llego a Minglanilla a cosa así de las 14:30, el sol me está sacudiendo bofetones de calor sofocante, por lo que hago un alto bajo la sombra de un inmenso pino, con la intención de empaparme un poco la ropa y la cabeza, pues cada vez tengo más clara la idea de proseguir camino hasta Villalpardo, pero para eso primero he de atravesar Minglanilla... he de hacer una escala en algún cajero automático.
    A Villalpardo llego antes de lo que me pensaba, siempre por la carretera, en este caso una comarcal, la CM-3201, que es poco transitada y tiene buen firme y un arcén decente.
    En Villalpardo decido parar a comer, pero previamente acierto a cruzarme con dos hombres en bicicleta de montaña, y no pierdo la ocasión de consultarles el estado de los caminos que conducen al Puente de Vadocañas.
    Uno de ellos me comenta que conoce muy bien toda la zona de las hoces del Cabriel, pues sale muy a menudo a montar en bici por esta parte, y me alegra el día cuando me dice que hasta el Vadocañas el camino, en realidad, es una pista de tierra en bastante buen estado para ciclar por ella, pero que tras el Vadocañas, y tras exponerle mi plan de ruta... los que me voy a encontrar son pistas forestales bastante duras, con cuestas y terreno difíciles, y un par de vadeos, los cuales no sabe a ciencia cierta como estarán de agua, ya que lleva tiempo sin pasar por estos caminos.
    El tema de los vadeos me pone en aviso... no soy muy amigo de vadear arroyos... suelo acabar bastante mojado, aunque en esta época del año... será hasta de agradecer; si realmente ahora mismo los temo es por la bicicleta, el motor no conviene sumergirlo, pues no es completamente hermético, y solo me faltaría que me cargara el motor en medio de ninguna parte.
    Me despido del hombre que tan amablemente me ha puesto en aviso, y que de paso me ha recomendado un par de sitios donde poder comer en el pueblo.
    Me dirijo a la plaza del pueblo, que la verdad no es muy grande, y decido parar en el primer bar que encuentro en la plaza... Bar Roma, regentado por un matrimonio de mediana edad, muy simpáticos y atentos... os recomiendo, si alguna vez recaláis por esta pueblo, que os acerquéis a este bar a comer, la mujer cocina de miedo y es muy limpio... y no es caro... 10 € dos platos, postre y café... y no es un café cualquiera, es uno especial que hace este matrimonio, no necesita hielo, ya que lo preparan con su proporción justa de azúcar, y lo conservan refrigerado en botellas... la verdad es que está delicioso.
    Desde Villalpardo no hay pérdida para llegar hasta la Ermita de La Virgen de La Consolación, desde la misma plaza nace una calle que se llama así, Calle Consolación... no hay más que seguir por ella, y tras cruzar la comarcal por la que he llegado al pueblo, de frente, la continuación es una carretera estrecha con buen asfalto y con tendencia descendente, nos llevará de la manos hasta las puertas de la ermita, la cual está rodeada de densos pinares, los cuales tapizan la profunda rambla que hay delante de la ermita y que recibe el nombre de la virgen que la regenta, Rambla de La Consolación... la ermita y el entorno natural que la rodea bien merece una visita relajada.
    Supongo que habréis reparado en lo mal enfocada que está la foto de la imagen de la virgen... a mi también me llamó mucho la atención el que no consiguiera enfocar correctamente la cara de la virgen, a pesar de que le saqué, al menos tres fotos... pero todas me salían con el rostro difuminado.
    Ya en la ermita, y mientras intentaba hacer la reserva de la habitación en el hostal de Casas Ibáñez, un hombre que estaba trajinando junto a un coche fue objetivo de mis dudas... quería que me confirmaran el estado en que podría encontrarme las pistas forestales más allá del Vadocañas.


    Las respuestas no fueron muy distintas a las del hombre al que pregunté en Villalpardo... la zona que hay más allá del Vadocaña me iba a poner las cosas difíciles, por los datos que me dio este buen hombre, lo que me iba a encontrar eran cuestas muy duras, y muchas piedras... cada vez me temblaban más las canillas... " pero donde coj*nes me voy a meter... dejare a la providencia que haga lo que tenga que hacer "... pero lo que más me dejó descolocado fue que el hombre me dijo que si pretendía llegar a Casas Ibáñez antes de que me anocheciera, lo mejor que podía hacer era no entretenerme mucho sacando fotos, ya que el tramo de lo que me quedaba por delante me iba a retrasar muchísimo... a pesar de ir con una bicicleta eléctrica... cómo me acordaría de este hombre, ya inmerso por esos montes y esas jodidas pistas de los coj*nes... ¡ a cualquier pedregal le llaman pista forestal !... jod*r lo que me estaba esperando más allá del Vadocañas... aquello era un criadero de guijarros, rocas, piedras y todo lo que se pueda relacionar con la familia de los pedruscos... agarraros bien los machos si os aventuráis por esta zona, porque " lo vais a flipar en colores ".
    Por cierto, el hombre me preguntó qué me había parecido la imagen de la virgen, la cual es en realidad un lienzo, a lo que yo le respondí que no había sido capaz de enfocarle bien la cámara.
    El hombre me miró con cara compasiva con una gran sonrisa en la boca... " no es el cuadro original, se trata de una simple lona que simula el cuadro, el original lo están restaurando, por eso te he preguntado, porque no tiene nada que ver ese trozo de trapo con el verdadero cuadro "... joer, con razón no era capaz de enfocar la figura... si es que la imagen que muestra el trapo está deslucida y encima, no se han molestado en dibujarle bien el rostro... que chascazo.
    Me despido muy agradecido del hombre, aunque me hubiera gustado que me hubiera mentido un poquillo, la verdad es que puse rumbo al Puente de Vadocaña con más miedo y preocupación que cuando llegué a la ermita...  " pero qué es lo que me espera más allá del puente "... no tardaría mucho en descubrirlo... y en sufrirlo.
    Desde la ermita, y hasta el puente, lo que me voy encontrando es un camino ancho, con un carácter un firme muy amable y fácil de ciclar... no me puedo creer que este camino sea así, y monte adentro sea lo que me han referido que es... casi casi un infierno... o al menos es lo que yo me voy imaginando.
    Tras aproximadamente unos 13 km de camino, donde apenas si he encontrado complicaciones, llego al puente.


    Eso sí, las indicaciones que me dieron, al menos de uno de los vadeos, fueron erróneas, el vadeo más grande se encuentra antes de llegar al puente.
    Este vadeo lo pasé empujado la bicicleta, por no mojar el motor, pero para evitar mojarme los zapatos, pase descalzo, con calcetines.
    La verdad es que la profundidad del vadeo me alcanzó poco más de los tobillos... y lo fresquita y limpia que estaba el agua; el fondo era liso y duro, por lo que no supone ningún problema vadear este arroyo en bici, eso sí, pasando despacio.
    El Puente es mucho más grande de lo que yo me imaginaba, para ser un puente de un solo ojo, es inmenso.
    Hay varios coches aparcados en la zona, eso os puede hacer una idea de como es el camino que llega hasta aquí desde la ermita.
    Hay gente bañándose en el rio, cubre poquito, más o menos por las rodillas, y el agua es como el cristal, pero puesto sobre aviso por el hombre de la ermita, desisto de meter los pies en remojo... a pesar de que me dieron muchas ganas de hacerlo.
     Al otro lado del puente, un grupo de chavales, que estaba junto un Seat León, son las nuevas víctimas de mis consultas, en esta ocasión me intereso por saber si puedo alcanzar el pequeño poblado de Los Cárceles por esta otra orilla del río... lo chavales no saben darme indicaciones, pues esta parte parece ser que no la conocen bien.
    Les refiero la zona de monte por la que me voy a aventurar... la música no cambia... cuestazas, pedregales y un par de vadeos, pero en esta ocasión recibo una información nueva y valiosa que antes nadie de los consultados me había dado... " tras el primer vadeo, llegarás a un cruce de caminos, cógete el de la izquierda, y síguelo hasta que encuentres las placas que indican la dirección del Coto de Pesca Vadocañas y síguelas siempre hasta que llegues a un cruce ancho de caminos, a la izquierda estará señalizado hacia el coto de pesca, a la derecha llegarás a Los Cárceles ".
    Tras agradecerles la información, me despido de ellos, no sin antes hacerme alabanza y proporcionarme ánimos cuando, tras preguntar mi procedencia, les digo desde donde vengo y hacia donde me dirijo... uno de ellos, mientras me alejaba, me gritaba... " ¡ tioo, tes has convertido en mi ídolo, que tengas muy buen viaje ! "... lo que no se es si me lo decía porque me iba a meter por esos caminos cargado hasta las orejas... o porque venía desde Madrid... no creo que lo llegue a saber, pero tampoco paré a preguntarle... en la cabeza solo me rondaba lo que me dijo el hombre de la ermita... " se te va a hacer de noche, esos caminos son complicados ".
    Deshago parte del camino que me ha traído hasta el puente, hasta llegar a la altura de La Venta de Vadocañas, la última casa junto a la que he pasado antes de llegar al puente.
    Justo delante de la casa, a mano izquierda, sale un camino estrecho, rodeado de vegetación.
    Nada más adentrarme en este nuevo camino me encuentro otro vadeo, pero este es meramente un charco, por lo que ni me preocupo, no tengo más que pasarlo.
    Al poco del vadeo llego al cruce de camino que el chaval del León me ha referido, el de la derecha es más estrecho que el de la izquierda, este último es una pista forestal que no presenta complicaciones... de momento, y por la cual me aventuro.
    La pista empieza a picar para arriba, zigzagueando, voy subiendo despacio, de momento todo va bien, el motor me está ayudando muchísimo, pero las cuestas son bastante duras.
    Tras un gran claro, más bien es un campo de cultivo, me vuelvo a adentrar en el monte.
    La pista empieza a ponerse " borrica ", empiezo a encontrar piedras sueltas, pero de momento la cosa no va mal, solo he de subirle un punto más a la asistencia de la bicicleta para pasar por la zona de piedras con garantías, aun así me veo obligado a manejar la bicicleta con mucha precaución, hay zonas donde hay bastantes rocas clavadas en el suelo, y algunas se presentan con filos cortantes, me veo obligado a pasar muy despacio por estas zonas, y eso me va retrasando... el tiempo hace ya un buen rato que se me escapó de control... empieza a caer el sol, y no puedo avanzar todo lo rápido que quisiera.
    Llego a una bifurcación donde me encuentro la primera de varias placas que me indica la dirección a tomar para ir al Coto de Pesca Vadocañas... " tienes que seguir las indicaciones del coto de pesca ", me dijo el del León, así que, en la bifurcación, tomo a la izquierda, siguiendo la dirección que marca la placa.
    Por tramos voy encontrando zahorra suelta, pero en si la pista forestal no es muy complicada de seguir, si bien hay puntos en que el suelo es de piedra suelta, de momento lo que he encontrado lo he salvado bastante bien gracias a la asistencia de la bicicleta.
    Me encuentro con varios cruces, en cada uno de ellos hay una placa que me indica la dirección del coto.
    Llego a un punto donde el camino vuelve a bifurcarse, en esta ocasión, a parte de la placa que me indica que he de tomar el camino de la izquierda para llegar al coto, también encuentro un póster de madera con dos indicaciones,  una marca en dirección contraria a la que traigo, en la cual pone Villalpardo 17,2 km y Vadocañas 4,5 km y en la otra indicación pone : Fin GR66 Sector D 1,5 km, Los Cárceles ( Prov. Albacete ).
    Tomo a la derecha en la bifurcación, siguiendo la dirección que marca la indicación de Los Cárceles.
    La pista forestal cambia su fisionomía, de repente toda ellas es una alfombra de piedras que me obliga a rodar despacio, pues llevo la rueda trasera muy desgastada y no me haría ninguna gracia, pero ninguna, el reventar la rueda en este paraje.
    Por cierto, desde que abandoné la zona del Vadocañas, no me he cruzado con nadie, llevo cerca de 13 o 14 km más solo que la una.
    La cosa se pone cada vez más complicada, la pista forestal pedrolera se estrecha en algunos puntos y me lleva encajonado entre una pared de piedras a la derecha y lo que me parece que es un precipicio, o al menos eso creo yo, ya que solo veo una hilera de pinos al vorde izquierdo del camino, y allá, por el fondo, veo un frondoso bosque de pinos.., pero no veo ninguno más allá de la hilera que pega al camino... y en muchas ocasiones me veo casi forzado a aproximarme a la susodicha hilera de pinos, pues no hago más que ir seleccionando las piedras que voy a pisar con las ruedas.
    Voy en tensión, no tengo ojos suficientes para todo, he de controlar las rocas del suelo para que no me rajen las ruedas o para que la rueda trasera sufra lo menos posible, al mismo tiempo no dejo de mirar de reojo la impresionante panorámica que me ofrece el precipicio... preciosa las vistas, pero... acojonadito me lleva el camino.
    Tanto traqueteo llevo encima que me empieza a doler la zona de los lumbares, los brazos y los hombros también me duelen de lo tenso que voy, la manos y las pierna no se quedan atrás, hace un rato que se unieron a la fiesta del dolorcito.
    Por cierto, a todo esto, la jodida pista forestal pedrolera, es rompepiernas, lo malo es cuando llegan las bajadas, que no son muy largas precisamente, me veo en la imperiosa necesidad de quemar frenos para evitar que la bici se lance por el pedregal... y el precipicio sigue a mi izquierda... ¿ os he dicho que sufro de vértigo ?... pues eso, encima acojonado.
    Para colmo empiezo a sentir como si tuviera fuego en la planta del pie izquierdo... llevo un par de días que se me duermen los dedos de ese pie... algo me dice que se me ha tenido que mover la cala, pero es muy mal sitio para decir de parar, no me queda más remedio que aguantar hasta que logre salir de este tramo tan complicado y... peligroso si no se va al 200% pendiente, y mas en mi caso, pues la bici se menea muchísimo con tanto peso, se me desequilibra más de lo que desearía, por lo que tengo que ir compensando continuamente con movimientos del manillar, a la vez que he de ponerme de pie y echar mi peso sobre el manillar en algunos pasos complicados para aliviarle algo de peso a la rueda trasera para que así no sufra en esos momentos.
    No veo el final del camino, y el sol ya hace demasiado larga las sombras que proyectan los pinares que veo allá abajo, a mi izquierda.
    Por fin dejo atrás la zona del precipicio... por fin logro relajarme un poco, gran parte de los dolores que llevo en brazos espalda y piernas se deben mayormente a la tensión que me ha provocado verme tan cerca del precipicio... ¡ que jodidamente malos es tener miedo a las alturas leches !.
    De repente desaparecen las piedras y el camino se torna suave, antes de que se convierta en pavimento totalmente liso.
    Ante mi aparecen una serie de casas, por fin he llegado a Los Cárceles.
    A la puerta de una de las casas hay una mujer sentada, a la que le consulto sobre la mejor forma de poder llegar a la aldea de Tamayo, donde tomaré por la carretera que me ha de llevar a Casas Ibáñez.
    La mujer no sabe indicarme, y me remite a un grupo de hombres y mujeres de avanzada edad que en un escampado que hay frente a las casas, están jugando a las cartas muy animadamente.
    Me joroba un poco el cortarles la jugada, pero necesito su ayuda.
    Cuando le digo que tengo idea de llegar a Tamayo por un supuesto camino que continúa bordeando las hoces del río, todos ellos rompen a reír... siento como si hubiera soltado una estupidez, y ellos lo perciben, dejando de reírse; entonces uno de ellos se digna a darme alguna indicación... " por ahí por donde quiere ir no vas a poder pasar con esa bicicleta, por esa parte... el camino es malísimo ".
    De repente me siento perdido, vengo siguiendo las indicaciones del gps que hasta ahora, ha ido marcándome todo el rato correctamente, pero llegado a este punto en el que me encuentro, el gps no sabe y no contesta... simplemente sabe que hay que seguir para delante.
    Mi cara tuvo que ser todo un poema, después de todo el trajín que me ha traído el dichoso pedregal, resulta que no puedo seguir la ruta marcada... ¿ y ahora que hago ?... cada vez está el sol más bajo, y en Los Cárceles no hay donde alojarse... difícil solución le veo... lo que tengo claro es que por donde he venido no vuelvo.
    Entonce el hombre, que no ha dejado de observarme... " Dices que vas a Casas Ibáñez ".
    " Sí tengo una reserva en un hostal de ese pueblo, pero ahora no se como llegar, pues vengo siguiendo las indicaciones del GPS, y me indica un camino que hay más allá de Los Cárceles ".
    " Ese camino está en muy mal estado, y con esa bicicleta... te vas a tirar mucho rato empujado la bici, ¿ por qué no te cojes por la carretera ?, lo que pasa es que no te va a llevar a Tamayo, sino a Villamalea, luego, desde allí, puedes ir a Casas Ibáñez por la carretera principal ".
    Aquello me sonó a música celestial... " ¡ hay una carretera, bien, ya tengo la salida !" me dije para mi.
    " ¿ Y donde puedo coger esa carretera ? ", pregunté más animado.
    " Solo tienes que volver por donde has llegado, y la encontrarás a la izquierda, justo donde empieza el camino ".
    Me doy la vuelta, no sin antes agradecerles de corazón las indicaciones, y vuelvo a deshacer el camino asfaltado por el que he llegado a Los Cárceles.
    Efectivamente, a la izquierda, a poco de dejar atrás la primera casa, y justo donde empieza el camino que lleva a la pedrolera, una carretera estrecha y en cuesta bastante durilla, serpentea hacia arriba, perdiéndose dentro del bosque de pinos. No me lo pienso ni por un momento, esta es la escapatoria que necesitaba, o era eso, o retornar a Villalpardo... teniendo que volver a recorrer ese tramo pedrolero tan chungo por el que he llegado hasta aquí... ¡ ni de coña !
    " ... Sigue la carretera hasta que encuentres la placa que te indica a Villamalea ", esa es la indicación que me dio otro de los hombres que se encontraba sentado en la timba rural.
    Me resulta muy extraño rodar tan suavemente, sin brusquedades, sin sacudidas, sin ruidos extraños y sin ver piedras convertirse en balas de cañón al pisarlas con las ruedas... por esta carretera se rueda de miedo, a pesar de que no paro de encontrarme cuestas y curvas, algunas muy cerradas en el poco trecho que llevo recorrido.
    He sido previsor y he procurado no gastar mucha batería en lo que llevo de viaje hoy, a pesar de que he tenido que tirar de ellas a discreción en el jodido tramo  que me ha llevado desde Vadocañas hasta Los Cárceles.
    Llevo una de las baterías agotada completamente, la otra hace ya un rato que la llevo en servicio, pero decido meterle caña al motor, cada vez se me hace más tarde... voy a llegar de noche a Casas Ibáñez... como me predijera el hombre de la ermita de La Consolación.
    Comienzo a tirar del motor, pedaleo con muchas ganas, y el motor me permite mantener una velocidad alta y constante, lo que me lleva a recorrer muchos kilómetros en poco tiempo.
    Se hace larga esta carretera, apenas si me he cruzado con dos o tres coches y con un ciclista, el cual me ha adelantado cuando he parado a beber agua.
    Para hacerme más ameno el trayecto decido jugar con él al gato y el ratón, intentando darle alcance.
    El lleva una 29", la mía es de 26", pero con aditivo... cuando ve que me voy acercando, decide aumentar el ritmo de pedaleo... no falla, siempre pasa lo mismo, en cuanto ven que les vas a dar alcance con una bici " teóricamente" inferior, salen escopetaos... y eso me pone cachondo, porque es cuando le saco todo el brío al Bafang... no tardo en adelantarlo... puede parecer que soy un tramposo, y la verdad es que... sí, lo soy, sin el Bafang no habría tenido narices a alcanzar una 29" manejada por un tio con buenas piernas... pero mi intención es otra, no estoy para competiciones, y mucho menos con lo que voy arrastrando, quiero llegar cuanto antes a Casas Ibáñez.
    También me comentaron, en la mesa de " la timba rural ", que en Villamalea hay tienda de bicicletas, Son ya cerca de las 20:00 y no se cuanto me quedará para llegar a Villamalea, guardo la esperanza de que en poco tiempo puede llegar, por eso llevo el motor a todo lo que da, y yo casi casi echando el bofe... necesito comprar una cubierta nueva, la rueda trasera está ya más lisa que un azulejo y babeando antipinchazos por todas partes.
    Villamalea está más lejos de lo que yo esperaba, y tras darme los 20:30 decido que ya no merece la pena seguir a este ritmo, la tienda ya habrá cerrado cuando llegue.
    Llego a una zona donde hay un campo de fútbol y una zona de merenderos, es la ermita de San Antón, donde decido hacer un alto para descansar un poco y para comprobar lo que me queda... Esta ermita está ya muy cerca de Villamalea, por lo que no tardo mucho en volver a la carretera.
    Ya son más de las 21.00 cuando, por fin, llego al cruce de Villamalea, pero no me detengo, tomo a la izquierda en el cruce, y me sumerjo en la comarcal CM-3201, que cuenta con un buen asfaltado y con un ancho y limpio arcén... a parte de que no trae mucho tráfico, encima, el tramo de carretera que une Villamalea con Casas Ibáñez es prácticamente una recta llana, lo que me permite rodar a una buena y constante velocidad.
    Por fin llego a Casas Ibáñez, la noche ha corrido más que yo y me ha dado alcance en plena carretera, a la entrada del pueblo me aparto a un lado de la avenida en que se ha convertido la comarcal, y programo el Garmin para que me lleve hasta el hostal.
    Tras callejear por el pueblo, y ya con noche cerrada, por fin llego al hostal... son más de las 22:00 horas cuando comienzo a desmontar los bártulos de la bicicleta.
    El Hostal San Jorge es un edificio reformado con gusto, no tiene ascensor, pero tampoco es que sea necesario.
    La habitación que me han dado es grande, muy limpia y bien equipada, doble cama, con colchones muy cómodos, cuenta con A/A, calefacción, teléfono fijo, tele plana grande, está bien amueblada, el baño está muy limpio, tiene hasta ADSL la habitación... dan ganas de quedarse a vivir en este hostal.
    El matrimonio que lo regenta es super amable y atento, el dueño es aficionado a los caballos, y en el pasado también a la bicicleta, es una persona muy simpática, y se pude mantener una buena charla con él.
    Me permiten guardar la bicicleta en un almacén que tienen para uso propio a dos portales del hostal.
    He llegado prácticamente reventado al hostal, me duele hasta los apellidos, por lo que decido que me voy a alojar dos noches en lugar de una, así, mañana lo podré dedicar a descansar y a hacer algunas compras, entre ellas, un neumático nuevo y un bote de líquido antipinchazos... es que llevo las ruedas tubelizadas... quizás por eso no me ha reventado el neumático todavía.
    Mañana me toca cambiarle el neumático a la rueda, y para ello tendré que abusar de la confianza que me ofrece el dueño del hostal, tengo que entrar en el almacén, desmontar la rueda trasera y subírmela a la habitación para poder cambiar el neumático tranquilamente... pero eso ya será mañana, ahora toca hacer la colada, darme una ducha rápida y bajar a cenar antes de que cierren el restaurante que hay frente al hostal, ya que el hostal lo que tiene es una cafetería y solo sirven bocadillos o raciones.
    Por cierto, el alojarme las dos noches, con el desayuno incluido ( dos desayunos se entiende ), me ha costado  27,5€ x 2 = 55€... un precio muy bueno a mi modo de ver, y teniendo en cuenta en los sitios en que me he alojado, y lo bien que está este hostal, os lo recomiendo al 200%, por todo, limpieza, atención, equipación del dormitorio, por el baño completo limpio y reformado con gusto, por la atención de los dueños, y por encontrar cerca de él restaurantes, supermercados y farmacia, y no muy lejos, tienda de bicicletas.

    Track de la ruta de hoy

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  30. Entorno de la presa de Contreras



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