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Microaventura en Matallana

  1. Esta crónica se la queremos dedicar a Noe y a Izaskun porque son dos personas que nos alegran la vida y nos inspiran con su forma de ser y de vivir. Va por vosotras. 

    Después de la aventura de la semana pasada, en la que nuestra intrépida amiga Noe acabó en el hospital, Pilar y yo nos habíamos quedado con las ganas de intentar la ruta que no pudimos llegar a realizar. Además teníamos que llevarles algún regalo de agradecimiento a los del pueblo que tan bien se portaron con nosotros sacándonos del lío y permitiendo que nuestras bicicletas se quedaran allí hasta que pudiéramos volver a recogerlas. Así que, a pesar de que estos días estamos en alerta por una ola de calor, y a sabiendas de que iba a ser duro, salimos a las siete de la mañana del sábado en dirección a Puebla de Valles. Un pueblo de gente hospitalaria y estupenda en el que somos muy conocidos por la que liamos la otra vez. 

    Publicado hace 6 años #
  2. Dejamos el coche allí  y empezamos nuestra aventura saliendo del pueblo por la primera cuesta, en dirección a Valdesotos. Aquí ya nos asamos de calor. El día prometía. Antes de llegar a Valdesotos bajamos un puerto pequeño y…  

    A mi me pasa que cuando tengo un percance en una ruta y no la puedo terminar tiendo a pensar que el recorrido en sí, está gafado. Pues bien, bajando este primer puerto del día, de pronto, se me desintegran las pastillas de freno de la rueda delantera y poco más adelante, claro, las de la rueda trasera. Lo dicho: este recorrido está gafado. Todo parece ponerse de acuerdo para que no lo podamos realizar -pienso-, mientras mi bicicleta se transforma en un cacharro que chirría y gime y al que cuesta un triunfo parar.

    Sigo bajando unos metros más. El ruido de hierro contra hierro en los discos de freno es descomunal. La bicicleta apenas frena y parece que se va a desmontar y a romperse todo en cualquier momento. Paro en mitad de la bajada. Pilar me mira con cara preocupada.

       -Me he quedado sin pastillas de frenos… -digo.

       -¿Qué hacemos? –me dice Pilar.

    Miro hacia atrás pensativo. Miro hacia abajo –la carretera desciende entre curvas de herradura-, luego miro las montañas. Lo pienso. “Mierda, mierda”, soy un imbécil: acabo de cargarme la excursión…

       -¿Volvemos?.. –murmuro con rabia. Indecisión.  

    Pero ¡qué demonios! No vamos a dejarnos impresionar. Miro hacia las montañas,,, ¿Se podrá cruzar todo eso sin frenos? ¿Se romperá todo por el camino?.. Dudas, dudas, dudas…

       -A la mierda con todo: ¡seguimos!

    Pilar me mira y dice que de acuerdo. Le respondo que tendremos que bajar cada cuesta despacio, muy despacito.

    Así que seguimos bajando. Bajar los puertos como si fueran trialeras no es muy divertido.

    La carretera sigue y en un punto hay que desviarse a la derecha. La carretera por la que queremos ir es una pequeñísima carretera de servicio del Canal de Isabel II, que va hacia la Presa del Vado. Es tan pequeña que parece una pista, nos la pasamos en el desvío, y tenemos que volver.

    El recorrido de esta carretera es espectacular. A media ladera de la montaña, en medio de una soledad inmensa, disfrutamos de lo lindo.

     

    Publicado hace 6 años #
  3. En las bajadas yo no disfruto nada, claro, porque tengo que bajar a paso de caracol y con el suspense de si todos esos gemidos acabarán en algo rompiéndose definitivamente. Pilar, en cambio, va feliz.     Después de una cuesta importante llegamos a la presa del Vado. El lugar es bonito, bonito. Estamos disfrutando de lo lindo. Nos encontramos fuertes.

     

     

     

    Publicado hace 6 años #
  4. Aquí tomamos una pista forestal que sube monte arriba. Vuelta tras vuelta vamos ganando altura y las vistas del embalse son espectaculares. La pista está en buen estado, es ancha y sin demasiadas piedras, pero es muy polvorienta. Al rato vamos de polvo hasta las orejas. Cuesta arriba el calor aprieta de lo lindo y empieza a agotarnos. Vamos con todo lo necesario para vivaquear y arrastrar ese peso por estos andurriales se hace duro.

     

     

     

    Mientras ganamos altura tratamos de encontrar un sitio para descansar a la sombra y comer algo, pero no hay nada. Sólo polvo y más polvo, Al final, exhaustos, paramos a un lado de la pista en un lugar incómodo y comemos algo. Tenemos que dosificar el agua, pero subir por aquí casi a cuarenta grados, a pleno sol, lo hace algo complicado.

    Miro a Pilar; está de polvo hasta los rizos. Parecemos mineros.

     

    Publicado hace 6 años #
  5. Seguimos la pista hasta que coronamos la montaña, luego bajamos y subimos otra vez, y de nuevo bajamos y ahora ya no nos reímos mucho porque no nos queda agua y el calor nos está dando duro.

    A mí me preocupa esto del agua. Pienso en que si no encontramos agua lo vamos a pasar fatal, porque el desgaste de rodar con las bicis tan cargadas por estos parajes y con esta temperatura es muy grande. Pero bueno, hay que seguir.

     

     

    Publicado hace 6 años #
  6.  

     

    Publicado hace 6 años #
  7. Después de un buen montón de kilómetros. La pista desciende otra vez y acabamos en el fondo de un valle. Cruzamos un puente de madera y debajo pasa un río. ¡¡¡¡Felicidad total!!!  Montamos un pequeño campamento en la orilla y celebramos la fiesta del agua. Pilar y yo caminamos río arriba y río abajo disfrutando del agua como críos. 

    Tenemos sólo dos pastillas potabilizadoras –error importante-, así que nos bebemos dos bidones de agua de tirón. Yo cargo agua del río en las cacharras por lo que pueda pasar. Si no hay más remedio que beber mejor tener este agua sin potabilizar que no tener nada.

    Descansamos un rato, tumbados a la sombra, junto al río. Comemos barritas de chocolate y al rato continuamos camino. Nos metemos un buen cuestón, primero en las piernas y luego en los brazos, empujando, por un atajo, hasta que llegamos a La Vereda. Ahora el calor es infernal. Un desastre. Sale fuego de las piedras. Se nos escapa el líquido por cada poro de la piel. Nos han dicho que no hay agua ni en La Vereda ni en Matallana. Mal asunto.

     

     

     

    Publicado hace 6 años #
  8. La Vereda es un pueblo precioso, completamente aislado del mundo, mimetizado con la montaña hasta tal punto que, hasta que no lo tienes encima, apenas se ve. Aquí no llega ninguna carretera. Su historia es fascinante, como la de cualquier otro pueblo aislado que un día tuvo que ser abandonado por su gente. Yo no la voy a contar aquí, porque es mejor buscar información y averiguarlo uno mismo. Pero sus casas de pizarra negra nos cuentan historias de gente muy pobre, que vivía de un modo extremo, en unas condiciones durísimas, en medio de las montañas.

     

     

     

    Por suerte en el pueblo hay dos chicas que nos indican donde hay un grifo. Nos metemos debajo del agua y nos remojamos a gusto. Yo me bebo dos cacharras de agua de tirón. Charlamos con las chicas un rato y luego decidimos refugiamos en el soportal de la pequeña iglesia hasta que pasen las horas de más calor. El aire es fuego puro y estamos agotados. Nos tumbamos en el suelo y dormitamos un rato. De vez en cuando me despierto y me voy al grifo de agua y bebo y bebo hasta que mi barriga es como la joroba de un camello. Si algo me gusta de viajar en bici y hacer vida al aire libre es la forma como aprendes a valorar las cosas pequeñas de la vida. Dios bendiga este grifo. Dios bendiga éste agua.

    El agua no es una cosa pequeña de la vida. Siempre está ahí, la damos por supuesta, no somos conscientes de ella, pero cuando falta no duras nada.  

    Sobre las seis de la tarde el cielo se llena de nubes dispersas. Unas nubes que, con sus momentos de sombra, nos dan la vida. Ya nos hemos recuperado un poco y decidimos continuar camino. 

    Publicado hace 6 años #
  9. Dejamos este precioso pueblo atrás y seguimos por la pista camino de Matallana. El lugar más perdido en mi mapa que he sido capaz de encontrar.

     

     

     

     

    Publicado hace 6 años #
  10. Si La Vereda es un lugar aislado, llegar a Matallana es llegar al fin del mundo. La sensación de soledad es abrumadora. El pueblo aquí ya no se diferencia en nada del campo y los montes que lo rodean. Hasta tal punto que uno no sabe donde acaba el campo y donde empieza el pueblo.

    Las ruinas de la iglesia nos dan una idea clara de cómo la naturaleza y el tiempo ganan  siempre la batalla ante cualquier empresa del ser humano.

     

    La idea inicial era llegar aquí, pasar la noche, y luego regresar por el mismo camino, pero después de pensarlo un poco decidimos seguir. Alfonso nos dijo que pasado el pueblo, todo derecho, seguía una pista, y nos trazó una fina línea en el mapa, que, atravesando otro buen trecho de montañas, nos llevaría a alguna carretera por donde podríamos regresar. Así que decidimos seguir.

    La pista sigue adelante, y al rato vemos que sale un sendero marcado a la izquierda con marcas amarillas. Por donde queremos ir nosotros hay pintada una cruz de esas que dicen: “por aquí  no”. La ignoramos y seguimos por ahí todo derecho.  

    Al rato la pista se convierte en una serie de toboganes en descenso por donde tenemos que bajar una bici cada vez.

     

     

     

    Publicado hace 6 años #
  11. Aquí se muere la cámara de Pilar. Probablemente debido a la cantidad de polvo que ha tragado, ya no se abre el objetivo. A partir de aquí sólo sacaremos alguna foto con mi móvil. Una pena porque ahora es cuando empieza lo mejor (y yo sin frenos)…

    Bajamos a trompicones hasta un valle y por fin llegamos a un río: es el Jarama. ¡Aquí tenemos agua!  Decidimos vivaquear. Lo cierto es que el calor nos ha dejado destrozados. Yo estoy muerto de cansancio y hace un momento, cuando me he levantado, hasta me ha dado un calambre en una pierna. Síntoma inequívoco de que mi cuerpo dice basta. Sin embargo, antes de montar el campamento y acostarnos, mientras contemplo el río, caigo en la cuenta de una cosa muy tonta, y comprendo que aún hay que tomar una decisión. Me quedo pensativo. No sé como decírselo a Pilar…

       -Oye Pilar, estoy pensando, que deberíamos dormir al otro lado del río.

       -No me fastidies. Yo ahora no cruzo el río. No puedo más.

       -Ya; yo también estoy muerto, pero es que si no dormimos al otro lado, mañana tendremos que cruzarlo a las siete de la mañana, destemplados. ¿Te apetece bañarte en un río de montaña a las siete de la mañana? –le digo a Pilar.

    Pilar mira al río, suspira, resopla, se rasca los rizos, se quita el polvo de los ojos, pone una cara que da pena verla y dice:

        -Venga, vamos.  

    Me meto en el río cargado con mi bicicleta. Aquí el río tiene una anchura como de quince o veinte metros. Baja muy crecido y donde pensábamos que habría un palmo de agua resulta que me cubre hasta un poco por debajo de la barriga (joder, ¡qué difícil es encontrar una forma de evitar decir “por encima de los huevillos”, leches!)

    En medio del río no puedo levantar tanto la bicicleta. No quiero mojar el eje del pedalier. Al menos no hasta que me caiga. 


    Publicado hace 6 años #
  12. El fondo está lleno de piedras resbaladizas y pienso que, con mi habilidad en esto de cruzar ríos, seguro, seguro, que alguna bicicleta acaba en el agua.

    Total que quitamos las alforjas de las bicis, y todo lo demás y empezamos a hacer viajes de orilla a orilla. El agua está fría, pero se agradece. En medio del río todos los bichos nos atacan cuando no podemos defendernos. Parece la selva. Mientras lucho por no caerme de bruces en el agua con la bicicleta a cuestas, los mosquitos gigantes, los tábanos y todo tipo de insectos se nos meten en los ojos, como a los burros, mientras  damos tumbos entre las piedras con los bultos y las bicicletas.

    Cuando acabamos hacemos recuento de picaduras de tábanos y demás fauna y lamentamos mucho no tener algo para las picaduras. Si hacéis esta ruta ya sabéis: llevad algo para las picaduras. Mis piernas tienen unos ronchones espectaculares y Pilar cuenta veinte picaduras y un tábano que le ha pegado un buen mordisco en un brazo –cuando la he oído gritar no me podía volver y he pensado que estaría bañándose con las alforjas-. 

    Publicado hace 6 años #
  13. Ya en la otra orilla la cosa no mejora. Aquí nos devoran las hormigas. Las hay grandes y rojas y otras, pequeñas y negras, que alfombran literalmente el suelo cuando pisas su hormiguero y que nos muerden con saña en los pies y en las piernas, hasta hacernos saltar. Tú que lees esto, puedes pensar que soy un exagerado, pero lo que te digo es literalmente cierto. Mucho cuidado donde montas el vivac. Asegúrate de que no hay ningún hormiguero cerca. Toda esta exhuberancia de bichos me tiene un poco perplejo mientras busco un lugar para dormir. ¿Será posible? Ni que estuviéramos en la jungla.

    Total que al final encontramos un sitio junto al río. Es una praderita de hierba con una zona de arena fina de playa, entre árboles, y decidimos quedarnos allí. Hemos gastado hasta el último gramo de fuerzas que nos quedaba para pasar el río con todos los trastos. A la puesta de sol me doy un baño para asearme y quitarme el polvo del día. Luego me siento en la orilla a contemplar las truchas (supongo que son truchas, que de eso yo no entiendo). Es uno de esos momentos especiales, donde los últimos rayos de sol se reflejan en el agua y llenan de matices de color el fondo del río, Entonces el silencio lo llena todo y uno sabe que está en su sitio, haciendo lo que quiere. Viviendo la vida a su manera. Sigo una trucha con la vista, hipnotizado, mientras se queda parada en la corriente, tratando de imaginar como es su vida.


    Publicado hace 6 años #
  14. Más tarde cenamos una ensalada de pasta que nos repuso un poco.

    Tenemos agua y comida, hemos cruzado el río. La cosa no está tan mal como parecía hace una hora. 

    La noche pasa lenta. Pilar duerme como una bendita, agotada, mientras yo me dedico a contemplar las estrellas. Espero hasta que todo el paisaje se llena de estrellas. Aquí no hay ningún tipo de contaminación lumínica y el espacio se ve casi como si uno estuviera en una nave espacial. Al final caí rendido hasta que pasado un tiempo, de pronto, un escarabajo enorme me cae al lado de la cara y me despierta. Ha sonado como si me hubieran tirado una piedra. Decido salir del saco y llevármelo a otra parte, porque es enorme y da un poco de yuyu dormir con esa cosa al lado. Un búho pasa volando, como una sombra negra, y se posa en una rama. Estoy tan cansado que no estoy muy seguro de si lo he visto o lo he soñado. Me vuelvo a dormir al instante.

    En medio de la soledad y el silencio total, pasamos la noche con el único sonido del río y el crujido de la madera del árbol debajo del que dormimos. Siento que estamos muy lejos de cualquier parte. Pienso en que es una pena que Noe se haya perdido esto. Hubiera disfrutado de cada instante de esta excursión. Apunto mentalmente hacerla de nuevo en el futuro. Tal vez en invierno, con algo de nieve.   

    Publicado hace 6 años #
  15. Siete de la mañana: ha amanecido y tenemos que recoger todo muy rápido y salir zumbando porque las hormigas ya se han puesto en marcha. Lo primero que hacemos es reparar un pinchazo. Una de las ruedas está desinflada, andamos cien metros y resulta que lo que debería ser una pista, en realidad es un antiguo cortafuegos que asciende la montaña en línea recta. ¡Joder! Nos quedamos parados frente a la cuesta. 

     - Muy bien, le digo a Pilar. Ahora despacio, muy despacio, que el día es muy largo. No vamos a vaciarnos aquí ¿vale? Subimos un poco una bici entre los dos, y luego la otra, y así poco a poco, hasta que se acabe la montaña.

    Así lo hacemos y este tramo se nos hace muy duro. Sudamos como si estuviéramos en una sauna. Parece que la cuesta no se va a acabar nunca, y yo me resiento de la paliza de ayer, pero vamos ganando altura poco a poco. Paramos de vez en cuando y el río va quedando muy abajo, y eso nos anima a seguir.

    Menos mal que aún no aprieta el calor. 


    Publicado hace 6 años #
  16. Como no hay mal que cien años dure, poco a poco llegamos a lo alto de este lugar en medio de ninguna parte, y ahora, la pista se bifurca en dos. Problemón: no tengo ni idea de cual seguir. Mi vida por un topohispania, pero no hay un topohispania en mi GPS. En  estos momentos me acuerdo de Avo y como se las apaña con su GPS. Yo sólo tengo un rumbo en línea recta y una interrogación en mi cabeza. Hacemos una de esas de: “pinto, pinto, gorgorito, donde vas tú tan bonito…”, y seguimos la pista de la izquierda hasta que cambiamos de ladera en las montañas. Al rato, en frente se ve algo parecido a una carretera. Creemos que es eso que llaman “La Muralla China”. Sin embargo nuestra pista no tiene buena pinta. Se pierde en un estrecho valle escarpado. Decidimos regresar sobre nuestras huellas y tomar el desvío de la derecha, que parece más acorde con el rumbo final que queremos llevar.

    Bajamos y bajamos por esta nueva pista. Yo me desespero porque tengo que bajar a paso de tortuga porque voy sin los malditos frenos. La bicicleta se queja. Mis muñecas se quejan y yo pienso en lo idiota que soy de no haber cambiado esas pastillas. Tenemos un montón de kilómetros por delante y bajamos más despacio que subimos. Nos vamos a eternizar. 


    Publicado hace 6 años #
  17. Al fin la pista acaba en un tramo asfaltado y Pilar se pone a cantar. Ya estábamos un poco cansados de dar saltos con las alforjas. La bicicleta parece que ahora se desliza por el hielo de lo suave que va. 

    Al rato tomamos un desvío por pista a la derecha y llegamos al pueblo de Roblelacasa. Ya no recuerdo bien si antes o después de este pasamos por Cabeza de Lijón. Todos estos pueblos son increíbles de bonitos.

    En Roblelacasa paramos y nos bebimos la fuente del pueblo. También charlamos un rato con la gente de allí. Es maravilloso como es la gente de esta zona. Son amables, increíblemente amables. Nos tratan de maravilla. Les encanta ayudar y charlar. 

    Se quedan impresionados cuando les contamos de donde y por donde venimos.

     Palabras textuales:

    “¿Qué venís de Puebla de Valles por Matallana? Asustado me dejáis” –dice un anciano-.

    Para salir de Roblelacasa hay que bajar un pequeño puerto muy inclinado y aquí mis frenos dan terror. La forma como chirrían los hierros es espectacular y bajo muerto de miedo de que se rompa todo y me tenga que tirar de cabeza al asfalto, pero aguantan una vez más. Adiós a mis discos de frenos; ahora deben estar a mil grados.

    En ningún pueblo hemos encontrado un lugar donde tomar café y eso hace que paremos en todos. En El Espinar paramos también y como no hay nada decidimos comer junto a la fuente, porque el agujero en el estómago ya se hace notar. Nos comemos otra ensalada de pasta –me prometo no volver a comer una ensalada de éstas, al menos en una semana-.

    Desgraciadamente, el café hoy se va a hacer desear.  

    Seguimos por una carretera muy bonita con una sucesión de puertos pequeños que se dejan subir muy bien y que yo bajo fatal, con unas vistas preciosas, Pasamos por Campillejos y en medio de toda la ola de calor, sobre la una de la tarde, de nuevo a cuarenta grados, llegamos a Tamajón.    

    Hemos decidido venirnos por esta carretera donde hay rectas muy largas porque mis frenos ya no pueden más. 

    Publicado hace 6 años #
  18. En Tamajón la chica del bar se acuerda de nosotros y, por fin, Pilar se puede tomar un café, y lo saborea y lo disfruta como si estuviera bebiéndose el cielo. Yo, a estas horas, me bebo una Coca Cola y las neuronas de mi cerebro lo reciben bailando ese baile ruso típico que ahora no recuerdo como se llama. Tú ya sabes.

    De Tamajón seguimos a cuarenta grados hasta Puebla de Valles. La bajada hasta el pueblo ya casi la hago parado, a dos kilómetros por hora, porque mi pobre bici no puede más. Ha aguantado como una jabata y no me ha dejado tirado. Quiero a esta bici.

    En esta microaventura  he aprendido dos cosas nuevas: la primera es que no hay que apurar las pastillas, y la segunda es que si la cagas y te quedas sin frenos aún se puede seguir mucho tiempo sin ellos. 

    Quizás la tercera lección es la de siempre: no hay que dejarse impresionar por los contratiempos. 

    Había que tomar una decisión: seguir o regresar. Seguimos y ha salido bien. 

    Publicado hace 6 años #
  19. En Puebla de Valles charlamos con los del bar, le dejamos nuestro regalo a Pepe y ya, destrozados –tanto que tuvimos que parar una vez antes de llegar a Madrid porque yo me dormía al volante-, nos volvimos para casa.

    Resumiendo: una ruta muy interesante que merece la pena hacer. Yo ya no sé si calificarla de muy dura porque últimamente estoy muy mayor y todo lo que hago me parece muy duro.

    Lo que sí aconsejo es no confiarse con el tema del agua si la haces en verano.    

    A la hora de vivaquear junto al río tener en cuenta lo de las hormigas, que es de verdad,  y saber que quizás lo más duro de todo el recorrido es ese trozo de pista (antiguo cortafuegos que subimos el segundo día).

    En cualquier caso una ruta muy, muy recomendable para una microaventura.

    Otro consejo: documentarse sobre la historia de La Vereda y Matallana. Unos pueblos mágicos que merece la pena conservar. Esos y todos los demás. 


    Puebla de Valles

    Publicado hace 6 años #
  20. Y esto ha sido todo. Mañana o pasado intentaremos subir las fotos de mi móvil donde se ve el cortafuegos y alguna otra más. Espero que os haya gustado. 

    Publicado hace 6 años #
  21. Un relato chulísimo. Gracias por compartirlo.

    Publicado hace 6 años #
  22. ¡Joder tio,microaventura!!  Esto ha sido una aventura total,tiene todos los ingredientes,con nieve seria ya la hostia.

    Txatxi.Un relato cojonudo Angel,he disfrutado muchisimo.Por supuesto,veo la historia de estos pueblos y sus gentes.
    ¡Saludos compis!!       

    Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el Puerto seguro... Atrapa los vientos en tus velas... Explora... Sueña... Descubre
    Publicado hace 6 años #
  23. Madre mía, para haberse matado. Jajaja. Estáis locos. Pero preciosa microaventura, la más emocionante de todas, me parece a mí. 

    La verdad es que la zona es preciosa y prometía ruta especial.

    Y muchas gracias por la dedicatoria, que no la merece chicos, vosotros sí que nos inspiráis día a día. Ains. 

    Publicado hace 6 años #
  24. Gracias por compartir, mostrar ... por ser como soys.


    (Ángel ... si me permites una broma ... los peces del rio, siguiendo la tónica de la salida ... eran pirañas !!!)

    Un abrazo (bueno, dos, uno para cada uno).

    Salut
    Publicado hace 6 años #
  25. Preciosa crónica chicos, me ha encantado, de las que más me ha gustado... condiciones duras, obstáculos que se superan, y la felicidad inmensa de vencer a los elementos, eso es lo que hace que me encante hacer 500 kms por pasar un rato con vosotros...o con el sofá de Pi mirando a su bonito techo  :oops: . Gracias por la dedicatoria, joooo yo os tenía que dedicar un buen homenaje por todas las atenciones del pasado finde. Fue especial a su manera, uno de esas experiencias que refuerza lazos y acorta distancias... 


    Un besote, ayyyyyy cómo me hubiera gustado rodar por ahí!!!! ¡Qué bonito! Aunque yo me hubiera derretido en la primera subida, ah no! que ya me derretí  , es que sigo teniendo lagunas mentales...

    Queda en pendientes para cuando el solete sea menos caliente.

    “No dejes que tu vida se convierta en un ritual muerto. Deja que haya momentos inexplicables. Deja que haya cosas misteriosas, que no puedas justificar con ninguna razón. Haz algunas cosas por las que la gente crea que estás un poco loco. “ Osho
    Publicado hace 6 años #
  26. Excepcional la narración ...............casi se me seca la boca segun iba leyendo....................el calor y la sed que tuvisteis que pasar......uuufff cuando llegasteis al rio que alegría os daría...........

    Una cronica buenesima de una ruta  para volver con vosotros en otoño....buscando niscalos...........Un abrazo Angel y besos mañicaaaaaaaaa..............

    Publicado hace 6 años #
  27. genial. gracias por compartir. Qué envidia sana!!!!! y a mejorarse Noe que no se diga...si Islandia no pudo contigo...

    It is not the destination, but the stretches in between what matters!
    Publicado hace 6 años #
  28. Sois los reyes de la improvisación   y además sabeis disfrutarlo como nadie; aún me acuerdo de la crónica de las arañas de  mil patas (o eran los miles de arañas de patas?). Angel últimamente no es que estemos mayores, es que nos desborda la veteranía  .

    ¡Vaya palizón que os habeis dado!.
    Noe! ¿que pasó? he leído hospital, espero que vaya todo bien, cuídate.
    Saludos:
    Pepe

    Publicado hace 6 años #
  29. ... ya tengo las fotos del móvil de Angelillo ... poco a poco iré editando para subirlas.   

    "Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar."
    Publicado hace 6 años #
  30. Jajaja, buena aventura... pero no os envidio

    ¡Bici, bizi, vici!
    Publicado hace 6 años #



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