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Mi París-Brest-París 2019

  1. Como dice un compañero randonneur, cada uno vive su propia PBP, y cada vez de modo diferente.

    Os copio a continuación una crónica que he escrito, como siempre con la intención de que sea mi propio recordatorio, pero también para quien le pueda interesar. Lógicamente toda ella llena de impresiones personales, y ya unos cuantos días después, con casi todo lo malo y duro olvidado.


    Después de haber acabado mi primera PBP, creo que podría resumirse en que todo salió bien, y respondió a las expectativas (positivas y negativas) que tenía sobre esta prueba.

    Lo primero es señalar el buen pronóstico de tiempo (sin lluvia al menos) que teníamos para los días de la misma, frente a las fuertes lluvias que cayeron por la zona de París hasta pocas horas antes de la salida.

    Como ya me ha pasado en alguna otra prueba (recuerdo así en las maratones de Valencia y Milán), los días anteriores han sido agotadores por la dura actividad del turista en una ciudad maravillosa como es París. Por eso, en cierto modo, cuando por fin estuve en la línea de salida, fue un respiro. De todos modos hubo unos minutos finales de algo de estrés, cuando media hora antes de mi cita con la PBP (mi salida estaba prevista a las 18,30 del domingo 18, tanda K), había una concentración tal de ciclistas que me hacían imposible avanzar, y lo peor era que se trataba de ciclistas de salidas posteriores, tandas L e incluso M. Finalmente y después de bastante tiempo parado viendo como el reloj avanzaba, pude ponerme en movimiento, pasando por el arco de salida con algo más de cinco minutos de retraso, lo que no tuvo ninguna importancia, más allá de ponerme nervioso por un rato.

    Una vez en marcha, la sensación de estar participando en la PBP, rodeado de ciclistas de todas las nacionalidades, y recibiendo los ánimos del público, y de mi familia, bien ubicada nada más salir, hizo que me olvidase de todo lo malo, y empezase a disfrutar. En cierto modo, estaba como en una nube, y creo que la sonrisa no se me quitaba de la cara.

    Salí solo del grupo de españoles que nos habíamos reunido bajo el amparo de la FECT, aunque con el maillot oficial de esta federación puesto, para hacerme reconocible, como así fue, al llegar en poco tiempo a la altura de Mercedes que había salido poco antes que yo en la misma tanda. Pero mi idea era hacer la PBP solo o acompañado coyunturalmente, pero sin ningún compromiso con nadie. Soy ciclista solitario, y así me encuentro bien, a mi ritmo.

    Tengo un poco de confusión de las personas con las que rodé esa primera tarde y noche. Muchos extranjeros, claro (mayormente orientales), un rato con Mercedes, hasta que nos alcanzó el grupo de Valencia de Massamagrell, al que me uní hasta que fueron parando por distintas razones y se quedaron atrás, y otro rato con Daniel González, que había salido después que yo, y con quien había coincidido en el 1000 de Pueblo Nuevo. Me dijo que pensaba hacer la prueba solo, como yo, y tras rodar un rato juntos, y por haber parado yo a hacer un pis, volvía a quedarme solo (si eso es posible entra tantos ciclistas). También recuerdo que coincidí con Jaime y con Yugo, en algún momento indeterminado de ese trayecto.

    Llegué al primer punto de avituallamiento (que no control a la ida) en Mortagne con adelanto sobre lo previsto, puesto que había rodado a buen ritmo. De hecho, creo que en general he rodado más rápido de lo que suelo hacerlo, pues me encontraba muy bien de fuerzas. Por lo que he ido recuperando en la bici todo el tiempo que se iba perdiendo en las paradas. Normalmente soy de paradas muy cortas, pero en la PBP enseguida te das cuenta de que es imposible, y que hay que tomárselo con calma y no ponerse nervioso.

    En Mortagne encontré al grupo de Emilio, Rafa Cortegana y algún otro, que estaban cenando, pero tras abrigarme ya con todo lo que tenía (hay que ver cómo bajan las temperaturas por esta zona, sobre todo por la humedad), salí solo otra vez hacia el control de Villaines. Ya era de noche, e identificar a nadie una proeza. Era un espectáculo ver la serpiente de pilotos rojos y chalecos brillantes,a lo largo de kilómetros y kilómetros de carretera, sobre todo desde lo alto de las lomas. También sorprendía la gente en los pueblos dando ánimo y suministrando agua (no olvidaré a una señora a las 3,30 de la madrugada, con bastante frío, y en la puerta de su casa con botellas dándome agua).

    Poco antes de llegar a Villaines viví unos de los pocos momentos de crisis que he pasado, y es que de pronto me cayó todo el sueño encima, y tras comprobar que un par de veces estuve a punto de perder el control de la bici, y las vueltas que me daban en los ojos las luces rojas de delante, tuve que hacer una pequeña parada de 10 minutos en un banco de piedra en un pueblo de los que pasamos. Me quedé helado, pero como siempre de forma sorprendente, esos pocos minutos me espabilaron de todo, para poder seguir. Lo que me fastidia, y achaco al cansancio de los días previos, es que antes esas crisis de sueño me daban al amanecer, y pasaban con un buen desayuno, pero ésta fue mucho más temprano. Al poco llegué a Villaines, donde casi se me pasa la carpa de la FECT situada al inicio. Paré allí (si llego a saber que estaba tan cerca, hubiera aguantado hasta las colchonetas de la carpa), me tomé un caldo y un café (aunque frío) y me acabé de recuperar. Hice después mi primer sellado de la prueba, a las 4:46 del lunes, y seguí sin más espera. Para esta primera tarde y noche había preparado unos bocadillos de casa (hotel más bien) que me dieron cierta autonomía, haciendo un poco más breves las paradas al no tener que para a hacer cola para comer en los avituallamientos. Como antes, seguí también solo.

    Según amanecía, y aunque el sueño estaba vencido, empecé a sentir bastante hambre. Me comí algunas barritas y gominolas que llevaba, pero no se me pasaba, y poco a poco me fui quedando sin fuerzas, entrando en modo supervivencia. Algunos ciclistas que había pasado hacía poco me fueron adelantando (un grupo de americanos entre otros, a los que volvería a ver varias veces los siguientes días), y me costaba dar pedaladas, bajando mucho el ritmo. Iba obsesionado por parar a tomar un café con leche y un croasan, pero tampoco quería perder mucho tiempo. Por eso cometí el error de no quedarme en un primer bar que encontré abierto, pero que estaba atestado de ciclistas haciendo cola. Así que seguí y poco después ya me rendí y entré en un bar tugurio, donde pude tomarme un tazón enorme de café con leche, pero nada más, porque según entendí, no tenían nada para mojar. Afortunadamente, nada más salir, llegué a una casa particular donde habían montado un desayuno improvisado de más café y bizcocho, por la voluntad, y donde encontré o mejor dicho me reconoció él, a Carles Ros, un ciclista de Cartagena con quien había coincidido en la brevet de 300 de Murcia. Estuvimos hablando un rato, pero iba a mucho mejor ritmo que yo. Había salido a las 21 h e iba ya por delante de mí. Así pues rechacé su oferta de salir con él, y seguí de nuevo solo, pero más entonado hacia el control de Fougeres. Seguía con un poco de hambre, pero ya al menos había superado la pájara formidable que me había dado antes. Además el día recién estrenado daba más alegría al pedalear.

    En Fougeres me confundí un poco. Aparqué la bici abajo, subí andando al control, luego tuve que subir otra vez a pasar por las bandas que detectaban los chips de la bici (a las 9:42). Un desastre porque andando de un lado a otro perdí más tiempo. La cola para comer algo tampoco me animó, y sin haber visto a nadie conocido, decidí seguir otra vez solo. A la salida de la ciudad (por cierto, precioso castillo), en una boulangerie hice acopio de un bocadillo de jamón y queso (mi dieta estándar estos días) y saludé a Daniel que estaba desayunando en una terraza cerca, pero yo seguí con la intención de comer el bocadillo después. La salida de Fougeres es un poco liosa por el tráfico, aunque siempre muy bien señalizada, y en un pueblo muy cerca hice mi parada a comerme el bocadillo en un área de descanso donde había incluso unos baños y un grifo para coger agua. A partir de aquí y con nuevas fuerzas me puse a rodar con fuerza, pasando grupos y ciclistas solitarios, que se iban poniendo a cola, hasta que los dejé colgados en una nueva parada de pis. Me encontraba muy bien de fuerzas y rodando a un ritmo muy bueno. A mi aire. hice una parada en un pequeño supermercado a comprar fruta (un plátano y dos nectarinas, que me comí allí mismo) y seguí al mismo ritmo hasta llegar a Tinteniac (12:35). Aquí mientras dejaba la bici en el parking volvía a encontrar a Daniel y decidimos comer juntos. Mi primera comida en condiciones y sentado. Pollo con arroz, que me sentó fenomenal, además de un plátano y una coca cola. Como siempre, lo malo es el tiempo que se pasa. Vimos allí a Diego de Sevilla, que estaba ya dolorido de la rodilla, descansando un rato (volvería a encontrarlo varias veces más), y después de comer decidimos salir juntos, Daniel y yo, y un valenciano que se nos unió y empezó a tirar del grupete, aunque en Quedillac se quedó mientras nosotros seguimos sin entrar. Poco después, en un avituallamiento particular donde nos dieron más café y una tarta riquísima, Daniel se quedó a descansar un rato, por lo que seguí de nuevo solo hacia Loudeac, donde estaba la siguiente carpa de la FECT. En este tramo me visitó de nuevo un poco el sueño, y bajé el ritmo claramente. Adelanté unos curiosos triciclos de unos ciclistas ingleses del mismo club, e incluso tuve tiempo para despistarme y pasarme un cruce, menos mal que sólo unos pocos cientos de metros, gracias a los gritos de unos espectadores (normalmente en los cruces era lo que mejor te orientaba, donde estaba la gente animando, antes que las flechas). Se me hizo largo llegar a Loudeac. Me hice a la idea equivocada de que estaba antes, y eso psicológicamente hace pupa. El viento en contra en este tramo empezó a jugar también pero poco a poco llegué, que era lo importante. La temperatura de día había sido fantástica (calor suave, sin agobios) y el cielo despejado y claro.

    En Loudeac sellé (17:49) y sin tomar nada en el avituallamiento oficial, me acerqué a la carpa de la FECT que estaba a la salida, donde me tomé unos huevos fritos que me supieron a gloria, además de una cervecita sin alcohol. Un buen descanso y repostaje. En la carpa coincidí con un buen grupo de españoles, con los que salí hacia Carhaix donde pensaba dormir: Bea, Juan y César (de Cantabria). Además vi por allí a Carles otra vez y al mismo chico valenciano con el que había rodado unas horas antes. Así, bien arropado, hicimos frente al tramo posiblemente más duro de la PBP, por las duras pendientes, rompepiernas a tope, que hay poco después de Loudeac. Pero entre que iba bien acompañado y que tenía otra vez todas mis fuerzas, se hizo bastante llevadero. Así llegamos a San Nicolás, el control secreto, donde cayó otro bocadillo de jamón y queso, y se nos unió Fernando (de Castellón, con quien también había rodado un buen rato en la de 1000 de Pueblo Nuevo), y que posiblemente cambió para bien mi suerte en esta PBP, al proponerme compartir la habitación que tenía en un hotel en Carhaix, a donde iban los valencianos y también Bea y Juan. Así que sellamos en Carhaix (22:36)y directos al hotel, donde pagando la diferencia, Fernando y yo pudimos compartir una gran cama de matrimonio. Fue ducharme y caer dormido. Casi seis horas muy reparadoras, y encima con desayuno incluido a la mañana siguiente. Además aproveché para cargar la batería externa que llevaba, y algo el móvil. Un descanso de primera calidad, que me dejó como nuevo para seguir. Y es que lo malo de la PBP es la mala calidad de los descansos por la noche en los sitios preparados por la organización, que va mermando poco a poco las fuerzas. Por eso, la posibilidad de dormir en un hotel esta primera noche y descansar de verdad, fue fundamental para seguir la PBP muy buen.

    Salimos otra vez juntos los mismos para Brest, menos Fernando que se quedó con los de Valencia. Lo malo de salir juntos es que salimos más tarde lo previsto (sobre las 6,40), lo bueno, es que rodamos a muy buen ritmo y llegamos a Brest antes de lo previsto (como dije, los tiempos en bici han sido muy buenos, lo que compensaba los retrasos con las paradas). Entrando en el puente nos hicimos las fotos de rigor, con la vista de la bahía y el mar. Es realmente emocionante haber llegado ya al destino, aunque quede toda la vuelta, no es lo mismo. Tras pasar el puente hay una subida, que no me costó nada, de las ganas que tenía y llegamos al control (10:14 del martes), donde sin más dilación salimos buscando donde desayunar por segunda vez, lo que hicimos en una cafetería pizzería a las afueras de Brest donde había muchos más ciclistas parados, pero que no nos hicieron esperar mucho para ser atendidos. Aquí nos paramos tanto tiempo, que en un momento dado me despedí y decidí seguir solo de nuevo (mi estado natural al fin y al cabo). Hay muchas subidas a la salida de Brest (no se vuelve por el mismo sitio), pero iba bien de fuerzas y quizás el viento empujaba un poco en este tramo (ya era hora) y llegué bien a Carhaix (15:06) donde hice mi segunda comida caliente (otra vez pollo con arroz), encontrando en la cola a Daniel otra vez, con quien comí, pero se quedó a dormitar un rato a la salida en un prado (había dormido regular en el polideportivo de Carhaix). Al comedor llegaron cuando ya me iba Bea y los demás, pero no quería esperar más tiempo, y tras saludarles seguí solo otra vez. Recuerdo que en este tramo desde Brest cayeron unas gotas finas y dispersas de lluvia, la única de todo el recorrido (aunque hay quien cuenta de algún chaparrón la tarde del lunes)

    En el tramo hasta San Nicolás fui muy bien solo, allí comí otro bocadillo de jamón y queso, y un caldo caliente que me sentó fenomenal. Mientras mantuviera la tripa llena, las fuerzas me iban acompañando. Lo malo es que el viento parecía virar y volver a dar de cara otra vez de vuelta hacia París (aunque más suave). Al poco de salir de San Nicolás me adelantó Fernando, que es un bestia rodando en llano, y con su compañía pude llegar a Loudeac superando este tramo rompepiernas muy bien (20:36). En Loudeac él se quedó a dormir, pero mi idea era seguir hasta Quedillac (que no siendo control pensaba que estaría más vacío). Cogí un bocadillo para llevarlo como reserva, y me acerqué a cenar a la carpa de la FECT. Otra vez muy bien: huevos, sopa y plátanos y otra cervecita sin. Dejé la ropa sucia que llevaba y cogí la limpia de la bolsa de apoyo, para la siguiente ducha que pudiera tomar. Me puse la ropa de abrigo y anocheciendo salí solo para Quedillac. Al poco de salir empecé a oír un ruido raro en el guardabarros de delante, mi única avería, pues uno de los tornillos que lo sujeta a la horquilla se había caído, por lo que tuve que sujetarlo con una brida, que resultó muy efectiva (las bridas son el moderno sirve para todo). Perdí sólo unos minutos, bajo la farola de un pueblo, y seguí adelante unas veces pasando luces rojas y otras siendo superado por ellas. Creo que mi ritmo en este tramo bajó, pero al menos iba bien despierto, y el sueño no me dio la lata. Llegué con bastante frío a Quedillac sobre las 00,40, donde efectivamente había poca gente. Me tomé el bocadillo que llevaba y un tazón de chocolate caliente y en minutos estaba durmiendo. Me dieron un camastro con un edredón y encargué que me despertaran a las 5. Dormí por tanto un poco más de 4 horas, pero que fueron suficientes para descansar. Lo que no hice fue ducharme porque estaba helado cuando llegué.

    A la mañana siguiente me levanté un poco antes de las 5 yo solo, (había dormido de un tirón hasta entonces) y desayuné otro tazón de chocolate y un bollo. Fuera la bici estaba empapada, supongo que del rocío. Aunque todavía era de noche sobre las 5,15 estaba ya en marcha y poco a poco llegué a Tinteniac (6:31 del miércoles), donde me comí otro bocadillo y café con leche. Aquí me encontré de nuevo con Bea, Manuel y César, y ya salí con ellos, junto con un asturiano (no recuerdo el nombre) camino de Fougeres. Iban a muy buen ritmo, y yo dejándome llevar a rueda, además de algunos ciclistas de otras nacionalidades que se fueron sumando. De todos modos, antes de llegar un pis inoportuno me hizo quedarme otra vez solo, pero tranquilamente llegué a Fougeres poco después que ellos (a las 9:47). El sol brillaba ya y hacía calorcito, por lo que decidí darme la ducha que no había podido la noche anterior y cambiarme de ropa. Buena decisión, pues a esas horas no había colas y pude ducharme relajadamente y salir reluciente. Brevemente me encontré aquí con Emilio porque recuerdo que me saludó cuando iba para la ducha.

    Salí solo de Fougeres y al poco se formó un buen grupo internacional liderado por un alemán grandote, ya mayor, que iba sin casco. A base de relevos conseguimos un ritmo de marcha bastante alto, pasando a Bea y demás que vie fugazmente en una terraza tomando algo por el camino, y adelantando a Angel y a Eduardo que iban de charla. Con ellos seguí luego, cuando otro pis (¡esa próstata!) me hizo dejar al grupo con el que iba, y llegamos a Villaines a la hora de comer tranquilamente (14:49). Había aquí un ambiente de recepción de políticos y tele, un poco falso, con un locutor que daba el parte de un accidente que había habido poco antes (justo pasamos nosotros cuando llegaba la ambulancia a la altura del accidentado, pero no quise parar a mirar). Comí caliente por última vez una pasta con boloñesa, luego parada en la carpa para departir un poco y tomar algo de fruta (me llevé una manzana para después) y salida hacia Mortagne. Mi idea era llegar a dormir aquí, pero Ángel me hizo ver que llegar a dormir a Dreux era mejor, puesto que así no tendría que hacer el esfuerzo entre estas dos localidades de madrugada. Además una vez sellado en Dreux, ya no tendría ningún agobio de tiempos hasta Rambouillet. Para ello era importante llegar pronto a Mortagne, y sin prisa pero sin pausa seguí otra vez solo para allá, donde esta vez sí había control. Hay una zona de carretera más general, con largas cuestas, pero donde aproveché un par de veces los avituallamientos gratuitos de los vecinos, tomando algunas galletas y bizcocho, para no perder las fuerzas. Así pude llegar a Mortagne a buena hora (19:44). Había poca gente y pude usar los baños sin colas (hacía tiempo que iba necesitando algo más que pis), y pedir un par de bocadillos, uno de morcilla (boudin) que me tomé allí mismo (tenían una parrilla montada) y otro de jamón para la noche. Me abrigué aunque todavía no era de noche, y salí para Dreux con Eduardo, pero pronto me quedé solo pues iba más rápido que yo, aunque con intención de dormir por el camino.

    Este siguiente tramo empieza con duras rampas por zona muy bonita de bosques con las correspondientes bajadas. Luego ya se hizo de noche, y sólo se rompía la monotonía con algún pequeño pueblo. La Francia rural es muy oscura, hay pocas luces en los pueblos, de hecho de vez en cuando percibía casa totalmente en la oscuridad, la silueta de casas contra el cielo. El tramo final se me hizo duro y fui bajando mucho la velocidad. Empezó a dolerme el trasero, creo que tras usar el baño en Mortagne no acomodé bien el culotte o algo, pero el caso es que había ido muy bien hasta ese momento, y en este tramo no muy largo se me hizo una rozadura que me obligó a pedalear de pie bastantes tramos. De todos modos me lo tomé con calma. Recuerdo una parada para pis en que apagué todas las luces y me quedé un rato mirando las estrellas. Había muy pocos ciclistas en este tramo. Con todo, llegué a Dreux antes de lo que calculaba (a las 0:12 del jueves), y pude coger una cama enseguida. Ya sin ninguna prisa, pedí que me despertasen a las 7, pero igual podía haberme despertado a las 9, ya que el tiempo para llegar a Rambouillet (hasta las 12,30 en mi caso) era más que de sobra y el trazado mucho más suave que hasta entonces. Lo malo fue que aquí no daban edredón, y a mitad de la noche me desperté tiritando, menos mal que tenía el saco de supervivencia y me metí dentro.

    Por lo demás dormí tan bien y tanto, que a la mañana siguiente no podía abrir los ojos. Tras hacer la cola para coger desayuno (bollo y café) coincidí en la mesa con Rafa Cortegana y Enrique.

    Al principio me daba miedo sentarme en la bici, porque la rozadura era de consideración (al menos al tacto cuando me eché crema por la mañana), pero o reventó sola o se me pasó, pero el caso es que al rato de salir casi ni me acordaba de ella).

    Y aunque salí solo, enseguida y como por casualidad me fui agrupando con más miembros de nuestra expedición. Con Ángel, Emilio, Noelia, Bienvenido, y otros, con lo que este tramo fue muy ameno, aprovechamos para sacar al exterior nuestro flamante maillot de la FECT, hacernos fotos, y casi como quien no quiere llegamos a Rambouillet, donde entramos tan despacio que parecía que no queríamos llegar (a las 10:07 del jueves). Momento emocionante, y muy grato de hacerlo en tan buena compañía, después de haber estado solo casi todo el tiempo.

    Las dos brevets de 1000 km que había hecho este año me daban mucha confianza en que podría con los 1200 (al final me salieron unos 1228 km), y el temor a las masas de ciclistas y las colas no fue para tanto. El ambiente festivo resultó excepcional, y la estrategia que había planeado salió bien, con el cambio en el último momento de llegar a Dreux a dormir. Pude descansar cuando fue necesario, no acumulé sueño (lo del hotel fundamental la primera noche), y me noté muy bien de fuerzas y piernas. Las únicas secuelas han sido la mano izquierda (dedos dormidos, que en realidad llevan así desde la brevet de 1000 de Córdoba a finales de mayo, por lo que ha sido lo esperado); los tendones de aquiles de ambos pies algo inflamados, pero no impeditivos para pedalear; y la rozadura en el trasero del último día, que creo que fue por negligencia mía por no colocarme bien los refajos…

    Muy contento con la experiencia. Sin embargo no pienso en volver. Hay muchas rutas más, desafíos de todo tipo pendientes (también carreras de montaña que tanto me gustan). Así miro ya para el 2021 la Londres-Edimburgo-Londres, recorridos de gravel como el que propone para 2020 Carlos Mazón en Badlands (http://www.transiberica.cc), u otras muchas más.

    Confirmo que lo mío es rodar solo a mi ritmo, pero que no me disgusta la compañía (no soy tan huraño) y la acepto gratamente. Y que la preparación, bici, material, etc, fue el adecuado. Afortunadamente no llovió, porque eso hubiera sido otra historia.



    Publicado hace 1 año #
  2. Enhorabuena Adriano por tu hazaña.

    1228 kms. madre mía!,  aun dosificando lo mejor posible es una distancia tremenda.
    Por cierto muy bien contado algo tan largo nos lo haces mas llevadero.
    Lo dicho, enhorabuena.

    Publicado hace 1 año #
  3. Enhorabuena , gran logro y como dice Gerardo muy bien contado

    Publicado hace 1 año #
  4. ¡Enhorabuena Adriano!

    Publicado hace 1 año #
  5. Felicidades Adriano por compartir tu experiencia y por el logro de la PBP! Tiene que ser impresionante ver esos vecinos con los tenderetes del avituallamiento espontáneo y voluntario. Estas cosas deben dar mucho ánimo.

    Leonor, tu serás SIEMPRE la princesa...
    Publicado hace 1 año #
  6. Enhorabuena Adriano.

    Me alegro que todo saliera bien.
    Gracias por contarlo.

    El unico simbolo de superioridad que conozco es la bondad.
    Beethoven.
    Publicado hace 1 año #
  7. Muchas felicidades y gracias por el relato.
    Una cosa que me pregunto mucho es si para pasar las tantas horas pedaleando tenéis algún "truco" mental para no aburriros o simplemente que pase el tiempo "más rápido", como pensar en algo o hacer cálculos mentales o lo que sea. Porque muchas veces si la mente está ociosa también se va a pensamientos recurrentes que en el caso de ir "tocado" por algún motivo solo hacen que empeorar la situación.

    Vive y deja vivir.
    Publicado hace 1 año #
  8. Enhorabuena Adriano!!!! !
    Me producen una curiosidad tremenda este tipo de pruebas, pero a la vez me dan un respeto tremendo por la cantidad de kilómetros seguidos....

    Enviado desde mi Redmi Note 7 mediante Tapatalk

    Publicado hace 1 año #
  9. Felicidades compañero y gracias por el esfuerzo de contarlo.

    Publicado hace 1 año #
  10. Felicidades Adriano, y gracias por compartir. Todo el mundo este año comenta el tema del aire. También es interesante ver que los controles parecen algo bastante agobiante por el tema de la acumulación y que se puede llegar a perder bastante tiempo.


    Suerte para las próximas aventuras.

    PD: Yo intentaría encontrar la manera de solucionar lo de esa mano aunque imagino que ya estás en ello.

    Gandulus maximus. Vires acquirit eundo. Et Iniuriam.
    Publicado hace 1 año #
  11. Adriano, muchas gracias por contarnos tu PBP y enhorabuena por terminarla, no pudimos seguirte en la web PBP porque no sabíamos tu dorsal.

    Al final, la hiciste con la bici de gravel?

    Suerte y fuerza para las superbrevets que están por llegar, un abrazo.

    Dios creó la cerveza, el diablo la Coca-Cola.
    Publicado hace 1 año #
  12. Gracias por la crónica. Muy bien narrada.

    Publicado hace 1 año #
  13. Felicidades compi .Pim,pam .A todo meter,si señor. Gracias por compartir.


    Adjunto

    1. 4f7d20186cda70329fd299b16524104a.jpg (12.7 KB, 0 descargas) 1 año antiguo
    Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el Puerto seguro... Atrapa los vientos en tus velas... Explora... Sueña... Descubre
    Publicado hace 1 año #
  14. ¡Qué bárbaro, @Adriano6! Enhorabuena por el reto conseguido  

    Publicado hace 1 año #



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