Rodadas. Una comunidad de cicloturismo y viajes en bicicleta
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I like to move it. Madagascar no es una película de Disney

&tarr; PUBLICIDAD (lo que paga la factura)

  1. Hola chicos. Esta es la crónica de un viaje en bicicleta que al final a tenido poca bicicleta.

    Parece un contrasentido, pero la suma de las circunstancias (que nos obligaron)

    y las decisiones de pasar al plan B y luego al plan C, han dado como resultado

    el viaje menos bicicletero de todos los que hemos hecho en los últimos años.

    Acostumbrados a nuestro viaje de todos los años y después de pasar los dos últimos en Europa

    (Bretaña en el 2016 e Irlanda en el 2017), el pelotón decidió volver a la vida

    aventurera y afrontar el pequeño reto de marchar a África.

    El país elegido fue Madagascar. ¿Por qué?, os preguntareis. Varias razones, queríamos ver a

    esos pequeños animalitos tan publicitados por la película de Disney, los Lemures.

    Habíamos visto los videos en YouTube de un viajero (en moto) que pasó ocho

    meses en la isla. Nos pareció un país amable y asequible para probar un poquito

    de esa África desconocida y un poco atemorizante. ¿Nos equivocamos? Vosotros

    juzgareis si leéis la crónica completa.

    Disponíamos de cinco semanas y muchas ganas de rodar y conocer el país. El pelotón, como

    siempre, formado por Zuzu y Mustarós. No es un grupo muy aguerrido que digamos,

    pero nos hemos ido defendiendo por esos mundos.

    Etapa 1: Antananarivo a Ambalavao

     Como todo viaje que se precie tuvo sus inicios difíciles. Anulación de vuelo, cambio de compañía, noche en el aeropuerto y llegada a destino con 8 horas de retraso sobre el horario previsto, ¡tampoco

    estuvo tan mal!


    Las bicis llegaron enteras y tras pasar dos noches y un día de “aclimatación” en una de

    las ciudades más contaminadas del mundo, nos ponemos en marcha.


    Últimos detalles y arrancamos entre un tráfico caótico en busca de la conocidísima ruta 7 en

    dirección sur.



    Las primeras imágenes que retenemos en nuestras pupilas son vertiginosas, un tráfico alocado

    donde parece que cada cual va a su bola, rotondas imposibles de cruzar sin arriesgar el físico y muchísima vida callejera.

    Una vez nos alejamos de la ciudad, el tráfico casi desaparece y empezamos a vivir el país.




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    Publicado hace 2 años #
  2. Esto promete!


    Leonor, tu serás SIEMPRE la princesa...
    Publicado hace 2 años #
  3. Después de varias horas de alegre pedaleo oigo que Zuzu me dice ­–¿no deberíamos estar en la

    carretera 7? Acabo de ver un mojón de carretera y pone ruta 1– frenazo y cara de circunstancias. Un dineral en tecnología GPS entre el Garmin y los teléfonos para nada. ¡Nos hemos equivocado en la última rotonda! En nuestra disculpa hago constar que no hay letreros indicativos en lugar alguno.

    Esto no es nada, me digo para mí. Mapa (de papel) y búsqueda de una ruta alternativa que nos

    lleve a donde deberíamos ir. Primera lección, en Madagascar no hay rutas alternativas, las carreteras son las que son (muy pocas) y los mapas no ofrecen otra información. Toca deshacer los 45 km hechos y volver a la capital.

    Tras elevar consultas a la autoridad competente, el pelotón decide tomar un taxi-brousse y volver a la capital.

    (Nota del editor: Un taxi-brousse es un vehículo inenarrable que en su juventud fue una camioneta

    en algún lugar civilizado del mundo y que ya en la vejez, transformado en minibús, recorre el último millón de km cargando gente, cajas, animales y bicicletas por doquier. Es menester que el vehículo despida humos negros irrespirables y carezca de toda comodidad.)

    Segunda lección, en Madagascar los taxi-brousse no tienen horario y la duración del viaje depende de lo que tarden en llenarse (si no está completo no se mueven) y de las paradas que hagan (con tendencia al infinito). Resultado, llegamos a Antananarivo siendo ya noche cerrada. Estamos en el hemisferio sur, es invierno y a las seis de la tarde no se distingue un hilo blanco de un hilo negro.

    Tercera lección, en Madagascar, en el caso de que el lugar tenga electricidad, no hay iluminación pública y la noche oscura es muy, pero que muy oscura. Ni plantearnos pedalear en busca de un hotel, aunque llevemos luces propias. Ya que estábamos en la “estación de autobuses” en forma de descampado en vaya usted a saber dónde de la ciudad, nos pareció lo más sensato buscar otro transporte y completar la etapa incómodamente instalados en otro taxi-brousse. Dirección Antsirave, a donde llegamos pasada la medianoche.



    Antsirave, la antigua ciudad colonial destino de vacaciones para los colonos franceses que

    buscaban algo más de frescor en verano, es una ciudad más amable con los ciclistas que la capital. Al fin y al cabo, dicen que hay más de 7.000 pousse-pousse.


    De alguna forma el recorrido en bicicleta empezó aquí y en los siguientes días descubrimos la

    cara más amable del país.

    Vassaha, vassaha, asalame vassaha (guiri, guiri, hola guiri). Un saludo repetido una y mil veces

    por niños y mayores a lo largo del día y que respondíamos con sonrisas, “bonjours” y mucho agitar de manos.




    Ambositra, Ambohimahasoa, desvío por la ruta 25 y finalmente el Parque Nacional de Ranomafana, primero de nuestros objetivos para la observación de animales.



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    Publicado hace 2 años #
  4. En Ranomafana pudimos alojarnos a la entrada del parque y confraternizar con otros viajeros, sobre todo mochileros. Ahí empezamos a darnos cuenta de que algo pasaba y nos estábamos perdiendo los matizes. Cuando contábamos que habíamos venido por la ruta 25 en un trayecto por pistas de apenas 30 km sin tráfico ninguno, malgaches y vassaha nos miraban con cara extraña –¿no habéis tenido ningún problema? Hace unos días asaltaron un coche de turistas en esa misma carretera y por eso no pasa nadie– estupor por nuestra parte y rotundas afirmaciones de que nos había parecido uno de los lugares más bonitos de los recorridos hasta entones. Y para muestra unas fotos.





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    Publicado hace 2 años #
  5. Ya en Antananarivo unos y otros en conversaciones callejeras o en la propia oficina de turismo nos advertían sobre los peligros de andar “hacia el sur” solos y en bicicleta. En general tendemos a no hacer mucho caso y solemos dejarnos llevar por nuestro instinto, pero era cierto que por la carretera más directa a uno de los parques naturales más visitados no nos habíamos cruzado más que con un

    convoy de tres vehículos con turistas. Aun así, optamos por no hacer caso de las advertencias.

    En fin, nosotros a lo nuestro. Visita al parque natural y primeros avistamientos de lémures y animalillos en general. ¡Fantástico, que para eso hemos venido!



    Un par de días en el parque sirvieron para andar mucho, compartir largas sobremesas y disfrutar de los bosques. Y tras el paréntesis, vuelta a la carretera. Próximo destino, Fianarantsoa, punto de partida de una de las atracciones más conocidas del país. Un tren que a velocidad de paseo desciende desde el “plateau” hasta la costa este. No fue esa nuestra opción, aunque al parecer “no debes ir a Madagascar sin montar en el tren de la costa”. Confieso que faltamos a muchos de nuestros deberes como turistas.

    Siguiente destino, Ambalavao, puerta de acceso al parque natural de Andringitra y a la reserva comunal de Anja.

    Y llegando a Ambalavao, ¡cata clac!  caída de Zuzu al quedar su bicicleta trabada con otra bicicleta. Un pequeño accidente sin culpables y sin mayores daños que unos golpes, el susto y un puño de manillar necesitado de reparación. Todo bien y seguimos.

    Apenas 300 metros recorridos y ¡cata clac! segunda caída de Zuzu, el puño se ha soltado del todo provocando una frenada involuntaria de la rueda delantera y al suelo. Esta vez llueve sobre mojado y los golpes y raspaduras necesitan mayores atenciones.

    Por primera y única vez en el viaje optamos por buscar un buen hotel y dedicar el resto del día a cuidar de los heridos y reparar la bici. A la postre este pequeño incidente marcaría buena parte de lo sucedido en días posteriores.

    Antes de seguir con el relato viajero, contaros que una vez descartada la visita a Andringitra por quedar un poco a trasmano de nuestra ruta, visitamos la reserva comunal de Anja. Este parque, propiedad y

    administrado por una pequeña comunidad rural, es una joya para la observación de lémures.



    Visita a la reserva comunal aparte, las circunstancias y la necesidad de cuidar ánimo y rodillas magulladas nos llevó a pasar buena parte del día en actitud contemplativa y departiendo ampliamente con los dueños del resort donde nos alojamos.

    Un apunte bicicletero, la reparación del puño pudimos hacerla sin problemas; el Ergon gp2, aunque se partió el engarce entre el puño y la extensión, permite reposicionarlo y una vez apretado el tornillo vuelve a tener la funcionalidad completa.

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    Publicado hace 2 años #
  6. Hola compañeros:
    Me comía las uñas esperando la crónica de Madagascar
    y viendo esto he empezado por las de los pies...
    Felicidades Ramón y Zuzu y por favor, no tardeis tanto...

    Publicado hace 2 años #
  7. Etapa 2: Ambalavao a Toliara y el plan B

    Vuelvo a la narración. Nuestros anfitriones holandeses nos hablaron largamente de la situación del país y de las dificultades que teníamos por delante. Ante nuestra sorpresa inicial nos rogaron insistentemente que abandonáramos nuestra idea de seguir en bici hasta Toliara.

    A la situación general de inseguridad, que confesamos ambos dos no haber percibido hasta el momento, se sumaba que en los próximos kilómetros nos esperaban grandes extensiones de nada y los pueblos que encontraríamos eran centros de extracción y comercio de zafiros.

    Las piedras preciosas, una bendición y una maldición al mismo tiempo. La inestabilidad económica y política de los últimos años junto a la persistente sequía (provocada en parte por una feroz deforestación del territorio), atraían cada vez a más “mineros clandestinos” que topaban con la escasa y corrupta policía y sobre todo con los feroces y bien armados guardas de seguridad de las compañías mineras. Como resultado, grupos de desesperados que vagaban por el territorio.

    Quedaba pues descartado el camping libre. Y las grandes distancias entre poblaciones desaconsejaban forzar las rodillas magulladas de Zuzu. Acudimos al Plan B.

    Nuestro plan B consistía en alcanzar Toliara en taxi-brousse y desde allí seguir costeando hacia el norte. La ciudad situada en la costa del canal de Mozambique sabíamos era un punto muy turístico ideal para los amantes de las playas desiertas.

    Entre el lugar donde estábamos y la costa teníamos además el parque nacional de Isalo, una de las joyas naturales del país. Decidido, etapa uno de Amabalavao a Isalo y segunda etapa, también en transporte, hasta la costa para retomar allí la bicicleta.


    Por cierto, que en Isalo y ante la avalancha de turistas mochileros que ocupaban las habitaciones asequibles, acabamos montando la tienda en la zona de acampada de uno de los hoteles. La única tienda y los más "senior" del lugar.


    Visita al parque con sus bichitos.


    Y sus paisajes irrepetibles.


    De vuelta al taxi-brousse y ya camino de Toliara, el pelotón reflexionaba sobre lo vivido hasta el momento y poco a poco íbamos tomando conciencia. Aquellos niños hurgando en los basureros, los innumerables controles de la policía que no servían para nada… más que para deslizar unos billetes en la documentación del vehículo. Los grupos de hombres deambulando por las carreteras, los pastores de cebús armados de lanzas y algún fusil. Y sobre todo una abrumadora presión sobre los Vassaha que había pasado del “asalame” al “donne-moi de l’argent”.

    ¡Bien! Ya estamos en Toliara, estar en la costa hace más verano y de alguna manera representaba el final de una etapa. Próximo objetivo, costear hasta Morondava a unos 400 km al norte y de allí al parque del Tsingui de Benamahara cruzando el rio Tsiribihina.

    Alojados en un vetusto hotel colonial a pie de playa y “santificados” por los cánticos religiosos de una comunidad evangelista instalada en el antiguo restaurante del hotel, la parte del pelotón que tenía las rodillas intactas cayó víctima de un resfriado mal curado que venía arrastrando desde Antananarivo. Pensamos que además de las oraciones no estaría de más guardar cama y tomar aspirinas. Dicho y hecho, el pelotón se divide y mientras un miembro pasea por la playa y ahuyenta amantes ocasionales a precio de saldo, el otro se atrinchera bajo la mosquitera armado de analgésicos y un libro (vamos, un planazo).

    El descanso inesperado sirvió también para aprender otra lección. Cuarta lección, los planes en Madagascar no sirven para nada.

    Siguiendo con nuestra inveterada costumbre de visitar las oficinas de turismo y preguntarle a la gente, descubrimos que la primorosa ruta costera hacia el norte trazada con ayuda del maps.me no era lo que parecía. En realidad, no es una ruta sino un conjunto de pistas accesibles solo en temporada seca –no importa, ahora es temporada seca–. Además, las distancias entre alojamientos son muy grandes –no importa, repetíamos nosotros, es una zona muy poco habitada y podemos acampar en la playa–. Además, hay serios problemas de seguridad con asaltos muy recientes a resorts –no importa, ¿? bueno… en realidad sí importa–. Además, casi toda la ruta es por arena y las bicis no pueden avanzar sin empujar –tocados y hundidos–.


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    Publicado hace 2 años #
  8. Que buen relato,siso la crónica de vuestro viaje (las venturas y desventuras)con mucho interés. Felicidades.

    Publicado hace 2 años #
  9. Jope... En qué va a parar todo esto...

    Publicado hace 2 años #

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    Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el Puerto seguro... Atrapa los vientos en tus velas... Explora... Sueña... Descubre
    Publicado hace 2 años #
  11. Me tienes enganchada, ¡¡estoy deseando seguir leyendo esta crónica!! 

    Graciassss!!

    “No dejes que tu vida se convierta en un ritual muerto. Deja que haya momentos inexplicables. Deja que haya cosas misteriosas, que no puedas justificar con ninguna razón. Haz algunas cosas por las que la gente crea que estás un poco loco. “ Osho
    Publicado hace 2 años #
  12. Etapa 3: La ruta a Morondava por Salary Bay

    A estas alturas del relato los amables lectores ya habrán descubierto que esto se parece poco a

    un viaje en bicicleta para pasar a ser más bien un viaje “con la bicicleta”.


    Con la bicicleta metida en un 4x4 para ser más exactos. En las expertas manos de nuestro

    conductor Rafate, la ruta a Morondava por Salary Bay al menos prometía ser bonita, y desde luego no defraudó.

    Antes de continuar con la narración, decir que todos los inconvenientes para no recorrer la costa en bicicleta eran totalmente válidos. Baste decir que en coche tardamos cuatro días en recorrer 400 km. No es imposible hacerlo en bici pero se necesitaba un tiempo del que no disponíamos (o puede que nos falte espíritu aguerrido, que también puede ser).

    Cuando en un mapa las carreteras “nacionales” tienden a ser pistas, las pistas tienden a ser así.




    Y los paisajes no necesitan muchas palabras…


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    Publicado hace 2 años #
  13. Espectacular crónica. Me lo estoy pasando pipa

    Publicado hace 2 años #
  14. ¿Nos equivocamos al no recorrer este tramo en bici aunque fuera empujando? ¡Claro que nos

    equivocamos!

    ¿Volveríamos a tomar la misma decisión? Probablemente.

    Playas, el avistamiento de nuestros primeros baobabs, lugares inolvidables como Morombe o Belo-sur-mer, sólo accesible por tierra en marea baja, marcaron un recorrido interminable jalonado por arenales, vadeo de ríos y reparaciones “on the road”. A la postre más de la mitad de los 400 km discurrían por playas y dunas.


    Cansados y vapuleados por las interminables horas metidos en un 4x4 llegamos a Morondava dispuestos a pasar página y seguir con nuestro viaje.

    Etapa 4: Bekopaka y el Tsingy de Benamahara.

    Quinta lección, ¿pero yo no os he dicho que los planes en Madagascar no sirven para nada?

    Instalados en Morondava descubrimos rápidamente que es una deliciosa población con una playa increíble y poca presión hacia los Vassaha, ¡bien!

    Como primera medida nos montamos en las bicis y nos acercamos a su atracción más conocida, la “Avenue des Baobabs”.



    Con el espíritu ciclista renovado por el paseo de 40 km nos disponíamos a planear la continuación del viaje cuando se presenta en nuestro pequeño alojamiento de la playa el ya amigo y conductor Rafate.

    Honradamente, pensamos que venía a interesarse por la calidad de un alojamiento sencillo que él mismo nos había recomendado y que resultó ser un lugar extraordinario para pasar unos días, aunque esto es adelantarse.

    No, la presencia de Rafate se debía a unas preocupantes noticias que acababa de conocer y que nos afectaban directamente. A vueltas con los problemas de seguridad, la “Gendarmerie Nationale” había decidido restringir el acceso al “Tsingy de Benamahara”.

    (Nota del editor: La Reserva natural integral de Tsingy de Bemaraha se localiza en el centro oeste de la Provincia de MahajangaMadagascar. Su geología única, sus bien conservadas selvas de manglar y su rica fauna de lémurespájaroscamaleones y otras especies motivaron su inclusión en el Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1990. La zona es especialmente notable por sus tsingy o pináculos de roca caliza, lapiaces tan extremadamente afilados que pueden infligir graves heridas a un visitante poco prevenido. Se han formado gracias a las lluvias (media anual de 1.800 mm) que disuelven la roca caliza formando estas aristas agudas. Es peligroso, y a menudo imposible, transitar ntre los tsingy, salvo para los ágiles lémures y otros representantes de la fauna local. Fuente:Wikipedia)

    Desde nuestra ubicación, para llegar al Tsingy, había que recorrer unos 200 km de pistas en un viaje de ida y vuelta (400 km en total) que nos apetecía muchísimo hacer. Ese parque era uno de los “objetivos” del viaje.

    Más o menos a mitad de camino se encuentra el rio Tsiribihina y la localidad de Belo-sur-Tsiribihina. Punto desde donde el viaje debía realizarse en coche bajo vigilancia armada de la policía.

    Durante unos breves momentos vislumbramos la posibilidad de pedalear hasta el rio y continuar luego en coche si conseguíamos que algún 4x4 nos admitiera como pasajeros. Ni por esas, a la situación creada por la decisión de la “Gendarmerie”, se sumaba la amenaza del municipio de Bekopaka (donde está ubicado el Tsingy) de cerrar la pista de acceso al parque a cuenta del conflicto que mantienen con el gobierno desde hace unos años los ayuntamientos donde se ubican las reservas naturales. Era domingo, el plazo vencía el miércoles y a más tardar el martes debíamos estar visitando el Tsingy. Blanco y en botella, así que aparcamos bicis y vuelta al 4x4.

    Para cerrar la historia de la ida al Tsingy contaros dos cosas: efectivamente la policía escoltaba los vehículos y de verdad el acceso al parque estuvo a un paso de cerrarse, y de hecho no se hizo porque la intervención de los hoteles y negocios turísticos logró que el ayuntamiento cambiara la forma de presión por una recogida masiva de firmas de los Vassaha que por allí andábamos.

    Para satisfacer a los más curiosos, os explico que el origen del conflicto se encuentra en el año 2014 cuando la práctica de ceder a los ayuntamientos la mitad de los ingresos del parque a cambio del mantenimiento de los accesos, la vigilancia del entorno natural (importantísimo para mantener los parques) y garantizar la seguridad, se vio unilateralmente interrumpida sin que las obligaciones fueran asumidas por el estado.

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    Publicado hace 2 años #
  15. La “escolta policial”, toda una garantía de seguridad.

    Y el Tsingy de Benamahara, un lugar mágico.

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    Publicado hace 2 años #
  16. No obstante, aun no estando sobre la bici Madagascar ofrece imágenes y sensaciones impagables. Es África.



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    Publicado hace 2 años #
  17. En fin, ya de vuelta en Morondaba (recordar que es una ruta de voy y vuelvo) recuperamos las bicis y parte del equipaje que se quedó en el alojamiento y decidimos tomarnos unos días de “vacaciones de las vacaciones” y disfrutamos de la playa, la buena compañía y el riquísimo pescado recién salido del mar.





    Por si no ha quedado claro, las fotos anteriores son para dar envidia…je.

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    Publicado hace 2 años #
  18. y yo que digo ahora?

    me quedo con lo bueno y me olvido de lo no tan bueno?

    os pregunto por las comidas?

    o simplemente os digo aquello de que bien está lo que bien acaba...

    uffff

    me quedo con un sabor agridulce.

    Aquí yace Raffaello Sanzio. Cuando nació la naturaleza temió ser vencida por él.Cuando murió temió morir con el.
    http://www.bicigarraf.com/usuarios/95-slow.html?sec=3 https://esdeslow.blogspot.com/
    Publicado hace 2 años #
  19. La historia sigue Pepe, aún faltan un par de capítulos...

    Publicado hace 2 años #
  20. Etapa 5: La vuelta a Antananarivo.

    Con poco más de una semana por delante en nuestro calendario particular, emprendemos la vuelta a Antananarivo. Fácil, unos 550 km de carretera asfaltada con un desnivel positivo de unos 3.000 m, íbamos de la costa al “plateau” con una cota máxima de 1.700 m.

    Emprendemos la marcha con muchísimos ánimos y unas ganas locas de pedalear. Entre paisajes idílicos y pueblecitos encantadores alcanzamos nuestro destino en unos cómodos 8 días de viaje…. Grrrr (ruido de rayón en el disco).

    Lección nº 6: Madagascar es África no una película de Disney.

    Es cierto que emprendimos la marcha muy ilusionados y con ganas de rodar largo. Aprovechamos el terreno favorable del primer día para completar una etapa de 92 km hasta una población que según la oficina de turismo disponía de hotel. Y hotel tenía, lo que no tenía era electricidad, agua corriente, tiendas ni nada de lo que se le supone al equivalente de una capital comarcal.

    Tampoco es que fuera grave el asunto, sabemos vivir tan ricamente sin luz eléctrica y con ducha de “totuma”. Pero –porque siempre hay un, pero– nos costó llegar mucho más de lo esperado.






    El intenso calor, nos quedamos cortos en agua, quizás no descansamos lo suficiente o no nos alimentamos como hubiésemos debido. Sea como sea, llegué con las fuerzas muy justitas a nuestro destino. El recorrido tenía unas cuantas rampas, pero tampoco era ningún puerto, según el GPS el desnivel positivo del día superaba por poquito los 500 m.

    Esa noche agradecí por enésima vez tener la oportunidad de compartir viaje con Zuzu. Como en tantas ocasiones, ejerció de líder del pelotón y conseguimos acomodo y cena. Todo muy sencillo, pero no obstante suficiente.

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    Publicado hace 2 años #
  21. Tras una noche, por mi parte, bastante mala, arrancamos a pedalear muy temprano buscando un cierto frescor y sobre todo evitar tener que estar en la carretera en las horas centrales del día.

    No habían pasado dos horas y prácticamente me había bebido toda el agua de mis bidones y tenía que echar mano de la botella de reserva. Algo no andaba bien.


    A mediodía estábamos en nuestro destino. Llegamos prácticamente deshidratados, yo por no poder dejar de beber si quería seguir pedaleando y mi ángel guardián por cederme toda su agua.
    Efectivamente, algo no andaba bien y esa misma tarde quedó bien patente.

    “¿Qué queréis, conde, cagamos
    con los moros cagarramos?
    -Cagaleras los mandáis.
    -¿Cagaleras los mandamos?
    Señor, mead bien lo cagáis.
    -Yo sé lo cago, y lo cago, lo cago bien.
    -Sorprendido meáis.
    -Yo meo como me plazca."
    (poema popular anónimo)

    Virus, bacteria, insolación, pájara, comida en mal estado… hay múltiples posibilidades, pero el efecto sobre el cuerpo es demoledor. Una tarde de descanso, una noche razonable pese a las excursiones al excusado, y a la mañana siguiente lo único que deseaba era que me ingresaran en urgencias o me dejaran morir en paz.

    No podía seguir.

    Si fuera un perrito habría tenido las orejas gachas y la cola entre las piernas mientras cargábamos, ¡por enésima vez!, las bicis en un taxi-brousse.



    La vuelta a la capital en coche culminaba el desastre en que se había convertido el viaje ciclista. Aun así, decidimos no volver directamente a Antananarivo y optamos por quedarnos dos noches en Antsirabe, una ciudad mucho más amable que la capital para recuperarse.
    Aprovechamos nuestra segunda estancia en Antsirabe para recorrer en bici alguno de los lugares pintorescos que nos quedaban por conocer. Un paseo a los lagos en plan “Verano Azul” dejó bien patente que el componente del pelotón con barba no estaba para enfrentarse a la carretera en los 200 km que nos quedaban.

    Ya de vuelta a Antatananarivo y alojados de nuevo en el hotel donde dejamos en depósito las cajas de las bicis, coincidimos con dos ciclistas españoles que llevaban dos meses en la isla y que estaban muy interesados en conocer nuestra opinión sobre Madagascar. Me reservo su identidad porque no les he pedido permiso para publicarla, pero sé que son lectores de este foro. Aprovecho para agradecerles aquella conversación.
    Gracias al rato pasado con ellos, nuestro amago de depresión por tal y como se había desarrollado el viaje se desvaneció o al menos se quedó en una mala sensación. Al parecer, nuestras dificultades, renuncias a pedalear y pequeñas frustraciones eran compartidas. Puede que nosotros seamos cicloturistas demasiado “europeos” o poco aguerridos pero el país es muy difícil.

    En esta misma conversación nos confirmaron de primera mano algunas de las historias sobre los “incidentes” sufridos por un grupo de turistas que descendían en canoa el rio Tsiribihina (el mismo de la ruta al Tsingy). Llamo incidente por no llamar otra cosa a las tremendas imágenes que casualmente una turista española captó con su móvil y compartió con nuestros nuevos conocidos.

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    Publicado hace 2 años #
  22. Etapa 6: Andasibe – Mandabia o el plan C.

    Llegados a este punto del viaje y a 4 días de la fecha en que debíamos embarcar con destino a casa decidimos dejar de pedalear, embalar las bicis para no verlas más y poner en marcha el plan C.

    ¡Si no podemos ser ciclistas, seremos turistas!

    Tampoco era cuestión de quedarnos en un rincón a lamernos las heridas mientras nos lamentábamos por nuestra suerte.

    Dicho y hecho, en nuestra planificación previa del viaje habíamos descartado uno de los parques más reputados del país que quedaba en dirección opuesta al resto de los lugares que queríamos conocer. El Parque Nacional de Andasibe – Mandabia es uno de los más concurridos de la isla por su relativa cercanía a la capital, un viaje de dos días es suficiente para una visita.

    Contactamos con un guía, alquilamos otro 4x4 y en marcha a nuestro nuevo destino; objetivo, ver más bichitos. ¡Y vaya si los vimos de cerca!




    Por suerte, no todos los vimos de tan cerca.


    Y el resto es poco más que el tedioso e interminable viaje de vuelta con escalas en Addis Ababa y Frankfurt donde lo más interesante fue la duración de las colas para pasar los innumerables controles de seguridad.

    Epílogo: Han pasado casi tres semanas desde nuestro regreso y seguimos con una sensación agridulce cuando hablamos del viaje a Madagascar. Me doy cuenta que los malos momentos van quedando como anécdotas y ganan peso las imágenes de parques naturales, playas y gentes amables.
    Permanece la sensación desagradable de no haber hecho las cosas lo suficientemente bien y que el viaje en bicicleta merecía algo mucho mejor. ¿No planificamos los suficiente?, ¿deberíamos haber sido más atrevidos?, ¿no tuvimos la necesaria precaución con el agua y la comida?, ¿y si hubiésemos instalado portabidones para botellas de litro y medio?, ¿y unas ruedas más gordas para la arena?, ¿hicimos bien en creernos los avisos sobre la seguridad? Y así hasta el infinito.

    Sinceramente, ¿recomendaría este viaje en bicicleta?, para unas vacaciones de 3 o 4 semanas definitivamente no. ¿Y con tiempo suficiente?, si claro. Pese a todo, son más los encantos que los desencantos. Acabamos de terminar la edición de las fotos y los videos y nos hemos dado cuenta que no queremos mostrar la pobreza ni hacer hincapié en las dificultades, con decir que es África con todo lo bueno y lo malo que tiene es suficiente.

    Además, hay sonrisas que bien valen un viaje.


    Gracias por vuestra atención.

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    Publicado hace 2 años #
  23. Me quedo con la última foto. 

    Publicado hace 2 años #
  24. Mustaros, creo que solo por la crónica ya merece la pena el viaje. Me ha gustado mucho. Por favor, entiéndeme. Siento mucho que las cosas se complicaran y no pudierais realizar esa aventura tal y como habíais planeado, pero África es una aventura en si misma. En todo caso me parece que pese a todo, bien vale las penalidades sufridas. Gracias por este buen rato.

    Publicado hace 2 años #
  25. Uf, que incertidumbre he vivido en mi mesa con el ordenador...
    Preparaos porque cuando os veamos os vamos a comer a preguntas
    o no...
    Que crónica...!!!

    Publicado hace 2 años #
  26. Si estáis bien, pues bien está la cosa... pero veo un sufrimiento que soy incapaz de gestionar.

    Bravo valientes.

    Publicado hace 2 años #
  27. Simplemente espectacular!! Que no habéis podido completar el viaje en bici? bueno... y que?. El simple hecho de haberlo intentado ya ha merecido la pena. Muchos ni nos atreveríamos. Felicidades por ese viaje y gracias por compartirlo. 

    Publicado hace 2 años #
  28. Grandísima crónica de un gran viaje, me quedo con todo , lo positivo y lo no tan positivo , da igual los planes que tuvisteis que abandonar y sustituirlos por otros , nadie os quitará esa aventura que la mayoria de nosotros ni tan siquiera nos hubieramos atrevido a  idibujar.

    Un abrazo.

    Com més vell em faig més joves son els somnis /Como mas viejo soy mas jóvenes son los sueños
    Publicado hace 2 años #

  29. Seguro que esa sensación agridulce de la que hablas en el epílogo se irá difuminando en el tiempo y los momentos críticos se contarán con alegría y risas..... dices ¿deberíamos haber sido más atrevidos? o ¿hicimos bien en creernos los avisos sobre la seguridad? .. pero .... ¿y si os hubiése pasado algo? ...pues entonces os estariais haciendo  las preguntas al contrario. Por otra parte, algún fallo de planeamiento siempre se tiene, y se aprende de ello, por lo que es bueno.

    Fenomenal crónica y muy buena aventura vivida. Una aventura no es tal sin incertidumbres, y la vuestra ha sido una gran aventura en la que las vicisitudes las solventásteis sin perder las ganas y sin acortar el viaje por ello.

    Es un regalo escuchar tu crónica.

    Publicado hace 2 años #
  30. Magnífica crónica, llena de realismo, de interés, de "verdad".

    Hay que tener también viajes así, en los que parece que todo sale torcido, para que se conviertan en verdaderas experiencias vitales de las que aprender.

    Los cicloviajeros más "civilizados" (entre los que me incluyo de pleno) no tenemos normalmente estas experiencias que tanto contrarían las expectativas con las que iniciamos el viaje, y eso puede que sea algo que "nos perdemos".

    En fin, me alegro mucho de que estéis bien, de vuelta en casa contándonos vuestra aventura malgache, de que a fin de cuentas y pese a todas las contrariedades no haya habido incidentes verdaderamente preocupantes, y tal como se ve, extrayendo y quedándoos con las cosas positivas (divertidas o no tanto) que este viaje os ha proporcionado. Y MUCHAS GRACIAS por compartirlo con nosotros.

    Publicado hace 2 años #