Rodadas. Una comunidad de cicloturismo y viajes en bicicleta
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De viejos y salados recuerdos, espiritu quijotesco y la pureza del viajar en bic

  1. DEL PASADO
    Tras muchos meses de vagabundeo por las Américas, un día del año de 1988 ,a la hora en que el alba rompe la noche con promesas de un nuevo día de cansancio y maravillas ,un viajero ciclista de nombre Condorito vislumbraba el lejano horizonte del inmenso Salar de Uyuni. Habia dormido la noche pasada en la celda del puesto de policía del por entonces pequeño y dormido pueblo de Uyuni. Apenas pudo conciliar el sueño,pensando en si al amanecer se atrevería o no a lanzarse a ese fin de su mundo conocido.
    No sabia nada acerca de ese desolado espacio en su mapa, siendo la primera vez que veía -ni tan siquiera en una fotografía- un salar, esa blanca,dura y salada inmensidad. Su ya vieja y maltrecha pero leal bicicleta que le había traido desde Houston a la orilla del Salar, parecía el viejo trasto sin garantía que muchos de los modernos y épicos ciclo turistas de hoy no osarían a usar ni para una salida de finde.
    Por todo equipo de navegación,un mapita a pequeña escala de Bolivia sacado de un libro de escuela. No tenia incluso ni cocinilla, tienda o gafas de sol, Tan solo algo de pan, plátanos y leche en polvo, un plástico grande para hacer un vivac,esterilla y saco.
    Condorito, era el tipo de persona que suele pensar una y otra vez cada paso importante a dar en su viaje pero consciente también que en el momento de la verdad su corazón es el que siempre decide y fuerza el impulso final.
    Al alba,en la orilla,una extraña,primitiva y poderosa fuerza interior lo empujo a lo desconocido.
    En como una disyuntiva como esta se confronta se puede adivinar el alma aventurera de un viajero.
    Por el miedo de ser seguido para robarle,no dijo a nadie en el pueblo sobre sus intenciones y se lanzo a riesgo propio.
    Tras su bautismo de sal y mas de dos días navegando en ese basto vacío,guiado tan solo por el Sol Dador de Vida, toco tierra en la costa oeste del salar. Durmió la primera noche sobre la fría como el hielo superficie, extasiado con un maravilloso regalo de la Pachamama, el cielo mas diáfano y estrellado de sus muchos años de vagabundeo y la segunda noche en la "Isla de las Marmotas" entonces poblada solo por "millones" de vizcachas que jugaban al escondite a su paso. La isla aun sin colonizar por las hordas turísticas, las banderas en las que el no cree, los profanadores coches todo terreno, el rally y los "viajeros que se dicen épicos" de estos tiempos
    El aire límpido, el silencio y el cielo estrellado llenaron su alma de dicha.
    La cegadora luz aliada con la pura sal ,no fueron tan benignas con su cuerpo y sus ojos. Se sintió como un descubridor ,poco a poco fusionándose y perteneciendo ya al lugar.
    No le busquéis en viejos periódicos o en las modernas búsquedas de internet contando sobre su aventura y pretendiendo ser el primero en cruzar el Salar en bicicleta. El nunca hablo de ello,temeroso de que aquel por entonces virginal lugar,sufriera el mismo destino que tantos otros lugares, arrasado por la plaga del turismo.
    Ahora, ya un hombre viejo pero aun soñando un día volver al Salar,con el mismo espíritu libre y simple planteamiento que lo hizo entonces. Por supuesto que la "Isla de las Marmotas" estará ya conquistada para el consumo -es el signo de los tiempos- pero la planicie salada estará aun allí, suave como antes, esperando al alma errante que la labre.
    DEL PRESENTE
    Le suelo insistir en que mucho a cambiado últimamente, haciendo mucho mas fácil viajar en bicicleta. Ahora se puede copiar en la net las ideas de otros para tu nuevo viaje aventura y así tenerlo todo controlado, y creerte que sabes ya todo antes de ir, comprarse una bici cara y especial de buen "pedigrí", usar un GPS para ir adonde se quiere ir, no sea que se llegue a otro sitio que no viene en las guías y la net, una esterilla inflable y ropa técnica para no sentir el pulso de la tierra ni enterarte de cuan frío es el frío , el "aipod" para no aburrirse con los sonidos de la naturaleza, el portátil para poder seguir tu serie favorita estés donde estés, saber el tiempo que va a hacer, la dirección del viento, reservar el hostel de los pancakes y la pizza mas sabrosos y hasta poder decir cada hora te quiero a la novia o al novio, y cientos mas de aparatejos,técnicas y servicios que te permiten ir muy lejos para hacer la misma vida que hacías en tu casa pero llamarlo un viaje épico y de conocimiento.
    Pero el siempre me dice enfáticamente "Eso no es para mi ,yo voy siempre tras sueños,sin resistirme a mi destino,buscando la esencialidad,arriesgándome por algo que quiero, esperanzado con encontrar a cada paso nuevos y fraternales amigos,descubriendo nuevos senderos que llevan a lugares increíbles, yendo a lugares de los que no sabia nada y justo por eso maravillándome ,cada amanecer sin saber que regalo el nuevo día me va a traer".
    "Y todos esos "avances" no me van a ayudar sino que me harán débil,dependiente de ellos ,incapaz de valerme por mi mismo, sin albedrío,sin ser dueño de mi"
    "Quiero cumplir mis sueños con mi esfuerzo, por mi mismo, no porque tenga el dinero para comprar cosas, para pagar por evitarme el esfuerzo,las dificultades y la dureza del viaje ,guías que me lleven para poder decir que yo fui o buscar apoyos de patrocinadores con los que estar en deuda y acabar siendo un siervo del consumerismo".
    "Esta una época de brujos que usando la internet y otras pócimas poderosas ,efectivas y modernas han transformado ideas tan filosóficas ,puras y poderosas como las de viajar, ir en busca de conocimiento o aventurarse en busca de nada en palabras vacías con las que lucrarse. Tiempos en los que vales lo que te promociones,tiempos de falsos ídolos".
    "Ni me sirve tampoco buscar el perecedero halago de las gentes y acabar siendo rehén de sus expectaciones y de mi ego"
    "O no es cierto, que un ser humano armado tan solo con humildad, modestia, determinación, adaptabilidad y simplicidad en su lucha para realizar un sueño, se enriquece a si mismo, se engrandece y hace fuerte, pudiendo ir tan lejos y a la vez tan adentro de si mismo como el quiera. El dinero y todo lo que el dinero puede comprar es solo accesorio, prescindible e incluso muchas veces un impedimento a la hora de realizar algo valioso y perdurable.
    NOTA:
    La "Isla de las Marmotas" no es otra que la hoy desgraciadamente tan conocida Isla Inka Wasi pero no fui capaz de hacer usar a Condorito ese nombre para "su isla".
    Que afortunado el. A la mayoría de nosotros nos toca conformarnos con usar los nombres de lugares que vemos en las guías de viaje o en la net , pero el aun pudo viajar en la época en que el viajero se podía sentir como un descubridor y por lo tanto darle un nombre a los lugares.
    Como en aquel tiempo no había aun Wikipedia y su conocimiento de la especie era a través de los documentales que pudo ver en la tele-que siempre eran de Marmotas-pues es lo que pensó que eran esos animales que habitaban la Isla.
    Ahora tristemente, el Salar de Uyuni -como casi todo el mundo- lo han tomado los mercaderes de sueños empaquetados y los turistas que conciben el mundo como algo que comprar y consumir y encima sentirse bien porque con su dinero"ecoturístico" están ayudando a la gente pobre del lugar que visitan pese a que en realidad su riqueza es la causa de su pobreza.
    Como siempre perdón por la tan larga historia. No son pretensiones literarias, simplemente quería expresar algo.
    Saludos a todos los foreros.

    “If you reject the food, ignore the customs, fear the religion and avoid the people, you might better stay at home.” – James Michener
    (Si rechazas la comida local,ignoras las costumbres,temes a la religión y evitas a la gente ,mejor te hubieras quedado en casa)
    Publicado hace 6 años #
  2. Después de leer esto no soy el mismo que antes.

    (O a lo mejor lo soy aún más)

    IM-PRE-SIO-NAN-TE Pacovagamundo!! No hace falta que nadie te lo diga, supongo. Una vez más quiero transmitirte la estima que siento por alguien que reflexione y transmita de esta forma como tú lo haces.
    Un placer leerte. Como siempre.
    Y estoy seguro de que muchas personas aquí comparten ese mismo placer.
    Un saludo!

    Publicado hace 6 años #
  3. Gracias por tu texto, es emocionante.
    Lamentablemente, al salar de Uyuni le acecha en este momento un destino mucho mas prosaico y demoledor, han puesto sus miras en él para extraer litio:
    http://www.dw.de/bolivia-la-paradoja-del-litio/a-17386159

    Publicado hace 6 años #
  4. Unas reflexiones para leer detenidamente y reflexionar . 


    Muchas gracias a Paco por compartirlas 


    Publicado hace 6 años #
  5. Uf... me lo tomo con calma... voy a echarle otra miradita!!!

    Publicado hace 6 años #
  6. Paco,

    gracias por ese vistazo atrás. Siempre que escucho historias de viajes del pasado, el continente africano que vio el polaco Nowak, o esa foto de Stucke acampado en la muralla china, me abruma el mundo que ya no alcancé a ver. Aunque este de hoy tiene sus luces y sigue siendo un privilegio ser testigo del momento. Espero que algún día me perdones por no haber llegado a tu casa filipina y conocerte en persona; yo todavía no me he perdonado.
    Un abrazo
    S

    Publicado hace 6 años #
  7. Siempre remueve leer cosas asi

    Textos que te hacen pensar, meditar, dirigir tu tiempo
    Gracias por compartir

    Publicado hace 6 años #
  8. Si, da que pensar y es un texto que me ha hecho pararme, releerlo y meditar.

    Gracias por compartir.

    Publicado hace 6 años #
  9. “Most people
    who are now adults are addicted to electric power, synthetic clothing, junk
    food and travel”

     Iván Illich

     

    Paco Santamaría es un viejo amigo y, aún así, yo no le
    conocía esta faceta de escritor, de narrador. Son líneas bonitas y emotivas
    sobre todo porque están trazadas con corazón, y desde el corazón de alguien que
    vivió el viaje en bici en épocas tempranas y desde la simplicidad. El recuerdo
    salado de la travesía de Uyuni es lindo, te he visto allí, nítidamente, en
    aquel lejano 88, sobre la vieja Mestral. Quiero hacer algún comentario y
    reflexión al hilo de lo escrito. Y como me he levantado hoy con alma algo
    guerrera, y como no siempre estoy de acuerdo contigo, “embrazo la adarga, tomo
    la lanza” y voy al combate. No, no es para tanto. En realidad suscribo la
    mayoría de lo que dices. Pero no todo. O me parece que hay que matizar. Ahí voy…
    En primer lugar mi sorpresa por un olvido que me ha hecho sentirme huérfano por
    un instante. Huérfano de aquella bici que transportó no solo tus sueños sino
    aquellos tempranos míos también. Aquella bici que atravesó el salar no te llevó
    de Houston a Uyuni. Nos llevó a los dos. A mí de Houston a Quito; y a ti en
    adelante, de Quito hasta el salar, y más allá. “Houston-Buenos Aires, 20.000
    kms en bicicleta” fue el nombre que le dimos en el año 87 a aquel proyecto en
    el que invertimos tanto tiempo e ilusión. Lo empujamos tres personas
    fundamentalmente, tres amigos de Vitoria, y quiero nombrar a los que faltan
    porque se lo merecen: Fernando Presa, “Nandus” y Ramón Ruiz de Larrinaga. Ellos
    están también entre aquellos, creo que pocos, que en los 80 se lanzaron a los largos
    viajes en bici. Nandus fue un poco conocido después; Ramón permaneció siempre
    en el anonimato. Después de tocar muchas puertas conseguimos las bicis. La
    tienda Matxain de Rentería nos las dio y Txirrinduz de Vitoria las ensambló. Cuando
    nos encontramos contigo casualmente en Quito, el rumbo de mi viaje, y del tuyo,
    cambió. Aquel trueque de bici por mochila que hicimos me sigue pareciendo
    divertido y un acierto. Con aquella bici continuaste, y atravesaste luego aquel
    salar, virgen entonces. Con aquella mochila tuya regresé yo a la América
    Central. Nandus y Ramón alcanzaron el objetivo que nos habíamos marcado, y al
    cabo de un año de la partida de Houston llegaron los dos, cada uno por su lado,
    a Buenos Aires.

    Estoy de acuerdo contigo. El viaje necesita de
    incertidumbre, una dosis de incertidumbre por lo menos. De apertura a lo
    desconocido, a lo que no se puede programar, a la aventura del camino. En el
    corto y en el largo plazo. La incertidumbre, lo desconocido, nos atrae, y al
    mismo tiempo nos llena de preguntas. Y también, a veces, de miedos. ¿Qué habrá,
    qué encontraré en esa inmensa superficie blanca? ¿solo belleza? ¿monstruos de
    sal? Por eso buscamos información, preguntamos, intentamos saber. La era
    internet, con su caudal de información y sus mil aparatitos nos da una falsa
    sensación de seguridad, de tenerlo todo bajo control. Los warmshowers y
    couchsurfings que nos esperan en tantos recodos del camino eliminan muchas búsquedas
    y encuentros casuales. Hace unos días entraba a la ciudad de Cebú, segunda de
    Filipinas. Había viajado de noche en ferry desde la isla de Bohol, y había
    solucionado así una dormida. Había escrito a un warmshowers pero no tuve
    respuesta. Por la mañana temprano me lance a recorrer la ciudad, buscando una
    pensión. Quería un precio bajo y un lugar que no me hiciera sentir encerrado en
    una mazmorra. Difícil en Cebu. Recorrí todo el día la ciudad, de norte a sur y
    de este a oeste, y me sucedieron tres cosas: hice una amistad, Jesús, el dueño
    de una tienda de bicis céntrica y muy humilde; entré hasta lo más profundo del
    barangay (barrio) “Riverside”. Riverside es una barranca, recorrida por un
    arroyo de aguas negras, y en cuyas laderas trepa un barrio de txabolas,
    viviendas de esa gente con la que uno se encuentra a diario en este país,
    trabajadores de restaurantes, empleados, vendedores callejeros, gente cotidiana
    en definitiva, con la que nos cruzamos sin imaginar cómo y dónde viven. Y
    terminé el día, por una pirueta inesperada, durmiendo en la comisaría más
    conflictiva de Cebu (según me dijeron los propios policías). Con todo el lugar
    me pareció relajado. Al otro lado de las rejas (en el opuesto al que yo estaba)
    dos presos: un hombre joven y una chica joven también, risueña y atractiva, que
    coqueteaba  con todos los policías de la
    estación. Pregunté por qué estaban allí: “Por uso de drogas ilegales”. No fue
    un día cómodo. Hubiera sido mucho más cómodo si el warmshowers me hubiera
    respondido. Probablemente mucho más insípido también.

    De todas formas está en nuestra manos usar o no los
    recursos que nos dan los nuevos tiempos, y también cómo hacerlo. Sigo pensando
    que los términos medios son buenos. Y sigo creyendo en aquello que cantaba
    Atahualpa Yupanqui: “Nos perdemos por el mundo, nos volvemos a encontrar”. Hay
    que perderse para poder encontrar nuevas puertas. Hay que dejar que el viaje
    sea viaje, que el amanecer nos siga sorprendiendo con el reto, con la
    fascinación y con la congoja de lo desconocido. No faltan salares inexplorados
    si los queremos encontrar. Y no son sólo físicos.

    Tendemos a veces a idealizar el pasado, a vestirlo con
    luces y brillos que lo convierten en metal puro, incontaminado, tiempo mítico. Así
    nos gusta recordarlo y así nos gusta contarlo. Pero aquellos viajes del pasado
    tuvieron sus luces, y también sus muchas sombras, sus cansancios, sus tristezas
    y sus cobardías. No dudo en absoluto de lo emocionante y épico de aquella
    travesía salada tuya por Uyuni. Con toda justeza que la recuerdes y la narres
    así. Y como esa tendrás muchas otras. Pero leo esto otro y lo siento lejano: "Esta una época de brujos que usando la internet y otras pócimas
    poderosas ,efectivas y modernas han transformado ideas tan filosóficas ,puras y
    poderosas como las de viajar, ir en busca de conocimiento o aventurarse en
    busca de nada en palabras vacías con las que lucrarse
    . Las pócimas modernas,
    poderosas y efectivas han transformado muchas cosas, en efecto, pero… no, no
    todo era ni es tan filosófico, puro y desprendido en los viajes, no lo fue
    antes ni tampoco  ahora. Viajar tampoco
    es la puerta a la sabiduría, es una simple actividad humana que cada uno define
    con su actitud. Nunca he renegado del pasado y lo recuerdo con afecto, pero me
    gusta mirar al presente, y sentir que lo mejor está aquí, y aún más, que lo
    mejor está por llegar.

    De todas formas creo que sí hay algo que ha traído la
    era internet, que es un cambio importante, algo que antes no existía, y que ha
    introducido nuevos comportamientos: el miedo al anonimato, a no ser visto, a
    pasar desapercibido. Y también ha traído el viaje espectáculo y la trivialización.
    Ahora hay una red de comunicaciones que nos ofrece una pantalla, un escenario
    al que subirnos y desde el que mostrarnos: blogs, facebooks, twitters, fórums…
    Y hay un público que los sigue y al que dirigirse. Y hay competencia. Y hay que
    trabajar, actualizar, subir fotos, contar… si no queremos perder el paso, la
    atención conseguida. Pero el viaje es incertidumbre, es descubrimiento, es
    simplicidad y es lejanía. Y la lejanía requiere de un grado de silencio. Y me
    parece que poco hemos andado, aunque estemos en el último confín del mundo, si estamos
    pendientes de ese ruido de fondo, y alimentándolo. O no tan de fondo. Hay algún
    ejemplo glorioso, y no tan lejano, de cómo el viaje se puede convertir en una
    excusa, de cómo es más importante contarlo que vivirlo, de cómo se está más
    pendiente de la mirada de los demás que de lo que tenemos delante. De todas
    formas pienso que puede haber un equilibrio. Y que incluso cuando no lo hay
    todo ( o casi todo) es legítimo. Legítimo, por supuesto, el nivel más sencillo,
    el blog que se crea para tener informados a los amigos y gente cercana; pero
    también legítimo  el que se crea, o se
    transforma, en escaparate para vender cachivaches y artilugios diversos y agradar
    a los esponsors (al fin y al cabo no somos ricos, viajamos con dos duros –y en
    esto no han cambiado tanto las cosas-- y cada uno busca las fuentes de
    financiación por donde puede). Y es legítima, por humana, la vanidad y el ego. Y
    es legítimo, y justo, el buscar reconocimiento. Y es loable compartir con los
    demás y agradecer desde esas tribunas, que para eso también se usan. Pero echo
    en falta aquellos tiempos en los que nada de eso era necesario. En los que el
    anonimato ni siquiera se buscaba, porque no había otra forma de estar en ruta,
    porque la mayor autoafirmación y satisfacción ya la habíamos conseguido el día
    que decidimos subirnos a la bicicleta y salir al camino. Porque no
    necesitábamos de nada más para dar sentido a lo que estábamos haciendo.

    Nunca he entendido mucho, ni me ha interesado, esa
    vieja discusión, o distinción, entre turistas y viajeros. Tampoco la escucho
    mucho últimamente, por fortuna. Las líneas que separan a unos de otros, si las
    hay, son demasiado difusas. Cuantas veces no me han llamado “tourist!”, a voz
    en grito, los que me veían pasar por los caminos más remotos del mundo. Si aquellas
    gentes no se andaban con matices y sutilezas, por qué lo voy a hacer yo. Yo
    también me he definido como turista en más de una ocasión. Aún me veo, y lo
    recuerdo con una sonrisa, atravesando Nigeria de sur a norte, y respondiendo a
    las preguntas que soldados y policías me hacían, con gesto desconfiado, en los
    numerosos controles de carretera. “¿Qué haces en Nigeria, qué haces en nuestro
    país?” Un blanco y ciclista era tan raro en aquellos parajes que ni la visa de
    turista que llevaba en el pasaporte servía de salvoconducto. “Soy un viajero
    que intento conocer y entender un poco el mundo y de paso descubrir algo más
    acerca de mi mismo”. No, no les respondía eso. Intentaba simplificar las cosas,
    facilitarlas, y les decía: “Soy un turista”.  ¡Y, joder, a pesar de rebajarme tanto seguía
    sin conseguir nada! En Nigeria ni turista ni viajero tenían significado para
    aquellos soldados. Me seguían mirando suspicaces y me volvían a preguntar: “Sí,
    sí,… ¿pero que haces en Nigeria, qué haces en nuestro país?” ¿Turista o
    viajero? Me da igual, a menudo nos comportamos, y somos, una cosa y la otra. No
    me gustan las clasificaciones ni los clasificadores. Y si la admitimos, la
    clasificación, damos curso al siguiente nivel: si hay turistas y viajeros,
    puede haber también viajeros de primera, de segunda, de tercera… A veces me
    llega algún email de alguien que me dice que yo, y otros como yo, encarnamos el
    auténtico espíritu del viaje, de la aventura y… Dejando a un lado la buena
    voluntad del que dirige esas palabras, y agradeciendo esa buena voluntad, me
    dan ganas de salir corriendo. Hacer clasificaciones es pasatiempo de aspirantes
    a aristócratas, de los que se ven a sí mismos en un grupo de elegidos, o de
    domingueros aburridos que desde el sillón y las pantuflas, y entre zapping de tablet
    y blog de viaje, se dedican a dar, o quitar, puntos y medallas. De los que cuadriculan
    el mundo y los viajes,  y lo llenan con vagones
    de primera, de segunda, de cuarta... O sea, de los que no entienden mucho de
    qué están hablando. Viajar no es dedicarse a cazar trofeos para exhibirlos en
    vitrinas como si fueran piezas de safari, no es engrosar un curriculum ni
    coleccionar ochomiles. Nadie es aquí más que otro, ni nadie tiene licencia para
    repartir títulos. Las religiones, las esencias y sus sacerdotes que busquen
    otro territorio que controlar. Pero… soy un ser contradictorio. Niego ahora lo
    que acabo de afirmar y paso a decir que sí, sí que hay auténticos viajeros, sí
    que hay quienes destacan y marcan una senda. Y yo sé quiénes son. Comparto el
    secreto. El auténtico viajero, el que merece un aplauso, es el que llega al
    final de su viaje siendo capaz de entender el mundo, y entenderse a sí mismo,
    un poco más que cuando partió. O el que lo intentó. El que se esforzó y aprendió
    a mirar. El que supo encontrarse con el otro. El que largó lastre. El que
    regresó a casa algo más ligero, tal vez algo mejor, que el día que cerró la puerta
    y salió. Y no es tarea fácil. El resto es nada, ruido, hojarasca que se llevará
    el viento.

    Tipitapa

    Publicado hace 6 años #
  10. Cada una de las palabras que Lorenzo ha escrito aquí son oro puro para mi calletre.  Gracias por poner todo eso negro sobre blanco.  ¡Es tan generoso por tu parte!  Cuántas veces nos hemos cruzado con turistas o viajeros o como-se-llamen sintiendo o bien rabia o bien un cierto sonrojo al notar  que perciben el mundo que visitan como un decorado puesto a su disposición, no como lo que es:   el hogar de alguien; en esos casos, siempre hemos intentando repetir como un mantra la teoría "nadie-es-mas-que-nadie, nadie-es-mas-que-nadie, etcétera".  Ahora podemos dejarnos de zarandajas y llevarnos este texto en el bolsillo para equilibrar el sofoco y recuperar la compostura  :D  Y de paso, mirarnos por dentro un poco…  


    Como después de leer esta reflexión tan atinada no encuentro modo de aportar nada a la altura, pues te cuento, aunque ya lo sabrás tú de sobra mejor que yo, que en los escaparates de las librerías,  llenos de brillantes y chillonas novedades, destaca sobre todos los demás el libro más humilde y taciturno, ahí en primera línea entonando su particular música del silencio…   

    La rutina perjudica seriamente la percepción
    Publicado hace 6 años #
  11. Saludos Susana, creo que ya nos habíamos cruzado en alguna otra ocasión por estas páginas. Y gracias por tus palabras. Por cierto, y hablando de libros, acabo de terminar una novela que me ha fascinado, y me ha devuelto a la pasión de leer con una fuerza que hacía años no sentía. Una vieja novela, que es libro de viajes también, de un viaje: Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier. No es un libro fácil, las descripciones son minuciosas, las referencias clásicas y musicales constantes, el vocabulario a veces endiablado (por cierto, acabo de aprender contigo una nueva palabra, "calletre")... y el resultado general cautivador. Por lo menos para mí así lo ha sido. En cuanto a mis rumbos... dentro de ocho días cambio de país y vuelo a Corea. Ya estoy nervioso, ¡no me gustan los aviones!

    Publicado hace 6 años #
  12. Este hilo me lo voy a tatuar a golpes con un radio afilado, aceite y martillo.
    Gracias

    "No mates a ninguna cosa viviente; no lastimes a ninguna cosa viviente mediante la palabra, pensamiento o acto, ni siquiera en defensa propia"
    Publicado hace 6 años #
  13. http://www.rodadas.net/foro/?bb_attachments=0&bbat=27761&inline=Y

    Después de 15 años, aún estoy con la digestión de estos tomos, Lorenzo. En cuanto que termine, el año que viene, me pongo con los pasos perdidos. Demonios, Carpentier es como los garbanzos, alimenta mucho pero vaaaya digestión más trabajosa

    Adjunto

    1. ese_músico.jpg (1403.5 KB, 0 descargas) 6 años antiguo
    Publicado hace 6 años #
  14. (A tu salud, "Pacovagamundo"! Para deleitar al foro...)

    Publicado hace 5 meses #
  15. nada que decir.

    Bueno, sí, ¿ cuando te vas Oreja ?

    Publicado hace 5 meses #