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De Las Arribes a Madrid: tierra de Vettones. Vino, pan y toros

  1.  El viaje

    Prolegómenos

    Lo primero sería definir: ¿las arribes, los arribes, o les arribes? De las tres maneras lo he visto escrito. Está claro que arribes es palabra leonesa, que no castellana. Parece que en Zamora se dice más Los

    arribes y en Salamanca, Las arribes. Entre leoneses anda el juego. Cuando estudié geografía por primera vez, allá por mediados los 70, existía todavía la región de León, distinta de Castilla, compuesta de León Zamora y Salamanca. Con la democracia, Castilla se las ha comido, (por mucho que se igualen en el término Castilla Y León, poniéndolas al mismo nivel) pero es cierto que son distintas,

    incluso si me apuras, se parecen más a Galicia.

    El caso es que un día, tonteando con gúgel, tracé un viaje en modo bici desde la capital de las Arribes (origen de mi familia política) hasta mi casa en Madrid.  Curiosamente, el trazado era casi una línea recta, que bajaba 50km del trazado en coche habitual. Cruzaba el territorio de los Vetones.

    Una señal del cielo: era el momento. Ví la luz.  Volvería a pedalear por la carretera.

    Pero está claro que si me fuera, dejaría a mi mujer un trabajo extra importante. Aunque los niños crecen, aún son niños, y está el abuelo también. mucha tela que cortar. 

    Se lo comenté a mi compañera, reina de mi corazón (y de nuestra hacienda), madre de nuestros hijos sin la cual uno ya no sabe hacer nada.

    - Pues fíjate que casualidad, he mirado el viaje en bici del pueblo a casa, y es casi una línea recta. Saldrían como tres días de viaje. Qué poco, ¿no?

    -¿Qué pasa, quieres salir de viaje? Vale, yo me quedaré con los niños y el abuelo, no pasa nada. Mi hermana llegará unos días después. Pero, piénsatelo...

    ¡No lo podía creer, tenía carta libre! Como nos conocemos, sabía que muy probablemente daría marcha atrás en el último momento cuando estuviera todo cerrado. Decidí que sería egoísta, y lo planificaría todo de buen rollo para evitar la marcha atrás.

    -

    -Bueno, lo iré viendo. Pero no tengo claro que pueda irme, aquí hay bastante trabajo.

    Empecé con la puesta a punto de la bici. El trazado del algoritmo de Gúgel cuenta con carreteras de segunda y caminos agrícolas buenos, peroooo ¿Qué bici usar? Las opciones son:  montaña rígida 26” ó 700c con gomas Vittoria randonneur 28mm. Me atrae más la flaca. Decido que andará suficientemente bien por caminos si son buenos. Me arriesgo.  En la última salida, falló el cambio caja corta, por lo que encargo nuevo desviador trasero de montaña y un transportín, que si no, no cabe nada.

    Decido ir en “autosuficiencia”, desempolvo mi antiguo hornillo campingas, que curiosamente en más de 10 años no ha perdido el gas de la botella. Tienda de montaña comprada de 2ª  mano por 14€, dos plazas, y poco más de 2,5Kg. ¿Pero qué son 2,5kg para mí, si lo que me sobra es fuerza? Estoy muy subido.

    Dos baterías para cargar el móvil, del que dependo totalmente para navegar por terrenos que no conozco, para planos y rutas. : una, se la quito a mi hijo que la dejó olvidada en Madrid, la otra, la construyo por dos duros de material comprado en chinolandia, y así invento algo, que no puedo pasar sin ello. 

    Para cargar, desmonto unos paneles solares que compré de oferta hace 1000 años, y los monto de nuevo en otro formato, para cargar USB. Hago un acople con corchetes para la bolsa delantera de la bici. Las pruebas son positivas, con mucho sol sí carga. 

    Parece que soy independiente energéticamente, habrá que ver a la hora de la verdad si todo funciona. 

    En algún momento de debilidad miro lo que me saldría volver en tren del pueblo (tengo que volver antes que el grueso de la familia por motivos laborales) me parece caro y aburrido, abandono la idea. Si no tengo alternativa, más fácil será convencerla.

    Al fin tengo la bici preparada, (poco probada) pero con todo lo teóricamente necesario. Los niños llevan ya varias semanas en el pueblo con las tías, y nosotros vamos ya a reunirnos con ellos. Llevamos las bicis, alforjas, material… cada vez la vuelta atrás es más difícil. Y hasta ahora no hemos tenido ninguna bronca. Estoy como niño antes del día de reyes…

    En el pueblo saco la bici todo lo que puedo, a hacer la compra, recados, algún paseíto, pero poca cosa. A mi pareja le gusta andar y hacer ejercicio, pero tiene sobrepeso y las cuestas de 1ª especial de Las Arribes se le hacen… cuesta arriba. Por eso prefiere que madruguemos y demos un paseo de 8:00 de la mañana hasta las 10:00, de vuelta para arreglar al abuelo. Es un momento delicioso. La mañana, el campo. Es de los lugares más bellos que conozco.

    Según se acerca la fecha, incluso me dice: ¿Por qué no sales un día antes? Te vas a dar una paliza, y necesitarás un día para descansar. Eso es generosidad matrimonial. Me enamoro como el primer día. Y le digo: la verdad es que tienes razón, mejor salir el jueves. ¿Pero podrás con todo? Y responde: Si. Estoy colado por ella. Y añade: pero no pienses que te va a salir gratis, me debes una y muuuuy gorda, por lo de pronto, quiero que limpies y ordenes la pocilga que tienes en la terraza de casa.  Desde luego tiene razón, la terraza está hecha una pocilga por mi culpa, pero uno no puede renunciar a sí mismo. Se lo debo, y lo haré. Y para colmo, tiene razón.

    El paso del tiempo es inexorable, y cuando la salida es inminente, la veo flaquear, como sabía que ocurriría. Entonces hacemos uso del buen rollo. La realidad es que no hay vuelta atrás. 




    Publicado hace 10 meses #
  2. Saco las palomitas o empiezo a comerme las uñas? 


    Retiren a la Bruja Mala la custodia de Blancanieves y Cenicienta!
    Publicado hace 10 meses #
  3. De Fermoselle a Pedrosillo. Tierras de vino, toros y pan. 

    Llega el día. No tengo la bici cargada, espero que no haya problemas. Madrugo, hago las alforjas. Dentro de ellas, como no son impermeables, las cosas van en una bolsa de plástico. Empiezo a montar el equipaje. Parece que todo encaja bastante bien. Pongo la tienda con un pulpo en el manillar. El pulpo

    está muy deteriorado, pero todavía vale. Además no tengo otro. El panel solar en la bolsa de manillar, esterilla, sacos dentro de las alforjas, y algún plátano. Compraré comida mejor en la próxima parada, y me evito llevar peso desde el primer momento. Sólo llevo frutos secos.

    Preparé un track desde google  mymaps en .klm que he cargado en el teléfono.

    Y salgo a las 10:00. De la comarca de los Arribes en dirección a la comarca de Sayago.

    Similitudes: la piedra granítica, que aflora en berruecos aquí y allá, los quercus, encina y roble, el culto al toro en toda su extensión: Toreo salmantino, toreo portugués, recortes, encierros,  y guisos de ternera sayaguesa…  la posta mirandesa, la versión allende el Duero.

    Diferencias: las arribes son verticales, caen al Duero y al Tormes, y Sayago es horizontal. Las Arribes tienen vino y Sayago no.  Uva variedad Juan García, potente y densa como la querida garnacha de mis lares, aunque ya hace tiempo que adopté como propio este precioso terruño tan al oeste. Como los Celtas, tengo mi propia peregrinación, siempre al oeste, el ciclo vital.  Como el camino de Santiago, como la Vía Láctea. 

    Voy de vuelta, o sea que mi sentido es hacia el amanecer. Al este.

    He tenido la precaución de llevar una botellita de plástico con vino de la tierra. Vino totalmente natural hecho por los paisanos, sin cuidado ni moderneces. Vino paleto y auténtico. Con cuerpo, agrio, un toque dulce como el Oporto (cuando se les pasa de tiempo la vendimia, que suele ocurrir). Aguanta en plástico, pero no aguanta con aire, por lo que hay obsesión por tener las botellas siempre llenas hasta la boca. No sé lo que me voy a encontrar por el camino, y mejor prevenir que curar.

    El primer tramo es fácil: asfalto, hasta cerca de Villar de Buey. En el topónimo surgen dos de los pivotes de la tierra: Villar: curiosamente todos los “Villar” tienen o han tenido de antiguo viñas y vino, al menos eso decía Juan Atienza. Buey: pos eso, toros.  Dos claves de nuestra tierra celta.

    La bici está muy cargada, pero tenía que llevar a casa ciertas cosas que no son propiamente del viaje. El manillar dirt drop cruje un poco, espero que no me dé el gran piñazo, y cuando voy despacio aparece una vibración muy molesta que me quita precisión en la trazada.

    Los cambios no tienen precisión en determinadas marchas, y no sé por qué es. Lo consulté en rodadas, pero nadie me contestó. Me propongo averiguarlo.

    Aparte se comporta bien. O será que estoy muy contento y todo lo veo positivo. 

    Y salimos del territorio conocido: el track me dice que antes de llegar a Villar de Buey gire a la derecha. ¿Qué habrá? Pues en principio un camino con tierra bastante compactada. Ahora empieza la aventura gravel de la que tenía tantas ganas. Es el momento de ver el límite  de las Vittoria Randonneur 28mm. Puedo ciclar, pero claramente voy más despacio, tengo que tener cuidado de elegir la parte del camino más compacta, sin arena, y la vibración del manillar me dificulta esa tarea. Por el contrario, el paisaje me subyuga. Piedra, robles y vacas. Los campos están delimitados por la característica valla de piedra sayaguesa.


    Cruzo un bonito puente de piedra en mitad del campo, y aprovecho a fotografiar,  pero después perderé casi todas las fotos, especialmente de los primeros días.

    Llego a unas fincas, cómo no, de ganado vacuno. Me sale al paso un mastín como sólo los puede criar el reino de León. Es afable, no molesto a sus vacas y él no me molesta. Un poco más adelante veo un tumulto, terrestre y aéreo ¿Qué es eso? Pues lo que tenía que ser: una manada de buitres devora un cadáver, espero que vacuno.

    Los buitres son asustadizos y al verme a lo lejos echan a volar. Están muy cerca y la imagen tiene un poder plástico tremendo. Procedo a sacar el móvil para fotografiar, pero tardo mucho y casi no quedan buitres en tierra. En cualquier caso, como he comentado ya, he perdido todas esas fotos.

    Orux y Gúgel, con su .klm, me guían con precisión entre el laberinto de caminos. Parece que siempre ha escogido el principal. Pero el firme dificulta el avance, voy a menos de 10km/h, y debería hacer 100km/día.

    A los ventipico kilómetros, el camino desemboca en una carretera, en una gran ermita. Me doy cuenta que el tramo de camino me ha ralentizado, pero estoy disfrutando. Tomo carretera dirección Almeida de

    Sayago, un pueblo un poco más grande que los demás. En este tramo, mi velocidad de crucero sube, voy entre 20 y 30km/h. Por otra parte, Orux tiene un error con el mapa provincial de Zamora que he descargado, y tengo ruta pero no tengo mapa.

    En Almeida veo un comercio. Aprovisiono pan, lata de legumbre, fruta y agua, que la botella de 1,5l congelada quedó en casa olvidada. Y me tomo una caña, me lo merezco.


    El siguiente tramo es asfalto, de 3ª clase. Ahí estoy en mi salsa. Paso por pueblos mínimos donde puedo hablar con algún lugareño de 2ª generación emigrado a Vasconia. Es curiosa la querencia de los Sayagueses por el país vasco, hay palabras coincidentes (muga), y el grueso de la inmigración fue

    a aquellas otras tierras más ricas. Tiene que haber algún nexo de unión.

    Veo un corral con un par de burritos de raza zamorano leonesa. Paro, y les fotografío profusamente junto a mi “burra”. Lástima de fotos perdidas.

    El sol ya está muy alto, y el cuerpo pide frescor y comida. En un pueblo pregunto por un área recreativa, parque o algo así. Me dirigen a “el Caño”.



    Resulta ser un paraíso, con su fuente fresquita bancos, parrillas, fuera del pueblo, etc. El frescor de la fuente resguarda del calor circundante. El único pero es una explotación vacuna cercana, de la que vienen olores cuando el aire sopla de esa dirección.

    Como, sesteo, soy feliz y estoy  tranquilo. Nadie molesta y a nadie molesto.

    Reanudo después de la siesta. Tomo un baño casi integral. Recuerdo mi época cicloturista de mediados los 90, cuando viajar en bici consistía en desplazarse de charca/río/embalse a charca/río/embalse para refrescarse.

    Hago lo mismo. Con la botella, tomo una seudoducha.

    Más fresco, comienzo la tarde. Serán como las 5 de la tarde. El sol todavía calienta. El tramo de camino me ha retrasado, pero no me importa.

    Tomo un camino. La primera en la frente: me quedo atascado en una subida, me falta tracción. No pasa nada, echo la culpa a la cuesta y empujo. Estoy en un parque eólico, con buenas vistas de las tierras bajas. La pista de servicio es buena, y puedo avanzar, aunque no rápido. Se suceden los km, en plano y cuesta abajo puedo ir, cuesta arriba me falta tracción. Así pasan 10km, de crestear entre máquinas eólicas. Me paso la bifurcación, pero lo advierto y retomo el camino correcto, ya quiero bajar a tocar asfalto. La bifurcación está en un alcornocal alucinante. 


    Fotografío y no pierdo la foto. Se ve que el parque eólico ha untado bien con billetes al pueblo, porque el alcornocal está muy bien cuidado como espacio natural, con letreros, caminos perfectos, pero no tiene pinta de tener visitantes. Desciendo al pueblo, donde me refresco de nuevo en la fuente. 

    Otra vez carretera de 3ª, donde más a gusto estoy. Salgo a la N-630  un kilómetro, paralela a la A66 ruta de la plata. Por suerte, sigo después por carreterines locales asfaltados.

    El paisaje ha cambiado, que le vamos a hacer. Me refresco en Palencia de Negrilla, al lado de Negrilla de Palencia. Empieza a aparecer ligeramente el cansancio. Al menos, empiezo a pensar donde pasar la

    noche. El paisaje no es tan bonito como en Sayago, y los campos son de cereales… o de… ¡legumbres! Estoy en la comarca de La Armuña. 


     Paso por La Vellés, con fuerzas para seguir un poco. Por casualidad miro el mapa del móvil, y veo… ¡un camping! Lugar ideal para pasar la noche, sí señor. El camping se llama “Olimpia”. Qué nombre más raro. Sospechas acuden a mi cabeza.

    Me dirijo al siguiente pueblo, donde se ubica el camping. Pedrosillo en Ralo, famoso por sus garbanzos. En él veo naves de todo tipo de legumbre: garbanzos, judías y lentejas. Muy bien, muy bien.

    En el final del pueblo hay un hostal con pinta de hotel de lujo, y un … puticlú. De nombre “Olimpia”. Un poco más adelante enfrente de la gasolinera está el camping. Me acerco y parece cerrado. Parece en uso, todo limpio pero  ningún cliente, ni tiendas ni caravanas, ni nadie: solo la puerta cerrada a cal y canto y un coche aparcado dentro. Llamo al teléfono  que encuentro en internet, y nadie contesta. Me canso de esperar, y pregunto en la gasolinera.

    Allí, una chica majísima me dice que en la laguna que está en el otro extremo del pueblo, a veces aparcan caravanas. A nadie molestan, y nadie les molesta. Pero mejor en el extremo más apartado. Hay fuente, mesas, frescor… La decisión está tomada.

    Llevo noventa y pico km y ya me apetece descansar. Reconozco la laguna, es perfecta. Un papá caza ranas con su hijo, mientras que la mamá les mira afablemente. Me doy una seudoducha en la fuente para quitarme el calor, pero no es suficiente. Todavía no puedo montar la tienda, hay gente y luz.

    Me voy al hostal Carolina a ver que se puede tomar. Está lleno de franceses con buenos coches. Una guapísima y amable camarera me ofrece carta o menú  del día a 10€. El menú de cena, después de haber pedaleado todo el día me cuadra. Me tomo una cerveza mirando angustiosamente la piscina. Eso es lo que necesito. Pero no me atrevo a preguntar si puedo bañarme. Qué tonto.

    Paso al salón a cenar: Legumbres, como no. Judías pintas, y solomillo de cerdo. Y vino.

    En esta vida no hay nada perfecto. Las judías están buenísimas y las termino a pesar de la gran cantidad que me sirven. El solomillo, de los mejores que he probado, pura mantequilla. Peeero el vino… innombrable, botella de rosca, sin denominación (eso me da igual pero es un indicio), y es… asqueroso. Pienso en mi botella del pueblo de la que luego tomaré un trago.

    Las camareras, muy amables, sin embargo son lentas en servir. Pero eso me da igual. El caso es que salgo medio recuperado cuando ya ha anochecido, y me dirijo a la laguna.

    Busco el sitio más discreto entre árboles, y monto la tienda. Nadie me ve, y a nadie veo. Cojo agua de la fuente, y tomo al fin mi deseada ducha integral en la oscuridad. Una pobre rana se espanta del apocalíptico espectáculo, y salta despavorida con los ojos desorbitados a la laguna. Claro, yo no tengo su precioso traje verde, simplemente soy un ciclista viajero desnudo, y eso no es agradable de ver. Pero al menos paso a ser un ciclista viajero y fresquito.

    Es la primera vez que monto la tienda que compré de 2ª mano. Espero que todo esté bien. Alguna varilla aparece un poco deteriorada, pero no pasa nada. Es perfectamente operativa. Me sirve para aislarme y descansar. Incluso tengo que abrir la puerta por el calor.

    Oigo un fuerte rumor, como sonidos de máquinas. Sospecho de las cosechadoras de legumbre, pero no es eso exactamente. ¿Una fábrica? No sé. Empiezo a sospechar de la A- 62 Salamanca - Valladolid, que envía en línea recta su infernal ruido de tráfico rodado hasta mis sensibles orejas. Pues vaya, mi bucólica noche no es perfecta, aunque sí muy muy satisfactoria.

    Buenas noches y hasta mañana. 

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    Publicado hace 10 meses #

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    Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el Puerto seguro... Atrapa los vientos en tus velas... Explora... Sueña... Descubre
    Publicado hace 10 meses #
  5. Estoy siguiendo con mucho interés tu viaje, y lo hago acompañado de Google Maps, para no perder detalle de tus andanzas. Me alegro de que lo hayas disfrutado, y te agradezco que lo compartas.

    Publicado hace 10 meses #
  6. Bonita ruta,la comarca sayaguesa ademas tiene un Microclima,por las tierras de fermoselle hay olivos y un pan muy rico,por la zona de la velles mucho campo con muy pocos arboles en lontananza,casi parecido a tierra del pan en Zamora,mucho campo y algún árbol aislado.
    Buen viaje

    Publicado hace 10 meses #
  7. De Pedrosillo a Bernuy. Tierras llanas. Frontones, toros, cereales y legumbres 

    Amanezco pronto, y certifico que el ruido de fondo procede de la autopista cercana. Empieza la jornada desmontando el tenderete, el único signo de mi paso por el lugar es la lógica consecuencia de la cena de judías del día anterior, en un lugar apartado. Desayuno en el hostal Carolina. Nada que ver con la cena, pero es que el listón quedó muy alto.

    Me llaman la atención los preciosos frontones de estas tierras. Algunos en mitad del campo, son muy bonitos, siempre me llamó más la atención el frontón autóctono en todas sus variantes, que los deportes extranjeros de raqueta y red.


    Esto es otra similitud con el País vasco: Las tradiciones están en la calle, no en el museo, están vivas. Al fin y al cabo, ambas son tierras con fuerte sustrato celta.

    Salamanca es zona de toros. En un pequeño alto arbolado, tengo una extraña visión: hay unas pocas reses que recortan su silueta contra el horizonte. Uno de ellos es un toro enorme, de color blanco, impactante. Pienso en parar a tomar la foto pero me da pereza, en cualquier caso no habría servido

    de nada. Me vienen a la cabeza cuentos y leyendas de animales blancos: El toro blanco de la reina Maeve, la corza blanca, yeguas blancas también aparecen en otras leyendas celtas.

     He cargado el móvil durante la  noche al 100% y hoy probaré el panel solar, a ver si recupero la batería. Pero por la mañana, el móvil ha dicho que no le da la gana de cargar el .klm por lo que estoy un poco perdido. Pongo los mapas online, ahora tengo mapa pero no recorrido. Tomo una pista asfaltada perfecta, que me lleva algunos km sin coches, muy bien. Pero no tengo una dirección clara para seguir.  Parece que me he desviado un poco de mi dirección principal. Sigo por carretera.  A las 11h o así me entra hambre después de unos 25 km. No se hable más, tomaré un almuerzo.

    - Buenos días, ¿Qué tienen para comer?

    - *Huy, poca cosa, ¿Qué quieres?

    (Pienso: pues si tienes poca cosa, no seas cenutria y ofréceme lo que tengas, así no perdemos el tiempo…)

    -  - Me da igual, mejor dime tú lo que tengas

    - - *Es que hemos estado de fiestas y tenemos poca cosa

    (Razón de más para que me ofrezcas lo que tengas y no me toques las narices)

    - - ¿Qué tienes?

    * - *Pues bocadillos de chorizo, jamón, pepito de ternera, solomillo, queso

    - - Uno de solomillo de cerdo.

    (Al fin nos hemos entendido pero ha costado.)

    El  bocadillo es de barra completa y no puede estar más jugoso. Fantástico. Salgo con fuerzas renovadas. El siguiente tramo será con un poco de camino, bueno.  

    Primero me paso el desvío del camino, vuelvo y lo tomo. Ando unos metros pero voy muy despacio. el terreno está suelto, la rueda derrapa y me voy a caer. Asumo lo obvio finalmente: mi querida flaca no es gravel ni nunca lo será. Tengo que replantear el viaje exclusivamente por asfalto. Con la BTT rígida podría ciclar perfectamente por ese trazado a 15 ó  20km/h, pero con estas ruedas no, y en el cuadro no caben ruedas mayores. Otro lo habría visto mucho antes, pero los genes aragoneses tiran mucho a la cabezonería y empecinamiento. 

    El nuevo trazado pasa por Peñaranda de Bracamonde y por Ávila. No me apetece tocar ciudad, ni pueblo grande. Pero el recorrido es recto y evito la N-VI, a esa sí la tengo miedo.  Enfilo a Peñaranda entre campos de cereal. 


    He perdido los olores del campo vivo de Sayago. Aquí huele a gran producción agrícola.  La carretera es buena y está bastante vacía. Sólo hay algún camión que adelanta a toda velocidad de vez en cuando. Al instalar la tienda de campaña en el manillar, primero dejé oculto el retrovisor, y después, al apoyarla en una pared, me lo cargué definitivamente. Lástima, porque es muy útil para ver los vehículos que se acercan en carretera, aunque por oído les detectas perfectamente. En general en ese viaje, lo conductores han sido bastante respetuosos con el metro y medio de distancia de seguridad. En más de 300km sólo recuerdo un adelantamiento de una furgoneta destartalada a toda velocidad que me molestó un poco, los demás fueron correctos.

    Sigo entre pueblos con frontones y campos de cereal hasta Peñaranda. El sol empieza a dar con fuerza. Pienso si entrar en el pueblo a aprovisionarme de pulpos en una ferretería y de comida, pero me da pereza.

    Puedo tomar la N-501 sin pisar el núcleo urbano, y así lo hago. 

    Me encuentro en una de esos sinsentidos de nuestros tiempos: la N-501 es una nacional que para sí la quisieran la mayoría de los países del mundo: firme perfecto, señalizada, pintada, buen arcén… parece a estrenar. ¿Y por qué está así? ¿Para que un ciclista cincuentón la recorra tranquilamente sin que le

    molesten ni moleste? Pues no, porque la alternativa de la autopista paralela A-50 también a estrenar le quita todo uso. Excepto el del susodicho ciclista, que se permite circular por el centro de la carretera vacía. Toa pa mí. No hay nada de  tráfico.

    El sol sigue subiendo, hay que descansar, refrescarse y sestear. Paro en una gasolinera y aprovecho a hinchar ruedas. Ya no quiero esperar más y compro una bolsa con 3 pulpos, por si acaso se rompe alguno. Pregunto por un área de descanso, un merendero, algo así. Los de la gasolinera no me saben responder, pero un paisano que entra y tiene ganas de hablar se enrolla describiéndome un merendero con un caño, de donde él toma el agua para beber en su casa. Perfecto, pero me lo describe de manera confusa, y no me entero. Le digo que tengo mapa, y me dice que cómo va a salir eso en mi mapa, no se lo cree. Con la prepotencia del urbanita saco mi tecnología para demostrarle que sí, que aparece todo, pero ni el lo sabe interpretar ni yo me entero de lo que me dice. Después de dudar mucho, decido que intentaré encontrar el lugar que describe, que aunque está al lado ni se ve ni se intuye.

    Tomo el camino que me dice, antes de llegar al pueblo justo pasado la vía del tren un camino a la izda. Lo estoy tomando, y de repente me pasa un coche pitando, y para más adelante. Sale el paisano de marras:

    ¡¡¡QUE NOOOO, QUE POR AHÍ NO TE DÍÍÍJE, QUE ES POR AQUÍÍÍÍ!!!

    ¡Ah, ud. Perdone, ya voy! ¡gracias!

     50 metros más adelante sale otro camino. Pues vale. Hace ya mucho calor, y no se ve nada, y no me

    apetece ciclar ni estar ahí. Dudo. Veo el río Zapardiel, pero se que no es ahí donde me indicaron. Aparecen cruces, y no tengo referencia para escoger el camino correcto. El camino se desdibuja, y muere en una explotación vacuna. Me cago en todo y reculo unos metros, mi intuición me lleva a la variante de la derecha. Llego a otro cruce, con unos caminos mayores. Tiro de nuevo de intuición y de mapa, y esta vez giro a la izquierda. Y lo encuentro contra todo pronóstico: una alameda fresquita escondida detrás de una colina, como me habían descrito, con un caño con agua fresquita, varias albercas, incluso carteles de la fauna local, papeleras, todo limpio, con césped que te permite andar descalzo… un pequeño paraíso aislado.

    40.886641,-4.984807




    Tomo un baño integral en el caño, me refresco. En esta ocasión las ranas no se asustan. Mi intimidad está protegida por el tórrido kilómetro al pueblo, ¿Quién va a ir allí a esa hora? Se está muy bien, pero fuera de la alameda hace mucho calor. Sesteo. Cuando considero oportuno, recojo y preparo la bici. Y salgo del paraíso mágico, lástima que no me toque allí a la hora de dormir. Veo que hay un camino directo al pueblo en perfecto estado que evita todas las vueltas que he dado, y que me deja casi en el mismo lugar del que partí. Eso me hace pensar lo importante que es la comunicación, tanto expresar como entender. Tomo carreterín de 3ª hacia el siguiente pueblo, allí tomaré de nuevo la nacional:

    Chaherrero.

    ¡Qué nombre más evocador! El Chan gallego, el Chez francés, es decir el lugar donde viven, de donde proceden. Para incidir más, herrero, oficio sagrado celta, nuestros antepasados de la edad del hierro. La familia de mi abuela  eran  de oficio herreros.


    Hago una foto con el trísquel de mi camiseta, el disco solar de tres patas, por si hubiera duda. El pueblo en sí no dice nada, y sigo mi camino. Al fin y al cabo, ya descubrí su wuivre, su lugar sagrado en la naturaleza.

    Los km se suceden en soledad, y entro en provincia de Ávila.



     En teoría salgo del reino de León, pero sigo en tierra de Vettones. Aparecerán de nuevo la piedra, los berruecos, y las montañas. El cansancio empieza a aparecer según se acumulan los kilómetros. El mínimo objetivo es la ciudad de Ávila, pero quisiera pasarla y llegar a un sitio que me llama la atención: el dolmen de Bernuy.

    Los últimos km antes de Ávila son cansados, empieza el sube baja. Y la bici no sube bien. Bajar sí, 53-11 coge 55km/h sin pensarlo, pero con tanto peso, un 39-32 es un poco justo para mí.

    Por fin aparece la ciudad y entro por la zona de mejores vistas. Hago la típica foto a las murallas.


    Busco oficina de turismo para preguntar por un camping que sé que no existe. Me meto en el asqueroso tráfico de la ciudad, y me resisto a entrar en la oficina de turismo del centro. Por suerte encuentro otra en mi camino, en el exterior de la ciudad.

    Allí entro poco antes que cierren. Me toca la novata:

    -- Hola, ¿sabes si hay camping en la ciudad, o zona donde se pueda montar una tienda de campaña?

    - Ay, pues no se… pero hay muchos hoteles

    -- No, si ya, supongo. ¿y alguna zona fresquita, por ejemplo cerca del río, donde se pueda parar sin molestar? ¿algún parking de caravanas?

    -Pues no sé. A lo mejor en el parque El Soto. 

    (Me pilla en la otra dirección, y aunque ya llevo más de 100km y estoy cansado, si no hay algo muy claro, prefiero llegar a Bernuy)

    -- Ya veo, gracias, ¿me puedes dar información del dolmen de Bernuy? ¿lo conoces?

    - Uy, pues no lo conozco. ¡Piliiii!, ¿tu sabes del dolmen de Bernuy? (Pili coge dos panfletos de castros Vettones, nada que ver con el dolmen, y se los pasa displicente)

    - Además, nos han dicho que el único carril bici que hay en Ávila llega hasta Bernuy.

    (Esto sí que me acomoda)

    --Pues si me indicas como cogerlo, te lo agradezco, eso sí me interesa.

    -A la salida de los chalets, gira a la derecha, y en seguida lo ves.

    (las indicaciones son las que ya conocía para ir allí, he pasado recientemente  por esa carretera, pero no recuerdo ningún carril bici. Todavía hay alguna hora de luz, pero la carretera es muy estrecha y prefiero evitarla)

    --Gracias, Adiós.

    Las chicas tenían en la cabeza el fin de semana, que estábamos a viernes, pero no tenían idea de nada que no fuera la visita de pago a las murallas y la catedral. Y querían salir ya.

    Salgo corriendo, el tráfico intenso me molesta pero no puedo ir rápido con la bici cargada, y hago atasco. Opto por circular por la acera. Además ya tengo bastante cargada la espalda, me duele el trapecio, y tengo calambres que empiezan a ser fuertes. Sigo las indicaciones que ya conocía, del carril bici, ni rastro.

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    Publicado hace 10 meses #

  8. Publicado hace 10 meses #
  9. Salgo de la ciudad y tomo el carreterín, que en este caso sí tiene tráfico. El sol me da de espalda y me ilumina bien, pero quiero quitarme ya de allí. El paisaje es muy bonito, encinares básicamente, parecido a las fincas sayaguesas y charras, pero muy seco y necesito agua. El flamante y nuevo carril bici avulense no puede ser más simple. Se minimiza en un cartel, en 10km de carretera, que pone: ¡cuidado, ciclistas!

    Llego a Bernuy, y pregunto por el dolmen, por una fuente y por merendero con agua.

    Merendero, no hay. Fuente, sí, pero me cuesta encontrarla. Está dentro del pueblo, por lo que no podré tomar mi querido baño refréscate como Dios manda. Recargo los casi 3l de agua que tengo capacidad, y me voy con un medio lavado al dolmen, a 500m del pueblo, en un prado con ganado vacuno.



    Es el paseo típico en el pueblo que es muy pequeñito, aunque lleno de veraneantes con niños. Por tanto, veo bastante gente. Poco a poco se van. Y me quedo solo. No hay árboles.


    Manos a la obra: localizo un sitio desde el que no me ven ni  a 10m, y con los pastos ya triscados por las reses. El resto de los pastos están altos. Desmonto, uso el murete del dolmen como mesa para hornillo y demás, y monto la tienda. Hace fresco, estamos a 1110m de altitud. Hago fotos al dolmen, a la bici… y va entrando la noche que me regala una preciosa luna llena justo encima de mi tienda.


    Cuando es de noche, tomo mi sempiterno baño, en este caso las que se espantan con el bochornoso espectáculo son las vacas del prado, que huyen despavoridas al extremo opuesto. Claro, yo no tengo su bello pelaje. Pero soy un ciclista recuperado, fresquito, feliz y tranquilo. 


    Ceno la lata de judías que compré ayer en Almeida, así uso el hornillo y tengo excusa por haberlo cargado en el viaje. Eso sí, el vino de esta cena es excelente. Mi botellita traída del pueblo.

    Tengo mucho cuidado con el hornillo. En el murete no tengo problema, pero el suelo está cubierto de pasto seco, si se prende, organizo una buena, y no quiero cocinar las vacas del prado antes de tiempo. 

    A pesar de la idílica noche, oigo un murmullo indefinido, que no cesa. ¿Indefinido? no, eso lo he oído antes. ¿cuando? ayer mismo, por la noche. Claro, es la autopista AP-51 con su asqueroso tráfico rodado. 

    Noto más frío. Pues me abrigo más.

    Buenas noches. 

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    Publicado hace 10 meses #
  10. Montañas.  Toros y piedra y quercus.

    Me despierta un fuerte dolor. El isquiotibial se me ha subido (supongo que será ese), como cuando se te sube el gemelo, y duele intensamente. Pongo el pié  en posición 90º, y froto el músculo para calentarlo, para que vuelva a su posición. Menos mal, se coloca correctamente. El día de ayer fue duro, más de 120km pasan factura. Pero a nivel de fuerza me encuentro bien.

    Unos ruidos me acaban de despertar, algo así como rasgado: ¡Raaas, raaas! Una vaca pasta cerca de la tienda, y la oigo triscar perfectamente. Perezosamente voy pensando en levantarme, pero sin prisa.

    Como hoy soy autosuficiente, saco mi bolsita con una mezcla de leche en polvo, azúcar y nescafé para preparar desayuno. Lástima que no disponga de bollería. Echo agua. El mejunje es válido, pero no óptimo. Si tuviera más necesidad, corregiría las proporciones.

    El rumor de la cercana autopista se hace más presente con el amanecer, así que recojo y me voy. El único rastro de mi paso es la lógica consecuencia de la cena de anoche. No me preocupa puesto que las vacas hacen lo mismo sin ningún pudor. Se ve que también cenaron.

    Salgo pasando por la fuente del pueblo, me lavo y refresco para el día que promete calor y cuestas.

    https://www.youtube.com/watch?v=QexOuH8GS-Y

     

    Los primeros kilómetros son en sube y baja total. Es una zona dura, con ciclistas que vienen de San Rafael, o de El Espinar. Curiosamente no hay casi ninguno que viene en mi dirección. Es sábado y la gente disfruta de su ocio. Mi trapecio está tocado, y me cuesta torcer la cabeza para admirar el

    campo, o bajarla para mirar en qué marcha ando.

    Poco a poco el paisaje se va allanando, a pesar de que nos aproximamos al Guadarrama. Me gustaría tomar un buen desayuno, pero el único pueblo que hay hasta llegar a El Espinar es todavía más pequeño que Bernuy. Aguantaré hasta allí. No me encuentro mal. 

    Para llanear utilizo el plato de 53 y va bien, pero cuando toca subir tengo que pasar al 39, y este no ofrece precisión especialmente en las marchas centrales. Me propongo aplicar el método científico para descubrir la raíz del problema y dar con la solución.

    -Parto de la base de que los componentes están bien comprados, piñón montaña shimano 11-32, desviador alivio. El resto, el original de la bici.

    -Cuando le monté el desviador, ajusté el tornillo de la pata.

    -Usé un tutorial de mammoth para el ajuste del cable de cambios, son muy claros y no dejan lugar a error. Decreto que está bien ajustado.

    - Los tornillos de extremos, H y L, están bien puesto que la cadena no se sale.

    -¿Qué elemento común hay en los casos que fallan los cambios?

    Ahora caigo: falla cuando la cadena está menos tensa. Eso es, cuando cambié la  piñonera de 23 a 32  añadí 4 eslabones a la cadena para que no quedara demasiado tensa, y me pasé. Compruebo que la cadena es larguísima y el desviador no tensa la cadena. Pues bueno, lo cambiaré cuando tenga un rato. Ese rato acaba siendo después de finalizar el viaje.

    Ya puestos, decido también aplicar el método científico para descubrir porqué tengo calambres en el hombro izquierdo. Analizo mi postura y me doy cuenta que apoyo todo el peso del tronco en el brazo y en el manillar. Intento sostener ese peso con los abdominales, y me doy cuenta que así descargo de peso el brazo y la mano. Claro, tengo que hacer fuerza con los abdominales. Ya me lo han dicho unos pocos fisioterapeutas. Pues se ve que tenían razón. La ciencia, qué importante para la humanidad.

    Veo una llamada perdida de mi Señora, pero estoy sin cobertura. Cuando llego a un alto, aprovecho para llamarla. Me cuenta que ha tenido problemas: Mi cuñada ya llegó de su viaje vacacional, se supone que le iba a echar una mano con el abuelo y los niños, pero ha venido enferma de su viaje exótico estival (India - Himalayas), se ha traído una gripe A H1N1, y está en cama con fiebre, no puede ayudar nada, y para colmo se la pasará al abuelo. Mi señora tiene que cuidar de todos.

    La niña mayor salió de fiesta (como todos los días en el pueblo), hizo un lío  para quedarse toda la noche de fiestuqui, con la mala suerte de que “algo le sentó mal…” y mi señora de nuevo tuvo que ir a recogerla a las 5:30 de la noche, encontrándola bastante perjudicada… todo ella solita. Y maridito mientras viviendo la vida, en contacto con la naturaleza, viajando con libertad y buen rollito.

    Le debo una,  pero muy muy gorda.

    Salgo del sube y baja, y cruzo un curioso embalse.


    Y al fin llego al Espinar. Estoy tentado de entrar en el pueblo, pero lo pienso y sigo el camino más corto a San Rafael. Y al fin entronco con la temida N-VI. Mucho tráfico, al menos tiene un gran arcén, que permite rodar sin problema, picando hacia arriba, hacia... la montaña


    Llego a San Rafael. Sólo he desayunado un café  en polvo, ya toca almorzar en condiciones.

    Paro en una terracita a la sombra, donde tengo a la vista la bici. Después me espera el alto de El León, puerto de Guadarrama, puerto de los leones de Castilla, o como se lo quiera llamar. Es el mismo. Si mi registro no se equivoca, hay pendientes del 16% para llegar a la altitud de 1520m

    Después del opíparo almuerzo de butifarras y tortilla de patata, con el estómago bien lleno, inicio los 5km de puerto. El único problema es que voy muy cargado:

    -Bici 15kg

    -Agua (variable) 2,5kg

    -Ropa 2,5kg

    -Tienda 2,7kg

    -Sacos 2kg

    -Esterilla 0.25kg

    -Bolsa delantera con panel solar, útiles de cocina, móviles, baterías, etc: 5kg

    Total del orden de 30kg. Seguramente, 35kg.

    El tráfico es muy denso, y van muy rápido. Yo no. En alguna rampa tengo que parar, descansar un minuto, y volver, pero acabo coronando el Alto del León. Ya lo subí en 1993, volviendo de Santiago. Momento de euforia en el punto más alto del viaje.

    Salgo definitivamente del territorio de los celtas Vettones,   y eso me entristece un poco. Me acerco a casa

    Bajo el puerto  a 55km/h, y el móvil, una vez más, sale volando del manillar, y se salva por los  pelos de ser aplastado por un camión. ¿Será por eso por lo que pierdo las fotos?

    Ya estoy en terreno muy conocido. La verdad es que la sierra de Madrid se parece muchísimo al terreno que he recorrido: granito que aflora del suelo, robles y encinas,  ganado vacuno. Pero con muchísimo más tráfico de coches y personas. Eso me agobia. Paro a fotografiar la bici frente a una pared de piedra, con el fondo de un encinar. Pero no paran de pasar coches por detrás, empiezo a pensar que la belleza es la ausencia de humanos.

     Desde Guadarrama tomo la M-623 que después se convierte en  M-607, y así tomar el carril bici desde Colmenar Viejo, que me dejará en mi casita. Becerril ó Collado Mediano, no recuerdo, está en fiestas. Una pareja de ciclistas 29” (léase tuentináiners) me aborda deseándome buen camino, y me ofrecen una cerveza. No sé por qué la rechazo, pero me refresco en la fuente contigua y entablamos conversación, que al fin y al cabo nadie me espera y tengo tiempo. Sigo.  Hace mucho calor. La carretera es buena y tiene buen arcén. Ya está todo el pescado vendido, se trata de llegar a casa. Voy paralelo a la sierra del  Guadarrama.

    Necesito parar en mi merendero de siesta, con fuente, mesas, etc. Y allí me lo encuentro, el puente medieval del Manzanares, lugar conocido pero no muy visitado en los últimos 15 años.

    Paro y tomo un baño bajo el puente. Aquí no hay animales que se asusten. Parece que el río no está contaminado, hay berros pequeñitos, (¿Cogochas?) no huele mal. Estamos a la salida  del último embalse, Y Colmenar viejo con sus vertidos está después. Me refresco, y voy a descansar en las mesas del merendero.

    Pero hace más calor, este no es tan fresquito como en las anteriores paradas. No tiene fuente, a pesar de estar en instalaciones del canal de Santillana. Cantan las chicharras. Al menos tengo una bonita vista de la Pedriza, el Yelmo, las Guarramillas, La Maliciosa…



    Último tramo: salgo a la carretera y en pocos kilómetros tomo el carril bici. Antes de Tres Cantos paro en la gasolinera y me hidrato con un litro de Acuarius, es la típica parada de mis salidas de fin de semana. Estoy muy cerca. Descanso…pienso en el viaje y en las vivencias.

    Y una hora más tarde, llego a casa. 

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  13. ¡¡ Genial !! ¡ Qué bien contada!   ..... << Como, sesteo, soy feliz y estoy  tranquilo. Nadie molesta y a nadie molesto >>.
    Lo del vino en botella de plástico lo hago en los trekings, yo lo llamo el acuarius, y la verdad es que revitaliza un rato.
    Gracias.

    Publicado hace 10 meses #
  14. Estupenda crónica. Se ve que disfrutaste mucho del viaje, de lo que me alegro. Yo también he pasado unos buenos ratos leyendo tus aventuras. Felicidades.

    Publicado hace 10 meses #
  15. Ole, profesorbacterio! Magnífica crónica. Vienen ganas de recorrerla... cuando el calor no apriete tanto. Interesante la comarca sayaguesa.

    Publicado hace 10 meses #
  16. Profe, enhorabuena por el viaje y agradecido por tan buena crónica, entretenida y divertida, espero que no sea la última y puedas salir de viaje más a menudo.


    La cerveza es la prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices. B.Franklin
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  18. ¡Enhorabuena y gracias, profesorbacterio! Una delicia leer todos esos logros y esas peripecias, más las que te llegan de casa...

    Publicado hace 10 meses #
  19. Epílogo

    El cicloturismo ha supuesto algo importante en lo que llevo vivido, no es haber hecho grandes ni pequeños viajes, es algo que me hace sentir bien, que me reconcilia conmigo mismo. También he viajado en moto y andando, pero con diferencia lo que más me gusta y me llena es viajar en bici. Tiene la cadencia apropiada, tiene un toque tecnológico, tiene una parte de estrategia, otra de planificación y otra de improvisación que desbarata las anteriores…

    En esos breves lapsos de tiempo que estamos en el camino simplemente sale el poeta nómada que habita en el fondo de nosotros, y que está aplastado en un rincón por la vida práctica de todos los días. Tampoco podemos renunciar a él. Hacía del orden de 15 años de mi último viaje alforjero, a primeros años de este siglo. Creo que mi mujer ya estaba embarazada de nuestra hija mayor, pero se sentía muy bien y el médico le dijo que hiciera su vida normal mientras no hubiera ningún problema. Pues eso, vida normal, viajamos en bici. Fuimos de Sevilla a Ayamonte en una semana santa, o un puente de Mayo,  con las fresas en los campos de Lepe y el aroma del azahar en todo Andalucía.

    Con creces, este viaje ha superado las expectativas. El dolor del brazo no me permitiría viajar muchos más días, pero estos tres han sido muy gratificantes. Considero y  valoro la experiencia, lo que ha supuesto para mí y para mi familia. Mi mujer no se ha quejado, me ha dado carta libre, pero ella ha soportado una carga importante de trabajo y preocupaciones de más.

    He puesto bastante en orden mi pocilga de diógenes en la terraza, y creo que este otoño podré ordenar definitivamente los cajones de mi pseudo taller, por lo que mi Señora al menos tendrá parte del pago del alto precio familiar que pagó. Aparte, por supuesto, del amor que la profeso.

    Espero que pueda organizar pronto algún viaje con todos ellos, que es como mejor me siento, aunque los niños mayores estén muy adolescentes, y la peque limite las distancias a unos 20km/día, que tampoco está nada mal. ¿Francia 2019? Suena bien. Quizá incluso algo antes, por la sierra de Madrid.

    Cuando alguien escribe, es para que otro lo lea. Por eso, quiero agradeceros que me leáis, y quiero pediros indulgencia con mi estilo enrevesado y poco claro en muchas ocasiones, aparte de incorrecciones gramaticales, repetición de fonemas, de palabras, cuando no incluso faltas de ortografía.

    No sabéis cuánto agradezco los comentarios, me encanta que expreséis lo que os pasa por la cabeza cuando leéis. Eso es comunicación entre lectores y escribiente, y como toda la comunicación es muy enriquecedora.

    Por último, os paso una pequeña lista de literatura relacionada con este viaje, para quien le pueda interesar.

    http://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-zamorano-manuel-jesus-pedro-presenta-obra-cinco-cuentos-sayagueses-20140603123205.html

    http://www.miespacionatural.es/content/el-ultimo-contrabandista-de-los-arribes

    https://www.libros-antiguos-alcana.com/juan-atienza/guia-de-la-espana-magica/libro

    https://www.iberlibro.com/buscar-libro/titulo/los-santos-imposibles/autor/atienza-juan-g/

    https://www.casadellibro.com/libro-la-espana-vacia/9788416354146/2968392

    https://www.libros-antiguos-alcana.com/wenceslao-fernandez-florez/el-bosque-animado/libro

    https://www.casadellibro.com/libro-campos-de-castilla/9788437624822/1221018

    Besos, y fin.

    Publicado hace 10 meses #
  20. Creo que hubiera sido difícil poner mejor guinda al pastel de tu crónica: este epílogo no tiene desperdicio. Yo te agradezco que hayas compartido tus experiencias, y que lo hayas hecho de esta, tu manera: me has hecho partícipe de tu viaje, así que yo también he viajado un poco por esa tierra de Vettones (aunque más cómodamente que tú). Saludos.

    Publicado hace 10 meses #
  21. Muy buen epílogo: haciendo balance con honestidad y mirando al futuro. ¡Suerte con los próximos proyectos!

    Publicado hace 10 meses #



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