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DIA 5: Forges-les-Aux - Gisors

  • 15 de October de 2013
  • 70 kms

Nos levantamos tranquilamente, aunque costaba pensar en que tocaba remar, pero al menos no estaba lloviendo. El desayuno fue normalito, pero la culpa fue nuestra por no confirmar el día antes que desayunaríamos alli, así que la bollería no fue fresca ese día.El ambiente era fresquito, pero sólo por la alegría que nos daba el hecho de que no lloviese ya valía la pena salir. Además, el fresquito se notaba durante el primer rato, pero en cuanto rodabas unos Kms se perdía la sensación y poco a poco el sol también nos iba ayudandoLa via Verde ya no estaba separada del tráfico y se retomaban las ya conocidas carreteras sin apenas tráfico. Se podría parecer a los caminos rurales que hay por mi zona, pero en vez de naranjos aqui hay enormes pastos verdes. Toda una gozada para el que no está acostumbrado.Poquito a poco, el sol iba atemperando el día y a media mañana yo rodaba sólamente con el maillot. Qué gozada! No me estraña que cuando la gente del norte y noreste se vienen a nuestro pais disfruten tanto. Aqui los rayitos de sol valen su peso en oro.Estas carreteras estaban más cerca de los pastos, y al haber estado lloviendo de contínuo, el barro ocupaba partes del asfalto. Éste fue otro motivo por el que agradecí llevar la plegable, los guardabarros eran de una ayuda inigualable. Si hubiera venido con la Scott, a esas alturas estaría de barro hasta las orejas.Hay que ver lo que se nota el ambiente fresquito. En verano, en España, me hubiera arreado ya un par de litros de agua, pero aqui, en Octubre, con ambiente fresquito, no se pierde ni un vasito de líquidos. Apenas si tocábamos el botellín y adelantábamos barbaridades sin esfuerzo alguno, incluso con el peso de las alforjas,Durante un momento elegimos seguir las marcas de la carretera en vez del GPS y nos alejamos un poco, pasando por la fábrica de Danone, que ahora que sé dónde está ubicada, no puedo dudar que los yogures tienen que ser de calidad, porque los pastos y las vaquitas que veíamos al pasar eran formidables. Resulta que existían dos ramales para llegar a París. Uno que pasa por Cergy y otro que bordeaba por Beaubeais. Entonces comprendimos porqué el track se desviaba de las marcas que seguíamos.A la altura de Gourmai-en-Brai, si no recuerdo mal, vimos las marcas que indicaban en distintas direcciones en función de qué ramal se quería seguir. Misterio resuelto. Nosotros seguimos el ramal de Cergy, que iba siguiendo un camino más diracto a Paris.Como sólo llevávamos los sandwiches que habíamos preparado en Newhaven, buscamos un pueblo grande donde comprar algo del día, pero los pocos que nos encontrábamos eran chiquitines. Vimos en el mapa un pueblo llamado Neuf-Marché y pensamos que con ese nombre era impepinable que nos encontraríamos algo... pero terminamos comiéndonos el sandwich en nuestro lugar preferido.. una marquesina :-) Aprovechamos el paroncito y reservamos en Gisors, una población que parecía grandecita y en la que teníamos oferta de hoteles económicos.Fué un acierto porque el pueblo era más bonito de lo esperábamos. El problema es que, asi como en otras ciudades francesas la estación de tren esta céntrica, la tomamos como referencia para trincar el hotel y resultó que el centro estaba un tanto apartado del Hotel Moderne Tenía una iglesia monumental y una pequeña torre medieval medio derruida. Además, al ser bastante grande tenía supermercados abiertos y decidimos comprarnos el desayuno para el dia siguiente, a ver si nos ahorrábamos un poco de tiempo y dinero desayunando algo rápido en el hotel. Como no, también nos trincamos unos fuets y queso, que son nuestra barrita energética preferida.Luego nos fuimos a tomar unas birris en un café de esos en los que una parte es estanco y otra bar y cuando se hacía oscuro nos metimos en un restaurante que habíamos visto de camino al hotel.Lo cierto es que existía gran oferta de lugares en el centro de Gisors, pero daba la sensación de que muchos de ellos estaban cerrados, como lo que ocurre en poblaciones turísticas cuando se termina la temporada. No podíamos irnos de Francia sin probar un chuletón de esas terneras que nos acompañaban en el camino a Paris, por eso cuando vimos que el restaurante tenía la 'formula' con Cotè de Beuf... ya no hubo duda de qué habia que pedir. Valió la pena.Luego nos marchamos tranquiletes y en el hotel aprovechamos la wifi para revisar la ruta del día siguiente que nos dejaría a las puertas de Paris. También repasamos la meteo... parece que nos iba a llover... no nos sorprendió :-)

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