Rodadas. Una comunidad de cicloturismo y viajes en bicicleta
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El 16 de Septiembre aterrizé en el aeropuerto de Θεσσαλονίκη, Thessaloniki según mi mapa, tras pasar una noche en un estrecho banco en unos de los aeropuertos de London. Los aviones son cada vez mas seguros, las máquinas de los controles de seguridad son mas precisas y los aeropuertos mas grandes, pero todavía no son capaces de poner un sitio decente donde pueda pasar la noche toda la gente que no tiene ni ganas ni direro de pagar una noche de hotel para luego tener que levantarte a las 4 de la mañana. Podrían pagar unos sofas bien comodos si solo apagaran la mita de las luces del interior del aeropuerto y es que hay mas luz que un mediodia de julio en la playa.

Primera sensación de Grecia: calor! Perfecto, me encanta el calor asique me saque la bici de la caja de cartón en la que había viajado, la monté y me recorrí los 15 km que hay hasta la ciudad comprobando que todo estaba en su sitio. La primera noche la pasé en un hostal que regentaba una simpática señora argentina con la que pude charlar tranquilamente y con la que aprendí sobre la vida de los griegos y alguna que otra frasecilla de supervivencia, como por ejemplo “Nero” que significa “agua”. Me di una vuelta por la que es la segunda ciudad griega mas importante económica y políticamente y pude ver numerosas iglesias ortodoxas entre ellas la iglesia de Hagios Demetrios, que fue declarada patrimonio mundial de la humanidad en 1988 en el conjunto de Monumentos paleocristianos y bizantinos de Thessaloniki.Torre blancaEl primer día de una ruta nunca me gusta demasiado. El ansia de querer sentirme viajando me empuja ciegamente hacia adelante y suele ser el día que hago mas estupideces, como no preocuparme demasiado del agua que bebo, no tomarme los descansos necesarios o no disfrutar de los consejos de los autóctonos ala hora de decidir por donde ir en un cruce no muy claro. Al llegar la hora de tener que buscar un sitio donde poner mi tienda me sentí un poco bloqueado y dudoso, pues un sitio me parecía incomodo, otro sitio muy cerca de la carretera, otro demasiado cerca de unas casas con perros que ladraban sin parar… Como en todos los viajes todos esos temores y dudas fueron desapareciendo según pasaban los días hasta convertirme en un autentico vagabundo que lo único que pensaba era que el suelo fuera mullidito.

 De mis amigos arquitectos aprendí el concepto de feismo, que define la casa que estando completamente acabada por dentro, sigue en construcción por la parte exterior con intención de evitar pagar tasas y cosas parecidas generalmente. Según mis conocimientos precedentes Galicia era un lugar con una gran tradición de este “estilo arquitectónico”. Para mi sorpresa descubrí que Grecia y también Bulgaria poseen un gran patrimonio en este sentido. Por lo de Bulgaria no digo nada, pero por lo de Grecia me lleve una desilusión. Quien les ha visto y quien les ve. Cuesta creer que la tierra que estaba recorriendo fuera parte de la antigua Grecia donde se edificaron algunos de los edificios mas importantes de la historia como el Partenón. Es lo que tiene ser muy bueno en algo, que luego cuesta mantener el nivel.

 El paso por la República Helénica fue fugaz, de tan solo un par de días pues tras recorres unos 120 kilómetros Bulgaria me esperaba con ganas de ser descubierta. A pesar de la fugacidad de la visita, me pareció interesante en algunos aspectos y me lo apunté para un posible destino futuro. Si algo me gusto desde el primer momento de Grecia, es que nada mas hacer los primeros kilómetros te das cuenta de que no estas en casa, de que estas lejos de tu tierra. Cada vez que ves una señal de trafico, un cartel publicitario, un rotulo de un bar, una pancarta o los ingrediente de la barra de chocolate que te acabas de comprar, te das cuenta de que eres un extranjero. Estoy acostumbrado a viajar por países donde la única palabra del idioma local que se decir es “agua”, que es lo primero que suelo mirar en Internet antes de llegar al país. Pero no había vivido la situación de estar en un cruce bien señalizado y no saber si ponía Bulgaria en la flecha que señalaba hacia la derecha o hacia la izquierda. El alfabeto griego consta de 24 letras de las que solo tres o cuatro se parecen lo suficiente al alfabeto latino como para ir deduciendo las palabras poco a poco. Además algunas te intentan engañar como la letra Ro, que la forma mayúscula es “P”, pero que tiene un sonido mas parecido a la “R” latina. En las horas de pedalada solitaria la mente vaga en busca de pensamiento que le distraiga un poco sobretodo en los tramos monótonos. Aunque aprender poco a poco las letras e intentar leer los carteles parezca un juego estúpido, es lo mejor que se me ocurrió en muchos momentos. Eso si, hay que andarse con cuidado, porque tanto fijarme en los carteles solía llevarme en más de una situación a salirme del asfalto y hacer un improvisado recorrido off-road.

 Desde la ciudad de Thessaloniki la carretera va en constante ascenso por carreteras de poco tráfico hasta llegar al pueblo de Λαχανάςuna (Lachanas) donde inicia un rápido descenso que te sitúa en la depresión del rio Strimonis que es la zona de cultivo de Nomós Serrón o Prefectura de Serres. Algunos de los tipos de plantación que no me esperaba ver (quizás porque nunca los había visto con mis propios ojos) era los cultivo de algodón y de tabaco que producen cerca de 222.000 y 142.000 toneladas al año en toda Grecia.

Una vez me encontraba en el valle del río Strimonis simplemente tuve que seguir su curso hacia su nacimiento en el monte Витоша (Vitosha), que se sitúa muy cerca de la capital Búlgara. El último tramo entre las dos naciones atraviesa una ancha garganta en la que desgraciadamente la única carretera según todas las indicaciones es una especie de autopista con muy poco tráfico. Una vez pasada la frontera tras esperas educadamente la cola junto a los coches, me encontré con unas carreteras que no se acordaban de la última vez que vieron una asfaltadota.

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