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Camboya

  • 10 de abril de 2017
  • 13220 kms
La luna llena se despide de mi en Tailandia y otro día caluroso me recibe en mi país número 15 en ruta. A los 5 km llego a la frontera y cruzo sin problemas. Sellar la salida de Tailandia y la entrada en el puesto de Camboya. La primera sorpresa es que no me cobraron los 2 dólares que te cobran por sellar y que se quedan ellos. Muchos viajeros discuten con los oficiales pero siendo militares y que no tienes opción pues acabas pagando pero al menos te desquitas. La segunda sorpresa es que no veían mi visado y la tercera es que antes de darme el pasaporte sellado para entrar en Camboya creo que estaban mirando mi foto por si era algún delincuente. Resulta que este país está lleno de ellos, me imagino que tras la guerra la opción de matar es otra profesión cualquiera. Pero de eso me enteré poco antes de salir del país, mejor así. La cuarta sorpresa me la encuentro al comenzar a pedalear. Aquí falla algo, pienso. Resulta que estaba circulando por la izquierda, como durante los últimos 6 meses. Qué alegría! Por fin algo de normalidad, ahora el espejo vuelve a serme útil. Cada cambio de país es habitual ver diferencias, pero el salto a Camboya es sustancial. La pobreza es evidente ya desde los primeros metros. Este es un país eminentemente rural, la mayoría vive en el campo o de él. La agricultura es esencial pero sin medios es difícil ser rentable. Apenas he visto tractores, lo que hay son un derivado mucho más largo pero eficiente. La yuca está presente más que en la tierra en los arcenes, donde la gente la trocea para su secado, incluso niños. Desde el inicio vienen a mis oídos dos sonidos en Camboya. Uno es la vuelta al uso del claxon de forma absurda en cada maniobra, así es difícil relajarse y me vuelvo a enfadar con los conductores. Además son un peligro por falta de autoescuela, alcohol, drogas, juventud ( los hay de hasta 13 años conduciendo motos, coches, camiones o tractores ).  El otro sonido, mucho más hermoso, es el de los niños saludando. Es increible! A cada minuto los oyes gritando «Hello Hello» desde las casas a lo largo de la carretera. Además lo hacen con mucha efusividad, como si les fuese la vida en ello. A veces es difícil saludar todo el rato pero siempre devuelvo el saludo. Son tremendos, aunque algún adulto también ha saludado, pero ellos más bien sonríen. Comienza el protocolo para aprender nuevas palabras y olvidar las del país anterior, todo un rompecabezas. Además el khmer es más difícil que el tailandés. Es muy bonito el saludo juntando las dos manos y diciendo «chomburipsua» al menos así se pronuncia. Menos mal que aquí hablan más inglés que en Tailandia. Camboya también es budista y no dudo en visitar los templos. En Pailin una señora lee el futuro de una forma curiosa, un loco me pregunta cosas y baila y me empiezo a encontrar con francófonos. Después de ser colonia francesa muchos apenas han podido practicar el idioma y lo intentan conmigo. Llueve! Es un milagro, desde Malasia no lo hacía, al menos no donde estaba yo. Un camión me adelanta en una curva y aparca ahí. Voy por el arcén y miro el espejo, otro camión nos va a adelantar, espero, ve que no puede porque viene un coche de frente y frena pero ya es tarde, el suelo está mojado, «se va a estrellar» hasta me dio tiempo a grabarlo e incluso a los trabajadores que iban en la carroceta del primero. El segundo, sin control, se empieza a mover y acaba al otro lado. No se oye nada, en otro país habría gritos y gente corriendo a ayudar. Se ve que la vida tiene poco valor en este país. En la guerra decían sobre los presos: « mantenerte no es de gran provecho y matarte no es una gran pérdida». Pienso que si no llegase a llevar espejo habría intentado adelantar al camión y el otro me podría alcanzar porque estaría en el carril y no en el arcén. Me da un sudor frío, otra vez afortunado. Acampar? No me apetece dado que este país fue minado por Pol Por, y más ésta zona que es donde vivió los últimos años. Aparece mi primer templo de pernocta y otra cosa que será habitual, la homosexualidad. Veo al anochecer y bajo la luz de la luna llena a dos monjes mozalbetes paseando cogidos de la mano. Menudo despertador! El claxon y ahora la música por megafonía, esto es como volver a la India. Pero en Camboya el volumen es algo exagerado, y no estoy exagerando. La noche es para bailar, parece ser. Las carreteras secundarias y más viniendo de un cruce de frontera ídem no son para disfrutar, menos mal que siempre hay algo hermoso que contemplan. De tanto en cuando reaparecen las flores de loto, pero las pocas veces que pude ver las grandes de verdad, es fascinante. Además estas estaban accesibles y las pude hasta tocar, tenían abejas y todo trabajando. Estoy llegando a Batambang, un destino especial. Primero tengo un tramo sencillo, que bah! Sin arcén, obras, polvo...pero llego a destino. Llegar y que te llamen a comer da gusto. Fue en otro templo pero con gente que me enseñó más palabras en khmer. Para mí es esencial saber las palabras educadas por excelencia. Hay un canto budista muy hermoso, el khanda. Lo suelen cantar más bonito las noon, pero aquí lo cantó precioso un monje mayor. Cambio dinero pero ahora no me cierra la cartera, dan mucho papel al cambio. Al fin entro en el centro de la Fundación Sauce en Batambang, dirigida por Kike Figaredo, un asturiano que no ha perdido el acento y que arriesgó algo más cuando decidió cruzar la frontera camboyana nada más terminar la guerra de los Jemeres Rojos. Y encima lo hizo en la zona donde se refugió Pol Pot. Imaginar lo que sería pilotar la moto por aquellos caminos y que le servía para remolcar un  par de sillas de ruedas para los damnificados por las minas antipersona. Kike ingenió un prototipo muy práctico y hecho en el país.  Poco a poco fue ampliando la cobertura y ahora atiende, gracias a la ayuda de muchos profesionales sanitarios y demás españoles, el ámbito educativo creando escuelas, dando ayuda a las familias que de otro modo no permitirían a sus hijos ir a la escuela; la atención sanitaria postoperatoria pues no existe ese servicio en los hospitales y muchas más cosas como problemas mentales y no dudan en crear grupos específicos si lo requiere. Visitan regularmente los pueblos para detectar necesidades y se reúnen muy a menudo para analizar todo.  Muchas gracias a Félix y Cándido por guiarme por todas las dependencias. Me faltó conocer el proyecto agrícola de este último pero si que pude visitar la aldea inicial donde comenzó su trabajo Kike. Otra de las cosas que hay que elogiar del grupo es que no tratan de evangelizar a nadie, ni bautizos ni comunión, ellos ayudan simplemente. Y de que manera lo agradecen los niños. Es maravilloso lo cariñosos que son con los voluntarios, dando siempre abrazos y sonriendo sin parar, incluso conmigo que acababa de llegar. Me coincidió llegar el día de la fiesta despedida de una voluntaria, con baile, canciones y helados. Es muy bonito como cuida Kike a todos por igual, si hay que hacer foto tienen que estar todos, si hay equipo de fútbol también de minusválidos. Hay niños que destacan, como "Sombrita". Es sorda y no la atendían en casa, aquí sí la escuchan. Tienen las puertas abiertas para quien los quiera conocer y yo tuve la fortuna de ser hospedado al otro lado de la calle en Casa Paloma. Menuda cama. Insisto en que soy afortunado por cosas como la siguiente. En el viaje me preotarde! la bicicleta y la salud. De ésta lo que más es la dentadura y justo acababa de caerme un empaste. Vaya, si tienen servicio gratuito esa tarde! Listo para seguir. Y con la sonrisa en el corazón porque estuve jugando con Kuo y Kia antes del dentista. Kia fue operada de una pierna y se le infectó el tornillo, ahora hace rehabilitación en el centro. Nunca perdieron la sonrisa los dos días que estuve allí. Volver a ver una barra de pan es como estar en casa y hablar castellano ni que decir. Así de a gusto pasaron mis horas en Batambang. Ahora cambio de look, afeitado y rapado. Menos peso para Quiscolina. Estas carreteras secundarias son estresantes, menos mal que siempre pasan cosas raras como que pare un ladyboy en su moto mientras me como una papaya. Sin comentarios. Luego pude comprobar dónde tienen los decibelios más altos, fue en un templo pérdido donde poco faltó para que cortara los cables. Me llamaba la atención la cantidad de gays tanto en templos como fuera, desde la frontera con Tailandia hasta Siam Reap, pero no toques!. Otra vez dirección Este y otra vez viento en contra. Hacia Siam Reap es todo recto y sin árboles, conducción peligrosa y mucho calor. Tuve que parar antes de lo esperado y como un milagro allí estaba un centro misionero coreano católico. Mi ánimo mejoró rápidamente. Son días de cama, WiFi y fácil inglés. Nuevos sabores coreanos y buenas charlas. Sanghen es profesor y quiere abrir una escuela,  sobre todo de inglés a los pobres. Ahora que llego a Angkor me dicen que los niños que dominan algo inglés dejan la escuela y los ponen a vender a los turistas. Saem también tiene muchas ideas, ya en Prey Cheruk. A la tarde vienen muchos niños a clases de inglés. Era muy bonito ver todo el recinto del templo lleno de bicicletas. Me animaron a ayudar en las clases de inglés y lo cierto es que lo pasé muy bien. Para completar una gran jornada me guían al anochecer por las casas humildes de la aldea. Todos saludan, me dan bebida de coco y acabo cenando a la luz de una linterna con una familia. Un salto a mi infancia cuando también se iba la luz y el único recurso eran las velas. Eso si, con las polillas no me atreví, preferí la sandía. En Camboya pasan cosas siempre. Locos por todas partes, niños encantadores con su permanente Hello o los monjes polivalentes, como Savath, ya en Siem Reap.  Savath estaba haciendo un tatuaje, hasta tiene página web, aconseja sobre la vida a los que acuden a cambio de dinero, da una especie de baño reparador a otros y, lo más absurdo, es que quiere cambiar la dentadura negra que tiene por una de tigre para ser muy fuerte. El fue el primero en hablarme de los métodos sanguinarios de su gobierno. Kam Lai escribió un libro sobre el país tras recorrerlo detenidamente y fue tan objetivo y crítico que enfureció al gobierno. Ahora la gente lo recuerda poniendo su lema en sus casas "deja de llorar y sigue luchando". Seyha es miembro Warmshowers y me va a hospedar. Tiene la segunda planta de la casa a medio construir pero mejor, así corre el aire. Dormir con mosquitera es lo mejor. No dejo de encontrar gente religiosa, los monjes obvio porque paro en templos, pero así es. Seyha es protestante y me animo a ver sus rituales. Las canciones son lo mejor siempre y si terminan con comida comunitaria mucho mejor. Me encontré con gente de 4 continentes reflexionando sobre Cristo y luego de conversaciones con dos australianos aunque apenas les entendí.  De postre me uní al grupo en 4×4 hacia la montaña. Una locura 10 personas dando botes por los baches hora y media. Normal, llegamos reventados y nos sentamos en la paz del bosque. Unos cantan, otros meditan y toca regresar. Ahí empieza la aventura. Empantanados! Empujamos el coche pero imposible, cavamos y ponemos ramas pero sólo queda una opción, esperar a un tractor. Y yo que pensaba que sería grande, pues no, era de esos largos que abundan en Camboya. Caray, libres! Ahora por si acaso vamos en el remolque del tractor hasta una casa. Allí tenemos fruta conocida como la sandía para merendar y otra desconocida que nadie tocaba, luego supe que era porque se pegaba a los dientes. Pero tiene truco, había que estrujarlas en la boca. Volvemos y no hay luces artificiales, tan sólo las de los coches, eso da una idea de la pobreza del país o será de la corrupción? Y para shock llegar a Pub Street. Media Camboya trabajando en numerosos puestos de comida, venta de pinturas de Angkor, taxis y más para los turistas. No sé si seguimos invadiéndolos o somos un recurso que les da una oportunidad. La calle central de Siem Reap llena de Hoteles de nivel y por detrás la realidad. Visitar el museo de la guerra y leer la historia reciente del país estremece. Un país budista volverse comunista, países amigos enfrentarse, conveniencias de USA, Rusia y China, morir 1,7 millones de personas, de ellas 1 de cada 3 hombres y casi todos los intelectuales. Pol Pot no fue condenado, podéis leer más del asunto. Llevan con el mismo gobierno 34 años, algo falla. Parece ser que el primer ministro ya empezó usurpando el poder y ahora trampea votos en las elecciones pero la gente no protesta porque tiene miedo a volver a la guerra. Cada vez que veo a gente vestida de militar dudo si es ropaje de la guerra o si es una moda como en Tailandia. Un detalle más, el primer ministro tiene un familiar que se carga al que incordie gratis. Es un sobrino que quiere conseguir algo así como su reino. Pretende construir en una zona montañosa un paraiso para su entretenimiento, para que veáis que la familia presidencial maneja parné, unas 200 empresas me han dicho que poseen. Con 30 años en el Gobierno ya ha tenido tiempo. Por fin hago viaje con otro ciclista. Oren es israelí y nos hemos encontrado como huéspedes de Seyha. Ambos dudamos de ir acompañados pero probamos suerte. Parece mentira que se diera la primera ocasión tras 13 mil kms. Volví a sentir la adrenalina como en Bangladesh peleando con el tráfico mientras salíamos de Siem Reap. Oren lleva mucho menos equipaje y hace más kms diarios, pero me perdió de vista entre los coches y camiones. No se creía que hiciese apenas 40 o 50 km al día. Yo pude practicar inglés y el castellano, pero pedaleando se hace fatigoso. Acompañado cambian las rutinas, la que no es la de pernoctar en templos budistas, a lo que Oren se adaptó muy rápido pese a lo extraño que se le hacía depender de la ayuda ajena en lugar de ir de hotel en hotel.  Es simpático coordinamos para saludar a los niños, uno lo hace con la mano y el otro a voces. Estamos accediendo a zonas remotas del Norte de Camboya. Cada vez peores carreteras pero menos tráfico. Menos de todo, principalmente de árboles, aunque también lo fue desde la frontera tailandesa. Me informan de que están permitiendo a empresas chinas y vietnamitas el aprovechamiento del suelo. Primero plantando especies caras, luego de talarlas lo incendian literalmente para limpiar el suelo y si esa zona es rica en materia primas pues a agujerear.  Camboya y todos sus ciudadanos podrían vivir sin mover un dedo con los beneficios de todas las materias primas que subyacen en su territorio. El paisaje parece africano, se ven tanto el suelo como los árboles tiznados. Los últimos años ha aumentado la temperatura y la gente se pasa horas parada al mediodía durmiendo la siesta o no haciendo nada. Como decía Kam Lai « un país en venta».  No concibo que la heroína haya llegado a todo el país, pero en un país en el que murieron el 33 por ciento de los hombres y el 15 de las mujeres y con un país tan joven en media de edad y sin esperanza, casi que es normal. Se empieza a romper la otra cubierta, igual que la anterior, por el lateral. Tuve que ponerle un refuerzo de goma por dentro para que la cámara no asomase. La otra aguantó toda la India así y de todos modos no me quejo de la calidad de las cubiertas tras la distancia recorrida. Las repondré en Hanoi antes de volar a América y los piñones también si tienen de 38 dientes para las cuestas americanas. Y la cadena, y... Se ha roto el cable del cambio de plato ( la catalina, para los no iniciados ) así que ya no podré volver a ir top speed. También cambiar cables! Uf. Todas las noches se vislumbra tormenta a disrancia. Dos días seguidos que llueve es una novedad que se agradece. En la distancia también se agradecen los ánimos por las redes sociales. Ayuda a tomar conciencia de lo que supone este viaje para los que están en sus rutinas diarias y ven o leen las informaciones que comparto. Cómo será la adaptación a la vuelta? Me preguntan. Es una gran incógnita a más de un año de tal llegada. Estoy devolviendo algo de la ayuda recibida en el viaje compartiendo información y dando materiales a Oren. Compartimos comidas que son de lo más monótono en cada país, arroz con... En esta zona tan rural recupero el contemplar por la noche el cielo estrellado. Menuda inmensidad. Siempre busco el carro de Santiago. El último día juntos, pues Oren no es de los países privilegiados y tiene que sacar visado a Vietnam y debe ir más deprisa, me fue contando la evolución de la historia de Israel como país y su objetiva opinión sobre el conflicto de Palestina. Una hora pedaleando y escuchando, muy interesante. Alababa el tesón palestino y ve lejos la solución, aunque hubo dos momentos muy optimistas en los años 90, en los que pese a su juventud, la sintió cerca. En Chhaebb es él quien debe soportar el acoso de la gente y me veo a mi mismo cuando era rodeado, preguntado, fotografiado o yo mismo inquiriendo sobre cómo se dice tal o cual palabra. Me relajo porque estos largos meses por Asia me han dejado poca energía mental. Necesito un cambio y ansío llegar a Vancouver. Puede que le vuelva a ver entre yellowstone y yosemite. Hay un animal tipo lagartija creo, que canta por la noche. Yo creía que era un pájaro y me encanta oírlo. Le llaman Keko porque se parece a lo que dice y lo hace en sucesiones de 4 a 7 veces. Los monjes no lo soportan porque les desvela, a mi también pero me saca una sonrisa. Eso sí, me gustaba más el acento que tenían en Tailandia. Sona fue profesor y ahora cogió el reto, muy lejos de su casa, de llevar un templo muy pequeño en Kirisokharam. Habla muy buen inglés y quiere dar más oportunidades a los niños porque sólo van a primaria. Me contó muchas cosas como que puedes llegar a la jungla, cortar árboles ( no venderlos ) y hacerte una casa. Aquí todas son iguales sobre pedestales para evitar la lluvia aunque no hay puertas ni ventanas, hay que ventilar y hace calor. Pude quedarme más días pero debía seguir. Lo he agregado al Facebook pero allí sólo tenían luz con un generador, contradicciones. Qué gusto da ir con viento a favor! Pero como no me atrevo a cambiar el cable del cambio de plato no puedo aprovechar toda la velocidad, aunque eso puede ocurrir pocas veces. Cruzo el puente sobre el río Mekong y llego a Thala Barivat, la última ciudad antes de la frontera con Laos. Hermoso atardecer sobre el Mekong que me recuerda a alguna película bélica.  Me tengo que levantar para proteger a Quiscolina de la lluvia. Amanece, es domingo y el mercado está repleto. Hay un festival de música pero algo ya oí de noche, aunque no veo la diferencia a un día normal. Cucarachas para desayunar! Tan contento estaba yo con mis espaguetis con verduras cuando voy a ver que es eso negro y que aún nadie había tocado. Cogo con los palillos una pieza y ya intuí algo, mejor miro el plato de cerca...e intentando controlar mis gestos faciales vuelvo a mis espaguetis. Eran enormes y yo deseaba que nadie se pusiese a masticar una. Alguien se las llevó en una bolsa. Imaginad lo que es pedalear 13 kms tan sólo. No tengo claro lo que me espera en Laos y Vietnam y me sobran días. Me pongo a escribir el blog sobre Camboya bajo unos grandes árboles pero me asaltan continuamente arañitas de distintos colores.  Último día en el país y estos 60 kms a la frontera de asfalto desasfaltado con baches, piedras y polvo son cansados. Mi última noche es en un templito con un monje muy mayor. Sin gente casi, bueno, un niño, que tuvo por unas horas un nuevo juguete que, aunque no hablaba su idioma, pasaron buenos momentos juntos. Como enseñándome frutales, aquí comen el mango verde ya por hambre, o cuando se puso a diluviar y estábamos en la ducha, salir corriendo y yo pegarme un cabezazo con un ladrillo. Es que en estos países todo es más bajo y siempre estoy chocando. Era precioso estar con tan sólo una luz viendo desde el templo cómo llovía y ventaba y cenando frugalmente. En apenas 7 kms cruzo la frontera. Es curioso ver el estándar 35 dólares que cobran por visado a Laos, salvo a China 20 o 40 a India o Nepal.  Allá vamos, a un país aún más pobre. Tras 19 días en Camboya me voy con un sabor agridulce. La alegría de sus gentes, sobre todo de los niños, mezclada con la resignación y un sobrevivir continuo que no sé a dónde les llevará. Okkon! Dabicin

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