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Thailandia

  • 19 de marzo de 2017
  • 12550 kms

   Este viaje es como estar en verano permanentemente pero cuando llueve lo hace con ganas, como en mi último día en Malasia. Cuando no hace frío y te mojas parece que da igual pero llega un punto en que la musculatura no rinde y hasta pesas más. Los camiones te duchan cada vez que te adelantan y se hacen ríos en el asfalto complicando la integridad física.

  Llega un momento en que decides pararte pero anochece y hay que tomar otra decisión. Ya es tarde para el chubasquero pero se hace incómodo salir de nuevo. Está más peligroso y llego justo a tiempo de que Is, me aconseje en su "restaurante" dónde alojarme esa noche. Vaya, acaba de dejar de llover.

  Si ayer en comisaría un policía muy amable me buscaba alojamiento y me proponía alojarme con el que acababa de sellar su huella por algún delito previo, hoy me toca pernoctar en un centro comercial abandonado, o no. Resulta que por allí merodeaba una señora no muy cuerda y dormí con un ojo abierto. Además había venido el dueño del local con el de seguridad y en eso que nos damos cuenta de que hay dos pistolas en el suelo...dudamos un segundo pero vemos que son de juguete.    

  Me despido del último país musulmán que rodaré. Agradecer a todos la ayuda ofrecida en tantas jornadas y que son un ejemplo de Hospitalidad que no se practica en otros lugares supuestamente más avanzados. Como el día anterior en que el policía buscaba por teléfono quien me hospedase, apareció Fairus. Viene de un trance personal duro y estuvo en Europa viajando, dos malas experiencias, la segunda porque en occidente la gente no te ayuda, incluso cuando la pedía. Además todo se complica más cuando te llamas Mohammed.    

  Curioso, había dormido a 100 metros de la frontera. Cruzo, cubro algún papelito, cambio moneda y a mojarse otro poco. Estamos en temporada de lluvias que afectan más al lado este del país, con importantes inundaciones incluso.    

  Junto a India e Irán, Tailandia es uno de los destinos apetecibles, veremos si cumple.    

  Lo primero es lo de siempre, dónde comer. Aquí también se complica para el viajero, otra cosa es ir de turista a sitios turísticos, fácil inglés y comida variada. Pero en ruta todos los días es el mismo menú, arroz con ... diversas carnes, algo de verdura y picante. Menos mal que están las frutas tropicales como el mango, piña o la papaya, yo la pido mucho pero si no alargo la "a" no me entienden. Bueno, es que lo del inglés en Tailandia es increíble, qué poca gente lo habla, aunque sea mal, al menos la que he encontrado en varias semanas.

  Así que para comer he decidido hacerme vegetariano cuando paro en un local, noodles con verdura que además como con palillos. Si me ofrecen comida acepto la carne o el pescado. Como me pasa en los templos budistas, que son mi lugar de pernocta por todo el país. Nunca te dicen que no a dormir y a veces te dan comida y agua, bueno y comida basura como bollería y similares. Tiene su explicación en su forma de vida pasiva y porque en estos lares pocos cocinan.  

  Los monjes tienen pocas ocupaciones. Se levantan con el gallo, mejor dicho los gallos, tienen muchos, aparte de los perros, rezan, van al amanecer a pedir comida con sus zurrones y vuelven. Desayunan y dan comida a quien la pide, pero a mi me miman. En cierto modo me siento como un monje o peregrino viajero. Hay una imagen de un Buda, de las muchas distintas que hay, que simboliza al caminante.    

  Tampoco es que haya muchos templos ni que sean bonitos o antiguos. El budismo lo recuperaron no ha muchos años y aún se están construyendo nuevos templos. Recuerdo en los países musulmanes la cantidad de mezquitas que había, y aquí p.e. en Phuket encontré más mezquitas que templos budistas. Es curioso que en Myanmar tienen un serio problema musulmanes y budistas, recuerdo que en Malasia los pocos templos católicos apenas estaban señalizados y ni por asomo había templos budistas, pero en Tailandia hay mezquitas y rezan por el famoso altovoz sin problema.  

  Encontré mas mezcla de nacionalidades en Malasia, de momento en la mitad sur. Echo de menos la sonrisa y afabilidad de las mujeres que atienden en los puestos de calle en Malasia, incluso en los templos los monjes son poco espirituales, pero tiene su lógica.  

  En Tailandia es normal pasar un tiempo como monje, forma parte del aprendizaje de vida. Lo normal es hacerlo a partir de los 12 años de edad aunque otros esperan a acabar la universidad. En este sentido no es vocacional y se ve en el comportamiento. Luego está el caso de la gente que se mete a monje ( hay que estudiar un cierto tiempo, claro ) por algún problema personal y tras un tiempo vuelven a la vida normal. Uno hizo el tránsito dos veces.  Supuestamente no pueden tener familia, a no ser que lo dejes todo ( como hizo Buda ) y entres en el templo, pero aún así visitan por unas horas a su familia de vez en cuando. Otros entran a monje para ayudar económicamente a sus padres aunque tampoco deben manejar dinero pero lo tienen.  

  La gente acude a ellos al templo para alguna oración o ayuda y les ofrecen algo. O sea, que llevan una vida sencilla y no pasan hambre, bueno, no cenan.  Desayunan a las 8 y comen a las 11, luego el té a las 17 h y como no pueden cenar van tomando zumos y cafés, pero menuda hambre por la mañana.  Y luego lo que decía del comportamiento, poco espiritual en muchos de ellos, es como un trabajo más. Muchos fuman, ven muai thai ( tipo kikboxing), serios, apenas hablan y además tienen mejor teléfono móvil que yo. Yo que en Tailandia decidí viajar como por Europa sin internet he encontrado WiFi en varios templos.    

 En Malasia tenía 7 horas de diferencia con España y ahora sólo 6. Ahora debo cruzar del lado este al oeste del país, o sea, de la lluvia al sol abrasador. La cordillera es suave pero combinada con la humedad y el calor me hace perder mucho líquido. Prefiero pensar que es un entrenamiento para América. De Pattalung a Trang empiezo a sentir y sobre todo a oír el inicio de la celebración del Año Nuevo Chino. Llegan al año 2560 y no puede faltar la pólvora, menudas tracas!    

  Extraña mañana, un montón de piñas solas en el arcén, coger o no coger? Esa es la cuestión...visité el hospital de elefantes que había en un desvío unos metros adelante de las piñas, y que se me hubiese pasado de largo si no me hubiese comido una. Los elefantes asombran por su inteligencia y memoria, pero algunos sólo los valoran por el marfil de sus colmillos. Son capaces de entender al cuidador aunque yo no pude saber lo que pensaban cuando me miraban con esos grandes ojos. Es simpático verlos comer y sobre todo beber.    

  En estos países nunca hay descanso, es domingo y muchos negocios están abiertos. Estamos en zona turística, lo sé cuando llego al Tiger Cave Temple, en Krabi. Es famoso por el Buda que hay en lo alto de la montaña y al que llegas tras subir 1237 escalones. Prefiero hacerlo al amanecer y descansar luego. La subida tiene zonas muy en pendiente y hasta da algo de vértigo, a veces pienso en lo difícil de la bajada. En apenas 40 minutos llego arriba, es lunes y muy temprano, está amaneciendo y los monos me persiguen por comida. La vista es sensacional, puedes contemplar toda la llanura y las montañas kársticas al oeste. Buen sitio para relajarse.  La bajada es más rápida pero por momentos he de parar porque no siento las piernas ( como diría el otro ). Es normal que tras tantos meses de tracción a pedal y con tan poco caminar, ciertos músculos estén cuasi atrofiados. No me respondían las piernas y al llegar abajo respiré.  

  Decidí pedalear porque en ese sitio nada más había. En ruta veo por todo el país en imágenes al Rey anterior fallecido, igual que en Malasia. Todos adoran a sus reyes porque se sienten ayudados por ellos.    

 Son días de gran dolor de piernas por las agujetas pero sólo afuera de la bici. Lo más difícil es dormir bien pues en los templos tienen tanto gallo cantando desde tan temprano que he pensado en cambiar de plan. Aquí  no tienen gallinero y los gallos duermen en las ramas de los árboles. Para verlos.  

  Lo de los perros impresiona al principio ver cómo te rodean tantos perros ladrando y gruñendo, pero luego ya te conocen, otra cosa es levantarse por la noche en la tienda para ir al baño.   

  He llegado a Phuket con el recuerdo del tsunami 13 años atrás. Estar al borde del agua en Surin Beach, al lado de Patong Beach, una de las zonas más afectadas entonces, e imaginar como se acerca una gran ola...pero ahora está el mar como un plato, como un plato de sopa lleno de rusos, pues les queda muy cerca y en un solo vuelo.    

  Me siento un turista más, un par de baños y a descansar. No es agradable este mercadeo de productos por la playa y no veo a ningún lugareño por aquí.   No quieres taza! Pues toma. Subo por la costa hasta llegar al mar de Andamán, un rincón hermoso de la costa tailandesa pero de nuevo mucho blanquito disfrutando de los resorts. Se ven los dólares y petrodólares.   Esto parece el salvaje oeste con tanta ranchera que usan para carretar trabajadores y productos tropicales.    

  El día de San Blas se hace duro por el sol y la dura subida empujando la bicicleta bajo el sol llegando al Khao Sok National Park. Había vuelto a ver elefantes pero pastando por el arcén y aquí los usan para pasear por la jungla, lo difícil será verlos en estado natural.  Llego al parque y no hay templos como indicaba el mapa, tan sólo resorts y he de seguir 30 km más anocheciendo. Tuve suerte, hasta me dieron cena con una vela al lado, eso si, estuvieron de cháchara varias horas tomando su famoso whisky que volví a rechazar.

  Dormía ya y oigo " hello " vaya, por fin alguien habla inglés, pero lleva uniforme. Era la policía y les enseñé el pasaporte, más preguntas obvias como si no fuese mio. Son momentos simpáticos, en fin.  Volví a ver luciérnagas al menos, de lo mejor que se puede disfrutar en la oscuridad.    

  Estoy llegando a la costa este para coger un ferry a la isla de Samui. Las motos en Tailandia hacen mucho ruido y me dejan sordo, por lo demás el tráfico es bueno, aunque mejor en Malasia.  

  Llego a la costa, siempre es un gusto encontrarnos. El ferry me permite disfrutar de la abrupta costa y los islotes bendecidos por el Buda gigante. Hace mucho calor y cuando me subo a la bici me baja la tensión, veo una manguera y me riego, ya mejor para pedalear al sur de la isla donde haré un retiro de meditación de 4 días en el Dipabhavan Temple.

  La gente que practica meditación es realmente feliz, estar en paz con uno mismo o simplemente darse uno mismo tiempo a escucharse. Tooooda la costa de esta isla está llena de chiringuitos y similares, parece Hawai, tiene su gracia pero el templo allá en lo alto entre la jungla tiene más.  Hermoso atardecer y amanecer desde la playa, hasta podría dormir aquí.  

     .........

  Pasó el retiro, en silencio.  

  Tiempo para uno mismo y de autoencuentro. Ha sido fructífero, hasta he visto una mariposa gigante y casi piso una serpiente. Menudo susto, para los dos.  

   .........        

  Han pasado días y sigo sin conexión a internet, mejor dicho, tengo conexión pero no la uso. Sigo hospedado por monjes en templos, dando de comer palomitas a los peces con ellos, sigo coincidiendo con eventos como el Madga Puja Day con una procesión con velas o también estar en el Suan Mokk temple al que acuden gentes de muchas nacionalidades para un retiro de 10 días.    

  Cada continente y a veces cada país usa un tipo de cargador de teléfono distinto, no me preocupa porque llevo mi panel solar pero aun así compré otro cargador, mejor que el chino que me regaló un chino.  

  Fue curioso hacer una parada de emergencia para descansar, ya que el calor y el viento en contra hacen estragos, y darse uno cuenta que paró ante la comisaría de policía. Y yo que creía que lo hacía ante una casa deshabitada! Resulta que en Tailandia el inglés lo usan poco en las señales y carteles, justo lo mismo que lo usan para hablar, y así es complicado enterarte de nada ni hablar por hablar o para comprar algo.  

  Pues supe que era la comisaría de policía porque salió inmediatamente uno con bebidas y plátanos. Menos mal que no hace falta hablar, aún así son amables. Se nota que están acostumbrados a los viajeros, me refiero al país en general. Hasta he visto algún mochilero y le pararon a la primera.    

 Gente rara hay en todas partes, por no llamar locos, término que considero más positivo que negativo. Merodeando por uno de los templos mencionados, estaba un solitario tailandés con un perro. De vez en cuando al llegar próximo a gente se ponía a hablar. Otras veces ya lo hacía consigo mismo. Al día siguiente proseguía allí así que entendí que estaba semiacogido y se unió al desayuno, tal como yo. En cuanto al perro, era uno de los muchos que abundan por los templos, pero muchos.

  Aquí la gente tiene pocas mascotas, la que más son las aves exóticas. En una jaula ya no son exóticas, es muy triste verlas saltando en un palmo de espacio sin la libertad natural. Por qué no ir a verlas en su hábitat?   Prosiguiendo con los perros, cada vez que entro a un templo, antes que a los monjes, veo a muchos gallos y alguna gallina y de pronto a una jauría de perros ladrando y corriendo hacia mi. Ya no me asusto pero impresiona algo. Luego se acostumbran pero siempre tienen alguien o algo a lo que ladrar. Así no hay quien duerma ni descanse, sumado a los gallos que inician su concierto mañanero a la hora que los monjes sus rezos.

 En Suan Mokk algún perro era realmente peligroso. Allí conocí a Brenda, jubilada de Boston que lleva 17 años viniendo y preparándose para noon o sister, aunque no es equivalente a monje en mujer, sí que se aproxima o lo iguala según en que país budista.  

  Sigo subiendo Tailandia por la autopista, Brenda me recomendó ir por la costa, pero este viento del mar sería ya demencial. Es curioso que el mejor amigo haciendo viento es el tráfico, sobre todo los camiones. Es cierto que generan corrientes de aire peligrosas, pero yendo, eso si, en vías de dos carriles, ya que no afecta el tráfico del otro lado, los vehículos que me adelantan frenan el viento y me empujan. En todo esto hay que ir siempre atento al retrovisor.    

  Otra historia de templos. En La Mae, el monje con cara de buenazo, por cierto, no supe su nombre, imaginaos que nivel de comunicación teníamos, mimaba a su perrita de cabello lila a su vez que tiraba bien petardos o bolas de acero con su gran tirachinas a los perros salvajes del templo. Un hombre de contrasentidos.  Más tarde, le visitaron miembros de una familia musulmana y le dejaron comida a cambio. Resulta que yo cené de ello, pero él también! Fue la primera vez que vi incumplir esa norma a un monje, y encima a las diez de la noche. No pudo antes porque estaba usando su tablet para ver y enseñarme, o más bien incordiarme, con imágenes muy violentas entre la policía y la tribu Rohynja del noroeste de Myanmar de ese mismo día. El monje era de Myanmar, eso lo explica en parte, pero luego me enseñaba fotos de armas y todo esto ocurría mientras veíamos un dvd con películas de acción tipo Anjelina Jolie. Yo estaba desconcertado por la mezcla de sensaciones, el lugar, la persona, los hechos...Al final le dió un masaje y mimos a la perrita y a dormir.  Ah, y tomó hojas de marihuana.  

  Otra agradable situación es que los templos aparecen justo a la distancia kilométrica deseada. En este caso ocurrió al llegar a Sawi. Allí pude jugar con otro de esos bichos enigmáticos, la tortuga. Sin ser de las grandes que merodean por el lugar bien lo podría ser pues se zampó la papaya que acababa de coger del árbol, bueno, una parte me la comí yo. Todo sabe mejor cogido naturalmente en su propio ambiente. Esa noche juraría que alguien o algo me tocó una pierna, pero la ventana estaba muy alta.

  A la siguiente noche ya sabía que no estaría solo, dos lagartos paseaban por la pared metálica con el consiguiente ruido. Puse la mosquitera y fue suficiente. Luego vi que también había una araña.    

  Sigo madrugando mucho pero el viento también lo hace. Encima cargo kilos cogiendo cinco papayas de unos árboles. Vaya, me dejé olvidada la cubierta vieja que llevaba de emergencia. La otra aún no la cambié tras 12.000 km. Ha de aguantar 3000 más antes de volar a Canadá.    

 En algunos templos cuelgan campanillas con corazones que tintinean muy hermoso. No es el caso del templo en Prachuap Khiri Khan pero llegar ahí fue una sorpresa y el inicio de varios felices días. Me sirvieron un buen lunch en el templo y al salir la alegría se completa al descubrir ante mi el mar en su amplitud y la bahía ( realmente tres bahías ) rodeada de grandes islotes y en medio un embarcadero.

  Allí me encaminé y de hecho en ese lugar pasé horas en los siguientes días leyendo y conversando con españoles y extranjeros. Incluso dormí junto al pequeño faro, en la tienda de campaña, aunque sabía que la policía vendría en algún momento pues al día siguiente había un maratón. Además esa tarde había llegado la hija del Rey al lugar. Lo que no sabía era que me despertaría la policía militar y a las 2,53 h a.m.   Absurdo porque por ahí no corrían y yo no molestaba, pero salí a mi ritmo y sin protestar. Al poco amanecía así que me preparé para subir al templo de la montaña. Qué maravilla de vistas! Eso si, cuidándome de no pisar las heces y orines de los muchos monos que custodiaban la isla.  

  Voy al templo Kholak y descubro por fin un templo con historia, con elementos de madera y diferentes símbolos a los habituales. Kai me ofrece una habitación, de monje claro. Todo diáfano, sólo esterilla pero también el lujo de una almohada.  

  En Prachuap hay bastantes españoles, conocí a una pareja que lleva 3 años sabáticos por ASIA, otros que pasan la jubilación por largo tiempo y por fin encontré más viajeros en bicicleta. Dos parejas francesas, un holandés de 63 años y un tailandés, que por cierto, dormía en las comisarías de policía.    

  Reanudé mi lento transcurso hasta Bangkok, recuerdo que he de agotar mis días de visado en cada país para cruzar a América  no antes del 10 de junio y así poder ver ciertos lugares en su momento.    

  Antes de entrar en el Khao Sam Roi Yot National Park encontré un templo en construcción, con estilo chino y sus largos dragones custodiándolo todo, justo en la playa. Ni lo dudé, allí paré a las 10,30 h. Son días cortitos. Encima los perros eran sólo dos y dos encantadores golden retriever.  La playa tenía, aparte de la habitual contaminación, muchas conchas preciosas. Cogí una en espiral que ya adorna a Quiscolina.      

  Estar en un Parque Nacional supone un negocio. Me querían cobrar unos 5€ por bañarme, no pude contener la carcajada. Proseguí y acabé en otra playa, eso si, con más turistas europeos. Será cosa mía, pero cuando oigo hablar ruso a veces me suena a gallego...    

..Cuando el primer plan del día es ver amanecer no cuesta levantarse. Palmeras y el sol que aparece, ya podemos partir Quiscolina.   Esta ruta costera es agradable, pequeños zonas pobladas se alternan con lujosos resorts turísticos. Desde luego de tan impolutos que están y excesivo lujo, no me alejaría nunca en ellos. Sigo sin ver a lugareños disfrutando de las playas, los que veo están haciendo la vida aún más confortable los occidentales.

  Aquí precisamente están las despensas de lo que se come en occidente. Como ejemplo los amplios criaderos de gambas.   Aparece alguien de Alemania pero no es otra turista, es Ann. Tuvo una lesión que le obligó a dejar el voleibol y la bicicleta fue su tabla de salvación. Ahora está viajando sola por Asia y tiene un reto mayor que ya os contaré.  

  Será el inicio de varios encuentros con otros viajeros que me irán aportando información muy valiosa que me ayudará a decidir mis nuevos planes.   Llego a Hua Hin y allí me tomo dos lunchs, uno en cada templo. En el segundo hay una celebración por un monje fallecido. Muchas flores amarillas y rezos de mantras por los monjes. Uno de 85 años y muy simpático pero con poco inglés me invitó a sentarme a su lado. Mira que hablaba el señor!  

  Parecía una premonición porque mi teléfono pasó a mejor vida unas horas después. Hasta en eso tuve suerte porque esa noche me hospedaba en un domicilio, única vez en toda Tailandia. Paul me ayudó un montón para guardar los archivos y resetear, pero hubo que cambiarlo y qué mejor que en MBK, capital de la venta en Bangkok, adonde llegaría en 48 horas.  

  Pero he de atravesar una amplia zona de salinas. Es duro trabajar en esas condiciones y de ello viven. Ahí, en Ban La Em me atienden muy bien, otro templo obviamente, pero son los vecinos los que cocinan en un aparte para los visitantes a otra celebración, vaya casualidad. Tenían abierto el ataúd con los huesos de una señora y me acerqué sin saber lo que había. Luego estuvieron tocando toda la tarde y el día siguiente unos silofonos muy originales y hermosos además de otros instrumentos, algún baile y mucha más comida. Parecía más una fiesta.   De noche fabas dulces, fuegos artificiales y películas en pantalla grande, pero yo me fui a dormir, o eso intenté porque el volumen en este país es muy generoso.  

  Salí cargado, me refiero a comida, hasta una sandía ( trozo ) me dio el monje. La despachè rápido pues tocaba pelear con el tráfico para aproximarme lo más posible a Bangkok y entrar al día siguiente. Mucho ruido pero objetivo cumplido. Esta vez el hospedaje es en un templo con más de 100 años.  El nuevo jefe, porque el anterior murió, me guió por el lugar, hasta tenían un Buda de un siglo. Pero lo más chocante fue que cuando me estaba «duchando» y la puerta, como casi todo, estaba rota, un monje la empujó. Un monje gordo allí plantado tan tranquilo, y luego cuando pedí agua el tío no paraba de sacarme fotos y algún vídeo, ah! yo iba sin camiseta...  

  Madrugo para llegar al centro de Bangkok y sacar el visado de Camboya, comprar el teléfono nuevo, hacer algo de turismo y sacar el billete de Hanoi a Vancouver.   Así sucederá pero tras 3 días agotadores y cruzando la ciudad en bici, ruidosa pero no de claxon y respetuosa.   Dejar una gran ciudad da gusto y más cuando llegas a un templo sin costumbre de viajeros y te atiende Pornchai. Siempre sonriente, pero no como el otro. No me faltó de nada, además Bin y Franz me dieron buena charla. El de Holanda y ella de Vietnam, juntos más de 20 años.  

  Voy al aeropuerto para confirmar en ventanilla las condiciones de vuelo en dos compañías pero Google se equivocó y tuve que usar el wifi del aeropuerto para coger con Japan Airlines. Permiten muchos kg gratis pero mi problema son las medidas y tendré que pagar extra. Será duro pedalear pero las gestiones son lo peor.  

  Empieza mi periplo hacia Camboya. Serán unos días tranquilos de ritmo y con paisaje monótono con poca población. En uno de los templos me «habla» un monje muy mayor, sin dientes y sólo ve por un ojo. Entrañable!   En Chachoengsao tengo de todo, hasta datos en el teléfono gracias a la dependienta de una tienda y una chica que me dejó su móvil para desbloquear mi email, cosas de Yahoo. Incluso las seguí en moto para buscar dónde imprimir mi vuelo y para encontrar el templo.

   Allí dos paisanos que dormían la siesta insistieron en que me sentase. Yo quería estirar los músculos y uno, que fue boxeador, me diò un masaje.   Bebí y comí mucho toda la tarde. Llegó el jefe y me dio habitación, muy frugal. Fue difícil dormir sobre las tablas de madera de la cama, la esterilla la había lavado antes.  

  Resulta que me llega la confirmación del vuelo pero no con el nombre completo. Cuando te piden en inglés on-line: name, surname, second name, last name y familia name, te tiras de los pelos. Tuve que llamarles pero me llevó días lograr un teléfono y después no podía usar el mío con Roaming. Por fin!  Espero respuesta del email para pagar más por la modificación. Lo del extra de medida de equipaje lo tengo asumido, 200€. Lo de los kg lo tengo controlado.  

  Más de animaladas. Llegar a los templos y que te rodeen perros ladrando es habitual, pero ayer me acerqué demasiado a la vivienda de un monje y recibí un rasguño. Y ahora estoy recuperándome del sustísimo que acabo de tener mientras escribía el blog.      

  Este lugar está lleno de hojas secas que se mueven y hacen ruido por el viento, así que tardé en reaccionar al ruido de mi derecha. Sentado en unas escaleras escribiendo el blog en el teléfono móvil quería acabar una frase pero algo me decía « miraaa» y ahí veo arrastrarse a 20 cm de mi a una serpiente. Pegué un salto y ella se incorporó amenazante. Inmediatamente empecé a grabarla y como no se había peinado no le gustó y me atacó. Lo esperaba y corrí mientras ella se volvía a su gruta. Buf! Qué de bichos en este país.  Después seguí escribiendo y cada vez que oía hojas moverse miraba hacia atrás. Resulta que era una Espiting cobra y si me llega a morder no lo cuento.   

  Aún no me explico como no lo hizo dado lo cerca que estaba, creo que tienen mala vista y reaccionan a otros estímulos como el calos. De hecho, en la isla de Samui, cuando casi piso otra serpiente, esta tardó en reaccionar. Por el color puede que fuese otra cobra. Ahora voy con más precaución en zonas oscuras aunque los dos sustos fueron sobre las 3 de la tarde.    

  Último día de descanso en Tailandia. En Soi Dao tengo toda una sala para mí. Será mi último templo en Tailandia y tengo suerte porque me permiten sentarme con los monjes en los cantos de los mantras, toda una experiencia, aunque yo cantaba para mi otras cosas budistas más simples o meditaba.  Además coincidió otro velatorio-fiesta por una señora mayor. Se ve que no hay tanotorios y los hacen en los templos, rezan los monjes y los completan con comida y música. Me animaron a que rezara por la señora y allí fui.. te arrodillas y pones una varilla de incienso. Al día siguiente repitieron.  

  Aproveché para visitar el mercado colorido y oloroso del lugar. Frutas, verduras, carnes y pescados y todo lo imaginable impactando en todos tus sentidos, sobre todo en tu nariz. Tremendo!  

  Mi última noche en Tailandia a campo junto a un árbol típico de Asia que huele de maravilla y no me canso de observar. Llega otra luna llena y también Bin, estoy llegando a Camboya y es el primer caso de polio que veo. Se mueve en su silla-bici manual. Merodea sólo mientras los otros se bañan en el río. Lleva, como muchos, la camiseta del Barça, justo me entero del 6-1 al PSG.

  A dormir que mañana toca cruzar otra frontera y nunca se sabe con estos militares.   Adiós a Tailandia! No fue lo esperado salvo algunos rincones naturales preciosos pero la gente mejor en Malasia.  

  Llego ahora a Camboya, la pobreza tras la guerra y los Jemeres Rojos. Poco turismo, salvo el templo de Angkor.  

Kop kun  ka/krap! (Gracias)  

 

Dabicin      

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