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MALASIA, comienza la buenASIA

  • 19 de enero de 2017
  • 10710 kms

           Malaysia, desde el inicio grandes experiencias.

  El cruce de fronteras ha sido fácil y más no necesitando visado. Los españoles además de otras nacionalidades, pueden disfrutar de hasta 3 meses de estancia tanto en Singapur como en Malasia, aunque no tengo claro el tiempo que pasaré aquí. Quizás vaya rápido por evitar este calor y humedad asfixiante, aunque es difícil ir rápido, y además quiero cruzar a America como muy pronto a finales de mayo sin tener que ir ampliando visados de estancia.  

  Las últimas cuatro semanas he pedaleado sin avanzar en ninguna dirección y llevo meses transitando por autopistas de varios países. Ahora, nuevo clima, paisaje, paisanaje, gastronomía, religión ( vuelvo por tercera vez a territorio musulmán ) y bicherio. El salto en avión hace que el cambio sea más drástico, ya lo noté en Singapur.  

  Quiero coger la carretera de la costa Oeste, la número 5. La costa Este parece ser que es más bonita y tranquila pero apenas hay localidades donde comer y mi plan es no cocinar.    La road 5 comienza más adelante así que, por qué no tentar la autopista hasta que me divise la policía? Dicho y hecho. Avanzo unos 50 km entre plantaciones de palma hasta que me echa un policía. Y como en Bulgaria, justo a su debido tiempo. Entro en Kulai que me embocará a la road 5, pero antes pasarán muchas cosas.  

  La carretera nacional es regular y con tráfico intenso. No tengo claro dónde parar y vuelve la suerte. Veo una pista y dudo, doy la vuelta y la tomo. Tres días más tarde volveré a la carretera.   Kelapa es una de las muchas localidades principalmente de población china. La primera opción fue dormir en el pabellón deportivo pero me presentan a Wong y empieza la fiesta. Vende comida para llevar y los Choy ban y Tao ban que me regala están deliciosos. Wong tiene mundo y sensibilidad para ayudar al vecindario.

  El paseo entre templos chinos y casitas pintadas con alusiones varias por los vecinos es un placer.   Visitamos su plantación de frutales donde trabaja y Vive un indonesio y luego me compra una tarjeta Sim que recarga con 2 GB. Me siento abrumado, como si estuviese con mi tío. Pero aún hay más, cenamos con su familia en un restaurate, donde no faltó el arroz y lo mejor fueron el tofu y la cerveza. Y luego de copas con sus amigos, bueno, más chinos cenando y tomando coñac y cerveza. Yo que llevo meses a agua y más agua... Se me hizo largo y de difícil dormir.  

  Me quedo otro día. Saco dinero, ringgits, 1euro = 4,7 RM. Hay cajeros en Europa y aquí que no aceptan las tarjetas. En un centro comercial sin problema.   Wong tiene una reunión con miembros del parlamento del estado de Kulai y me invita al desayuno de grupo. Bebida de soja, más tofu, pescado, ...con palillos, no triunfé. Luego me alegró que me presentara a unos amigos que regentan el Durian Guesthouse. Es una pareja que practica la permacultura, reciclan material para todo, hacen talleres y hospedan en un ambiente muy familiar. La infusión casera y la bebida de rosela una delicia.  

  A pocos kilómetros está la reserva forestal de Gunung Pulai. Ahí descubro numerosas casas sobre árboles por la ladera de una montaña, es el Tree Houses. Gente normal trabaja y reside en este hermoso lugar dando muestra de lo que puede ser un simple recuerdo pues Malasia, dada la alta corrupción de su gobierno, es uno de los países del mundo con mayor deforestación, incluidos parques naturales.  

  Otra casualidad, estando allí llama a Wong una amiga que está en camino. Lilyn me invita a pernoctar!   Casitas en el aire, hechas con bambú, troncos y alguna tabla. Muchos atrapadores de sueños, tres gatos y una gallina, además de muchos voluntarios que se rotan para mantener el lugar.   Por la noche no hay ninguna luz aunque sí todo tipo de sonidos. Al desayuno mi primer Nasi Lemak, arroz con coconout, pepino, huevo, salsa, cacahuetes y un pescadito muy pequeño. Después ruta por la floresta viendo especies de árboles y animales raros. Una hormiga enorme, una planta afrodisíaca...la mayoría hizo subida y bajada descalzo, sintiendo la tierra. Ayudo limpiando y ordenando el almacén y me quedo otra noche. Jugamos con dos gemelos a juegos de mesa, nadie fuma, buen humor...hoy duermo sólo!   Aullan los monos y pican los mosquitos. Paseo hasta la cascada pero está cerrada, con una cinta, si estuviese en España la saltaba. Ver basura en estos ríos es desagradable, para qué vendrán?   

  Yo me dirigo a la costa por una carretera agradable. Vuelvo a sentir los saludos y el respeto de los conductores. Hay innumerables casitas a lo largo y ancho de la carretera, sin muros ni cierres, parece ideal y seguro pero no consigo hospedaje. Ya anocheciendo lo hago en un colegio musulmán pero con suspense. Eres musulmán? Me pregunta el director por teléfono...   A la entrada hay un cartel que indica cómo y cómo no se debe vestir. Uno de los empleados, pues aquí tambien hay seguridad las 24 horas en todos sitios, me invita a cenar, p.e. ota ota (pescado picante) hecho a la brasa en hojas de palma.  

  Salgo de Kayu Ara Pasong, es viernes y es festivo siempre en Malasia junto con el sábado pero casi todo está cerrado. Hay puestos caseros donde venden comida con todo tipo de fritos y dulces. Un paraíso de colores y sabores pero con efectos poco saludables, hay que ver la cantidad de obesos que moran en este país, por no hablar del tabaco, tremendo.   El sube y baja antes de Batu Pahat es duro pero respiro al llegar al colegio donde Stephanie, la de seguridad, me permite acampar sin dudarlo. Veo jugar a fútbol a los niños pero hay uno que me llama la atención...   Ceno noodles en un puesto chino y no sé por qué pero me invitan. La ducha nocturna en el colegio no es habitual ni tampoco la compañía...  

  Hoy es Fin de Año. Cómo, dónde y con quién será la noche?   Madrugo mucho para evitar el sol y el viento me hace prosperar. Un malayo me invita a comer otro arroz con pollo y una sopa hirviendo de espinacas. Entro en Muar con el cielo negro sobre el ancho río que anuncia otra tormenta. Así es, pasan las horas y he de buscar hospedaje pues ninguna de las redes por internet fue fructuosa. Van fallando otras opciones y decido cenar y abandonar la ciudad.   Es de noche y llueve. Cruzo el puente con bastante tráfico y veo a la izquierda una carreterita, y luego otra. Fue todo muy rápido, pero sentía que podía ser. Hacía tiempo que no llamaba a una puerta, pero de noche, mojado y desconocido...  

  Me despido de Abu, entrañable señor que pese a tener rota la espalda, radia buen carácter en todo momento. No fue la típica Nochevieja pero pudo ser un desastre en una zona donde no se celebra. El calor llegó de los muchos mensajes entrañables de la gente próxima.   Salgo y los monos siguen haciendo de las suyas por el techo de la casa. El destino es Malacca, ciudad e incluso estado, que fue colonia de portugueses, británicos y holandeses a lo largo de 500 años. Es un museo al aire libre aunque con bastante turismo. Ver y leer " Porta de Santiago " sonaba familiar y cercano.   Visito la iglesia de San Fco Xavier, que se está inclinando poco a poco, y escucho la misa en mandarín, con el coro cantando en directo pero a muy alto volumen. Una pareja pro Donald Trump me invita a comer, sobre hojas de palma, aunque muuuy picante para mi gusto. 

  Aparece la opción de WS y me hospedo en el Guesthouse Ringo,s Foyer de Howard, pero como viajero para mi es gratis, eso si, subir todo 2 pisos cuesta. Recuerdo que llevo cerca de 70 kg, sumando los 20 de la bici.   No recuerdo ver un gran atasco sin el sonido de claxon, pues existe todos los días en Malacca. Lo vulgar de los sitios turísticos es ver sacarse selfies sin parar, pero lo histriónico de verdad es ver a una pareja musulmana ir con el palo de los selfies, no sé si me comprendéis. Lo entrañable es pasear por las callejuelas y ver la vida local a primera hora y entrar en los templos para ver los rituales. O pasear en bici por la noche, como hicimos con Howard todos los hospedados por junto al río y por callejones, haciendo paradas para fotos y sobre todo muchas anécdotas... Por cierto que me tocó ir en la bici sin frenos, qué sustos!     

  Hablar con estos ingleses de origen, o sea turistas, es complicado. Poco duran nuestras conversaciones, es más fácil con gente de otra procedencia. Hablando de hablar, dada la diferencia horaria con España, querer hacer videollamada obliga a que alguna de las dos partes duerma algo menos.  

  Dejo mi nota de gracias a Howard, como hago en cada país cuando no puedo despedirme en persona, y le felicito por su buen carácter. Tiene una bonita colección de bicicletas en esta casa un tanto vintage, pero a lo que no quito ojo es al mural de fotos de otros viajeros de todo el mundo...  

  Por fin dejó de llover! Ahora acabó la temporada de lluvias y serán esporádicas. Salgo en dirección a Port Dickson disfrutando de estas fachadas de mitad de siglo convertidas ahora  en Shop-house, abajo tienda comercial y arriba la vivienda. Son muchas de estas casas acabadas en madera y con grabados exteriores que nada tienen que envidiar a la famosa Jorker St.   El sube y baja de carretera no me lo esperaba pero se hace llevadero por las nubes y las empanadillas que compré en un "Stole", típico puesto de una mesa y sombrilla con comida en tuppers y todo casero, eso sí, frito y más frito, así están. Bueno, también tienen dulces. Por unos ringgits te llevas una buena bolsa para animar el pedaleo.  

  Llego a una playa pero no está en condiciones para el baño. Es una pena que este país viva de espaldas al mar, como turismo me refiero, aunque respecto a la pesca se preocupan más. Y lo hacen hasta el punto de cultivar gambas y otros bichos en aguas saladas artificiales tierra adentro, cual piscifactorías.  

  Entro en comisaría y allí están los  tres polis, dos durmiendo en el sofá y otro jugando en el móvil. Dudo pero pregunto. Me dejan acampar en la playa (es otra) que además está a la vista de la comisaría. Contemplo el mar tras haber hecho casi 100 km y escribo a un socio de WS.     Caray!   " vente ya ",   pues a Lukut que me voy. Jeff Wang me espera tomando una bebida de cacao caliente, muy habitual pero mejor en invierno. Será la única persona que habló más que yo. Me explica su vida, cómo dejó el tabaco, alcohol, sedentarismo, etc. y verle la cara con esa mirada de plenitud, de saber lo que quiere, y con esa confianza ayuda al que lo necesita, como hace con los viajeros en Coughsurfing y Warmshowers. Ahora disfruta la vida con su familia.   Coincidimos en muchas cosas así que le hago caso y me dirigo a su pueblo natal, Tanjong Sepat.

  Tan rodado salió todo que fue llegar y conocer a Tan. En cuestión de minutos tenía hospedaje, ducha y estábamos sentados a tomar el lunch. Era un restaurante vegetariano con buena comida china que pude probar durante dos días. Y comiendo con palillos, les sorprendió que dominase el asunto. Para comenzar espaguetis chinos, luego fruta exótica como la Nangka y el Ang mor durian y acabamos con un pastel de mango que pasaba por allí. Estaba en la gloria, además eran budistas, aunque como todo el país muy fumador. Menos mal que estaba resfriado por los ventiladores que tienen siempre por el calor y no olía nada.

  Otra sorpresa, conocer a Yap. Hay gente auténtica por el mundo capaz de dejar un puesto de trabajo prestigioso y bien remunerado por hacer otra cosa...

  Bebemos mucho té y ya estamos listos para la playa. Vaya, el bañador es de adorno, paseamos en la moto y vemos cómo los nativos subsisten con lo que pescan y tienen una vida simple en las casetas de madera.   Tanjong Sepat es un pueblo pescador al estilo de hace dos siglos. Son habituales las casas hechas completamente de madera. Me imagino lo que puede ser un incendio aquí. Al día siguiente lo descubro en Banting, por la noche el fuego arrasó tres shophouses pero sin heridos.   Estoy cerca de la capital, Kuala Lumpur pero me dirigo a Klang, donde me espera Raja, será el primer musulmán que me hospede. Estudió en Oxford y hasta visitó España. Con él también estaré muy a gusto.   Merendamos unos ricos fritos y bebidas refrescantes, pero ojo con el hielo no industrial, en Malasia el agua no es potable, siempre debe ser hervida o de botella con tapa azul. Conozco a su esposa, es una sorpresa que me hable y pregunte, me alegra y me explican que los musulmanes en Malasia son moderados.  

  Debía de tener morriña de televisión que me quedo hasta medianoche viendo pelis y cayéndome de sueño. Esta mañana toca hacer mi primer análisis control, es básico pero completo. Por lo que veo me mantengo en el peso desde julio, aunque la gente me ve delgado y es normal dado el esfuerzo, el calor y la no equilibrada alimentación. Todos los resultados son aceptables, además no tengo infección estomacal tras mi visita a la India y Bangladesh. Si acaso beber más, agua claro.   Es algo que no comprendo, pagar por beber agua, comprar botellas es algo inconcebible para mí. Primero contaminamos los caudales y luego la hipercloramos. Cuántos países tendrán guerras tan "sólo" por el agua.   Así que vuelvo a hacer como en Europa, pedir agua en las casas. En Kuala Selangor conocí a mis primeros "cacos" mientras merendaba y cargaba el móvil con el cargador solar. Uno me preguntó algo y el otro me intentó coger el teléfono. No hizo falta palabras y se fueron.  

  Le cuento la historia a Frankie, un policía que me invita a una casa donde viven varios colegas más. Es casi más un centro social donde se reúnen los amigos, y fuman sin parar claro, será porque no hay alcohol? Aquí la droga y el robo de coches y motos es lo habitual. La policía cuenta, al igual que Singapur, con la colaboración ciudadana.   Pruebo el ketun, una bebida hecha a base de hojas de una planta y que se supone aporta energía. Pero no se comercializa, creo que es por el sabor. Vamos a cenar en el coche, sin cinturón, y queda Quiscolina esposada a una moto, muy curioso! No sé cómo rinden, con tanto fumar y sólo durmiendo 4 horas cada noche.  

  En Malasia apenas veo buses pero sigo viendo muchas motos, lo malo es lo ruidosas que son y el humo que echan. Humo echaba yo al mediodía en Teluk Intan buscando dónde pasar la noche. El calor sigue siendo insoportable hasta para los malayos. Pero encuentro de casualidad a los bomberos, ya no me acordaba que son solución segura.    Les pillo comiendo y f... Tras esperar a que llegara el nuevo jefe tocan las clásicas preguntas. Nunca sé si el último en llegar es el jefe y soy afable aunque lo que necesito es descansar cuerpo y mente. Zul me aloja en una vivienda grande y simple, como en muchos otros sitios me piden disculpas por el sitio pero yo tan sólo pido algo de seguridad y techo.

  Me he dado cuenta de que ya no hago free camping, la sensación de inseguridad está ahí siempre, pero no es así como me gustaría viajar. Espero poder encontrar a otro viajero y seguir juntos. Dicen que los hay pero yo no les veo.   Los bomberos juegan a un deporte espectacular, el takraw. Es parecido al badminton por la pista pero se juega con una bola ligera que se puede tocar con todo menos con la mano.   

  Intento comer mejor así que voy a un supermercado enorme pero lo más difícil es encontrar comida de verdad.   Es temporada de mosquitos que transfieren el dengue que, junto con la malaria, no tienen vacuna. Ahora hay 3 hospitalizados, así me explica Zul. También me cuenta sobre las diferentes peligrosas situaciones que viven los bomberos, es curioso pensar que pueden estar días parados pero luego la guerra.  

  Cogo un desvío para llegar a un pequeño paraíso, Teluk Batek. Una playita recóndita con apenas gente pero de no recomendable baño. Al igual que en Bangladesh lo que flota no es salitre. Al fondo se ven muchos barcos y una zona industrial. Otros sí se bañan, como los musulmanes. Es para verlo, no se puede explicar.   De pronto llega el ejército. Una cantidad de monos atraviesa el resorte buscando comida, incluso en mi bici, parecen humanos.    Hay un puesto de vigilancia de la bahía y hay 3 turnos de trabajo. He preguntar a los de la medianoche si pueden guardar mi bici, entretanto a dormir. Me despiertan 2 coches a pocos metros, algo hacen y con prisa. Entre sueños oí irse al turno anterior, se van los coches y veo que no había llegado el nuevo turno. Traficantes?

 

  Son días en que bebo más agua de lo habitual. Madrugo mucho y he de empezar a pedalear de noche y parar a media mañana por el calor. Pedalear por carreteras secundarias trae silencio y sorpresas. Hoy me encontré atropellada a una cría de leopardo, que se suma a las habituales de iguana y serpientes.

  En Terong he de insistir para poder hospedarme en un colegio. Cuánto más cuestan las cosas más se valoran. Madi será mi anfitrión con su permanente alegría, no me faltará de nada.

  Las montañas son el telón de fondo de mi hospedaje bajo el foco de la luna. En este lugar estuvieron los japoneses décadas atrás cuando conquistaron esta zona asiática.

  Conozco los resultados de mi análisis y el resultado no es malo dada la zona por donde me muevo: mosquitos, comida y agua peligrosos. Sobre todo no tengo ninguna infección.

  Me quedo con los bomberos en Bangar Serai y comienza mi dieta sin fritos, carnes, más fruta y verdura. Malasia tiene un índice de obesidad brutal, prefiero comer en los locales chinos, muchos cocinan comida vegetariana.

  Me informan de que los bomberos sólo pueden hospedar una noche y salgo buscando lugar cuando casi anochece. Apenas 10 km y encuentro un templo hindú. No hablan inglés pero son amables y acampo. Es un Ashram como los que usé en la India.

  Ya estoy mejor de la congestión y lo agradezco pues salgo muy temprano y rápido para llegar a la isla de Penang. He de coger el Ferry a tiempo y llegar a la embajada de Tailandia para pedir el visado. Así sucede, por los pelos.

  Esta isla promete. Pequeña, histórica, turística, montañosa y con una fauna y flora propias. Lo primero es saber dónde pasar la noche. Muchas vueltas y vueltas hasta que llego a una zona de muchos templos hindúes, haré krishna, budistas...imposible. Sin saberlo me fui acercando al mejor lugar.

  Otra vez fortuna. Jeff me confirma que se puede acampar cerca del jardín botánico, al lado de la gran montaña con su frondosa vegetación y ciertos bichos autóctonos. Sin pedirlo, Jeff será mi anfitrión. Un gran amante del ciclismo e incomprendido por su familia. Tiene como mínimo cinco bicicletas para prácticar todas las modalidades.

  Me acerco a un centro de Raja Yoga a practicar meditación. Seguramente un buen hábito y muy recomendable hoy en día. Allí conozco a Yana y Alexei, una pareja rusa con un modelo de vida muy sencillo y os aseguro que muy feliz. Tal como decía Gandhi, " no posesiones ni apegarse a las cosas ", pues ellos se aproximan. Una pareja culta con unos hábitos alimenticios sanos y unos padres que me hicieron feliz teniendo en mi regazo a su pequeña de ojos azules muy despiertos.

  Estoy en Malasia pero son los chinos los que dan ejemplo practicando cada mañana muy temprano tai chi, footing y el contacto con la naturaleza. Aunque la zona está " domesticada ", pasear entre antiguos y autóctonos árboles con el sonido de extrañas aves, es un deleite. 

  Recogo el visado para Tailandia y, para mi sorpresa, dan a todo el mundo 2 meses de estancia y gratis. Parece ser que están de promoción invernal. A la salida me encuentro a un inglés en edad de jubilación con su bicicleta de viaje. Está a poco de culminar su viaje de vuelta al mundo en bicicleta tras 220 días.

  Sigo aprendiendo con los rusos. Esta vez dejaré la bici y el equipaje en la casa de Najib, tal como hacen ellos y muchos otros durante generaciones. Su abuelo y su padre ayudaron a muchos viajeros y parece que le hace feliz. Najib tiene siempre un semblante sereno y sonriente. Ahora jubilado vigila que los monos no hagan de las suyas. Si te despistas abren tus cosas y las llevan, o se ponen agresivos si no cogen comida.

  En principio me voy de la isla. Estoy invitado por Lilyn, la misma que me permitió estar en el Tree Houses, en aquellas casas de madera en los árboles. Como no coincidimos para quedarme en su casa insistió en pagarme un hostal y, por si fuera poco, me sumó a una cena a la que era ella la invitada en un original restaurante. 

  Poder usar WiFi ampliamente es un gustazo y después degustar muchos sabores nuevos...os podéis imaginar. Aunque esto del hospedaje cómodo se me hace " incómodo ".

  Lilyn es otra madre genial, sólo hay que ver a sus gemelos. 

  Diluvia en Tailandia así que como me sobra tiempo decido quedarme en la isla más días. De nuevo en el jardín botánico como en casa, cada día fauna nueva. Ver a los monos comportarse es como si fuesen humanos, tan sólo les falta hablar. 

  Esto es Malasia pero son los chinos los que siguen dando ejemplo desde bien pronto, antes de amanecer inclusive, haciendo deporte por estes lares. 

  Yana y Alexei son un pozo sin fondo de sabiduría. Hoy fuimos a una charla sobre educación impartida por una profesora canadiense, formar trabajadores o personas? Curiosamente estoy encontrando gente que elige la educación en casa con apoyo de alguna entidad. Cuan pocas cosas nos acordamos de nuestra época estudiantil!

 Se me rompió el soporte del asiento así que voy bailando pero el apaño puede servir mientras no llego a Tailandia. Por cierto que ya tengo Baths para gastar, he sacado aquí porque en Tailandia cobran doble comisión.

  No hay aburrimiento posible pese a estar en una isla. A partir de Kuala Lumpur hay numerosos templos hindúes, y aquí infinidad. Muy cerca están de celebración del tercer cumpleaños de un niño y del nacimiento de una niña. Los vestidos no desentonan con el templo y el ambiente es muy alegre. De hecho invitan a sumarse al convite así que disfrutamos de su comida vegetariana, más rica que en la India.

  Al día siguiente se suponía que decía adiós a la isla pero como estaban de ritual en ese templo acudimos. No entendía nada del sermón, muy largo por cierto, y me puse a leer el Baghavad-Gita, uno de los libros religioso-espiritual de referencia en el mundo.

  Último paseo por esta montaña, el silencio no existe pues el sonido de los riachuelos y el canto de los pájaros son la música de fondo, ah! y los petardazos del club de tiro a la entrada del jardín botánico.

  Es difícil irse pero uno sabe cuándo es el momento. Madrugo mucho, cogo el ferry y a pedalear. El tiempo es perfecto, siguen dando lluvia así que está nublado. Día anodino hasta que pregunto en comisaría dónde dormir seguro. Muy amable el oficial llama a un amigo que me viene a recoger. Es un musulmán recién divorciado y amante de los gatos, como muchos en este país, pero no comparto que los tengan en jaulas por su bien.

  Fairus se porta de maravilla, a poco estuve de ir a dormir a casa de Uá, acababa de " firmar " en comisaría.

   Últimos kilómetros para llegar a uno de los destinos más apetecibles del mundo, Tailandia. De momento agradecer a Malasia y a todas sus culturas el haberme hecho disfrutar estas semanas.

 

  Terima kashi!

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