Volver arriba

Iran III

  • 31 de agosto de 2016
  • 720 kms

Una de las habituales preguntas es si tengo familia, y claro, se sorprenden. Menos mal que ya no digo mi verdadera edad porque he de dar explicaciones en cada país. Así que cada día tengo una edad diferente. Pero lo de tener familia quien sabe a la vuelta. Ser padre entiendo que debe ser parte de un proceso de crecimiento y no una obligación social.

  Apenas vengo conectandome a WiFi una vez por semana gracias a que me acogen pero no es una necesidad. Dar señales de que sigo vivo y ver google mapa sobre todo.

  Oyendo algo de música y viendo cosas me voy acordando de ciertos momentos en mi vida. Ya sea de niño con la granja de la familia trabajando la tierra y pastoreando animales, la época escolar o la vida laboral. Me considero afortunado pese al inicio humilde. Fue la gente, la que me hizo crecer, sobre todo las mujeres. Así salió a la luz algo que tenía dentro desde siempre. Buscad también o simplemente estad a solas o en silencio y alguna vocecilla hablará.   

 La torta de maiz voló y la ensalada también. Me está saliendo barato el viaje. Me acabo de cortar las uñas, con lo guapas que las tenía, nunca así de lindas pese a lo difícil de su mantenimiento en ruta.

  Empezó mi dolor de cabeza tal vez por coger fruta ajena y me durará mis habituales 48 horas. Precisamente ese fue el tiempo que he pasado sin apenas novedades sociales o de interés hasta que Amir me alcanzó en ruta con su bici de montaña y me convidó a quedarme con sus amigos en Abhar. Dudo tan solo unos segundos en aceptar pero en estas situaciones a veces me pregunto si puede haber encerrona.

  Ya no me acordaba lo que era la carretera normal o mejor dicho local, un suplicio para la pobre Quiscolina. Tras aceptar un chai de camino veo que habrá que pelear de nuevo para entenderse en inglés/indio, es decir, ingles simple de párvulos y algo de farsi, atrás queda el turco ya definitivamente en esta parte del país.

  Los tres amigos viven juntos como solución al problema de su generación. Se quejan de la cadena de hechos: no trabajo, no dinero, no ocio, no novias y en general poca libertad. Más tarde otros niegan ese pesimismo pero su realidad es esa.

  Están cerca de la treintena y no se sienten musulmanes pero tienen sus buenas costumbres. Me reciben en torno a la alfombra y uno de ellos cuenta que se unirá al ejército y otro que sus padres están separados, y aunque al padre al menos lo ve ni recibe ayuda y se apoya en uno de los trabajos más hermosos que existen, apicultor. 

  Se dejan caer algunos amigos pero no tienen nada que hacer. Ven algún vídeo musical como los típicos de occidente, que son casi vídeos eróticos. Hay que entender que ellos no ven piel salvo la suya. Por ejemplo, el que tiene novia, por decir algo, la conoció por Instagram hace meses y aún no se han visto, y lo que queda. Están frustrados sexualmente.

  Se pasan horas jugando al black jack con las cartas y es triste verlo. Jugar-comer-jugar-charlar-jugar...

  Las comidas fueron variadas, empezando por la cena de " lubias ", si si, alubias con arroz, la comida con salchichas y sobre todo el delicioso desayuno de pan bárbaro con queso y la miel orgánica de Alí. Vale sus 10 euros el kilo bien merecidos, no sé si hacerle un pedido desde España. Le felicité por su labor y le dije que era un trabajo en el que podría aprender más de lo que cree. Creo que no me entendió.

  Al volver a la carretera creí haber perdido la cadena de Santa Teresa pero me dije, al menos les dará suerte a los chavales. Pero kilómetros después veo que está colgada de milagro como queriendo amarrarse al cable y no dejarme solo. Algo supersticioso me he vuelto, de hecho esa cadena se rompió 3 días atrás al caer la bici y fueron 2 días extraños.

  El viento me castiga pero siempre hay alguien que me distrae con las famosas galletas de chocolate habituales de aquí y algún chai. Hoy me superé, en vez de dormir junto a una autopista dormí entre dos. Y para empezar el día una jauría de perros ladrando cerca. Ya no me asustan, merodean y cuando me voy buscan algo.

  Menuda mañana rapiñando uvas, son pequeñas y sin pepitas. Un conductor me hace parar en el arcén y tras discutir del futboleo español y, pese a criticarle su mal gusto, me da 2 kg de melocotones.

  Voy en dirección a Teheran y veo a Naser en bicicleta de carretera y no es un espejismo. Recuerdo además que vamos por autopista. No sé porque dicen que es peligroso si los coches van a mayor distancia que en nacional! Otro día lo discutimos.

  Naser también quiere ir a Europa, como la madre de Parisa, los chavales y otros que contaré. El problema es el dinero, el papeleo y la espera para lograr el visado. Muchos además quieren ir en bicicleta y Naser es uno de ellos. Otra vez no me apetece parlotear y otra vez mi cura de humildad ya que es él quien me ayuda a tensar radios de las ruedas. No faltó el típico selfi y la importante información para coger dirección Qom y evitar entrar a la gran capital. 

  Están carísimas las sombras y a veces para comer hay que seguir bajo el sol y luego al parar compartir sitio con las hormigas. Todo un clásico en este viaje. Cuando voy a seguir veo arriba en la alforja un montón de pequeñajas en el bote de miel de Alí.

  Me impacta ver a una señora pidiendo bajo el sol, con la indumentaria negra y la mano extendida a la salida de una gasolinera. Luego humo negra y caravana, resulta que está ardiendo una furgoneta volcada. Será el inicio de unos días de sucesos en carretera.

  Parece que puedo dormir en blando, hay prados. Ni me lo creo. Pero están trabajando los dueños la tierra y no quiero sustos de noche. Malo será y arriesgo otra vez. Todo fue bien y tuve buena leña para cocinar pasta.

  Hasan parece un ligón italiano, con esa melena y ese descaro. Fue raro comer con ellos porque los hijos eran tímidos y la mujer solo hablaba si me dirigía a ella, mientras él fardaba de tener 2 esposas y saber karate. Luego, como tantos otros, encendió la bombona de camping gas y se puso a calentar un alambre que sirve para encender suavemente el típico cigarro largo de opio que tanto se ve a escondidas.

  Acerté parando ahí a comer porque luego era aridez y calor. Me daba mareo y bajada de tensión, ahí me gritó un obrero para darme agua fría. Esas providencias que nunca tienen explicación. 

  Llega el aeropuerto Homeini y el Desierto. Moralmente impacta porque se siente la vulnerabilidad. Tan solo las gasolineras ( muy distantes entre si ) y la gente son mi opción en estas carreteras. Anochece y no hay salidas. Por fin un camino pero no hay arena, es tierra dura compacta agrietada y llena de piedras que serán mi colchón habitual. Parece que estoy en un cráter lunar. Mañana será día de picnic ( viernes ) y espero mejorar de ánimo.

  El viento, por suave que sea, si es en contra y con desniveles te hace añorar estar en casa pero forma parte del juego. Ya veo familias sentadas y promete. Un desayuno clásico a las 9, a las 11 un pollo a la brasa, a las13 h otro aperitivo y luego ya la comida. Otra vez Tashakor! Gracias. 

  Hasta 5 carriles para los coches, me siento pequeño y paso la capital. Entre coches me ofrecen agua y sigo y sigo hasta que tengo que hacer el desvío más peligroso, de izquierda a derecha pasar 3 carriles. Espero paciente y salgo a tope como el niño que acelera en el triciclo. Respiro y cambia el paisaje, aunque lo que predomina son los niños en puestos de venta de flores al borde del carril.

  Vuelvo a acertar dónde parar a comer. Tras el peaje hay una zona arbolada y, sin tiempo a parar, ya me llaman a comer pan con queso fresco. Akram y su marido con la hermosa Chacame. Con 5 años aún puede lucir su espléndida cabellera.

  Gran conversadora Akram, puedo hablar profundamente y sin problema de idioma. Es musulmana y por lo que veo es compatible con ser moderna, intelectual y sociable. Aunque no me lo parece en otras mujeres en ella cambian los roles, ya que el marido cada vez que quería hablar nosotros seguíamos. Y Chacame un encanto, como siempre que me despido de las gentes que me convidan el saludo es prolongado " deivid gud bai ! " y arriba las manos. Tal como sucede 30 minutos después porque     me trae, sin haber hablado antes, un plato de arroz con pollo. Pero qué está pasando? 

  Alrededor un montón de familias a la sombra, alguna de 15 personas. De esta sale una pareja agarrada de la mano. Me agrada verlo pero me da la sensación de aburridos.

  Acampo junto a unas casas humildes, si es que lo son y claro, los perros ladran y se acercan de noche. A oscuras salgo de la tienda y busco a tientas piedras mientras oigo que se acerca otro perro que no había oído gruñendo. Lanzo piedras en su dirección y desaparecen para siempre. Otro riesgo.

  Sigo levantándome a las 6 de la mañana por instinto para evitar el sol. Y desde hoy con mayor motivo porque decido cumplir con dos invitaciones y serán días largos. Será providencial Milad en una gasolinera permitiéndome agua fria, WiFi, sombra, refresco y galletas. Pude coordinar con Mahmut y Atefeh las dos estancias y he de sobrepasar los 100 km cada día.

  Pensaba seguir pero a la sombra de una señal para Arij, ingeniero jubilado que pone en práctica el precepto musulmán de compartir. Con las veces que me han dicho que soy buena lo cierto es que no les llego a la suela del zapato. Invita a un conductor de camión que tuvo un accidente y está deprimido. Más arroz con pollo y pimientos picantes. Arij tiene una hija en Madrid y me da mucha agua, fruta y pastillas de calcio. Luego me adelanta y toca el claxon accionado por un inflador de bici, es un cachondo. 

  Toca una subida al sol pero luego la recompensa. Un coche me da avituallamiento tal como el Tour de Francia, paro a la sombra y otro me da refresco y me invitan a cenar tres empleados de TV un churrasco de pollo. También les doy mi teléfono aunque no sé si es conveniente hacerlo tan a la ligera pero están siendo amables conmigo. Están orgullosos de su historia, 2500 años frente a los 200 de USA. Además son agradecidos, a Dios, en este caso por la comida y vuelvo a hablar de religión. Nunca se ofenden y dialogan abiertamente.

  Ya se ve poco pero aprovecho a toda velocidad 20 km de bajada, arriesgando poder chocar o algo parecido. Luego voy más lento hasta que aparece un desvío y otra vez a descansar sobre piedras y cerca de ruido. Al menos ver las estrellas y la luna creciente hacen grata compañía.

  Oh no! Pisé las gafas. Esto de levantarse con poca luz...pero llevo repuesto. A por pegamento.

  Pues no había cruzado la cordillera. Menudo dPuesl sol con apenas agua. Tengo que enseñar la botella vacía pero no hay suerte. Entr en una plantación de granadas y me pongo las botas. Por fin agua! Luego para una familia francesa en coche y me llevo los siempre queridos pistachos y unos pequeñísimos caramelos de Toulouse. Menos mal que el viento me ayudó en subida, pero la súper bajada lo tuve en contra y fastidia tener que pedalear. Ni una sombra para comer y cumplir 120 km. Menudo desgaste! 

  Paro en el arcén enseñando las botellas vacías y ya tengo el agua necesaria para beber, cocinar y lavarme. Así es la vida del viajero. Cogo unas piñas de pino y cocino pasta. Disfruto la cena a la puesta de sol.

  Hoy último esfuerzo. Tras 5 días haciendo unos 115 km de media en estas latitudes, toca un empujón para llegar a Najafabad en Esfahan. Lo consigo tras deleitarme con un bizcocho que me ofrece una joven pareja. El primero que cato en ruta.

  Buf, entrar en estas calles bacheadas y este tráfico ya no es para mi. Ahora encontrar la casa...menos mal que la gente ayuda mucho y un vecino llama a Mahmud que será mi primer anfitrión con toda su amplísima familia. Luego me hospedará Ehsan a 100 km.

  Vacaciones...

 

A no ser que se indique lo contrario, los contenidos están bajo licencia de Creative Commons.

Estamos alojados con eCliente, que además de ser muy buenos en lo que hacen, son buena gente. La tecnología detrás de Rodadas

Rodadas está en la red desde mayo de 2005.

Aviso legal | Política de cookies