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La Transnevada, Segura, Cazorla y las Villas. La despedida

  • 17 de July de 2013

La Transnevada, Segura, Cazorla y las Villas.

De vuelta a Andalucía, en busca de la nieve.

 

La despedida.

 

Los años pasan, la vida también, a veces sientes la necesidad de explicar algo sobre ella, piensas que si así lo haces en ese momento quedará reflejado en algún lugar y haces eso, por lo menos en mi caso, por una razón obvia, por algo que me sucede y que probablemente le sucede a todos mis congeneres…

El olvido, el abandono de la memoria, la imposibilidad de revivir los mismos sentimientos o emociones que has vivido en un instante del tiempo, de tu tiempo.

Son muchos viajes, muchas vivencias en las que he y me he explicado muchas cosas, también he vivido muchas formas de finalizar el viaje, está será diferente a las anteriores porque a veces en la vida hay quien dice mucho más que lo que yo podría decir en mil vidas vividas.

Ese es el caso de una gran mujer, una gran escritora, una gran periodista. Descubrí a Ángeles Caso cuando como quien dice salía a la luz en su vida literaria profesional, leí una compilación de historias de amor de la que es autora de eso hace años, muchos años…

Esta es para mí su gran reflexión en este año, que hago mía, que me la quedo en un rincón del alma, esta es la despedida del viaje:

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Se puede decir mucho más en tan poco espacio?

Todo eso no solo lo hago mío.

Slow nació hace seis años, en el 2008, un año más, la muerte ha venido nuevamente a mis cercanías, un año fue mi cuñado, otro fue un tío mío, otro fue otro de mis tíos, otro fue mi suegro, otro mi padre, este… una amiga, compañera de trabajo que nos dejó muchas cosas, una de ellas una de las poesías que le gustaba, este año la despedida se completará con ese escrito en honor y recuerdo de quien murió buscando la nieve, la nieve le quito la vida, un alud nos quitó a una amiga, a una persona joven, a una compañera de trabajo, la nieve dejó vivir a sus acompañantes, a ella no la perdonó.

 

En las últimas despedidas suelo acompañar con un video la despedida del viaje, en esta ocasión se trata de un video que es un canto a la naturaleza, de eso ha ido este viaje que unía manchas verdes de nuestra geografía… naturaleza indómita que me esperaba allá en lo alto, el altiplano inconquistable, el pico más alto de esta minúscula parte del mundo, naturaleza verde que debiéramos no solo cuidar, también agrandar para los que vienen tras nuestros pasos… ni tan solo podemos imaginar lo difícil que ha sido el poder tener hoy en día tan solo uno de esos pequeños y maravillosos espacios que existen.

Dedicado a ellos, también para vosotros.

 (Training by Elmara )

 

http://www.youtube.com/watch?v=mFAZFeJameI

y con otro que acompaña ese desparrame de sinceridad y es que…

 

lo sabemos: existe otra vida.

 

http://www.youtube.com/watch?NR=1&feature=endscreen&v=W8vGqRGCkh8

 

Tan solo me queda añadir lo que siempre acompaña a este último escrito y que los que han leído otros viajes conocen: se llama pasión.

La pasión de viajar, la pasión queriendo seguir existiendo, no queriendo entender que su tiempo nuevamente ha acabado en este ya tórrido verano, no queriendo ni tan solo escuchar que deberá nuevamente esperar que un nuevo día, cuando el frío real y patente en la meseta castellana podrá emerger nuevamente para acompañarse de su mejor amiga, de su aliada, de la vida o lo que es lo mismo: del vivir.

Vivir para morir.

La pasión

La pasión es viajar.

 

Este es el escrito tomado prestado de Raquel, traducido al castellano.

Estad bien, estamos separados por un cristaly lo tenemos tan cerca de la cara que a veces se empaña. Pero es gracias al vidrio que nos podemos ver porque sin él no soportaríamos estar tan cerca

Estad bien, no dejeis que el vidrio se os empañe demasiado, si pudiera lo atravesaría y vendría hasta vosotros pero ahora solo podeis dejarme mensajes en el vidrio empañado,

 

Estad bien, es lo que escribo una y otra vez cada vez que se borran las letras por la humedad de vuestra propia respiración. Cuando creais que ya no podreis aguantar más, cuando creais que sólo hay cristales entre vosotros y el mundo, cuando el vidrio se os haya empañado tanto que ya no veais nada: escríbirme con el dedo alguna cosa con todas vuestras fuerzas como si pudiera leerla, con todas vuestras fuerzas como si pudiera responderla.

 

(Este texto, escrito originalmente en singular, era uno de los más queridos por Raquel, iba dirigido a ella pero ahora parece como si fuera ella la que nos lo lee a nosotros.)

 

 

 

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