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De Alhucemas a Melilla

  • 2 de January de 2014
  • 143 kms

Esta etapa, que fue muy larga, la hicimos toda por carretera: 143 kilómetros con un desnivel acumulado de 1650m, aunque con pendientes muy suaves. Para poder realizarla salimos antes de amanecer, llegando a Nador de noche pero gracias a que el camino restante estaba iluminado pudimos llegar a Melilla.

Al poco de salir paramos a tomar un té en Ajdir o Axdir, la que fuera patria chica de Abd-el-krim. Abd-el-krim fue el jefe de la cabila (tribu) de los Beni Urriagueles. En 1921 logró unificar bajo su mandato a gran parte de las cabilas rifeñas y derrotar a  las tropas españolas en el conocido como “Desastre de Annual” donde se estima que perdieron la vida unos 10.000 españoles. Llegó a fundar  y dirigir la república independiente del Rif hasta su derrota a manos de españoles y franceses en 1926. Acabó sus días exiliado en Egipto.

 

Desde la bahía de Alhucemas pudimos observar otro de los enclaves españoles en la costa marroquí, el peñón de Alhucemas, donde aún se conserva otra guarnición militar al igual que en el peñón de Vélez.

Tras cruzar el cabo Quilatés se nos presentó una llanura con una curiosa formación geológica a modo de cárcava o barranca.

pasada la bahía de Alhucemas

En Thazaghine paramos a reponer fuerzas y a reparar unos pinchazos. Desde allí parte la carretera que nos hubiese llevado a Annual y que no tomamos.

mezquita

Durante todo el camino los nombres de los carteles  como Dar el Kebdani, Nador o el Atalayón y otros que vienen a la memoria como Annual, Abarrán, Igueriben,  monte Arruit, o Zeluan hacen que a uno le vengan a la cabeza las penalidades que tuvieron que pasar los soldados del ejército español en esa atropellada huida de más de 130km hasta Melilla, en la que tuvieron que beber sus propios orines, sin  apenas comida y en la que muchos dejaron la vida; o en esos pobres lugareños que  para vengar la afrenta fueron bombardeados con gas mostaza. Otra absurda guerra, en este caso, provocada por los militares “africanistas”, que buscaban ascender a marchas forzadas,  y por algún rey irresponsable que condenó a muchos jóvenes a pasar tres años de su vida, en el mejor de los casos, en lo que se llamó el protectorado español (1912-1956) y que no dejó de ser una conquista a golpe de fusil y “pensiones” en la que se perdieron muchas vidas (la mayor parte por enfermedades pues los soldados estaban mal alimentados y peor vestidos) y se invirtió mucho dinero. Todo ello no logró mejorar la vida de los españoles ni la de los rifeños.

Antes de llegar a Nador la triste realidad me sacó de mis pensamientos. Nos encontramos con un grupo de subsaharianos que tras haber recorrido cientos de kilómetros y haber pasado decenas de penalidades se jugarán la vida, saltando una valla criminal o cruzando el mar en una patera, para buscar una vida mejor en Europa. Eso, y no el camino recorrido en bici, nos dejó sin habla.

Atravesamos un caótico zoco en Segangán que se encuentra unido a Nador y desde allí nos dirigimos a la frontera que cruzamos fácilmente, a diferencia de los que tienen otro color de piel u otro pasaporte. Esto me lleva a reafirmar que las fronteras solo sirven para defender los privilegios de los que están en el lado rico.

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