Volver arriba

Miguel Ángel y el Renacimiento

Última actualización: 7 de agosto de 2020. Escrito por Alicia y guardado en Reflexiones variopintas

David de Miguel Ángel
Miguel Ángel Buonarroti nació en 1475 en Caprese, muy cerca de Florencia. Hijo de una familia acomodada, tuvo sin embargo una infancia gris. Su padre, funcionario al servicio de los Medici, tenía para él planes que chocaban frontalmente con su vocación artística. Esperaba que fuera a la escuela y se formara como humanista para llegar a ser un buen administrador. Consideraba a los artistas meros artesanos, al nivel de un zapatero.

La madre de Miguel Ángel murió cuando éste tenía seis años. De salud delicada no pudo amamantarle y hubo de confiar su crianza a un ama hija y esposa de canteros, algo que Buonarroti siempre consideró como su primer contacto con la piedra.

A los 13 años entra en el taller de pintura de Ghirlandaio, en Florencia. A su padre le presenta los hechos consumados, lo que no evita que monte en cólera. Desde joven muestra signos de un gran talento y desarrolla un estilo muy personal. Dos años más tarde, mientras dibuja las esculturas de la colección Medici conoce a Lorenzo el Magnífico que desde entonces le toma bajo su protección. Gracias a Lorenzo entra en contacto con la escuela neoplatónica algo que marcará su obra. A los 26 años concluye el David, obra que significará su consagración como artista.

La última escultura de Miguel Ángel data del mismo año de su muerte, que acaece cuando está a punto de cumplir 90 primaveras. Durante su larga vida esculpió, pintó y diseñó edificios que son hitos en la historia del arte occidental. Entre ellos el Moisés, la Pietá del Vaticano, los frescos de la Capilla Sistina, el primer proyecto de la iglesia de San Pedro en el Vaticano…

Además de por su talento, Miguel Ángel era famoso también por su mal genio. Su irascibilidad y sus prontos iracundos eran legendarios y le valieron numerosas enemistades, entre ellas una antipatía recíproca hacia Leonardo da Vinci. Nunca se casó, quizá porque le gustaba en exceso la soledad o quizá porque, como dicen las malas lenguas, su gusto por los efebos superaba con mucho aquel que tuviera por las damas. Sin embargo fue notoria su apasionada amistad con la poetisa Vittoria Colona, que intensificó su sentir religioso.

Ascanio Condivi, su biógrafo, le describe como un hombre de buen aspecto, de cuerpo huesudo y musculoso, sano tanto por el ejercicio corporal como por el estilo de vida, muy sobrio. De piel rosada y altura media, ancho de hombros y cuerpo enjuto. El semblante redondo, con frente cuadrada y cráneo más ancho que las orejas. La nariz aplastada a causa de la pelea con Torrigiano y los labios finos, con el inferior más salido. Pestañas ralas, ojos pequeños y negros, iluminados por chispas amarillas y azules. El cabello negro con un amago de calvicie y la barba negra bifurcada, de cuatro o cinco dedos de longitud.

 

¡Compartir es vivir!

← Anterior Siguiente →
 

Los comentarios están cerrados.

← PUBLICIDAD

Cuando uno advierte que la vida es insignificante, bien se suicida, bien viaja

— Edward Dahlberg

A no ser que se indique lo contrario, los contenidos están bajo licencia de Creative Commons.

Estamos alojados con eCliente, que además de ser muy buenos en lo que hacen, son buena gente. La tecnología detrás de Rodadas

Rodadas está en la red desde mayo de 2005.

Aviso legal | Política de cookies