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Vuelta a casa

Última actualización: 7 de agosto de 2020. Escrito por Alicia y guardado en 2005 - Europa


Km 0: para nosotros era el 4530

El martes toca subir la última “tachuela” en nuestro camino a Madrid: el puerto de Navacerrada. El día de descanso nos ha sentado fatal y en la Granja, a tan solo 15 kilómetros de Segovia, tenemos que parar a comer y descansar un rato. Se nota que nos acercamos a la capital del reino por los pitidos que recibimos de los conductores. Alguno nos suelta sandeces del tipo: “Vete al arceeeeen”. Parece que nos hicieran un favor por permitirnos utilizar “su” carretera. El puerto es precioso, con sus siete revueltas entre un bosque de pinos que huele a seco.

Una vez superados los 1800 metros entramos de lleno en la Comunidad de Madrid. Nos gustaría sacarnos una foto con el cartel pero parece que alguien se lo ha llevado de paseo. En fin…

Bajamos el puerto en busca de la zona de acampada de la Pedriza, en Manzanares el Real. El retén de bomberos voluntarios nos informa que ya no existe tal. El sitio en cuestión se había convertido en un botellón continuo que ya no se podía tolerar. Nos desvían al camping de Manzanares que por supuesto está al final de la cuesta. Es el camping más caro del viaje y no precisamente el mejor: 17 euros la noche.

Intentamos madrugar pero no hay manera: se está demasiado a gusto en el saco. A las 10 por fin tenemos todo recogido. Desde Manzanares a Colmenar por la carretera y luego el carril bici. Nos cruzamos con muchos ciclistas que disfrutan de un día soleado y sin a penas viento. A lo lejos vemos ya la boina marrón que cubre la capital. Nos emocionamos y empezamos a sentir los nervios del regreso.

El carril bici sigue unos cuantos kilómetros más y nos deja colgados en medio de la autopista, en la salida del pueblo de Fuencarral. Tenemos un cabreo monumental: parece que en vez de la alternativa lógica a los coches fuéramos unos parásitos que no hacen sino incordiar al medio de transporte por excelencia. Coches que nos rodean y bloquean en un atasco que nos retiene una media hora más cerca de Plaza de Castilla (a quien se lo cuentes).

Bajamos la Castellana por la via de servicio suscitando miradas vacias entre los hombres y mujeres de negro. Particulares “ladrones del tiempo” que pueblan la ciudad y nos recuerdan la vida que dejamos aquí. En la carrera por llegar a la Plaza Mayor perdemos de vista a nuestra preciada Casiopea. La recompensa son unos bocatas de calamares en compañía de los amigos que pudieron escapar de sus obligaciones aunque fuera un rato. Besos y abrazos, algunas fotos y nos disponemos a recorrer los últimos 10 kilómetros hasta casa de Alicia y 25 a la de Álvaro. Ahora, como ya nos dijo Mariano, enseñar fotos, reflexionar sobre la experiencia y soñar con la próxima aventura.

Gracias por seguirnos hasta aquí y un abrazo.

 

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Comentarios Un valiente ha comentado

  1. Robert dice:

    ¡¡¡ Bienvenidos a los madriles !!!

    Es increíble la hazaña que habéis realizado. Me alegro muchísimo que lo consiguierais. Tiene un meritazo increíble. Y es una experiencia que pocos pondrán contar, felicidades. Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo siguiendo vuestro viaje y vuestras aventuras, bueno seguro que más.

    Después de esta aventura ya sólo os queda el infinito y más allá.

    OLE, OLE, Y OLE POR VOSOTROS.

    Besos y abrazos

    P.D. -> Ali se te ve estupenda.Y a ti Alvaro se te veia muy guapeton con el pelo corto. 😉

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