Desde puente Duero hasta Valdestillas, ya transitando este camino por un bonito y difícil pinar, y ya en pleno Camino de Santiago para los que proceden de Madrid, empiezo a cruzarme con los primeros peregrinos, unos a pie y otros en bicicleta. La Tierra de Pinares es una zona difícil de atravesar para los que vamos con bicicleta algo cargada, pues cada dos por tres la rueda delantera se nos atraviesa, nos derrapa la trasera, o simplemente se hunde en la arena, lo cual me levó a hacer bastantes esfuerzos por avanzar en este terreno. En todo momento fui acompañado por el bajo río Eresma, el cual a su vez me acogió en su ribera para pasar la noche. Hacía tiempo que no dormía al raso, y descanse mal, por unas cosas o por otras, me despertaba de vez en cuando. La noche discurrió con una delicia de concierto faunil, donde antes del anochecer los cucos no cesaban con su canto, en su empeño de distraer a las celosas hembras de urraca y otras especies, para que abandonando su nido en persecución del pesado cuco, la hembra de este, pusiera su huevo en nido ajeno. Los ruiseñores no pararon en toda la noche, así como los autillos, que aguantaron hasta bien entrada la noche. Se escuchaba en la lejanía algún que otro chotacabras, y algún zorro, ladró alguna vez. Fue una corta noche que me gratificó al amanecer con la huida de un corzo, asustado por unos perros, cuando aún estaba desperezandome fuera de la tienda.
La mañana me empunto hacia Alcazarén, y de aquí hasta Coca, población celebre por su castillo, por mas zona de pinares y hasta un barrizal provocado por un lugareño, el cual debido a su excesiva generosidad en el riego, inundo la cañada por la que discurría parte de la ruta. ¡Es que sois tontos! me decía el abuelo de una finca colindante que generosamente me proveyo de una buena manguera para lavar bici y alforjas, ¡sois tontos!, vosotros que llevareis móviles y esas cosas, teneis que llamar a la guardia civil y que le denuncien, que no se puede regar un camino público.... buena razón tenía el hombre, y yo no era el primer y último ciclista que le fue con estos problemas segun contaba.
Después de la empinadísima subida a Coca tras pasar el último pinar, donde algunas personas recogian la resina producida por estos árboles, me acerque hasta un restaurante, donde al preguntar por el menú del día, éste me hizo acordarme de mis compañeros ciclotriperos y soidarizarme con su causa. La espera (era temprano) me hizo beberme un tinto de verano en vaso de chikito, y que bien entró,así como el segundo durante la comida. Esto hizo que la siesta posterior me supiese a poco y que el tramo siguiente desde Coca hasta Nieva, lo sufriese bajo los efectos del vinacho y de la calorina que caía. Fue por carretera como bien recomendaron otros dos peregrinos en bici y tres a pie, ¡hay mas arena que en el desierto!, juraron.