El húmedo amanecer me despeja rápidamente la mente, es un chaparrón pasajero que en menos de 10 minutos deja paso de nuevo a la tranquilidad de las nubes.
Asciendo por una carretera que me acerca a la que imagino la parte más dura de todo el viaje, el Cap de Creus, al tiempo la más deseada. Dejo atrás el Port de la Selva, sus casas blancas, su multitud de gatos y mi hotel de mil estrellas y alguna nube ya sin agua.

Vecinos gatunos
Tengo intención de bordear el cabo, llegar al faro, descender hasta Portlligat y de ahí llegar a Cadaqués. Tengo un pequeño mapa confuso de letras diminutas en el que se aprecia un camino marcado como GR 11, va muy próximo a la costa, es el mío, estoy segura, yo voy siguiendo la costa.
Consciente de que probablemente en algún momento me toque poner pie a tierra, me preparo para la dureza del recorrido. Sé que a Cadaqués se puede llegar por una carretera interior de apenas 13 kms, pero yo no tengo prisa y nada importa, sólo no perder de vista el mar Mediterráneo al que he venido a conocer.
Persigo al Mediterráneo adentrándome en lo más profundo del cabo. El Cap de Creus, es un sube y baja interminable que se me antoja como un papel arrugado que nadie se ha tomado la molestia de estirar.
Al principio la pista está en buen estado pero poco a poco se va estrechando, de camino veo indicaciones que no vienen en mi mapa, pero a mí me da igual, yo sólo tengo que seguir el aroma del Mediterráneo. La pista se estrecha cada vez más, me resulta divertida, me gustan las pistas, mantengo el equilibrio dando saltitos, Tulipana no protesta y Prat está en su ambiente, es una pista bonita entre pinos y encinas, el tiempo parece que aguanta y las marcas blancas y rojas confirman que estoy en el camino “correcto”.

Anuncio GR11
Sigo las marcas blancas y rojas del “camino correcto”, y el camino se hace sendero y el sendero a veces casi desaparece, a veces echo pie a tierra y empujo, a veces empujo y la bici casi no se mueve, a veces Tulipana se va directamente a tierra. Cruzamos un río, pillamos una gran piedra y una de las alforjas salta literalmente por los aires, mal asunto cuando una de tus alforjas prefiere suicidarse a continuar ruta contigo, es la alforja en la que va subido Prat, con lo que creo que él ha sido el artífice de la maniobra.

Tulipana: "¿Falta mucho? Estoy cansada, ¿cuándo llegamos? ¿Todo el camino es así?
A lo largo de mis ratos de “bici-trekking” le voy dando vueltas a ese GR11, me suena ese número, mucho, pero no recuerdo su nombre…me entretengo descartando GRs, hasta que la luz viene a mi mente. ¡TRANSPIRENAICA! Y en un ataque de risa y cansancio me pregunto en que estaba pensando para no darme cuenta de que me estaba metiendo en la Transpirenaica, ruta que he querido hacer, ¡a pie! porque…¿Cuántas veces habremos dicho aquí que no es ciclable?
Bien, pues sigo contenta, oye, ya tengo un pedacito de la Traspirenaica caminado, y así casi sin enterarme. Llega un momento en que la pendiente es tan pendiente que no puedo con la bici, literalmente, no tengo fuerza suficiente para cargar con la bici cargada. Con el mejor de mis humores, como si fuera una mujer asiática cargando agua del río, una y otra vez, voy dando vueltas con mis pertenencias. Es un tramo pequeño, pero agotador. Al final un murete, aaaalejop y….¡Salvación! o eso creo…

GR11
Siento voces, muchas voces, miro al horizonte, hasta ahora sólo he escuchado algún grito y los disparos de los cazadores, pero ahora siento voces muy cercanas…pienso que igual es el cansancio, pero no, miro al horizonte y justo por mi camino se aproxima una marabunta de unas cincuenta personas. Cuando llegan los primeros me notifican que en el suicidio colectivo de mis pertenencias también mis mallas han decidido descansar junto al río, pasan la voz los cincuenta, pero el último se olvida de cogerlas. Y de nuevo, como la mujer asiática, doy otro viaje hasta el río.
Estoy en un cruce de caminos, “susto” o “muerte”, la continuación del GR hacia Cadaqués o una pista firme y sin destino que parece desandar mis pasos (mis pasos y alguna rodada eventual)
Mis 50 nuevos amigos, que dicen conocer la zona, me “confirman” que ese tramo del GR es ciclable, pregunto y re-pregunto, responden y re-responden. Elijo pues continuar por el GR, con la seguridad de la respuesta local.
Al principio la pista está en buen estado pero poco a poco se va estrechando… La pista se estrecha cada vez más, me resulta divertida, me gustan las pistas, mantengo el equilibrio dando saltitos, Tulipana no protesta y Prat está en su ambiente, es una pista bonita … ¿os suena verdad?

Hacia abajo el camino "ciclable"
El camino deja de ser camino justo cuando me doy cuenta de que estoy sin teléfono, el resfriado se ha extendido y mi teléfono no responde a estímulos. Mientras el cielo adquiere por momentos colores dramáticos que presagian lluvia, mi sensatez me obliga a desandar mis pasos.

La que va a caer
Vuelvo al cruce de caminos, para elegir la pista sin destino…