A raíz del hilo abierto por tanketa para presentarnos a su bonita plegable, y de todo lo escrito sobre los comentarios que suscitan estas bicis entre los ciclistas, se me ha ocurrido colgar esta crónica que escribí hace más de cuatro años para la revista Pedalier. Me acababa de comprar la plegable de carretera y no se nos ocurrió mejor forma de estrenarla que haciendo la Quebrantahuesos (205 km y 3.300 m de desnivel acumulado). Fue una experiencia preciosa y muy divertida, por todos los comentarios que oíamos entre nuestros compañeros de fatigas. A ver si os gusta
LA QUEBRANTAHUESOS EN BICIS PLEGABLES
La Quebrantahuesos en una plegable… ¿quién me iba a decir a mí hace tan sólo un año que la iba a hacer de este modo? Todo empezó cuando mi pareja se compró una bici plegable. Vivimos a 500 km de distancia y los dos somos muy aficionados al cicloturismo, de modo que cada vez que yo voy a Sabadell o él viene a Pamplona, las bicis nos acompañan. Nos gusta usar el transporte público en nuestros viajes, y la difícil relación bicis-transporte público queda solventada con las bicicletas plegables. Un año después de enamorarme de su preciosa Dahon amarilla caí en la tentación y me compré otra.
Yo le había hablado mucho a mi pareja de la QH, del gran ambiente que se forma, de lo emocionante que es recibir el apoyo del público en las cimas de los puertos, de los paisajes tan espectaculares por los que discurre la marcha… y a él, poco acostumbrado a la carretera ya que lo suyo siempre ha sido la BTT, le picó el gusanillo y un buen día me dijo, “oye, Amaia, ¿qué te parecería ser la primera pareja que hace la QH en bicis plegables?…” Yo, mientras pensaba “pobre, está loco…” le dije, “¡vale!”, y nos empezamos a preparar, él con su plegable y yo con mi bicicleta convencional de carretera, ya que la ansiada Dahon se hizo de rogar (¡la recibí tan sólo una semana antes de la marcha!).
Y por fin llegó el día D y la hora H. Sabiñánigo, 23 de junio, 7,30 de la mañana. Miles de bicis espectaculares por todas partes, piernas finas y depiladas a diestro y siniestro, nervios, maillots de todos los colores imaginables, y a nuestro alrededor miradas sorprendidas…
“Pero, ¿vais a hacer la QH con eso?”
Comienza la aventura. Salida nerviosa, paseo triunfal por las calles de Sabiñánigo y volando hacia Jaca sin grandes problemas. Estas bicis obligan a llevar una postura más incorporada que la de una bicicleta convencional, y por eso no son muy amigas del viento en contra, pero dentro de un pelotón se desenvuelven de maravilla, ya que son muy maniobrables.
“La ostia, ¿has visto eso?, jajaja, ya veremos cuando lleguen los puertos…”
Estamos ansiosos por empezar a subir, así que nos alegramos cuando llegan por fin las primeras rampas del Somport. Intento frenar a Kim, se encuentra con ganas y ya sabemos que en este puerto hay que guardar fuerzas. Pero la verdad es que es difícil frenarse con estas bicis, ya que tienen vocación escaladora. Llegamos al primer avituallamiento entre miradas atónitas, reponemos fuerzas y… ¡a coronar Somport!
“¡Aupa neska, tú sí que vales!”, “ostia, tú, ¿has visto que bicis más pequeñicas?”
Descenso rápido, disfrutando y descansando. Las ruedas pequeñas nos permiten trazar bien las curvas y sin darnos cuenta nos encontramos en las primeras rampas del Marie Blanque. Yo me encuentro bien, pero empiezo a sentir que mis músculos notan el cambio de postura (sólo he hecho tres salidas cortas con mi nueva bici), así que cojo un ritmo tranquilo para afrontar los cuatro últimos kilómetros mientras veo cómo Kim va alejándose de mí y adelantando a ciclistas.
“¡Ey, mira lo que te pasa por la derecha, la ostia, pero si por la izquierda viene otra!”
Nuestras bicis llevan tan sólo un plato del 53, lo cual desconcierta mucho a quienes adelantamos, ya que no saben que en el buje trasero llevamos un desmultiplicador que hace las veces de triple plato.
“¿Pero has visto a ése cómo nos ha adelantado?, ¡con un plato, qué huevos!”, “Ostia, yo me retiro, ¡me acaba de adelantar un triciclo!”
Coronamos el Marie Blanque, mis músculos se quejan pero estoy feliz, y sonrío mientras Kim, que me espera arriba, me saca una foto para la posteridad.
“¡Olé tus cojones!, uy, perdón, ¡olé tus ovarios!”
Paramos en el avituallamiento, entre bocado y bocado no dejamos de dar explicaciones a mucha gente que nos pregunta, curiosa, por nuestras bicis. No están pasando desapercibidas, eso está claro. Continuamos la marcha y, tras un divertido descenso, comenzamos el temido Portalet. Yo sospecho que este año se me va a hacer más duro que otros, pero tras unos primeros kilómetros incómodos me voy encontrando mejor. Los grandes pelotones del principio han dejado paso a los corredores diseminados de ahora.
“¡Anda tú, aún existen bicis de ésas!”
El Portalet se hace largo, pero el paisaje compensa todo el cansancio (lástima que haya tanto coche). En los últimos kilómetros de la subida todavía queda gente animando en las cunetas, ofreciendo agua, fruta… y cuando nos ven subir con las plegables no paran de animar. Coronamos con una sonrisa de oreja a oreja.
“¡Vosotros sí que tenéis mérito!”, “¡lleváis las bicis más bonitas de todo el pelotón!”, “¡Aupa txapeldunes!”
Rápido descenso, nuevo avituallamiento, más explicaciones a los curiosos y… a encarar la última tachuela. Desarrollo blandito para no cargar más todavía los músculos, y ya está, hemos conquistado la Hoz… Bajamos con precaución y afrontamos con tranquilidad los últimos kilómetros hasta Sabiñánigo. La meta nos espera, queda ya poca gente animando pero es igual, nuestra satisfacción es tan grande que no podemos dejar de sonreír. ¡Pííííííí…pííííííí!, los chips dejan constancia de que hemos cumplido con nuestro objetivo. Kim y yo nos miramos sonrientes, chocamos las palmas, nos damos un beso y pensamos ¡lo hemos conseguido!
Este año me he cansado más que en otras ocasiones, he invertido dos horas más de tiempo en terminar, he llegado a meta con todos los músculos de mi cuerpo doloridos, pero me he divertido como nunca. Cada uno tiene sus propios objetivos personales, conseguir medalla de oro, rebajar el tiempo de otros años, quedar entre los mil primeros… el nuestro era terminar juntos la QH con unas bicicletas plegables. Objetivo cumplido.
“¡Ostia, qué bicis más bonitas, yo quiero una!”