¡Uf! Vuelvo a leer el post de María, me emociono como un tonto y tengo los ojos húmedos. La lección del carpe diem es tan sencilla de aprender como de olvidar.
Yo lo sé muy bien pues llevo viviendo tiempo prestado desde hace unos cuantos de años. Cada vez que me da un pequeño mareo o noto algún malestar nuevo, inesperado, me echo a temblar y me rebelo: "No ¡todavía no! aún no he vivido lo suficiente". En esos momentos siempre pienso en el precioso tiempo malgastado y me hago propósitos de aprovechar a tope el que me quede si la vida me concede un poco más ¡Qué poca importancia tienen de repente los enfados, las vanidades, las obsesiones estúpidas!
Pero luego... ¡es tan fácil olvidarlo!
Mientras yo disfrutaba en nuestra kedada, mi esposa, esperaba en casa la noticia final sobre uno de sus primos, muy querido para ella. Llevaba "sedado" desde el viernes. Ayer por la noche dejó de sufrir. Sólo unos meses duró su lucha.
Si lo vemos tan claro, con tantos avisos y ejemplos ¿por qué somos tan necios y olvidamos tan fácilmente esa lección?
maria, eres una mujer de caracter ¡ánimo! Aunque a veces hay que aceptar las cosas como son, lo que sí sé es que en momentos así, quien sufre necesita sobre todo alguien que le acompañe. Lo peor de cuando estás en un trance así es que la gente se aparte con miedo o porque no saben qué hacer o cómo reaccionar. Te quedas solo cuando más apoyo, compañia y consuelo necesitas. Hiciste muy bien en distraerla y animarla.
Cuando yo estaba en el hospital con la cabeza vendada como un faquir y nadie daba un duro por mi pellejo, vinieron a verme algunos compañeros. Como bromeaban y reían, una señora les increpó diciéndoles que "guardaran respeto porque allí había mucha gente sufriendo" y yo, que era uno de los sufrientes, le respondí: "en efecto, señora, sufrimiento es lo que sobra en este lugar. Y alegría, lo que más se echa en falta".
Gracias maria por tu llamada de atención.