Cuando nací no había nada llamado terrorismo si bien es cierto que ya se larvaba un lacra consistente en despreciar la vida humana y la libertad humana en contraposición a las ideas.
Cuando tenía uso de razón, leia y escuchaba historias de otros paises que deseaba que existieran en el mío.
Como adolescente, corrí delante de los grises, a los que ví a caballo dentro del vestibulo donde estudie la carrera universitaria, los mismos que dispararon pelotas de goma en ese vestibulo, que disparaban esas mismas balas de gomas contra una cubierta que era un voladizo para, rebotando, dar a los estudiantes que estaban tendidos en el suelo de la terraza que ese voladizo cubria...
más adelante, llegó la democracia, una democracia imperfecta, manifiestamente mejorable, con sus errores, algunos tan detestables como el error que era y ha sido el terrorismo
creí en aquellas ideas que los que las pronunciaban fueron los primeros en traicionar
creí en los que se autoprocalmaban defensores de aquellos a los que primero vendieron
creí en muchas cosas...
pero sin en algo creí fue en los muertos.
recuerdo una canción de mecano que hablaba de ellos, de los muertos.
no tiene perdon la tortura, menos perdon tiene la muerte
no me refiero al perdon de la sociedad, me refiero al perdon de los familiares, de los amigos, del difunto.
nada es peor que la muerte, nada tiene valor frente a la muerte, la vida es lo más importante que tenemos.
vi, suficientemente cerca el atentado de Hipercor, supe del atentado de Vic.
Lo más triste de esos dos atentados fue, que se debieron de producir para despertar las conciencias, hay quien, a pesar de ellos, aún piensa que a nosostros no nos puede pasar, nosotros somos diferentes...
lo que ha ocurrido es lo mejor que puedo escuchar, ver y creer.
solo hay dos cosas que quisiera ver antes de morir y la otra es la terminación de un templo expiatorio, Sagrada Familia se llama.
espero de corazón que sea el principio del fin
Que miran esos cerebros,
Que buscan esas alas...