¡Oh cielos!, ahora que veo a Beapiés por estos pagos me viene a la mente que en la reflexión sobre el saludo suscitada por sire jofegaber, tan sólo hicimos mención a los chicos. Olvido inexcusable e imperdonable. Imploro que seáis magnánimas con este pobre desdichado, ¡oh diosas del Olimpo!, ¡oh ninfas!, ¡oh pléyades!, ¡oh musas! y que me administréis una muerte rápida e indolora por tamaña felonía.
(A poder ser en mi lecho y bien acompañado, ¿vale?).
La cuestión se plantea en los siguientes términos: ¿hemos de saludar a una ciclorulista cuando nos crucemos con ella?
Al igual que en el caso anterior, primero será necesaria la presencia de un interlocutor, un receptor del mensaje.
Dependiendo de la apariencia física de la otra parte y de su indumentaria, así como del estado carencial del comunicante, quizá aquí se pudiera admitir el monólogo, la cita con Onán, pudiéramos decir. Aunque, eso sí, sería recomendable que ésta tuviese lugar en un excusado o un lugar no expuesto a la vista del público. En caso contrario, cualquier tierno infante podría reconvenirnos y señalar que tal otra técnica podría ser más adecuada.
También aquí se aplicarían los principios filosóficos enunciados por el jonio Heráclito de Éfeso. El todo fluye juega en este caso a favor de los varones. Como cada instante, digamos que cada décima de segundo, la otra persona cambiaría, se multiplicarían las posibilidades de ligue.
Si el cruce se produce en una zona llana, las dos partes podrían avistarse a una distancia aproximada de un kilómetro (1.000 metros, para los de letras). Suponiendo que el emisor viaje sin bidón del Decathlon, la velocidad combinada de aproximación sería de unos 40 km/h.
A ese ritmo transcurrirían, groso modo, unas 900,9009009 décimas de segundo antes del cruce definitivo. Una cifra tal vez insuficiente, ya que los estudios demuestran que un varón normalmente constituido necesita unas 1.000 intentonas de 'confraternización' antes de poder concretar una cópula.
Esto quiere decir que si nuestro hombre tiene suerte, podrá retozar bien acompañado entre los zarzales que bordean la carretera. Sin embargo, debido a la rapidez con la que cambia su interlocutora, es posible que le caiga en gracia a una grácil doncella, pero que en el momento del ayuntamiento carnal se encuentra intentando abrazar a una feminista pro castración.
Si la actuación resulta exitosa, la de ella queremos decir, nuestro sujeto de estudio podrá dejar de depilarse las piernas -ya no le haría falta- y podría optar a una plaza vitalicia como tiple en la Escolanía de Montserrat o entre los Niños Cantores de Viena.
En vista de ello, no es aconsejable saludar a las ciclorulistas si éstas viajan solas. Otra cosa es si viajan en grupos de dos o más individuos. En ese caso, las posibilidades de 'confraternización' aumentan y garantizan un éxito casi seguro.
Éxito tanto de concretar la faena, como de que en el grupo viaje una feminista pro castración que, aplicando la Ley de Murphy, no se verá afectada por los principios filosóficos de Heráclito.
En cualquier caso, antes de proceder a cualquier señal que pueda denotar lujuria, el cilcorulero emisor deberá asegurarse de que entre las destinatarias de su mensaje no viaje ninguna amiga, compañera o vieja conocida de su esposa, novia o pareja, que no tardaría en poner el hecho en conocimiento de la parte contratante de la primera parte, con las consecuencias que todos imaginamos.
Esto, claro, siempre que el cruce se produzca en llano. Si el hecho tuviere lugar con nuestro sujeto rodando descansa abajo, con el bidón del Decathlon lleno de mejunge de Isostar, haría mejor en olvidarse de las cicloruleras y en concentrarse en calcular cómo trazar la próxima curva rodando a velocidades transónicas.
Pero volviendo al ejemplo inicial, nuestro hombre debería recordar que Heráclito también habló del eterno retorno. Es decir, que viviría un sueño de amor ininterrumpido... luego una pesadilla, luego un infierno, antes de caer en manos de la feminista previamente citada, que dará un sesgo a su vida, después de habérselo dado a sus partes pudendas.
En vista de todo lo anteriormente expuesto se desaconseja saludar a las ciloruleras.