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de Irun a París. Itinerario pueblo por pueblo, testimonio 2012 y relato.

  1. Cicloviaje: de IRUN a PARIS.  99% asfalto


     


    Hola :D, he hecho este cicloviaje y me motiva colgarlo en la web porque he constatado personalmente que el itinerario que había elegido para conectar las eurovelo 1 y la eurovelo 6 sin pasar por Nantes, así como el de entre Orleans y París, han resultado ser cien por cien acertados.


    Poquísimo tráfico, ningún perro guardián suelto, disfrute, camino a medida humana, y ocasión para practicar un poco de orientación, con el mapa, la brújula, las preguntas a los lugareños, los silos y torres de agua reflejadas en los mapas y la visión lejana en las llanuras… vamos, una gozada.


     


    Lo cuelgo en definitiva para que otros cicloviajeros estudien el camino, lo moldeen o lo corrijan a su gusto, sabiendo que tal como está no van a encontrarse con problemas.


     


     


    RUTA:


     


    Irun -> Royan -> París


     


    Al final decidí saltarme la primera etapa tras un sobreesfuerzo en los días previos a la salida, para quitarme el engorro y fatiga del subibaja de los pirineos atlánticos y finalmente salí realmente desde después de Bayona, en concreto desde Labenne, ya en el departamento 40: el de las Landas.


    Así que hice Irun -> Hendaye ->[de allí en tren regional TER hasta] -> Labenne -> Royan -> Paris.


     


     


    KMS PROPIOS DEL ITINERARIO QUE ELEGÍ:


     


    De Labenne a París: 910 kms. pedaleados efectivos, ya descontando los kms. que mi cuentakilómetros siempre calcula en exceso.


     


     


    FECHA:


     


    julio 2012, en 10 etapas y media, de un jueves a la tarde hasta el domingo de la siguiente semana.


     


     


    ITINERARIO A GRANDES RASGOS: [al final del todo encontrarás también el itinerario detallado pueblo por pueblo]


     


    Eurovelo1 + ferry + itinerario personal + eurovelo6 + itinerario personal + Coulée Verte en el entorno parisino.


     


    Ciudades de referencia: Irun, Royan, Niort, Azay-le-rideau, Tours, Blois, Orleans, Etampes, Paris.


     


    De Labenne,


    todo por el carril bici de la costa y los bosques separado de la carretera o (muy muy poco) banda ciclable de la misma carretera comarcal hasta bordear la laguna de Arcachon por la derecha y seguir en carril bici hasta la punta Pointe de Grave en el pueblo de Verdon, departamento 33 – Gironde.


    El itinerario es parte de la euroveló 1, cuyo trozo venía indicado como Velodysseée o Liason Cyclable de la Côte, o de tal pueblo a tal pueblo.


    (Los que tengan dudas sobre la continuidad del carril bici, han de saber que de Labenne o Capbreton hasta la punta de Grave, o sea el pueblo de Le Verdon, tienen siempre el carril bici, aunque alguna vez sea una carretera forestal cerrada la tráfico, o aunque sea un carril de un metro y veinte de ancho o haya un trozo de 4 kms algo degradado [07/2012] y aún así transitable con bici de carretera. En mi caso no había encontrado confirmación y tenía dudas hasta antes de partir.)


     


    Ferry para pasar la ría del río Gironde desde Le Verdon -> hasta Royan


     


    De Royan a Tours en diagonal por carreteras de campo pero todas ellas asfaltadas o comarcales estrechas pero de muy muy bajo tráfico.


     


    De Tours a Orleans por la ruta de la Loira en bicicleta ‘Loire à Vélo’, que es parte del itinerario eurovelo 6.


     


    De Orleans a las afueras de Paris, pasando por Etampes, todo por carreteritas de campo, todas asfaltadas, o por comarcales de muy muy bajo tráfico.


     


    De las afueras de París a París París, por el corredor de la Coulée Verte, de unos 12 kms, desde el pueblo de Massy  por los jardines de las urbes hasta París París.


     


     


    PEDALEO DIARIO


     


    Estilo entre paseo y paseo‘vivo’.


    Canturreando, silbando, ‘meditando’ aunque también muy de vez en cuando metía plato grande para ‘despertar las piernas’ o incluso algún miniesprint de una decena de segundos para quitar la tension muscular acumulada por el pedaleo monótono.


     


    Motivación subyacente: la hazaña de la travesía: sobre todo el hecho de llegar 65%, el disfrute del recorrido 35%.   


     


    De 6\8 horas de pedaleo, pedaleando con plato mediano y piñón grande, el penúltimo.


    Cadencias medias tendientes a altas, a ojo sobre las setenta y cinco, ochenta.


    Velocidad en llano alrededor de los 16 km/h, y la media en ruta me daba casi siempre entre doce y catorce kms de pedaleo efectivo/h. Para pasar el rato no hacía más que calcularlo, en ruta.


     


    Duración de las etapas: ligadas a la presencia de campings –sobre todo en el interior- y a las sensaciones o a la duración de las anteriores. 80 kms., 100, 60, y hasta ciento cincuenta y cinco en las llanuras del departamento de la Gironde, considerando que habitualmente no suelo pasar de sesenta o setenta kms. en mis paseos dominicales.


    En los llanos de Landas y Gironde avancé mucho en poco tiempo, así que tuve que limitar la duración de las etapas siguientes para no llegar antes del día del tren de vuelta.


    De todas formas el kilometraje no era una obsesión, tenía un día de colchón, y además había ganado terreno puesto que la primera etapa la hice en tren para salir más descansado tras un exceso cardiorespiratorio (totalmente impropio y fuera de lugar además) en uno de los últimos entrenamientos.


     


    Hora de salida sobre las seis, seis y media de la mañana. Ya sobre las 6 había luz natural. Este es el ritmo que cogí, casi sin quererlo y sin que me costara. Me dormía pronto y me levantaba pronto, evitando por lo posible las horas de sol fuerte.


     


     


    REGIONES Y NÚMERO DE LOS DEPARTAMENTOS ATRAVESADOS:


     


    Aquitaine


    [64 en tren regional TER], 40, 33


     


    Poitou-Charente


    17, 79, 86


     


    Centre


    37, 41, 45


     


    Ile de France


    91, 92, 94, 92, 75


     


     


    ALTIMETRÍA


     


    Básicamente plano por las landas y hasta la punta antes del tajo de la ría del río Gironde, aunque por las dunas y los bosques de ese tramo a veces hay alguna subidita leve.


     


    Algo más de subida aproximándose ya a la ciudad de Niort y al salir de ella y después, de Saint Maixent l’Ecole hasta Azay le Rideau, como apreciarás en mapas altimétricos de Francia que se encuentran en la web. (hay uno de cada 15 metros un color distinto, dividido en Francia sur y Francia norte).


     


    En la Loire à Vélo, también alguna subida que no esperaba que hubiese, sobre todo codos cortos al llegar y salir de la villa de Amboise, que está enrocada sobre el río y otros subibajas cuando se aleja de las orillas


    De Blois a Orleans a Etampes y a París todo plano excepto antes y después de Etampes, pero en esa zona las subidas nunca son tremendas, más que nada se notan por estar uno acostumbrado a las llanuras de trigales y maizales.


     


    Nota: los mapas detallados especifican también los tramos donde hay una subida más del 5% y más del 12%. Los atlas que usé los detallaban con uno o dos acentos circunflejos sobre la raya de la carretera en cuestión, respectivamente.


     


     


    PLANIFICACIÓN DEL ITINERARIO:


     


    Cuando el itinerario era fuera de carril bici ha sido programado según el criterio de ‘buscar la carretera más pequeña aunque se tuviera que cigzaguear alrededor de la diagonal más corta’. Si había carreteras pequeñas no me importaba alargar LIGERAMENTE. Entenderás mejor el grado de cigzagueo si sigues el itinerario detallado pueblo por pueblo sobre un mapa.


     


    Mapas usados:


    Atlas de carretera y turístico de Francia. Michelin, escala 1 cm = 2 kms. la edición del 2004


     


    Atlas routier de Francia [Belgica y Luxemburgo]. Blay Foldex, escala 1 cm = 2,5 kms.ediciones 2004 y 2007


     


    En el de escala 1cm=2 kms. había aún más carreteritas pequeñas que no eran siquiera departamentales, sino carreteritas de campo asfaltadas.


    En cambio en el de escala 1cm=2,5 kms. la ubicación de los camping era la real, mientras que en el otro sólo pone entre paréntesis que en tal o cual pueblo hay camping, pero sin indicar dónde en concreto.


     


    Programa para ordenador, Auto Router, versión 2003


     


    Mapas de carreteras y satelitares en internet


     


    Mapas altimétricos de Francia norte y Francia sur, con intervalos de altitud muy muy detallados encontrados en internet (¡¡un color cada 15 metros!!) y otro más general de Francia con intervalos de 100 metros cada color.


     


     


    ORIENTACIÓN DURANTE EL VIAJE:


     


    Páginas sueltas de esos dos atlas de carreteras junto con una brújula esférica en el manillar. (el modelo que llevaba era brújula+timbre). La interacción mapa+brújula ha sido imprescindible. No habría podido hacerlo sin la brújula. Todo un ejercicio continúo de orientación, del que he disfrutado, incluso aquel par de veces que me he equivocado (nada ha sido irremediable)


     


    El detalle de los mapas dejaba que se apreciaran los cruces dentro de las aglomeraciones urbanas y con la ayuda de la brújula nunca he tenido problema, excepto en un par de cruces. Además el 95% de las veces había señalización en paneles, aunque se tratara de carreteritas de campo.


     


     


    BICICLETA, LASTRE Y EQUIPAJE:


     


    Una híbrida Riverside 5 de la marca Deca[…] bastante pesada.


    Cubiertas de muy buena rodabilidad y para carretera ‘Michel[…] Sport 700x 28mm de anchura, lo más fino que he podido para las llantas que tenía.


     


    Lastre: 5,5 kg + dos kilos y medio de barritas de avena y cebada preparadas en casa.


     


    Equipaje:


    Una mochila de 10 litros


    (dos culotes, una camiseta-mallot manga corta, camiseta normal algodón manga larga, dos pares calcetines técnicos ligeros y transpirables, zapatos de BTT, chaqueta y pantalón impermeables, traje de baño de lycra –por ley en Francia sólo se pueden usar esos en piscinas públicas- y toalla-bayeta, cutremente recortada)


    Saco ligero, tienda pequeña cutre, esterilla


    Aseo tamaño mini, mini kit primeros auxilios, herramientas…


    Bolsita delantera, bolsita de entre el cuadro, bolsita de sillín 


    Un par de bolsas de plástico en los cuernos del manillar, una para el mapa: CUTREZ TOTAL, otra con comida: ¡otra cutrez!


     


     


    ENTRENAMIENTO:


     


    He seguido un entrenamiento planeado a grandes rasgos pero no tan tan programático. Digamos que he cogido los principios del entrenamiento meramente deportivo y los he adaptado ‘a ojo’ para la manera en la que iba a hacer la travesía: esfuerzo de baja intensidad y prolongado durante muchas horas al día. 


    El entrenamiento de la mentalización ha sido espontáneo, y llegando al final a una especie de inmersión total que me ha cargado las pilas para enfrentarme a la travesía.


    El concepto ha sido: entrenar cuasideportivamente para tener condición y forma y así evitar todo tipo de sufrimiento físico en el viaje. Vamos, algo de sentido común.


    Cabe decir que no me considero una persona atlética, aunque he de decir que antes de partir he alcanzado una buena forma física, gracias a un acondicionamiento general en un primer momento y luego con un entrenamiento más específico sobre la bici, entrenando tanto las capacidad  y resistencia aeróbicas como la fuerza-resistencia en el pedaleo.


     


    Recursos en papel utilizados:


    Ed PAVELKA (ed.), Técnicas de entrenamiento para ciclistas, Madrid: Tutor, 2001


    Chema ARGUEDAS LOZANO, Planifica tus pedaladas. Guía de entrenamiento para el ciclista, 2ª ed., 2011


    Chema ARGUEDAS LOZANO, Alimenta tus pedaladas. Guía de nutrición para el ciclista, 2010


    Ben HEWITT (ed.), 1000 consejos para ciclistas, Madrid: Tutor, 2007


     


     


    ITINERARIO DETALLADO PUEBLO POR PUEBLO,


    así como vienen en el atlas de carreteras michelin 1cm=2km que tenía, ed. 2004.


     


    En la web debe de haber un nivel de zoom que es igual al mapa, y unos aún más detallados, ambos en viamichelin.com .


    Algunos de los nombres no son siquiera pueblos, sino lugares llamados así o mansiones de la campiña. Todos vienen reflejados en las hojas del atlas de papel que usé en ruta.


    Más arriba encuentras el itinerario a grandes rasgos.


     


    Me motiva transcribirlo y colgarlo en la web porque he constatado que el itinerario que he elegido para conectar las eurovelo 1 y la eurovelo 6 sin pasar por Nantes, así como el de entre Orleans y París, han sido cien por cien acertados. Poquísimo tráfico, ningún perro guardián suelto, disfrute, y camino a medida humana, y ocasión para practicar un poco de orientación, con el mapa, la brújula, las preguntas a los lugareños, los silos y torres de agua reflejadas en los mapas y la visión lejana en las llanura… vamos, una gozada.


     


    Lo cuelgo en definitiva para que otros cicloviajeros estudien el camino, lo moldeen o lo corrijan a su gusto, sabiendo que tal como está no van a encontrarse con problemas.


    Muchísimas carreteras son agrícolas agrícolas, otras de muy muy bajo tráfico y con un chaleco fluorescente –yo llevaba uno de malla, más transpirable-- y las medidas oportunas para aumentar la visibilidad y un espejo retrovisor, el viaje se hace sobradamente con seguridad. Está claro que existen carreteras comarcales que sí son concurridas por camiones (mas que nada para evitar el peaje carísimo). Pero estas, como observarás, --y te animo a seguir el itinerario con los ojos sobre un mapa—no unen nunca poblaciones grandes, y no son más que segmentos que se unen en vez de una larga línea recta. No son vía de comunicación ni secundarías. No rojas, no amarillas, ni siquiera blancas la mayoría. Son de las carreteras transparentes de las más finas en los mapas. Los camiones no usan de esas carreteras.


    Como todos sabemos, en carreteras no muy concurridas, a veces, el problema está en la estrechez de la calzada o que los poquísimos lugareños a veces con el coche corren (a mi de todas formas no me ha pasado que me rebasaran a gran velocidad. Nunca en este viaje). Para compensar, repito, veo recomendable ser visible con antelación, mediante el uso de ropa fluorescente de alta visibilidad y controlar lo que hay y viene detrás con un espejo retrovisor, artilugio que estimo in-dis-pen-sa-ble de verdad. Y la pala lateral distanciadora o ‘espanta coches’ también, que da más presencia. Luego hay un sin fin de cosas… los reflectantes para radios que hacen un efecto ‘disco volador’ a la noche, pero que  también de día aumentan la visibilidad. ¿Pero que os voy a contar que no sepáis! ¡¡Nada!!


    Creo que cuanto más equipada sea la persona ciclista o la bici en cuanto a medidas de seguridad, más tenderán a respetarte los conductores, quienes pensarán: ‘Mira esta persona cómo se lo ha trabajado el tema de visibilidad, voy a ralentizar. Además parece ser que es un viajero. Ralentizo y no le voy a asustar al pobre o a la pobre’.


     


    Y ahora, he aquí el itinerario, para tu uso y disfrute:


     


    NOTAS:


    Entre paréntesis si es sólo para indicar la dirección Hacia un pueblo pero sin llegar a él


    (dir. Pueblo al que no llegué)


    (


    (pueblo dejado a la dcha.>)


     


    El interlineado separa las etapas que el azar determinó… siempre he pernoctado en camping en los que nunca he pagado más de 9 euros. En los itinerarios ciclistas los camping hacen una tarifa especial tienda pequeña+1 persona y en otros, municipales o en granja, simplemente el precio era ese. ¡¡Pero que hago hablando del vil metal!!


     


    SALIDA DESDE LA ESTACIÓN DE TRENES DE LABENNE, landes 40:


    Labenne


    Capbreton


    -todo por carril bici de ahora en adelanten y entre Labenne-Ocean y Capbreton también había carril bici, sólo que no lo tomé-


    Hossegor


    Vieux boucau les bains


    Messanges


    Moliets et maa


    D328


    pichelebe


    arnaoutchot


    st. Girons plage


     


    st. Giron plage


    contis plage


    (


    Mimizan


    -aquí elegí la siguiente ruta, pero habría podido usar el carril bici. Intenté ‘acortar’ por allí ya que también hasta Pontenx había otro carril bici provincial, pero luego por comarcal lo pasé no tan bien como habría podido ser por el carril bici que llega a la bahía de arcachon y que lo bordea ya desde el sur o que con ferry se une luego a la punta suroeste ‘del otro lado’. DESACONSEJO COGER LA RUTA QUE ELEGÍ YO para alcanzar BIGANOS. LA COMARCAL ES ESTRECHA, SOBRE TODO CUANDO CAMBIA DE DEPARTAMENTO, RECTA Y LLANA Y LOS AUTOMOBILISTAS TIENDEN A CORRER. Teniendo el carril bici completo es preferible ir por ese carril bici, que es el que se mantiene por los pueblos de: Mimizan, sainte Eulalie, Gastes, Biscarrosse, etc… o incluso, en lugar de bordear la bahía, pues coger el barco y llegar directamente a la punta opuesta-. 


    Pontenx les forges


    D46 (la desaconsejo)


    Parentis en born


    Sanguinet


    Caudos


    Mios


     


    Mios


    Biganos [desde aquí hay otra vez carril bici muy señalizado hasta la costa del océano]


    Audenge


    Lanton


    Ares


    Lege


    D106 E3 [subida empinada de 200m a lo largo de la duna; yendo por un carril bici comunal que está señalizado y que no tomé porque era más largo que la D106 E3, no sé si habrá tanta subida. Supongo que no. Supongo]


    Grand crohot ocean


    Le porge ocean


    Lacanau ocean


    Carcans plage


    Le crohot


    Hourtin plage


    -Ruta forestal-


    Montalivet


    L’amelie


    Soulac


    Le verdon


    --Ferry para pasar la ría de la Gironde[persona+bici, sobre siete euros, me parece recordar- julio 2012.. No más de diez seguro]


    Royan


     


    [desde aquí, abandono de los carriles-bici e itinerario por rutas de poco tráfico. Te invito a seguir el itinerario sobre un mapa detallado.]


    Royan


    D733 [es la única de todo el recorrido entero un poco más grande de las demás , pero por lo menos es ancha. Me ha tocado un domingo y a la mañana muy pronto y no había tráfico]


    St. sulpice (por dentro)


    D733


    L’eguille (por dentro todo lo que se podía)


    D118 (dir. pont l’abbe)


    [-ojo, aquí empiezo a coger las carreteritas de la campiña, asfaltadas todas-]


    Les grands ajots


    Champagne


    Le petit vilage


    Trizay


    La roche


    (


    Tonnay charente [el puente –impresionante- sí es transitable en bici. En coche no]


    La noue


    Champserve le haut


    Muron


    Brette


    St germain de marencennes


    Surgeres


    Chaillé


    Curé


    St pierre d’amily


    Mauzé sur le mignon


    Prin deyrançon


    Sansais


    Le gué


    Magné


     


    Magné


    Niort [200 metros de carretera de 3\4 carriles a la salida de ciudad]


    Chaban


    Chauray


    François


    Ruffigny


    La crèche


    St martin


    Drahé


    Mons


    Azay le brule


    St maixent l’ecole


    Exireuil [subida corta pero muy brusca, probablemente salvable por otra calle dentro del pueblo]


    D121


    La robeliere


    Fomperron


    Menigoute


    La bourreliere


    Les forges


    (Dir. Benassay)


    La minoliere


    le lac noir


    Latillé


     


    Latillé


    Ayron


    Maillé


    Vouzailles


    Amberre


    Mirebeau [la dura subida que alcanza Mirebeau se podría evitar bordeándolo]


    Coussay


    Brizay


    (monts sur guesnes >)


    Prinçay


    Nueil s/s faye


    Richelieu


    Chaveignes


    D757 [la gran subida de 800m despues de chaveignes por la d757 no se puede bordear por la carreterita local que se ve en los mapas, que incluso es más empinada]


    Creze


    Brizay


    L’ille bouchard


    Avons les roches


    La chapelle st blaise


    Azay le rideau


     


    [desde aquí ya hay señalización de la ‘Loire a velo’, puesto que desde la Loira hay un ramal a la monumental villa de Azay]


    Azay le rideau


    Le gerfaut


    Valleres


    La durandiere


     [por el terraplén de contención del rio: asfaltado salvo 50 metros de rampa calzada en piedra]


    Villandry


    -siempre siguiendo las indicaciones Loire a velo pasando por Tours, amboise, chaumont, candé, luego, cruzando la Loira, por la otra rivera hasta Blois [de Blois hasta el primer puente posible hay itinerario por las dos riveras, siendo el principal el de la rivera norte. En mi caso he usado el de la margen sur hasta el primer puente y ha habido un par de kilómetros sin asfaltar, de tierra endurecida y sin gravilla, aun y todo, en caso extremo, factibles incluso con la de carrera si no ha llovido.Pero por el otro lado del río, que es el itinerario principal, supongo que será todo todo asfalto. Supongo]…y llegar a Orleans-. Hay que mencionar que mucho recorrido no es ni totalmente apartado de los coches (aun y todo hay poquísimos coches, casi ninguno), ni a orillas del río, pero se disfruta igual igual y está siempre bien señalizado.-


     


    Amboise



    Blois



    Orleans.


     


    [abandono después de Orleans de la Loire a Velo, y prosecución hacia Etampes por vías muy  muy secundarías, caminos de campiña todos asfaltados]


    Orleans


    Fleury


    D101


    Chanteau


    -ruta forestal-


    Bougy


    Villereau


    Trinay


    Le coudray


    Ruan


    Lion en beauce


    Oison


    Atraps


    chaussy


    teillay le gaudin


    epreux


    espersennes


    corsainville


    baudreville


    andonville


    st lubin


    montreau


    mereville


    boigny


    st cyr


    etampes


     


    etampes


    morigny


    champigny


    st fiacre


    auvers


    janville


    lardy


    marolles


    d133


    bretigny


    -un carril bici del que no conocía la existencia y que me mareó un poco, y que luego abandoné-


    Villiers sur orge


     


    Villiers sur Orge


    [gran subida, de unos 200m que hice a pie]


    Longjumeau, chilly, mazarin, massy [me perdí un poco], y por fin el corredor verde ‘la Coulée verte de unos 12 km hasta París París, entrada al anillo de París París por Malakoff, hasta estación Montparnasse, y luego vi la torre Eiffel en una rotonda y a ojo me dirigí hacia ella, emblemático punto final de la ruta.


    AL PIE DE LA TORRE EIFFEL: llegada (¡ah, por cierto, el domingo en que llegaba el Tour a París!)


     



    Y PARA TERMINAR CON UN TOQUE ROMÁNTICO DE LOS MÁS MANIDOS…


    SI ALGÚN DÍA LLEGUES A USUFRUIR DE ESTA INFORMACIÓN ESPERO DE CORAZÓN QUE TE SEA ÚTIL Y QUE DISFRUTES TANTO COMO YO O MÁS.



    BONNE ROUTE!!!!!

    Publicado hace 7 años #
  2. Fantástico!


    Buena excursión has hecho y muy bien preparada, además. Gracias por compartirla. Yo me la anoto ya porque el año que viene tengo pensado repetir por Francia y creo que parte de tu recorrido me va a venir muy bien. 

    saludos y enhorabuena una vez más 

    Publicado hace 7 años #
  3. Muy bueno, bien planteado, sin complicarte la cabeza, habrá sido un viaje precioso, enhorabuena, me ha parecido que nombrabas una web pero no la veo...... A ver si lo dibujo en un mapa que si no, no lo veo en mi cabeza.

    Un saludo

    Tonilupe

    sonrie, disfruta, el tiempo pasa... http://tonilupe.blogspot.com.es/
    Publicado hace 7 años #
  4. ... os agradezco el enhorabuena. Gracias!!

    Efectivamente, el viaje ha sido bonito y me alegra saber que esta info pueda ser útil a otras personas que montadas en una bici vayan a dar pedales en este retal del mundo entre el Bidasoa o el Adour y el Sena.
         [para tonilupe, perdona, en el mensaje anterior quería decir en el web, no en la web :?. Me refería a un par de mapas altimetricos que encontré buscando en google 'altimetrie de la france' o algo parecido. La otra web de la que hablaba era viamichelin.fr. ¿Ya has dibujado la ruta sobre un mapa?]
         [para Kralefski, no hace falte decir que tienes mi apoyo para cualquier info. :D]



    Según el oleaje que haya, el viajero podrá encontrarse con el fragor de las olas entre Hendaya y Saint Jean de Luz  si decide ir por la carretera que bordea los mismos acantilados de la cornisa, es un poco durillo, pero no deja de darle un toque romántico al viaje. La zona vasca del departamento 64, le Pays Basque, tiene bonitos pueblos y paisajes de de mar y monte.
    En las llanuras de las landas y Gironde las ciclovías atraviesan bosques y bosques y dunas, estando las majestuosas playa al alcance de la mano, puesto que gran parte de las ciclovías bordean el mar. El viajero saboreará también algun que otro lago y disfrutará de un larguísimo recorrido apartado de la carretera, y hasta podrá aburrirse de ello.

    Otro toque romántico puede ser la travesía del tajo de la Gironde en ferry, con la turística ciudad de Royan a la vista, que según he podido intuir debe de ser de turismo sol y playa. No viene mal tras cierta placentera pero larga calma de las ciclovías de las landas.

    La misma salida de Royan hace volver a tomar contacto con los repechos, pues la salida de ciudad lo es.

    Durante la parte del itinerario entre Royan y Azay-le-Rideau, es decir la parte 'personalizada' del recorrido no defraudará al cicloviajero. Las carreteras de càmpiña de un solo carril, dan para mucho, sobre todo si quieres atravesar viñedos, maizales y campos trigueros. En esas rutas, siempre aparece un castillito o alguna mansión interesante en la campiña. Las villas medianas, generalmente como en todas las regiones de Francia, son siempre encantadoras, siempre embellecidas con flores y alguna iglesia o mercado que resulta de buen ver, y también desde Royan hasta Azay-le-rideau se cruzan algunas.
    Impactante por ejemplo el puente sobre Tonnay-charente, impresionante obra arquitectónica por la que ya no circulan coche, tan sólo tu cicloviajero, y que desde lejos ves como una auténtica pared.
    Mirebeau y otras villas medianas también merecen la pena y ver el paso gradual entre las casas de teja roja y las de techo de pizarra negra también. Y un sin fin de cositas más, como el reflejo en el urbanismo del racionalismo que se respiraba hace un par de siglos por la zona. Arquitectura del iluminismo puro. ¡Qué decir de Azay.le-rideau, ya en la zona de los castillos del Loira.

    Y sobre el Loira, tantas ciudades monumentales y de encanto... pero estas ya las describen las guías turísticas... la vidilla de Tours, y las monumentales Amboise y Bloise. En Orleans, acaban de pulir las fachadas de la calle que da a lafachada principal de la catedral, Edificios de arenisca brillante, también con la peculiaridad de arquitectura urbana iluminista alrededor de la catedral gótica.

    Desde Orleans hacia Etampes, tambien puedes atravesar un bosque si sigues el itinerario que usé, y luego ya despues de etampes las llanuras de la zona del Beauce (que, para variar, hay una ruta ya diseñada, ruta del Beauce), campos de trigo y aglomeraciones agrícolas deshabitadas.

    Después de Etampes, París empieza a ser un imán, y los pequeños repechos para salir de Longjumeau ni se notan.

    La guinda es el corredor de la Coulée Verte de unos 15 kilómetros que desde las afueras te lleva a París París, haciéndote sentir como un auténtico parisino, en medio de los lugareños que practican footing o bici, un parisino más, algo más aventurero y con algún kilometrillo más en tus piernas.

    París también tiene un montón de carril bici,..

    **************

    Publicado hace 7 años #
  5. Muchas gracias, orejaivolcic.

    Publicado hace 7 años #

  6. ...8O ¡madre mía qué tocho escribí el año pasado! (Además, el formato me salio raro tras un corte y pega y ocupa aún más :oops:).
    Hoy, aprovecho este viejo hilo para deciros que también estuve escribiendo un relato casi del todo autobiográfico, que en cambio se quedó en un cajón, y que ahora he desempolvado y voy mejorando; así que me animo a compartirlo.
    Para tener acceso a él fácilmente y poderlo editar siempre que quiera y en una única versión, lo cuelgo en la web que documenta esta ruta (de la cual este hilo es el embrión), cada martes un capítulo de los que voy escribiendo de nuevo o mejorando.
    No es gran cosa a nivel literario, es más, no es más que un mero ejercicio de escritura. ¡Pero seguro que os gustará leerlo o en él encontrareis situaciones parecidas a las que vivís cicloviajando!
    ¡¡Espero que lo disfrutéis!!

    El relato se encuentra ahora publicado unos post más abajo
     

    Publicado hace 6 años #
  7. Gracias compañero!

    Publicado hace 6 años #
  8. (He conseguido adelantarlo, así que el segundo capítulo ya está colgado. Es más ameno y entretenido que el primero, la verdad, y espero que os guste. El enlace sigue siendo el mismo).

    De nada Vicent, al final me he animado y lo he hecho público :-)  . Claro está, je je... cuando digo que es casi todo autobiográfico, me refiero a que "las eróicas virtudes del protagonista, -esas- son pura realidad autobiográfica, mientras todo lo mediocre y mezquino es claramente mera ficción", ja ja :lol: 

    A ver si este relato consigue 'llegaros',
    un saludo :D 



    Publicado hace 6 años #
  9. Era justo todo eso lo que al menos a mí me hacía falta. Sin que pusieras una sola fotografía he visto esos maravillosos pinares e incluso las luces largas del tractor. Enhorabuena. Así si!!!!

    Publicado hace 6 años #

  10. (¡Gracias, Vicent! :D)
    ____
    Bien. He terminado.
    Los cinco capítulos del relato ya están remodelados y colgados definitivamente en mi web.
    No cubren todo el viaje, sino tan sólo una parte. Quería narrar todo el viaje, pero la inspiración se me fue... y no volvió.
    Es la primera vez que escribo algo, y se me ha hecho muy difícil plasmar en palabras los pensamientos y las reflexiones de ese viaje en bici. Ha sido más duro de lo que pensaba.
    El estilo oscila por partes entre dos polos, así que las reflexiones y los quebraderos de cabeza más cerebrales se mezclan con las emociones y las vivencias desde los sentidos. Y aunque sé que esta fusión no la he logrado del todo --y que a veces falta fluidez--, estoy muy contento de haberme esforzado, de haber escarbado entre mis recuerdos, y de que este ejercicio de escritura lo haya sido también de introspección.
    Espero que --como lector/ra y biciviajero/a-- puedas saborear tanto el lado poético de este relato como su cara más concreta, y que disfrutes de la lectura.
    Confía en el relato, no abandones en el primer capítulo cuando la lectura se te haga más difícil que el subir un puerto de montaña lleno de baches. ¡Sigue y sigue pedaleando con los ojos hasta el punto y final, que a lo mejor el paisaje te sorprende!
    Un abrazo sincero,
    oreja

    El relato se encuentra ahora publicado unos post más abajo


    Publicado hace 5 años #
  11. Pues compañero, a mi me ha encantado tu relato, es más, se me ha hecho hasta corto. Pero no te puedo recriminar nada porque yo cada día estoy ás vago y tengo muchas crónicas pasadas por escribir y se, ya casi con toda certeza que nunca las escribiré. Yo es que me doy de bofetadas a mí mismo pero ahora para tí, mis mas calurosos y efusivos aplausos.

    Publicado hace 5 años #
  12. Soy reacio a leer tochos, me da pereza jejejje pero este me lo he leido enterito, me ha gustado.
    El primer dia que te pasaste buscando donde dormir en la playa ( lo que no entiendo es porque no entrastes al camping???) .. te paso algo parecido a mi en Almuñecar llegue de noche y me recorri playa arriba playa abajo buscando donde poner el saco hasta que el cansancio eligio por mi.
    Gracias Paulo por publicarlo.

    El unico simbolo de superioridad que conozco es la bondad.
    Beethoven.
    Publicado hace 5 años #
  13. Totalmente recomendable....

    Publicado hace 5 años #
  14. Tochos por fa, a mi me encantan los tochos que me cuenten cosas verdaderas...

    Publicado hace 5 años #
  15. Hola


    Me ha encantado!!  Gracias por compartirlo

    Saludos


    Publicado hace 5 años #
  16. Vicent lo de tocho no lo decía en plan despectivo ni mucho menos., solo quise decir que soy perezoso para leer pero luego me pongo y normalmente me gusta todo, perdon si di lugar a un malentendido


    Publicado hace 5 años #
  17. Trisqui, no te preocupes, no hubo ningún malentendido. Por lo general a todos gustan más las fotos y los datos justos y precisos, eso es entendible e incluso preferible al menos como medio de ilustración y de acercamiento a las cosas nuevas.

    Pero otros, cuentan con palabras lo que vieron, lo que vivieron, lo que sintieron, a veces es una mera redacción breve o algo más extenso (tocho)... y tan felices. A mi me gustan unos y otros, como a la mayoria.

    Publicado hace 5 años #
  18. He disfrutado un monton con tu relato y como a Vicent, también se me ha hecho corto!!
    Por cierto, te he enviado un privado

    Publicado hace 5 años #
  19. De tochero a tochero.


    me ha gustado un montón, a ver si lo completas y me lo miro con algo más de detenimiento.

    esa experiencia con el bosque
    y la del tractor de madrugada

    jejej

    No hay incendio como el de la pasión, no hay ningún mal como el odio. Buda.
    http://www.bicigarraf.com/usuarios/95-slow.html?sec=3
    Publicado hace 5 años #
  20. Hola de nuevo,
    lo primero es agradeceros las palabras que escribistéis el año pasado: GRACIAS, y luego quería señalar a los internautas que pasen por aquí, que en este foro hay otro hilo en donde se relatan unas vivencias y se enseñan unas fotos espectaculares sobre un viaje en bici que se ha valido en parte de esta ruta. Ese hilo del que estoy hablando, del amigo Alfonso, se encuentrá aquí .
    Lo segundo es que después de cerrar el espacio web en donde tenía publicado mi relato personal, hoy me animo a hacer un corte y pega y dejarlo aquí en Rodadas!!
    Como siempre digo, no es gran cosa a nivel literario, aunque considerando que el español lo aprendí de mayor y sin estudiarlo, estoy muy contento con lo que escribí. Yo, quien no tengo número de DNI sino de NIE (o sea Número de Identificación de Extranjero), no podría ahora escribirlo mejor en mi idioma materno! Si ese fue el idioma de mis impetuosas adolescencia y juventud, el castellano lo es de la madurez (madurez de la que dudo por cierto, jeje).
    Volviendo a lo que iba, en el relato he intentado transmitir las vivencias de esos primeros días de viaje. A veces se os atragantará algo, os tropezaréis con algún pasaje forzado o que quiere ser más poético de lo que puede en realidad llegar a ser, más que  nada porque cuando escribo tengo un toque un poco exagerado, jeje. Todavía, y pese a mi dominio del idioma, tengo dificultad para atinar con el registro estilístico adecuado para lo que quisiera transmitir...
    Hacía tiempo que no leía lo que escribí, incluso no sé cual es la versión más actual de las inumerables que tengo guardadas en mi desordenado ordenador. He cogido una versión y la iré puliendo y publicando aquí capítulo por capítulo.
    Los defectos del relato ya os los he adelantado, pero lo bueno y bonito dejaré que lo descubráis por vuestra cuenta! Seguro que algo os sorprenderá!!
    ¡¡Que disfrutéis de la lectura y del entretenimiento!!

    Con entrega, entusiasmo y simpatía,
    Oreja :D
    [edito: he borrado el primer capítulo, porque acabo de encontrar la versión más nueva que tenía. Así que lo he posteado más abajo]

    Publicado hace 4 años #
  21. GRACIAS por tu relato del viaje de 2012, por todo lo que ayuda (muchísimo) a quien quiera seguirlo.

    Y es un placer seguir leyendo los relatos de tus viajes. Este nuevo promete mucho y prometo seguirlo con pasión disfrutando de él a través de lo que tú nos vayas contando.

    Saludos y gracias otra vez.

    Publicado hace 4 años #

  22. Para ti, amiga y hermana.
    Para ti, compañera en el camino.
    Para ti, con quien siento que vibro al unísono.
    Persona asombrosamente fantástica, ¡nunca te rayaré tu sartén antiadherente!





                         I.



     


    Pedalear de una orilla a otra del río Bidasoa ha sido sólo un breve preámbulo insignificante, pero lo mágico, lo serio y tal vez lo alocado, empezarán para mí dentro de media hora escasa en Labenne, en cuanto me apee de este tren regional, en el que me he subido para librarme de unos tramos fatigosos a los que hoy no me apetecía enfrentarme.
    Me voy a Paris, en bici, y a ver qué pasa.
    De momento, me dejo llevar cómodamente, y no tengo más que estar sentado en una butaca mullida y aterciopelada, desde la cual dejar correr lo que el tren va adelantando por mí.
    Por la ventanilla a mi izquierda se suceden, uno tras otro, hermosos pueblos amenos y soleados: Donibane-Lohizune… Getaria… Bidarte y Miarritze; veo barridos pasajeros de verdes colinas y caseríos blancos de tejas y contraventanas rojas, que aparecen y desaparecen de mi vista al ritmo rápido y constante como si de un zapeo televisivo se tratara.
    Mi ventanilla mira hacia el lado del mar: esa inmensa tabla azulada que le deja a uno espacio más que suficiente para pintarle encima sus sueños. Y hablando de sueños, ¡precisamente hoy empiezo a vivir uno!


    Acabo de montarme en Hendaia, la primera estación de la línea número sesenta y uno, en un tren del que me bajaré y que proseguirá su acostumbrado camino hacia Dax y Bordeaux. Deberías haber visto cuanta prisa me he dado en subir la bici al tren. Porque –¿sabes?– no podía permitir que una numerosa cuadrilla de jóvenes cicloturistas que pululaba por las aceras de la estación fuese a ocupar todas las plazas del vagón en donde se guardan las bicicletas para su transporte. ¡He debido evitar a toda costa que mi bici se quedase en tierra, en el andén!
    ¿Te imaginas, si no? Se me habrían roto los planes y me habría visto obligado a subir a golpe de pedal por ese fatigoso litoral en el que las colinas bañan sus verdes pies en las aguas del golfo de Vizcaya. ¡Buff... hoy no me apetecía!
    Además, no podía permitirme otros contratiempos, así que… de prisa la bici al tren… antes que ellos: ley de vida. Ya he tenido bastantes líos por hoy, la verdad; el caso es que por despiste y olvido, estando ya en Hendaia,  he debido volver a toda prisa a Irun, a por algo fundamental que resulta que se me había olvidado: ¡sacar el dinero necesario para esos días de traesía! Fíjate que estaba a un cruce de llegar a la plaza de la estación cuando me he dado cuenta de que lo había pasado por alto. Tanto idealismo me ha hecho olvidar que de idealismo tan sólo es difícil comer.
    ¡Qué lástima de contratiempo! Porque, hasta el momento, había estado soñando con el idílio de un arranque ideal y perfecto, soñando en mi cabeza con una memorable salida ceremonial, triunfalmente acompañada por el júbilo de alguna fanfarria y de una colorida lluvia de confetis al viento… y fíjate qué pena que ese sueño me lo acabe de chafar un despiste tan mundano y corriente, en el que mi impulsividad y consecuente poca organización tienen que ver. (Lo admito).
    De todas formas, ha sido un prólogo emocionante, sin duda, el de un viaje preconcebido como una memorable epopeya, pero que apunta ya a comedia, o a yo qué sé qué.
    Pero tampoco me ha afectado tanto ese descuido. No es porque yo sea precisamente un maestro del equilibrio y la ‘paz interior’, sino más bien porque estoy más que acostumbrado a mis mismos deslices y a tener que solucionarlo todo en el último momento. Vacunado.
    Visto lo visto, no he tenido mejor remedio que el de pasar página, y ahora estoy disfrutando de estar sentado en este tren que me lleva de Hendaia a Labenne, e incluso del poder recuperarme de esa inesperada y sudorífera carrera contra el tiempo.
    Ahora bien. Recapitulando y haciendo cuentas, no me falta nada. Veamos, tengo los billetes en el bolsillo... mi documentación en la mochila... ¡y una gran ilusión en el cuerpo! Y por si fuera poco, también me he cargado con unos cuantos kilos de comida en un par de bolsas.


    Sonrío, sonrío con sorna, ya que no puedo menos que sentirme aliviado por los repechos que conozco bien y de los que me he librado. Por carretera, me habría encontrado obligadamente con unas subidas insalvables dada la orografía de la zona; más o menos es porque los valles fluviales apuntan hacia el oeste, y el rumbo de la ruta es el noreste, por lo que las ondulaciones están garantizadas.
    «¡Bendito tren!»
    Desde aquí sentado, incluso tengo tiempo y ganas de curiosear en las conversaciones de los demás pasajeros, como las de los jóvenes de aquel despreocupado grupito de antes, que han tomado asiento en el mismo vagón que yo. Por el idioma y el acento, todo apunta a que provengan de la gran isla británica. Hablan entre ellos, unos desde los asientos de la carroza, otros desde el habitáculo en donde se encuentran sus bicycles, apoyadas sobre mi bizikleta. Se les ve vitales y desenfadados, y con el pretexto de las bicis y la forma de estibarlas en el tren, no he tardado en entablar conversación con el que parece más simpático, aunque inesperadamente hemos olvidado satisfacer la implícita curiosidad acerca de los destinos de nuestras respectivas aventuras.
    El cicloturismo y la situación que compartimos nos unen, pero nos separan muchos años de edad y desde luego la actitud con la que vivimos el momento.
    Mientras que ellos charlan sociablemente en grupo, yo me abstraigo en unos instantes de plena concentración para mentalizarme a lo que me enfrentaré.
    Me aventuro en solitario, ellos en compañía. Ellos por diversión, yo por un desafío conmigo mismo.


    Mi frente despoblada se ha puesto seria y me noto inmóvil. Ahora que tengo los ojos cerrados y la vista dormida, mis otros sentidos se encuentran receptivos y vívidamente conscientes. Visualizo y navego entre ideas positivas, y dejo que un sinfín de sugestiones de las que me motivan vayan inundando mis pensamientos; y el alto nivel de concentración que he alcanzado no tiene nada que envidiar al de un valiente gladiador excitado y a punto de salir a la arena a jugarse la vida.
    Si bien dentro de un instante me levantaré y empezaré a hacer algunos estiramientos en esta reestructurada carroza de cola, de momento permanezco sentado en la punta del asiento, echado hacia adelante y con la cabeza levemente agachada, concentrado en mí y viviendo plenamente estos instantes de preparación. Con la mirada fija en mis piernas, las atravieso decididamente; como si con mirarlas fuese a calentar milagrosamente sus músculos. Estoy rogándoles a mis piernas que esta vez no me fallen. Tengo mucha incertidumbre, no sé lo que va a pasar, cómo voy a reaccionar ni si seré capaz de hacer toda la travesía: ¡es mi primer viaje largo en bicicleta!    

    Verás, me considero a mi mismo un tipo pacífico, y con pocas aspiraciones materiales. De hecho, es precisamente para hazañas heróico-sentimentales como la que he emprendido hoy que me reservo el sentimiento de la ambición, y para todas las veces en que hay que aventarse con audacia hacia la aventura. Hasta el día de hoy, siempre me he valido de cierta garra que me lleva acompañando desde los prematuros años de mi infancia, y que a la hora de la verdad siempre me ha asistido. No es una casualidad, pues, que serán Determinación, Ilusión y Garra las tres amazonas que supuestamente me llevarán cabalgando hasta Paris, y me regalarán la grata satisfacción de poder sentarme en un banco de forja y madera a la vera del río Sena, contemplando desde allí el entramado metálico de la Tour Eiffel: emblemático punto final de mi viaje en bici.


    Es obvio que aún no pienso en la torre de Paris; no tengo tiempo ni para soñarla. Este viaje acaba de empezar, y todavía la distancia que me separa de casa es más corta que el cordón umbilical que aún me une a ella. ¡Pronto llegará el momento de cortarlo, de emanciparse y empezar a respirar a pleno pulmón los aires perfumados de esta aventura!



          * * *

    Publicado hace 4 años #



  23.                     II.


     


    Paso a nivel tras paso a nivel, el río Adur ya ha quedado atrás, y los campanarios gemelos de la catedral de Baiona empiezan a alejarse.
    Eso significa que falta poco; falta muy poco para la parada de Labenne y para que inicie de verdad esta gran aventura.


    Al fin llega la hora tener que cambiar la comodidad de la butaca por la estrechez de un sillín, y sí que tengo ganas, tengo muchas ganas de empezar a pedalear.
    El tren hace parada en el apeadero de Labenne en donde bajamos cuatro o cinco pasajeros. Me he bajado con mi bici, sin dificultad y más fácilmente de lo que en principio suponía. Miro atentamente a mi alrededor; parece que no he perdido ningún bulto. Volteo la cabeza hacia atrás una vez más, asegurándome de que todo esté bien. Por lo visto, está todo listo y en su sitio; los viejos pulpos no se han desenganchado, y la mochila, la tienda y la esterilla están bien sujetas al transportín.
    Tengo muchas ganas de empezar a dar pedales, y en este momento ya se han quedado atrás las dudas, los arrepentimientos, las medias tintas y cualquier tipo de autosabotaje. ¡Me lanzaré al vacío y a ver qué pasa!
    Qué emoción, voy a estrenar viaje ahora mismo. «Dos mil quinientos ochenta y seis, dos mil quinientos ochenta y seis», me repito a mi mismo antes de empezar a dar pedales. «…Quinientos ochenta y seis. Cinco, ocho, seis. Cinco. Ocho. Seis».
    No son pasos, ni segundos, ni el número de ovejas que anoche saltaron la verja del redil; lo que estoy intentando memorizar es el valor de la sumatoria que marca mi sencillo cuentakilómetros, con el fin de tener al menos una referencia que cuantifique lo que voy a hacer.
    Por fin se me ocurre asociar ese número a los procesadores “pentium” que llevaban hasta hace no mucho algunas computadoras. De hecho, los pentium (o “cinco ocho seis”) no fueron más que la versión adelantada de los “cuatro ocho seis”, que en sus tiempos lo fueron de los obsoletos “tres ocho seis”. Fíjate que el 386 era el procesador más común cuando yo estaba en plena edad del pavo y la informática me apasionaba. Han pasado ya veinte años de progreso tecnológico, y hoy que voy a lanzarme rumbo a Paris, ya tengo más de treinta y cinco ( la verdad es que la informática me sigue gustando, pero ya no me suscita la misma pasión que entonces. La faceta ‘virtual’ de la vida no me disgusta, e incluso me llega a atraer, pero yo: Paulo, me declaro un romántico encarnecido, un amante de la Vida con mayúsculas, aquélla en la que te relacionas con el mundo a través de tu piel y tu sudor, y donde el contacto humano es un apretón de manos que a veces duele, o un beso que a veces excita). [Te dedico esto también, hermana]


    En fin, ha llegado el momento crucial: ¡estoy a puntito de acometer la primera etapa de mi primera gran travesía!
    Sin rituales solemnes, sino como un pato que flota río abajo a la merced de la corriente, me dejo llevar con fluidez por las aguas del lecho de asfalto que corre bajo mis pies, así que, sin darme cuenta, ya estoy dando mis primeros pedales hacia el próximo meandro. Sin fanfarrias. Sin charangas.
    Simplemente… pedaleo, pedaleo suavemente, en el silencio sordo y solitario de mi profunda concentración.


    Es en una rotonda a la altura del pueblo costero de Capbreton cuando se me presenta la primera disyuntiva concreta: o tirar recto por donde además conozco el camino, o salir por la siguiente salida que indica CENTRE.
    Bajo dubitativo la mirada hacia el manillar, para escuchar qué opinia mi gris y vieja yegua rodante. Su corazón de acero palpita de emoción y me pide a golpe de relinches «¡Aventura! ¡Aventura!», así que ambos estamos de acuerdo en exprimir al máximo el viaje, en embriagarnos –desde el principio–, de pueblos, ciudades, y curiosidades.
    Presiento ya que ella y yo nos llevaremos bien durante este viaje. Seguro.


    "Quien nace Círculo no puede morir Cuadrado


    En mi caso, lo que quizás nunca cambiará, será mi marcada índole de persona a la que le puede la curiosidad, si es que lo que recita este refrán mediterráneo es cierto. Si no me dejase ofuscar por esa maldita aprensión que tengo siempre latente y si fuera más osado, seguro que sería un Gran Aventurero y no tan sólo un pequeño explorador.
    Precisamente por curiosidad y por el deseo de conocer y explorar, he entrado en Capbreton, con la idea de alcanzar y bordear posteriormente el lago de Hossegor, y de allí coger por fin la vía verde de entre los bosques. No tengo prisa, y no me molesta estar esperando rezagado en la cola a que este semáforo se ponga en verde.
    En Hossegor, echo un rápido vistazo a una casa que hay por el centro; una casa que siempre me ha gustado por sus peculiar estructura de madera y de vigas al aire. Se ve que aquí la madera no falta, y que la usan y encajan haciendo auténticas virguerías arquitectónicas.
    Conozco bien el camino y el pueblo; frente al lago de Hossegor había dormido ya antes, años atrás, una vez en la que intenté llegar a Bordeaux en bici y fracasé. Ese pequeño y alargado lago se me presenta idéntico a como lo recordaba: una lengua de agua circundada por un armonioso bosquecito y pocas casas desperdigadas a su alrededor. Puede que el lugar no haya cambiado, pero yo sí que lo he hecho, o por lo menos la situación; esta vez es diferente que cuando aquella intentona improvisada de llegar a Bordeaux. Esta vez ha entrenado a conciencia y –además–, me encuentro bien prevenido ante posibles “pájaras” y cuidaré de no quedarme sin nada que llevar a la boca. Fíjate tú que he empezado el viaje abastecido nada menos que de tres kilos de barritas de avena y cebada que me he estado preparando en casa, tirando de fantasía. Hasta alcanzar el río Loira tiraré de barritas, pan de higos, fruta, pastelería y barras de pan.


    Efectivamente, no hay comparación con la aventura de Bordeaux, aquella que se vió frustrada; esta vez no me encuentro fatigado ni me duele todo, ni hará falta que vengan a rescatarme del pajarón, como aquella vez hicieron. Hoy, he pasado con serenidad por el lago de Hossegor, con una fortaleza superior y un talante muy distinto, lo noto. ¡Esta vez tengo la certeza de tener las de ganar sobre todo tipo de fatiga presente o futura! Porque no sólo me he estado entrenando durante meses, también me he informado sobre qué comer, cuándo y cómo. Y estoy al corriente de cómo acertar... o de cómo fastidiarla.


    (Ah, por cierto, ya que estamos…si te gusta cocinar o hacer mejunjes, podrías probar estas recetas. Lo que hice fue preparar dos tipos de ellas: una de digestión más rápida y otra más lenta. Unas cocidas y horneadas, otras tan sólo horneadas. En ambas mezclé avena y cebada. Unas las embebí en zumo de uva, otras en zumo de zanahoria, y mezclé todo con un sirope de arroz para ligar los copos. En las de digestión rápida añadí trozos de orejones de albaricoque desmenuzados; semillas de varios cereales, en cambio, en las de digestión lenta. Horneé todo, precortando en tiras horizontales y verticales. Luego congelé las barritas terminadas, y las embolsé para dejarlo todo listo para ‘el día D’. En la travesía unas me duraron tres días, antes de echarse a perder, las otras las pude terminar tras cinco días de marcha, allá por Tours).


    Mordisqueando cachos y cachos de barritas, e ilusionado con todo, pedaleo ya a buen ritmo por los bosques, rodeado de pinos marítimos, abedules y robles que no han tardado en llegar. Esta vía verde huele con exhuberancia a resina silvestre de pino, que junto a otros árboles y arbustos, oxigenan mis alegres pedaladas. Estoy encantado de tener este pasillo de asfalto todo para mí; tan encantado y lleno de ilusión, que no me sorprende que incluso cosas tan sencillas como el mirar la maleza al borde del carril me hagan gozar. Estoy muy contento, y disfruto del momento y de lo que estoy haciendo. ¡Qué Felicidad!
    Desde que me he bajado del tren a las siete y media de esta tarde, no hago más que pedalear para llegar lo más lejos posible. La verdad es que no sé siquiera hasta dónde. No tengo ningún programa, ninguna tabla de marcha en absoluto. La única constante en mi peregrinaje, o el único punto gravitacional alrededor del cual orbita todo el viaje, es lo que he leído y vuelto a leer por lo menos diez veces más en el billete del tren de vuelta: tendré que estar en la estación de “Paris Montparnasse“ a las “05.45“ de la mañana del martes “24 juillet”, para subirme al tren de regreso a Hendaia. Con esa fecha de vuelta tengo más o menos dos días de colchón y no corre prisa alguna.
    Aun así, se me ha metido en la cabeza que esa primera etapa va a ser nocturna, ¡que pedalearé toda la noche por las pistas asfaltadas de las Landas!
    En vez de proseguir por el carril-bici señalizado, mantengo la idea por la que opté en despacho, es decir la de rodear el pequeño lago de Leon por el oeste, por la route de Pichelièbe; y mientras muevo mi bici sobre la rugosidad del asfalto de esa desierta carreterilla de tercer orden, empieza lentamente a anochecer. De repente los árboles se tragan la poca luz que quedaba hace tan sólo cinco minutos, mientras el cielo y la tierra se ennegrecen de una forma galopante.
    Así que de pronto me encuentro a la lumbre de mi linterna, que enciendo y apago según vea llegar o no coches a lo lejos, con el fin de racionar la carga de las pilas que tendrán que alumbrarme el camino supuestamente toda la noche.
    Un todoterreno me adelanta de muy mala manera, mientras me esfuerzo por seguir concentrado en dar pedales por el que es el primer repecho del viaje.
    La carretera –como todo el resto en esta zona–, está sumergida en el bosque, que voluptuosamente insinúa sus ramas sobre el descuidado y viejo firme blanquecino.
    En este paisaje, y con mi foco apagado, me quedo definitivamente a la merced de la tímida luz lunar, y en el ambiente empiezo a sentir una quietud, que no sé por qué será, pero roza lo siniestro.
    Tal vez el mapa pueda ayudarme en mi intento de entender dónde me encuentro realmente, así que me paro a consultarlo. También debería de haber un carril-bici según lo que veo en mis fotocopias, pero de él ni rastro.
    Por no aclararme, no me aclaro siquiera con la brujulita que llevo en el manillar. Quizás me haya perdido; pero pedaleo y paciento, ya que tarde o temprano apareceré en algún sitio que pueda reconocer. O al menos eso espero.
    Por fin me percato de que al borde de la calzada, en paralelo al carril contrario, ha nacido el esperado carril-bici, razón de más para seguir racaneando la carga de las pilas. Así que prosigo casi a oscuras por él, con las pupilas abiertas como negros platos de reluciente cerámica lacada, buscando con obsesión la referencia intermitente de una fantasmática línea blanca que se resiste obstinada en dejarse ver, y que esta noche se esconde con pudor tras una cortina de ligera neblina que me ofusca aún más la vista. «¡Como se me cruce un gato en esta oscuridad o haya un bache, la pifio de mala manera!».
    Más adelante, a mi izquierda y en medio de la nada, vuelve repentinamente el primer signo de civilización humana, bajo el aspecto de una potente luminaria que alumbra la entrada de algo que parece ser un camping, y en donde me vuelvo a topar con el todoterreno de antes, al que le lanzo un envenenado y vendicativo «¡Maldito seas, cabrón!»
    Ese muro de luz pertenece a la entrada de lo que debe de ser el terreno privado de un grupo de naturistas por lo que se lee en el rotulo. «Vaya, ¡qué bien se lo están pasando ahí dentro!» pienso, al oír unos entonados cánticos corales que provienen de allá.
    Debe de tratarse de alguna congregación naturista que celebra sus rituales dionisíacos en este mágico lugar especialmente apartado y casi aislado del mundo.


    Que el bosque es un análogo del subconsciente, como atisban algunos psicoanalistas, lo voy a comprobar de lleno en mis carnes y dentro de poco. Es difícil y a veces incómodo y peligroso adentrarse en él. La conciencia suele resistirse y pone barreras y defensas de todo tipo.
    Por este bosque oscuro landés, se manifiestan los fantasmas que mi alma aprensiva y mi psique sugestionable van generando mientras ambulan solitarias por un silencio de sombras indefinidas como éste que hay ahora. Fructo de mi fantasía, surjen crujidos sospechosos entre la maleza… inexplicables movimientos de sombras entre los arbustos… siniestras amenazas noctámbulas en forma de astutos depredadores al acecho.
    Y para más INRI, a esas horas estoy solo yo y no pasa nadie más. Me encuentro alejado de la carretera, atrapado en la exuberancia de un bosque que –contra todo pronóstico–, de noche sigue permaneciendo despierto.
    Afloran mis miedos. Me siento como amenazado por los demás animales, y la única manera –artificial, por cierto–, de mantener esa dominancia de la que los homines sapientes  sapientes tanto fardamos, es aferrarme a mi espray a la pimienta: este moderno ‘utensilio’ de defensa personal que esta noche hará las veces del rudimentario cuchillo de piedra afilada del hombre primitivo.
    El caso es que poco después, en ese clima siniestro, empieza en mi mente una escalada que desde la sugestión se transforma en temor, y termina siendo verdadero pavor, avivado por un creciente montón de neuras injustificadas. Tengo que poner freno a todo eso, ¡no vaya a ser que en mi primer viaje en bici vaya a tener también mi primer ataque de pánico!
    Quiero buscar un sitio dónde dormir. Lo cual no resultará ser tarea fácil. Falta una escasa docena de kilómetros para la población más cercana y francamente no veo la hora de alcanzarla. Empiezo casi a sudar, y es mejor que llegue pronto, porque si no me va a dar un tirón en el cuello de tanto voltear la cabeza bruscamente de un lado para otro, en busca de supuestos animales peligrosos.


    He tardado poco menos de una hora de pedaleo en llegar a la zona playera de St.Girons, que no parece un aldea muy grande.
    El reloj marca ya las once y media de la noche cuando dirigo mi manillar hacia la playa, animado por la corta distancia que me separa de ella, cautivado por la mixtura de perfumes a salitre y a resina que se entremezclan, y acompañado por una resplandeciente hilera de farolas.
    No sé si es que estoy buscando un espacio iluminado y abierto después de haber estado angustiosamente prisionero del bosque oscuro, o es que –como siempre–, tengo simplemente ganas de curiosear y descubrir “qué hay un poco más allá”.
    Los pocos locales están replegando ya sus terracitas. Con desconcierto, por un lado lo veo con buenos ojos, porque así podré esconderme furtivamente en alguna parte y encontrar cobijo; por otro lado, si el poblado va paulatinamente a dormir, al final me quedaré demasiado solo para mis gustos. Intento encontrar una solución, mientras me muevo indeciso de arriba abajo por el callejón de bares que acaba fusionado con la arena de la playa.
    La verdad es que conmigo tengo esterilla y tienda de campaña. Con un poco de ánimo e iniciativa, podría hacer un apaño y acampar en la playa o en algún otro sitio.
    Pero eso no es posible cuando uno empieza a ponerle pegas a todo. Es que la bici no la quiero llevar a la playa por no ensuciar de arena rodamientos y transmisión… es que no quiero absolutamente dejarla atada lejos de mí... es que en realidad ¡no quiero siquiera dejar de estar despierto y vigilante!


    (Pobre de mí, se ha de suponer que esas cualidades tales como Audacia, Garra y Determinación con las que me he descrito antes, deben de funcionarme con energía solar, porque visto lo visto, de noche hay que desvestirlas de tanta magnificiencia y empezar ya a escribirlas con minúsculas,  e incluso a ponerles diminutivos.
    En definitiva, a la hora de dormir a la intemperie, valgo tanto como un Sansón calvo y depilado: no tengo  la fuerza ni el valor de cerrar los ojos.
    Es lo que hay: le tengo un poco de respeto a eso de dormirme sintiéndome desprotegido y vulnerable
    ). ["Éste que estás leyendo / ya no soy yo", hermana, por citarle al Drexler] 


    En busca de una solución, exploro un kiosco, que funciona como escuela de surf. Es un sitio privado y estoy dudoso: «¿Y si a alguien le diese por llamar a la autoridad? Igual me meto en follones innecesarios».
    Así que nada, mejor buscarse otro sitio.
    A medida que pasa el tiempo, aumentan el cansancio y el sueño mientras va bajando mi nivel de exigencia. Debe de ser ya casi la una.
    Por fin le he echado el ojo a un sitio que parece perfecto, y me he decidido: acamparé en el lado exterior de la alambrada del camping, cercano a los campistas, pero más acá del cercado, en el bosque de dominio público por donde pasa la vía verde.
    Ni siquiera he acabado de frenar cuando ya estoy preguntándome de qué demonios va aquel descarado campista que me está deslumbrando con su potente linterna.
    En un primer momento, supongo que tal vez aquél no sea más que un niño al que le guste jugar; un niño que, a lo mejor, esté volviendo del baño a su tienda, y –de paso–, esté recreándose con el reflejo de los catadióptricos que tengo montados en los radios de mi bici: unos reflectantes que a la noche hacen un efecto de platillo OVNI muy peculiar.
    Nada de eso. No se trata de ningún niño curioso y juguetón. ¡Resulta que ‘aquel iluminado’ es el vigilante del camping!
    Así que es mejor cambiar de idea, y olvidarse de acampar ahí.
    Me siento cansado ya, y acabo volviendo sobre mis rodadas. Apoyo la bicicleta en una barrera del mismo carril-bici, me siento y por fin encuentro descanso al apoyar la espalda en el poste de madera. Todavía soy reacio a dormirme así y en ese lugar, e incluso deberé hacer el último esfuerzo de la noche: mantener el tipo frente a la suspicacia de los vigilantes que con un pretexto han salido afuera a vigilarme, y que –como perros–, van diseminando simbólicas mehadas a mi alrededor para marcar territorio. Por el contrario, a mí poco me importa este acoso, porque sé que me encuentro en suelo público. Al fin y al cabo, si esos dos prepotentes desconfían de mí «¡que se fastidien!» Ante todo, no quiero discusiones. Sólo quiero descansar. Lo necesito. Al final, me dejo caer, rendido, bajo el amparo simbólico de ese poste de madera, dejándome acunar por los acogedores brazos de Morfeo.


    Un estruendo ametrallador y penetrante, cada vez más fuerte, y ahora fortísimo e insoportable me despierta en plena noche.
    Espantado, abro los ojos de golpe, y ya es demasiado tarde para tapármelos con las manos. No he podido evitar ser deslumbrado de inmediato: pues una línea horizontal de focos potentísimos me ha dejado perplejo y casi ciego.
    Tanto el molesto haz de luz paradisíaco, como el infernal y martillador traqueteo repetitivo, provienen ni más ni menos que de un <em>tractor agrícola</em> cargado de troncos, que avanza hacia mí.
    Extraña situación: ¡un tractor a las tres de la madrugada? Tal vez, no sea menos extraño que lo que el abrigado leñador landés –desde su perspectiva–, está iluminando: eso es, una bici apoyada a una barrera del carril-bici, con un tipo solitario que duerme tendido a la intemperie debajo de ella, en un cruce, entre el asfalto y el arcén de arena.
    ¿Acaso no será que el leñador le habrá dado ‘a las largas’ <em>precisamente</em> para poder entender qué era ‘aquello’?


    «Será que esta noche es noche de rarezas», pienso. Y vuelvo a dormirme.



         * * *

    Publicado hace 4 años #



  24.                   III.


    Definitivamente, me desvelo poco antes del amanecer, todavía con el espray a la pimienta escondido entre el palmo de mi mano derecha y la gomita elástica de esa manga. Quién sabe si me he despertado por el frío o por las ganas inconscientes de marcharme y dar fin a esa supuesta condición de vulnerabilidad que siento al dormir al raso. Pero el caso es que empieza de nuevo la rutina del pedalear, pedalear, y más pedalear. Izquierda, derecha, izquierda, derecha y así voy avanzando poco a poco por la pista de asfalto.


    Tendré todo el día por delante, y de momento la aventura pinta bien. No ha sido muy cómodo dormir por ahí tirado, pero eso se olvida pronto a la luz de un nuevo día. Es justo ahora cuando el cielo está aclarándose y el azul oscuro va dejando paso gradualmente a un azul celeste bordado de matices rojizos.


    Por fin el bosque ha dejado de ser amenazador, y ha vuelto a ser un agradable refugio bucólico en donde profesar el amor por la vida, acompañado de tantos y tantos coloridos contrastes que deleitarían los ojos de apasionados fotógrafos y pintores.
    Incluso los pájaros desean que pase un buen día, cantándome en voz baja “las mañanitas”, apoyados en las mismas ramas desde las cuales anoche se columpiaban –siniestros– los fantasmas de mis miedos. ¡Qué ironía!


    Yo, mientas tanto, me encuentro entre el poético disfrutar de los matices variopintos de esas alboreas tonalidades celestiales, y la más que terrenal e imperiosa necesidad de pedalear bien rápido para coger calor cuanto antes.
    No llueve, no hay niebla, y aparentemente no habría motivo de llevar chaqueta y pantalones impermeables; pero he dormido con ellos puestos. Ahora mi deseo es calentarme pronto, porque el haber dormido a la intemperie me ha dejado bastante destemplado. Espero que con esta ropa plastificada encima, coja calor cuanto antes.


    Eso de arrancar las etapas con chaqueta y pantalones impermeables será la constante en todas las etapas, en las que siempre acabaré saliendo al amanecer, sediento de sol y de calor.
    La verdad es que ya, en alguna que otra ocasión de mi vida de campista, había llegado a pensar de que no es de extrañar que en la antigüedad los pueblos adorasen el Sol. Esta misma, es una de aquellas gélidas y tiritantes situaciones en la que no puede por menos que volver a pensarlo, y sumarse a la adoración del astro: «Ay Sol, mi Sol. ¡Mi querido dios Sol!»


    Definitivamente, el viaje ha arrancado. El cordón umbilical se ha partido y respiro felicidad a pleno pulmón. Me siento bien.

        * * *

    Publicado hace 4 años #



  25.                   IV.


    Variadas son las razones por las cuales alguien quiera echarse a la carretera y emprender un viaje en bici, y otros tantos los motivos de un viaje, sus hilos conductores.
    La necesidad de colmar algún vacío, así como las ganas de vivir plenamente, pueden ser algunas de ellas; o incluso simplemente el querer rebelarse contra un sistema que impone ritmos de vida frenéticos, al cual no queda otra que oponerse con un gesto voluntario de  ralentización pausada del tiempo y de las cosas, del disfrute consciente del entorno, de los paisajes y de las vivencias. Y por qué no mencionar las aspiraciones de superación, el deseo de hacer una gesta memorable, o simplemente el querer vivir nuevas experiencias, de conocer, ¡de probar!
    Todas esas motivaciones son precisamente las que me empujan a viajar hoy, pero si no hubiese dado el paso, nunca habría empezado; esta aventura está siendo posible gracias a que hace tres meses pronunciase convencido y en voz baja cinco simples palabras deliberatorias: «Sí, ¡lo voy a hacer!».


    Con determinación y constancia, y pedaleando al ritmo de un paseo vivaz, el tiempo se me ha ido pasando rápido. Izquierda, derecha, empujar, jalar, izquierda, derecha, comer, beber, y cambiar de piñón. Con esta rutina he alcanzado ya los alrededores de la Bahía de Arcachon, tras horas y horas de pedaleo por los carriles-bici de los bosques y por un par de carreteras departamentales. La poca consideración hacia mí como ciclista y persona cuando pedaleaba por carretera ha estado a punto de arruinarme el día. Qué lástima que ciertos conductores al volante se dejen llevar por la inercia y apremiar por esa prisa infundada de la que hablaba antes,  y que –tras el silencio y el comfort del parabrisas–, olviden respetar a otras personas que no tienen parabrisas ni parachoques, y cuyo acelerador son sus piernas, y su único airbag lo que su mejilla pueda amortiguar contra el asfalto rasposo.
    El caso es que, mientras te esfuerzas en pisar los pedales, algunos pisan y pisan sin medida y sin esfuerzo su pedal derecho: un pedal cuya carrera parece no tener fin (el acelerador), y te adelantan con prepotencia y poco respeto, descuidando de tu vida, de tu futuro, y de tu familia. Por costumbre y por descuido. Quizás por alienación.
    Algunas personas al volante se comportan así de mal, incluso sin saberlo o sin quererlo. Algunas.
    Viviendo la tensión de esa lotería del “este-me-va-a-atropellar/no-me-va-a-atropellar”, por las axilas he sudado todas las fétidas hormonas que se puedan imaginar, además de levantar cada dos por tres el brazo, para mandar a freir esparragos a más de uno. “¡Nunca más por esta carretera!”
    En ese trajín, me he cruzado con dos cicloviajeros que compartían mis mismas penas. Con complicidad hemos intercambiado un respetuoso saludo. Ellos cabeceando con deferencia hacia abajo, yo hacia arriba y arqueando las cejas de forma espontáneamente campechana “Tío-¿qué-tal?”
    ¡Que me hayan saludado con esa complicidad, por lo menos indica que doy la impresión de ser un cicloviajero! Tal vez sea por el chaleco fluorescente que llevo impecablemente limpio, porque por lo demás no me extrañaría que me confundiesen con un vagabundo. Es que estoy viajando con un equipo algo atípico y poco formal, y con una vieja bici de esas cutres, con las que no te imaginarías que alguien se atreviera a hacer un viaje tan largo.
    Unos kilómetros más adelante, por fin concedo el descanso diario a mi vieja y fiel yegua rodante; definitivamente, ato las riendas en un pueblo llamado Mios.
    Es grato darme cuenta que se me hace un pueblo familiar, y al fin caigo en la cuenta de que ya había pasado por ese cruce en coche, volviendo de Bordeaux, aquella vez del intento fallido y la misión ciclista abortada. Entonces estaba buscando un restaurante donde comer junto a la que entonces era mi mujer, y hoy busco un camping.
    Mios es un pueblo pequeño y tranquilito, en donde todo está a un tiro de piedra, así que entre las bajas casas unifamiliares y un riachuelo, entreveo el camping municipal y me dirigo hacia aquel verde y plano oasis de descanso. Llevo pedaleando desde las seis de la mañana y me lo merezco.


    Para acampar, tengo donde elegir: junto a los setos, lejos de ellos, con sombra o menos sombra, pero no es el caso de perder el tiempo en buscar la mejor combinación. Tras todas las horas que ha pedaleado… ¡todas son buenas y cómodas! Así que monto la tienda y clavo mi primera clavija del viaje.
    Y hablando de clavar, quién sabe cuántos colonos sintieron la sensación de clavar una <em>estaca</em> en el suelo y reivindicar un territorio rumbo al lejano oeste norteamericano. Esta tarde noche, soy como uno de aquellos valientes, y camino de la conquista de Paris, voy a clavar mi primera clavija de la tienda de campaña en esta parcela de tierra que será mía sólo hasta mañana, deseoso de clavar –unos días más adelante–, mi estandarte personal al pie de la torre Eiffel: esa estaca definitiva que hará que aquel trozo de tierra sea ‘mío’ para la eternidad.
    Y es así como termina la etapa de hoy. Al fin descanso ya tendido sobre la hierba, y mi fiel yegua rodante lo hace apoyada a un seto. Siempre atenta ella; pronta a rodar cuando ‘el jefe’ así lo ordene y mande.
    Empieza a oscurecer.

         * * *

    Publicado hace 4 años #


  26.                      V.


    Cuando ideaba ir a Paris, comentaba mis intenciones con un simple «Quiero ir a Paris en bici». Poco a poco empecé a llamarlo “mi próximo viaje en bici”.
    Posteriormente, llegó la palabra Cicloviaje, que uso desde que volví, y que lo ha institucionalizado definitivamente.
    Cicloviaje es un término mestizo, algo extraño, es cierto?, pero siempre capaz de sintetizar y englobar conceptos como: aventura, esfuerzo, viaje, lentitud, humanidad y bicicleta. Es curioso que todavía los diccionarios no lo recojan entre sus lemas.
    Desde que he terminado de pegarle esa etiqueta, yo mismo soy consciente de que lo he catalogado, como un bibliotecario cataloga un nuevo libro para poderlo archivar ordenadamente en el fondo de su biblioteca.
    Es como si parte de todo aquello hubiese caído irremediablemente en una categorización necesaria que otorga un sentido a la experiencia y un lugar en los recuerdos.
    El viaje nació, en cambio, como un impulsivo deseo visceral; y se realizó para aplacar definitivamente ese impulso; de hecho --siendo fiel al proyecto primordial--, mi sueño era simplemente llegar hasta Paris en bicicleta.


    Sí acepto y entiendo las razones de quienes quieran apuntarme todo aquello de que el viaje no es tan sólo la mera llegada a la meta, y que hay que disfrutar del recorrido mientras se hace.
    En ese sentido, disfruté... disfruté. De verdad, es muy fácil disfrutar cuando se viaja a poco más de diez por hora. Casi no puede ser de otra forma. (A menos que uno no sea una persona realmente ciega, obtusa e insensible; y éste no es mi caso, te lo aseguro).
    No obstante, el cicloviaje lo sentí y viví siempre como un desafío personal.
    ¿Sabes por qué en principio le otorgué tan escasa importancia al aspecto más turístico del viaje? Porque gran parte de los paisajes como algunas de las ciudades por las que pasé, no eran nuevos para mí.
    Hasta hacía poco tiempo atrás, había tenido la oportunidad de viajar por Europa por trabajo, y junto a mí solía viajar también una de mis bicicletas, para los momentos en los que podía bajarla y dar pedales allá por donde fuera.


    En aquellos años, gocé del privilegio de poder pasear en bici por diversos pueblos y ciudades diseminados a lo largo y ancho de los paisajes atlánticos, continentales y mediterráneos del viejo continente. Sólo por decir algo, pedaleé por las penínsulas itálica y danesa, ‘a contramano’ por la gran isla británica, así como por parajes tan diferentes entre ellos como por ejemplo la escandinava ciudad de Göteborg, o una más que mediterránea calita del Ática occidental.
    Rodé allá donde estuve y las circunstancias del trabajo lo permitieron.
    No, no me tengas envidia si eres una persona aficionada a los viajes (o al turismo) en bici. El paso del tiempo acaba siempre embelleciendo los acontecimientos y seguro que ahora parece más ideal de lo que en realidad fue.
    Más bien, fueron años de trabajo duro en los que usar la bici fue unos de mis principales alicientes, una válvula de desahogo, e incluso un seguro de salud.
    Lo curioso es que todo eso era tan habitual para mí, que nunca se me ocurrió apuntar los lugares por donde montaba en bici. Generalmente, era cerca de los lugares que visitaba. Un día aquí, otro allá.
    Se trataba siempre de paseos cortos, de unas horas, una tarde o de un día como mucho.
    Además, lo mejor es que no estaba aficionado a los cicloviajes, todavía. Todo se reducía a bajar la bicicleta, dar pedales e ir a explorar micromundos para pasar el rato. Sin ideas preconcebidas ni otras pretensiones: simplemente ¡usaba la bici!
    Usaba la bici con la neutralidad de una mirada virgen y sin más aspiraciones, sin creerme aventurero, sin creerme viajero ni deportista; con la mirada de alguien que, por lo tanto, ni siquiera siente la presión de tener que comportarse como tal; desde luego que no.
    De esas cicloaventurillas, quedan en mis recuerdos el haber recorrido parte del Rin muchas veces, a la altura de Köln, como un lugareño más.
    Me gusta recrearme de cuando en cuando en el recuerdo de aquella vez en que, por capricho y diversión, pasé en bici la frontera entre las repúblicas alemana y checa por la Selva de Bohemia, o en otra cuando hice lo mismo por la frontera fluvial franco-alemana. En este caso, toda una aventurilla fue cruzar el Rin a bordo de una barcaza, pedalear unos cuantos kilometros para reunirme a comer con un amigo que se encontraba de paso por la zona, en un área de servicio de la Autobahn 5, y volver por un puente a la vuelta.
    Por esas mismas latitudes, pero más acá del Rin, también me aventuré a subir por los montes Vosgos por desafío y curiosidad, para luego pararme a contemplar desde lo alto la llanura alsaciana y dejarme llevar por los ensueños sobre aquello que tímidamente se entreveía de la Selva Negra entre la bruma matutina, a lo lejos.
    Un hecho curioso es que en una vueltecilla de esas, me encontré recorriendo algunos kilómetros de un itinerario entonces desconocido para mí y que me despertó cierta fascinación en mi faceta exploradora: la simbología de las señales indicaba una ruta llamada del Mar Negro al Atlántico. Se trataba de la Eurovélo 6 allá por el valle de un río llamado Doubs. Fíjate que, si hubiera sido un apasionado del cicloturismo de alforjas, probablemente habría sabido qué era, y seguramente no me habría quedado tan maravillado como me quedé: «¡Del Mar Negro al Atlantico?»
    La verdad es que en los años de ese cuasinomadismo por Europa, pedaleé por una innumerable cantidad de pueblos, circuitos señalizados, paseos o ciclovías; buscando ríos, bordeando lagos, y atravesando llanuras.
    Muchas veces, tan sólo los carteles de señalización específicos para ciclistas bastaban para cautivarme y hacerme adentrar por caminos desconocidos, arropado por la sensación de que ‘alguien’ cuidaba de que no me perdiese al pedalear por aquel entramado de itinerarios, a veces cortos, otras muy largos.


    Dicho todo esto, no te extrañe pues que mi viaje a Paris fue planteado casi como una misión, y que fue una travesía más que un viaje turístico.
    Con anterioridad, desde luego que sí, había disfrutado de gran parte de los rincones de Francia durante más de un lustro. Los paisajes ya los conocía, y camino de Paris me aproximaría a reinterpretarlos desde los ojos de un viajero en bicicleta, o más bien, de un viajador que se mueve en bicicleta.
    Es precisamente por todo eso que mi viaje a Paris tuvo el corte de travesía que tuvo, y por qué primó el sueño de alcanzar la meta, sobre el disfrute pausado del recorrido.

         * * *  



    EL RELATO SE QUEDÓ INTERRUMPIDO EN ESTE PUNTO. QUIEN SABE QUE UN DÍA LO LLEGUE A COMPLETAR.
    ¡¡Espero que te haya gustado!!

    Publicado hace 4 años #
  27. Gracias de corazón  :D  Angel, por tus comentarios positivos!! Si te digo la verdad, por un momento he creído que por un despiste me estarías confundiendo con algún otro compañero o compañera del foro ---que a lo mejor sí es así...---, más que nada porque recordaba haber escrito sólo este relato, mientras que en tu comentario se hablaba en plural. Luego he pensado que sí he dejado algún otro relato en miniatura aquí por el foro y ese plural está 'justificado'... así que, sin falsas modestias, en principio me pongo como lícito destinatario del mensaje y me adjudico tu crítica positiva y tus elogios! Gracias!!
    (Luego, si eso, si ha habido confusión o equivocación, siempre está "la hoja de reclamación a disposición de quienes la soliciten", sobre todo para la persona con la que a lo mejor me hayas podido confundir,   jaja    ). Un placer, es un verdadero placer recibir un comentario como el tuyo! Nos vemos! 

    Publicado hace 4 años #



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