Ya te vale!!!
Tanto soñar... Jajajaja!!!
Me gusta!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Ronso ???
Somos mediterráneos.
Rodadas. Viajar en bicicleta Ya te vale!!!
Tanto soñar... Jajajaja!!!
Me gusta!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Ronso ???
Abejuela. Los nombres de los pueblos me llenan de curiosidad y me enredo a buscarle significados. Querrá querer decir abeja pequeña? Mejor lo dejo o me pasaré el dia pensando idioteces. A este pueblo hemos llegado hace unos minutos y nos metimos en el único bar que vimos. Una casa convertida en restaurant, con un pequeño ultramarinos adosado y un par de habitaciones en la planta alta; incrustada como una muela en un pueblito de 60 habitantes, con una casa ayuntamiento que abre los martes y los jueves por la mañana y una hermosa iglesia de campanas tristes.
Hace apenas un minuto que dejé de temblar de frío y me caliento las manos con la taza de café con leche. Apenas hay cincuenta kilómetros a Valencia con su otoño de veinte grados y nosotros aquí, apaleados por un invierno intruso recién estrenado y ansioso por ponerse en marcha. Miro por la ventana y veo a Floren charlando con alguien, me giro y le pregunto a Voro con quien habla.
- No veo, me tapa la ventana - Me dice.
Me levanto de la mesa y me acerco a los cristales. Está junto a un chucho sin collar, despeinado, que se rasca las pulgas con ansias.
- Está hablando con un perro, como esas viejas que los llevan vestidos como colegiales y les echan la bronca cuando se mean en los portales. - Este chico no está bien, pienso.
Llegan tres moteros en tres super BMW del mismo modelo y diferentes colores. Entran al bar con estruendo de tacones, porte de gladiadores, voces de gerentes engominados y ni rastro de una sonrisa. Parecen profesionales de algo pero no sabria decir de qué. Miro a Voro, trato de imaginarnos y veo que no podemos estar más lejos de esa imágen de portada de revista del motor: somos las fotos desechadas de un anuario de catástrofes. A Voro le asoman los pelos por debajo de un gorrito espantoso de colorines que no se ha quitado, una braga malamente enrollada en el cuello, barba de dos dias y una cara de sueño milenario. Yo estoy en las mismas pero soy consciente que a mi el pelo, la barba y el pañuelo me dan un aire de derrota sin batalla y una compasión previa a la limosna.
Entra Floren riendose, se sienta, ataca las tostadas con aceite oscuro y sabroso, pariente remoto del que ahora los chinos nos sirven sin complejos de culpa. Cuento un chiste, nos reímos, hablamos desordenadamente, y nos sentimos a gusto entre nosotros y con nosotros mismos. Y nos reímos de los recuerdos que todavía no tienen un dia de vida y que a mi me son intensos e iniciáticos: mi primera noche en saco de dormir, en una montaña y en bicicleta. Un triunfo para mi apática autoconfianza hacia mi capacidad de aventura. Y me digo que esto es una nadería comparada con otras, pero es mi aventura y es grande.
Salimos del bar y sigue haciendo el mismo frío duro y metálico, sin una fisura por donde colarnos otra vez a nuestra primavera perdida el dia anterior. El perro sigue ahí, al sol, en lucha con sus pulgas insaciables. Subimos a las bicis, salimos del pueblo en sólo dos minutos y seguimos bajando por una carretera pequeña, empinada y fría, con miles de curvas y contracurvas, con pinos nacidos en los inviernos más aciagos que cierran la carretera como un bóveda vegetal oscureciendo el cielo de setiembre. Es vértigo, adrenalina y de a poco, con pequeños chasquidos cristalinos, un camino ziszagueante se dibuja en el cristal por el que mirabamos nuestra alegría. El cielo no se abre y el valle no aparece por ninguna parte hasta que llegamos a un sangriento cartel de Stop y vamos frenando de a poco, negandonos a romper el silencio con crujidos de frenos. Algo no encaja. Lo veo en la cara de Floren que mira hacia los lados y no saca su voz de explorador diciendo: por aquí, que esto yo me lo conozco, sino que dice eso que no quería oír por nada del mundo: esto no va bien. Y como si estuviera esperando la señal nos llegó el rumor sordo y lejano, creciendo a cada instante, y entonces aparecieron ellos: trecientas ochenta y cuatro bicicletas iguales, una detrás de otra, en una simetría imposible de hormigas eternas, con trescientos ochenta y cuatro ciclistas amarillos inclinados sobre los manillares dorados, con la mirada perdida en un horizonte de ciegos, de esos que no miran a ninguna parte, por que ellos sólo miran hacia dentro. Y sonrientes.
Sigues tu Lovecleta?
Muy bueno Ronso, pero que muy bueno.... Vaya, que me he quedado con ganas de mas!!!!
lovecletaaaaa no nos falles...!!!!
Ronso ....COLOSAL tio
mu mu bueno
Floren tenía razón, como si de un perro sabueso se tratara, intuyó al pelotón de trescientos ochenta y cuatro ciclistas amarillos mirando hacia dentro, pero en la cola estaba yo, la ciclista número trescientas ochenta y cinco, y al llegar a vuestra altura mis ojos miraron hacia fuera y la alegría fue enorme ya que os unisteis al infatigable pelotón.
Sin darnos cuenta y empujados por el trepidante ritmo de nuestra avanzadilla, una auténtica maravilla de la naturaleza se alzaba a nuestros pies, la Serra Calderona. Sin mediar palabra decimimos descolgarnos del pelotón y realizar un paseo por este bonito paisaje de particular belleza. Sin apenas notar el cansancio acumulado, de repente nos vimos tranportados a ese extraordinario mundo llamado "naturaleza".
La enorme vegetación cambiante, sus valles, sus barrancos con sus maravillosas vistas, con sus sonidos y aromas peculiares, en esta mañana fría pero soleada, nos ayudaron a disfrutar de unos momentos de tranquilidad..., lejos del estrés y de los imprevistos, sensaciones que merecía la pena experimentar.
La sombra de unos de sus innumerables pinos nos invitó a parar a recobrar fuerzas, a Ronso se le notaba en la cara que la hora indicaba una parada de abituallamieno y nuestras bicicletas también nos pedían un respiro. Saqué un bonito mantel de cuadros de mis alforjas y cada uno de nosotros empezamos a sacar nuestras viandas. De repente una comida campestre nos sorprendió en plena naturaleza. Voro, Floren y Ronso estaban encantados, nuestro encuentro fortuito les había llevado hasta aquí, son esas cosas que surgen sin buscarlas porque no están escritas en ningún guión, como cuando pedaleas hasta la cima sin saber lo que te espera al otro lado... Una jornada diferente para ambos por todo lo que nos rodeaba y sobre todo por el placer que nos suponía pedalear en buena compañía.
Pero aunque la sobremesa se prolongó más de la cuenta, decidimos recoger y continuar nuestro recorrido hacia Valencia. Pronto caería la tarde y empezaría a anochecer, el frío empezaba a apoderarse de nuestros huesos. Poco a poco, fuimos dejando detrás de nosostros ese precioso paisaje, que se despedía de nosotros como deseándonos un buen viaje.
Pero, ¿qué otras sorpresas nos estaban esperando?
La inspiración de alguno de vosotr@s nos lo dirá...
Tela!!! Marinera. Te as lucido Ronso. Que desahogo, no lo avia visto…
Lovecleta; bravísimo!! Me ha encantado, bien.
Pero que palique tiene el personal
Muchas gracias Lovecleta!!!!, Una pasada!!! Felicidades corredora 385!!!!
Bueno, bueno, bueno... quien se animara ahora?....
Maria... como va esa imaginación? te sientes inspirada?
Ronso y Lovecleta .... impresionante !!!!!!
venga maria ... a x ese cuento !!!
La Mariamg, esta cohibida todavía .
Lo siento pero como no soy de letras me cuesta mucho.
Que parece que no te lo creas, pues es así.
Igual la Asturiasmaria, la maria de Burgos; igual hay más suerte.
Cuando este con la inspiración yo aviso, vale! Porque sigo todo este libro digno de publicar.
Gracias a todos por llenarnos de imaginación positiva.
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