Cedila en el Camino de Santiago Primitivo

  1. a pues yo también me sumo al egoísmo y adelanto mi felicitación, que sabes es de todo corazón.
    Felicidades Cedila

    NOS VEMOS EN EL ARCEN
    Publicado hace 4 años #
  2. + y +

    A mi me impresiono ésta cara . .

    http://156.35.33.98/Rodadas/camino_primitivo/IMGP7425.jpg

    espero volver a ver ésta expresión . . sin el pasamomtañas !!

    Un abrazo.

    Salut
    Publicado hace 4 años #
  3. Me sumo a la felicitación, y entiendo tus sensaciones de la penultima jornada, si hay algo que me encantó del camino, las tres veces que lo recorrí es la con la gente, sin apenas conocerte salta la conversación, y sobre todo si vas parando en los albergues, sin embargo, la sensación es mucho más intensa andando que en bici, porque pedaleando, es dificil que coincidas mas de 2 días con la misma gente, sin embargo, andando las etapas son mas uniformes y se crea mas vínculos con los peregrinos con los que coincides, o al menos a mi me ocurrió así...
    Lo mas divertido es que te encuentras con la gente más diversa...

    Si te fijas en las flores de la cuneta, la cuesta termina antes de que te des cuenta...
    Publicado hace 4 años #
  4. Enhorabuena Cesar,ahora te queda llegar a Finisterre(fin do mundo,fin do camiño).

    Publicado hace 4 años #
  5. Enhorabuena Cedila, poco más que decir a todo lo expresado.

    Buen camino compañero.

    Publicado hace 4 años #
  6. Serendipity

    Os había contado que había llegado a Lugo algo desanimado y que me había ocurrido algo que me había alegrado el día. No es nada especialmente extraño, sólo una más de las muchas casualidades que se dan en la vida y en el Camino, pero me apetece compartirlo.

    Quienes hayáis leido mi primera crónica, tal vez recordaréis que los primeros peregrinos que encontré fueron una pareja de asutralianos residentes en Londres. Estaban en Grado charlando con un mozo vasco que esperaba por su compañera. Recordaréis que yo había partido con muchas dudas, mucho miedo y bastante tristeza. El encuentro con el anciano caido a la puerta de su casa había hecho que me decidiera a intentar superar mis temores y el encuentro con ese primer grupo de peregrinos que me acogieron con toda cordialidad y familiaridad, mitigó enormemente la tristeza. Ambas hechos se dieron por simple casualidad pero contribuyeron a cubrir las necesidades que yo tenía en aquel momento. Obviamente yo estaba receptivo para interpretar esos hechos del modo que a mí me resultara conveniente, pero internamente, a pesar de los intentos de mi racionalidad para ignorarla, no me sentía capaz de desechar la idea de que esas cosas sucedieron así porque estaba escrito que así debían suceder en ese preciso instante, simplemente porque yo necesitaba que sucedieran.

    Uno de los foreros que han escrito en este hilo incluyó en su mensaje una frase intrigante: "Cuando quieres una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla". Probablemente Paulo Coelho sabía bien lo que afirmaba cuando escribió esa frase.

    Pues yo me sentía bastante solo y perdido entre la multitud de gente que atestaba las calles de Lugo. Bandadas de turistas y peregrinos en la parte antigua, dentro y fuera de la muralla. Y yo sumido otra vez en oscuros pensamientos, considerando que esto no iba bien, que me estaba equivocando, que no merecía la pena. Contemplando la famosa puerta por la que pasó El Casto tantos siglos atrás, oigo una voz que me llama por mi nombre ¿cómo puede ser posible?

    ¡Al otro lado de la calle, sonriendo, me hace señas el australiano! Va con su compañera y otro par de viajeros con mochila. Cuando abre el semáforo, cruza la calle cojeando un poco y se junta conmigo. Entre que soy tímido e ignorante, os aseguro que hablar inglés es un auténtico problema para mí pero inexplicablemente, sin pensarlo y con toda naturalidad, sale de mi boca esta frase:

    "But... what in the hell are you doing here? (¿Pero que demonios hacéis aquí?)"

    Y el tío se pone a contarme en inglés como si estuviera hablando con un colega de la City sus tribulaciones. ¿Os ha pasado alguna vez lo de soñar que domináis un idioma extranjero y podéis hablar con tanta soltura como en el vuestro propio? Pues eso me pasó a mí en aquel momento. Esperaba despertarme de un momento a otro porque lo cierto es que ¡entendía lo que me estaba contando el australiano!

    Me contó que había tenido problemas con sus tobillos y que desde Pola de Allande habían tomado un autobús que los llevó a Lugo. Que iban a estar allí tres días y que luego se volvían a Londres ¡Y que durante el viaje el autobús en que viajaban había adelantado subiendo un puerto a un gordo ciclista en una bici negra con alforjas y entonces él exclamó a grito pelado: "¡Eeeeh yo conozco a ese tipoooo!".

    Cuando nos encontramos por casualidad la primera vez en Grado, ellos se fueron antes que yo pero no tardé en alcanzarlos luego en las afueras. Cuando los adelantaba él me había silbado y me había dicho adios para siempre con la mano deseándome Buen Camino. Ya me había alejado cuando se me ocurrió que me hubiera gustado darles al menos mi dirección de correo electrónico para enviarles la foto que les hice. Habían sido muy majos conmigo y lamenté mucho haber dejado pasar la oportutinad.

    ¡Y he aquí que me los encuentro de nuevo en Lugo, a mitad de camino de mi viaje, justo cuando mi moral empezaba a flojear y necesitaba una nueva inyección de cordialidad!

    Pero estaba un poco aturdido, quizá debido al esfuerzo por la etapa del día y sobre todo a la lucha por sobrevivir a las calles de Lugo. No supe reaccionar bien a la invitación de que me uniera a ellos. Me excusé diciendo que quería ver un poco la ciudad dentro de la muralla y buscar luego alojamiento. Sus acompañantes esperaban y él tuvo que seguir su camino, pero esta vez sí me acordé de darle mi dirección anotada en un papel. Ojalá me escriba.

    Anduve un buen rato vagando sin rumbo por el interior de la muralla, con una tensión que no sabría explicar, muy excitado y perturbado por una idea que no podía quitarme de la cabeza. Algo no iba bien en el viaje tal como lo estaba haciendo, faltaba algo y yo sabía qué era: un viaje no es nada sin las experiencias a las que te expones al relacionarte con los demás. Con mi patológica timidez lo estaba echando a perder y todo lo que estaba haciendo era tragar kilómetros en solitario. Tenía que superar esa limitación mía y abrirme a la gente que pudiera conocer en el viaje porque sólo así podría aprender y tener algo que recordar. No sirve de nada tratar de conocerse a uno mismo si no lo hace también en relación a los demás. La respuesta que buscaba acerca de mi lugar en el mundo tenía que incluir forzosamente una referencia al lugar que ocupaban los demás.

    La idea que tanto me perturbaba era la de que Alguien o Algo me acababa de hacer una señal y no había sido capaz de reconocer y aprovechar la oportunidad que me ofrecía. Me sentí inmensamente arrepentido y al mismo tiempo inmensamente agradecido de que al menos se me ofrecieran oportunidades. Por supuesto mi racionalidad negaba todo esto. No es más que una ilusión, un estado alterado producto del agotamiento. Pero mi irracionalidad insiste aún en que hay Magia en el Camino... para quien esté dispuesto a creer. Después de todo ¿qué maldita probabilidad racional había de que nuestros Caminos volvieran a juntarse en ese preciso momento?

    Nunca he deseado más fervientemente tener Fé.

    Publicado hace 4 años #
  7. ...Cesar por fin te has encontrado con la magia del camino...solo decirte que en cuanto llegues a Finisterre en tu bici... prepárate... jamas vas a volver a sentir lo mismo...disfrútalo con todos los sentidos, nunca jamas lo volverás a ver con los mismos ojos. Y por favor tomate un orujito en O Semáforo mientras ves la puesta de sol, potencia los sentidos hasta limites insospechados. Veras como O Rey Sol se despide de ti. Y luego a cenar a O Centolo...abajo en el puerto...al lado del albergue...altamente recomendable. Un abrazo

    Publicado hace 4 años #
  8. Hola,

    Sobre lo que comentas de oportunidades "desperdiciadas" y tu presunta(*) timidez: Uno nunca tiene la seguridad del acierto en sus decisiones. Me gusta pensar que cuando abro una puerta otras se cierran y que no pasa nada por ello. Tomar decisiones implica renuncias y es algo que personalmente creo que hay aceptar de buen grado.

    La otra cara de la moneda es estar "alerta" ante las oportunidades que te brinda una travesía como el Camino. Ahí ya es una cuestión de actitud personal y del momento concreto, de las ganas de cada cual a verse "invadido", de su cultura, de la necesidad de introspección.

    No te lamentes por ello, simplemente piensa que cada decisión tiene su contexto y que en ese momento pensaste que era lo correcto. Sigue adelante con la mirada de un niño dispuesto a aprender de todos esos momentos.

    Felicidades de nuevo.

    (*) Pongo presunta porque lo cierto es que, al menos desde el teclado, compartes unas vivencias muy personales y eso no algo fácil de hacer.

    Salud y coronas,
    Javi.
    Publicado hace 4 años #
  9. Bueno, ya os podréis imaginar que slow y los otros foreros que me felicitaban por llegar a Santiago tenían razón.

    Por desgracia mis crónicas están algo desfasadas y cuando puedo enviar la de una etapa, yo ya he rodado la siguiente. No sólo es que necesito tiempo para escribir, sino que además necesito tiempo para reflexionar y digerir el montón de experiencias y emociones que se me vienen encima.

    Publico ahora la crónica de la séptima etapa pero os adelanto que el cortísimo epílogo de mi viaje, la octava y última etapa, ha sido una de las experiencias más intensas y emocionantes de mi vida. Ojalá pudiera expresarlo bien por escrito de alguna manera. Haré lo que pueda.

    Publicado hace 4 años #
  10. Etapa 7. Melide - Monte do Gozo. 50 Km

    Esta vez las vistas desde la ventana de mi habitación en el hotel eran, digamos... sorprendentes.

    Pero debo decir que el precio fue reducido, la limpieza impecable y la atención recibida inmejorable. El hotel se encuentra en la carretera de Lugo, a la entrada de Melide.

    Empecé a pedalear cuesta arriba en dirección al centro de la ciudad. A primera hora de la mañana en un día laborable, el tráfico ya era intenso debido a los camiones y furgonetas que abastecen las tiendas y a la gente que se dirige a sus ocupaciones habituales.

    En esta etapa el Camino coincide muchas veces con la carretera nacional así que yo tenía la intención de rodar esta vez por el auténtico camino y evitar la carretera todo lo posible. Desde el centro de Melide circulé por estrechas callejuelas que acabaron llevándome a la pista de tierra por la que las flechas amarillas conducen a los caminantes. El Camino Primitivo propiamente dicho acaba en esta localidad al fundirse con el llamado Camino Francés. La soledad de los montes que he dejado atrás y de los campos por los que transita un escaso número de peregrinos acaba también aquí. A partir de ahora lo raro es no toparse con alguno en cualquier tramo. También las infraestructuras y los negocios relacionados con el Camino de Santiago se multiplican.

    Iba encantado por el tranquilo camino de tierra, atravesando bosques en los que la luz clara de la mañana fresca, colándose por entre los ramajes, producía hermosos juegos de luz y sombra sobre la tierra húmeda. Sólo se oía el variado canto de los pájaros dándole la bienvenida a un nuevo día radiante. Estaba encantado de haber tomado la decisión de evitar la carretera pero... ¡la primera en la frente!

    No muy lejos de Melide el río Carasol corta el camino. Un paso hecho con grandes piedras alineadas con espacio entre ellas para dejar pasar el agua permite a los peregrinos atravesar el riachuelo. Pero los ciclistas, sobre todo tan torpes y cargados como yo, lo tienen muy difícil o imposible. Tendría que descargar la bici, pasar con ella al hombro y volver a pasar con el equipaje. Y luego montarlo todo de nuevo para afrontar la dura subida que se adivina tras el paso. Otra opción sería poner a prueba la estanqueidad de mis flamantes alforjas Ortlieb. Confieso que estuve tentado de aventurarme pero no me resultaba atractiva la idea de darme un baño tan temprano. Así que de vuelta con la oreya gacha y a consultar mi fiel GPS en busca de un atajo hacia la carretera nacional. Pronto estuve de nuevo rodando por el arcén y jugándome el tipo cada vez que me adelantaba un camión.

    Pero bueno, por carretera cuesta menos avanzar y va uno más deprisa. Y no digamos lo que prestan las bajadas y... y el que no se consuela es porque no quiere.

    En Boente hay una capilla rodeada de lápidas de cementerio con un cartel anunciando en varios idiomas que allí se puede sellar la Credencial. Es curioso que en Galicia los cementerios no estén como en otras partes encerrados por un muro sino a la vista. Recuerdo que en Francia, en el Pirineo, me había llamado la atención que las tumbas en algunos pueblos se pusieran en cualquier lugar de paso cotidiano. Supongo que no hay razón alguna para ocultar un hecho tan natural como la muerte y que el recuerdo de los seres queridos no tiene por qué estar oculto y encerrado para visitarlo sólo una vez al año.

    Cerca de Arzúa decidí aventurarme otra vez fuera de la carretera. Esta vez el camino tenía mejor firme.

    Adios a Melide y su carretera nacional.

    Sólo circulando por pequeños caminos puede uno encontrarse gente con la que charlar y aprender. De este simpático señor aprendí que las auténticas tartas de Santiago, las que se venden en las confiterías de los alrededores de la Plaza del Obradoiro, se hacen aquí, en esta zona, y se transportan todos los días a Santiago para su venta.

    "Usted se pone en la Plaza del Obradoiro con la catedral a la espalda y a mano izquierda, bajando un poco, está el sitio donde venden la auténtica tarta de Santiago. Diga que va de parte de el abuelo, que las tiendas son de me hijo y mi nuera."

    "Pero entonces tendré que llevar alguna prueba, déjeme que le haga una foto..."

    De este tipo de encuentros es de lo que yo creo que está hecho un viaje como a mí me gustaría hacerlo.

    Para pasar el río Ribeiral no tuve ningún problema pero sí para subir las empinaduras embarrizadas que me encontré más adelante. A pesar de que indudablemente el camino es mucho mejor que la carretera, el avance por él es mucho más lento y fatigoso. Compensa contemplar los paisajes que vas descubriendo en cada recodo, y también la posibilidad de charlar de vez en cuando con otros peregrinos. Pero tras un par de kilómetros empujando y haciendo equilibrios para no caerme, empecé a echar de menos la comodidad y velocidad de la carretera. Así que hala, en cuanto tuve oportunidad, volví al asfalto de nuevo.




    Y así me pasé el día, del camino a a la carretera y de la carretera al camino. Planeándolo con cuidado se puede aprovechar el camino para las cuestas arriba, donde estaría uno más expuesto al tráfico de la carretera, y deslizarse luego por ésta sin esfuerzo cuando toca una bajada, adelantando alegremente a los grupos de peregrinos que a pié te miran seguramente con algo de envidia

    En Arzúa estaban haciendo obras en el pavimento. Una máquina devoraba literalmente el asfalto viejo dejando el firme con unas peligrosas acanaladuras longitudinales. Vallas de obra, maquinaria pesada en funcionamiento, tráfico atravesando la ciudad, muchísimo ruido, peatones intentando evitar las aceras destrozadas y multitud de peregrinos tratando de encontrar su camino en medio de ese laberinto en un día inusualmente caluroso en Galicia. Al final acabé bajándome para ir caminando al lado de mi bici haciendo eses entre las terrazas de los bares hasta la salida de la población.

    Paré a tomar un refresco en un, llamémosle bar, en uno de tantos puntos donde el Camino coincide con la carretera. Estaba repleto de peregrinos descansando, bebiendo y comiendo. Algunos se iban. Otros llegaban con el cansancio y el calor reflejados en la cara, sonrientes al ver la sonrisa de complicidad y comprensión en las caras de los que habían llegado antes y disfrutaban tomando algo cómodamente sentados al sol. Aquello parecía la ONU. Había un gran ambiente peregrino en el local, con gente de todos los países y multitud de grafitis en las paredes con todo tipo de mensajes, algunos auténticas máximas filosóficas. Para dejar mi asiento a los recien llegados que lo necesitaban más, me levanté, y cuando acabé de tomar mi bebida, monté de nuevo en mi poderosa máquina negra y con una elegante maniobra reemprendí mi ruta. Allá va el viajero, cabalgando lejos a lomos de su negro corcél... Lástima que era cuesta arriba y con el calor que hacía, me movía más lento que los caracoles, resoplando como una vaca y soltando por los poros de mi piel el poco líquido que acababa de ingerir. Eso no quedaba demasiado elegante ni glorioso, claro.

    Poco antes de O Pedrouzo, paré a comer en una especie de enorme marquesina de madera dispuesta para los peregrinos junto a una fuente, con bancos en el interior para poder comer a techo y a la sombra. Charlé con varios de ellos. Una mujer alta y delgada, ya madura pero con su juventud interior radiando en la expresión de su mirada, se acercó a interesarse por mi bici. Venía de sudáfrica con su compañero, aunque me contó que el Camino lo habían emprendido en Londres. Era una de esas personas de caracter extrovertido que seguro que han visto mundo y han tenido experiencias de todo tipo. Una pareja del país vasco se reía de mí, o conmigo, al ver mis torpes esfuerzos para comunicarme con la peregrina en inglés balbuceante. Todos los años me digo lo mismo: tengo que aprender inglés de verdad. La peregrina me contó que había hecho alguna parte del Camino Francés pedaleando y que ahora, a pie, echaba de menos la bici. Me hubiera encantado poder conversar fluidamente con ella.

    Tras la comida seguí mi viaje por la carretera. Alcancé a dos ciclistas alforjeros a los que les había dado por ir lentos un rato. El que iba detrás se dio cuenta que les seguía a corta distancia y me saludó. Charlamos un rato mientras rodábamos. Ellos también querían salirse de la carretera para seguir el camino de verdad. Tenían intención de llegar ese día a Santiago y organizar su vuelta a casa. Eran dos chicos de origen colombiano pero residentes en Alicante. Paramos unos minutos para consultar mis mapas. Luego ellos salieron delante de mí, pero no tardé en adelantarlos en O Amenal, donde empieza la subida hasta las proximidades del aeropuerto. Es la última subida hasta que se pueda decir que uno está llegando a Santiago. Empinada y con bastante calor, pero el premio al llegar a lo alto es hacerse una foto ante este curioso monolito. Una chica estaba haciendo la foto de rigor a un par de peregrinos y yo, sin pensarlo demasiado y sin que me diera corte ninguno, le pedí en inglés que por favor me hiciera una a mí con mi cámara. No es normal en mí tanto desparpajo, os lo aseguro.

    Enseguida llegaron mis amigos colombianos. Yo creía que llegarían como yo, cascados tras la subida, pero ¡qué va, frescos como lechugas! Intercambiamos direcciones de correo electrónico y nos hicimos la foto reglamentaria. Salieron de nuevo delante de mí y la última vez que los ví fue trepando una cuesta inhumana en San Paio que yo tuve que subir empujando.

    Tras el corto pero bestial repecho, una suave bajada hasta A Lavacolla. En Sabugueira hay un parque muy agradable, ideal para descansar antes de acometer la subida al Monte do Gozo. Un señor con acento andaluz me dijo "Quillo ¿onde vaz too enveneao?" Como me vio perplejo me explicó que se refería a que iba muy cargado de equipaje. La cercana iglesia está rodeada de este precioso cementerio, también abierto.

    Ya queda poquísimo, se cruza la carretera y se emprende la subida al Monte. Esta vez pude subir pedaleando, eso sí al paso de estos peregrinos, las dos o tres rampas gordas que me encontré.

    Luego viene una zona más llana y las instalaciones de la televisión gallega. Cada poco, se encuentra uno en cualquier sitio con máquinas expendedoras de refrescos ¿por qué será? Acabé por sucumbir a la tentación y paré junto a una. Pero no funcionaba. Estaba a la entrada de un recinto cerrado por un muro. Cuando levanté la mirada para leer el cartel sobre mi cabeza... ¡Era el camping! Había llegado a mi destino de hoy.

    He llegado temprano. Ahora son las ocho de la tarde y tras aguantar a la panda de ingleses que se empeñaron en jugar un partido de fútbol junto a mí, ya vuelvo a estar tranquilo y puedo contemplar en paz cómo el sol se pone tras las copas de los árboles. Estoy cómodamente sentado a la entrada de mi tienda de campaña. Ya me he duchado, ya he comido y tengo tiempo para escribir esta penúltima crónica de mi pequeña aventura, la cual por desgracia acabará mañana.

    Ha pasado solo una semana desde que emprendí este viaje pero me parece como si hubiera pasado un mes. Cuando pienso en todas las situaciones y emociones que viví en estos siete días, me doy cuenta de que he cambiado un poco, que no soy el mismo que salió temeroso a hacer su Camino. No ha sido este viaje para nada como lo había imaginado, desde luego. Menos mal. Lo que si es cierto, y ya sabía que iba a pasar, es que cada día ha sido completamente distinto de los demás.

    No podré completar el viaje planeado. Tendré que volver a casa desde Santiago de Compostela porque me reclaman urgentes obligaciones familiares. Esta mañana mi esposa me llamó para informarme de la situación y, aunque no es todo lo grave que podría ser, no me veo capaz de continuar tan lejos de casa cuando la cosa puede complicarse. Prefiero volver y estar disponible por lo que pueda pasar. Muxía y Fisterra seguirán ahí para cuando decida emprender otra vez el Camino. Pero no vuelvo descontento en absoluto. He cumplido conmigo mismo en cuanto a superar algunas de mis limitaciones y he aprendido algunas cosillas. Este viaje marca también un antes y un después. Ha sido una experiencia que no olvidaré y estoy satisfecho porque considero que he progresado.

    Mañana entraré en Santiago de Compostela. Hoy me retengo aquí, en el Monte do Gozo, como un Moisés sobre el Sinaí contemplando la Tierra Prometida. Sólo me queda dejarme caer y disfrutar de la meta tan largamente deseada no sólo ahora durante el viaje, sino durante los muchos años que alimenté la ilusión por hacerlo algún día. Ahora es realidad.

    Mañana será para mí sin duda alguna un día inolvidable.

    Publicado hace 4 años #
  11. Estoy absolutamente convencido de que así será.

    Vale más un "por si acaso" que un "quien lo iba a pensar".
    Publicado hace 4 años #
  12. que ganas de ver fotos de Santiago de Compostela y resto de recorrido,, a ver lo que cuentas amigo..
    y..que te leo cada dia
    saludos y suerte´
    ser felices

    Somos energia..
    de ti depende, si positiva o negativa
    Publicado hace 4 años #
  13. Bueno gente, esto se acabó. Pongo la última crónica y doy por concluido el relato de mi pequeña y corta aventurilla. Muchas gracias a todos por vuestra atención, vuestro ánimo, vuestros elogios y vuestros comentarios. Da gusto contribuir en un foro como este que ya sabéis que "es la leche".

    Ahora a preparar otro viaje. Pero este va a tener que ser para dar la campanada. ¡Uf! me parece que estoy muy sobrado yo... esperemos que pronto se me bajen los humos.

    Publicado hace 4 años #
  14. Etapa 8. Monte do Gozo - Santiago de Compostela. 7 Km

    Ya ha salido el sol, ya he desayunado y he recogido el campamento. Listo para entrar en Santiago. Quiero tomármelo con mucha calma porque tengo tiempo de sobra. Mi transporte para volver a casa no llegará hasta la hora de comer así que tengo toda la mañana por delante. Tiempo de sobra para hacer sólo 7 Km aunque fuera andando.

    Seguro que desde antes de que amaneciera ya había empezado el desfile contínuo de peregrinos hacia Santiago. Hay alegría en el ambiente, pero también emoción contenida. Lo sé por propia experiencia.

    Junto a la Ciudad de Monte do Gozo hay una pequeña colina y en la cima de la misma un enorme monumento que no entiendo pero que sí puedo tomar como el hito final en el Camino. Desde esa pequeña elevación apenas se distinguen algunos edificios de Santiago. No es precisamente la puesta en escena que uno desearía al final de semejante viaje: una ciudad en la lejanía iluminada por el sol reluciendo entre los campos verdes y destacando en ella sobre todo las torres de la catedral y un camino serpenteando entre las lomas en suave descenso hacia la ansiada meta. Me temo que esa imagen queda para los libros de caballerías. El mundo de hoy es más prosáico.

    No se ve gran cosa desde el Monte do Gozo, ni siquiera el monte mismo, pero es igual. Al ver la colina con su monumento al que sube una corta pista de tierra hollada por millones de pies y miles de ruedas, es imposible resistirse al impulso de trepar a ella. Pongo una marcha corta y pedaleo vigorosamente cuesta arriba. En pocos segundos llego a la cima y desciendo de la bici para encarar el panorama hacia el oeste. No se ve gran cosa, es cierto, pero eso depende de los ojos de quien mire. En realidad yo no estoy mirando hacia delante ni hacia afuera. Estoy mirando hacia dentro y hacia atrás. No puedo evitar el recuerdo de tantos planes, tantas ilusiones, tantos temores, penalidades, alegrías y experiencias. Sólo he tardado 7 días en llegar hasta aquí pero igual podrían haber sido siete semanas. Llevo muchos años soñando con este momento y verlo al fin convertido en realidad es muy emocionante. Demasiado emocionante. Me paso un buen rato allí de pie considerando que lo que importa no es llegar al final del Camino sino hacer el Camino. En realidad el premio no es llegar a ver Santiago, ni la catedral, el premio es haber podido realizar este viaje largamente soñado. Yo ya tengo mi premio.

    Pero debo estar muy sensible porque no puedo evitar que mis ojos se humedezcan. No sé por qué lloro, pero desciendo de la pequeña colina con una energía y unas ganas de vivir como no recuerdo haber sentido jamás. Si yo fuera dado a creer en esas cosas afirmaría que en ese lugar hay algo especial, una energía que se ha ido acumulando al paso de tantos y tantos peregrinos que se detuvieron allí a contemplar por primera vez el destino de su largo viaje.

    En el Mundo Real, la primera visión de la ciudad de Santiago de Compostela que tienen los peregrinos es esta:

    Ya queda poco, sobre todo si vas en bici. Me acerco rápidamente al casco antiguo de Santiago y una vez en las estrechas calles pedaleo muy despacio, siguiendo las señales y parándome cada pocos metros a mirar a mi alrededor y disfrutar del momento. No hago buenas fotos en las ciudades, tendréis que conformaros con estas, pero no importa en absoluto, esta debe ser una de las ciudades más fotografiadas del mundo.



    Me hizo gracia el relieve de la fachada de la Capilla de las Ánimas. Es casi naif Y además está pintado.


    Llego por fin a la parte posterior de la catedral. Estoy a punto de entrar en la Plaza, pero me detengo un momento. Por alguna razón no podía terminar mi viaje aún. Suena una música muy bonita entre celta y medieval. Un músico de la calle tañe un curioso instrumento de cuerda provisto de una gran caja de resonancia en posición horizontal. Las cuerdas se percuten con unos martillitos o baquetas, una en cada mano. El instrumento se llama hammer dulcimer o dulzema. El tío toca muy bien, francamente. Antón Guillén ofrece su música armoniosa a cambio de las pocas monedas que la gente va echando en su sombrero. También vende por unos pocos euros un CD de cosecha propia que por supuesto me apresuro a comprar. Le doy las gracias de todo corazón por su arte. Decido quedarme un rato escuchando. Lo último que deseo es tener prisa en acabar mi viaje.

    Dice la portada del disco de Antón que "la Santa Inquisición quemó músicos e instrumentos por el poder hipnótico y por tanto diabólico de su sonido." De eso último puedo dar fe, os lo aseguro. No sé que me pasó, quizá demasiado esfuerzo en estos días, quizá el hechizo de esta música que para siempre asociaré con esta emocionante experiencia. Pero el hecho es que no pude contenerme y rompí a llorar, pero a llorar de verdad. Me daba vergüenza que me vieran y me retiré a una esquina esperando que mis gafas de sol camuflaran las lágrimas que rodaban por mis mejillas. Y aún so sé por qué lloraba, pero sí sé que no era de tristeza en absoluto, creo que más bien era la vida brotando por mis ojos, porque si hay algo que tengo claro, compañeros, es que en esos momentos me sentí más vivo que nunca. Y allí estuve mucho rato, hasta que el músico terminó de tocar la pieza que estaba interpretando y volví en mí reconfortado, agradecido y lleno de alegría. Monté de nuevo en mi bicicleta preparado ya para poner poner fin a mi viaje. Sonaban las campanas de la catedral.

    Las señales separan a los peregrinos a pie de los que van en bicicleta. Sólo los que van a pie pueden entrar en la Plaza del Obradoiro pasando bajo los arcos que, debido a las escaleras, están vedados a la bicis. Un pequeño rodeo y llego de todas formas a la Plaza por un callejón lateral.


    Como no podía hacer otra cosa que retratar a mi bici, hice esta foto. Pero ¿véis ese señor que se dirige a mí sonriendo? Pues muy amablemente se ofreció a hacerme una foto con mi cámara.

    Venía con una señora que hablaba algo de español. Eran turistas alemanes. Muy majos, gracias a ellos tengo por fin mi foto en la Plaza del Obradoiro. ¿Véis? en el Camino, el Universo entero conspira para hacer realidad tus ilusiones.

    Aquí la fiel montura que me ha traido temblequeando hasta aquí. Al final nos hemos tomado cariño

    Lo siento, no tengo buenas fotos que enseñar. La verdad es que tampoco estaba muy inspirado en ese momento para hacer fotos. Me dediqué a observar los monumentos y el ir y venir de las gentes. Pasé un rato muy entretenido.

    Por ejemplo, si ampliárais esta imagen podríais distinguir en el centro un curioso personaje. Mucho pelo algodonoso y blanco asomando bajo su sombrero de tela, una espectacular barba en su mentón que parecía de atrezo. Un bastón de madera grande y pesado en su mano derecha. En pie en el centro de la plaza, de espaldas a la catedral, comenzó a entonar a voz en grito una extraña salmodia en no sé que idioma. Parecía estar recitando alguna especie de poema. Tras cada estrofa golpeaba el suelo con la punta de su bastón. Al principio pensé que sería uno de tantos charlatanes que pululan por allí, pero luego me convencí de que era un peregrino singular que acababa de cumplir con el rito que probablemente se había prometido realizar al término de su Camino. Cada cual lo celebra como quiere ¿no?

    Pasó un grupo de jovencitos y jovencitas uniformados con camiseta verde y pañuelo al cuello. Enseguida formaron para posar para una foto ¡Qué juventud y qué alegría asomaban a esas caras juveniles! Daba gusto contemplarlos.

    La gente se gana la vida de cualquier forma. La moda de las estatuas vivientes que Marta, mi esposa, me había contado que vió en las Ramblas de Barcelona también ha llegado a la Plaza del Obradoiro. Había un par de tipos, uno haciendo de Jesús y el otro de Santiago Apóstol, bastante logrados. Lo que no pintaba nada era una tía disfrazada no sé de qué, pero toda cubierta de purpurina dorada. Menos aún un fulano disfrazado de payaso de MacDonald que deambulaba entre la gente haciéndose el simpático por una moneda. Sentado en el quicio de una de las puertas de la catedral, un individuo acompañado de un perro disfrazado. Varios carteles junto a ellos: "Foto 1 euro". Ya sé que es normal, pero no puedo evitar acordarme de la escena de Jesucristo arrojando del templo a los mercaderes... ¿a latigazos?

    A ver, yo no soy precisamente un fervoroso católico y entiendo bien que incluso el asunto este de la peregrinación a Santiago es en realidad un montaje que lleva siglos funcionando, un negocio después de todo. Pero para mucha gente este peregrinar es algo trascendente y es una pena que en lugar de encontrarse un ambiente de cierto recogimiento, tengan que enfrentarse al final de su viaje con este folclórico merchadising. Un poco de respeto no vendría mal. Bueno, a lo mejor exagero, perdón.

    Cuando estaba a punto de irme, un grupo de peregrinos que llegaban me saludaron y me dieron la enhorabuena. Creo que eran unos chicos con los que compartí unos metros de camino bajando del Monte do Gozo. Les saqué una foto y en ella me llama mucho la atención el chico que se ve en el centro. Espero que me perdone por publicar esta imagen, pero de verdad que su actitud, tal vez accidental en el instante de tomar la foto, me resulta conmovedora. Da la impresión de que ese hombre es un peregrino de los de verdad.

    Y bueno, llegó el momento de decir adios a la Plaza del Obradoiro. Salí de ella por el callejón por el que salen los peregrinos que se dirigen a Muxía o a Fisterra, aunque yo ya no iba a llegar allí. Un ciclista que me seguía, un portugues de Oporto me propuso hacer parte del camino juntos, pero tuve que decirle que no podía porque había quedado con un compañero.




    Ese compañero es mi sufrido hijo mayor que ya lleva unos cuantos viajes por España a llevar o a recoger al chiflado de su padre a quien le da de vez en cuando por emprender aventurillas de estas en bicicleta.

    En el viaje de vuelta salimos de la autopista para parar a comer en el Monte do Gozo. Quería tener una foto mía de recuerdo en este lugar que tanto me había emocionado.

    No soy yo el único, naturalmente. Cuando nos íbamos, trepaban la colina un chico y una chica en bicicleta. Se bajaron y ella se abrazó a él con fuerza, ocultando su cara sobre su hombro, seguramente llorando de alegría, como yo lo había hecho unas horas antes. Con esa emotiva y tierna imagen me he quedado.

    Escribo esto ya en mi casa. Aparentemente sólo me he traido unas cuantas fotos y unos tracks de GPS. Pero no es a por eso a por lo que fui. Y desde luego lo mas importante de lo que me he traido ni pesa, ni ocupa, ni se ve, ni se oye, sólo se siente. Me he traido un gran pedazo de juventud recuperada, una enorme porción de ilusión por vivir, un montón de gratos recuerdos que no caben en ninguna foto ni en ningún texto, muchas experiencias y emociones que cuando salí, con tantos temores y dudas, ni intuía, ni me hubiera creído capaz de sentir. No hace falta decir que este viaje ha merecido la pena rotundamente. Pero sí hace falta decir que todo tiene su precio. A cambio de los tesoros que me he traido he tenido que dejar algo en Galicia, he tenido que dejar una parte de mi corazón y ahora estoy obligado a volver. Estoy deseando volver.

    Hoy fui al puente Gallegos, el primero en el Camino Primitivo, a la salida de Oviedo. Recuerdo cuando miraba este puente con la nostalgia de los horizontes por descubrir. Ahora estoy contento y orgulloso porque me he atrevido a afrontar mis miedos y he hecho realidad mi sueño. Miro las lejanas montañas de occidente y pienso: "yo he estado ahí". Pero siempre habrá más montañas que atravesar, más horizontes que descubrir.

    No sé cuándo, pero volveré. Tengo que hacer este viaje, tengo que hacerlo... y aún no sé por qué.

    Publicado hace 4 años #
  15. Qué nerviosssss (aunque ya sepamos que hay final feliz) es que quiero ver esa crónicaaaaaa.

    Publicado hace 4 años #
  16. ===es que cada día ha sido completamente distinto de los demás===

    Asin, que has llorado, en Santiago, eso significa que eres humano..
    Siguiendo tu relato y fotos te he ido comprendiendo poco a poco, pues las emociones me son conocidas.
    Te felicito por ver cumplido tu camino, que mas te puedo decir, quizas.. que gracias por tu tiempo y espero que el asunto, en el que ha echo, que vuelvas a casa no sea nada importante
    Tambien, que ese sentimiento y emotivo instante, en que la libertad y la felicidad te rodeaba, no se valla del todo nunca de tu lado

    ser felices

    Publicado hace 4 años #
  17. Bueno, me encantan las estadísticas y ya calculé algunas cosillas:

    Han sido unos 360 Km, despistes incluidos. Unos 6500 metrillos de subidas. Unas 54 horas de pedaleo (bueno, a descontar las paradas cortas "para hacer fotos" ).

    Fueron 7 etapas, porque la última no cuenta, que fue un paseo, a razón de unos 50 Km diarios.

    He gastado unos 300 eurillos entre pitos y flautas. 200 en alojamiento (Uno aún es muy sibarita ¡qué le vamos a hacer! )

    Saqué 281 fotos pero me parece que no hay media docena buenas. Lo normal.

    No tuve ningún percance mecánico, ni pinchazo, ni caida ¡menos mal! y esta vez tampoco me taladró ningún mosquito.

    No he llegado a quedar agotado ningún día y a pesar de ir tirando por 155 Kilillos de ná, mis pobres patitas aguantaron con las bisagras en buen uso. Por cierto, he perdido 3 kilillos de grasa por ahí, en alguna parte, pero tranquilos que ya estoy recuperándolos.

    Muchas gracias a todos los foreros que han leído mis mensajes y en especial a quienes han puesto algún comentario:

    pilas2000, victorblanes, daniblues, pleco, xatu, fjperez73, Andres Gomez, slow, ratona, zerep, pi, Pepe_Jimenez, pollo11, lamiñe, mike, Francisco Vazquez, beapies, brosquil, paco etiqueta, Vicent, Agaparicio, jofegaber, alfonso, Sir.Jhoan, glo, floren, taffer, laracova, danienbici, Petete, Carlos el Colorao, mallorkos, Lluís, trein, Yelmo, VILLABOA, sargantana (premio a su cultura artística), maria mg, Hector, rivasgus, Killo y Alforheitor.

    El año que viene tocará el Camino del Norte, que estuve dudando un montón si desviarme a Friol para pasar por Sobrado dos Monxes como sugirió zerep. Con esa excusa y la de llegar a Muxía y Fisterra, que esta vez no pudo ser, ya tengo bastante para intentarlo de nuevo. Y la próxima vez procuraré hacerlo mejor desde el principio.

    Esto es todo, amigos. Muchas gracias.

    Publicado hace 4 años #
  18. Gracias a ti cedila por compartir este viaje y gracias por tu gran crónica y tus buenas fotos.

    Un saludo compañero.

    Publicado hace 4 años #
  19. ¡¡¡GRACIAS CEDILA¡¡¡

    Andrés

    El objetivo no es llegar allí, es disfrutar de cada kilómetro hasta que llegas....., y sobre todo "ser feliz".
    Publicado hace 4 años #
  20. Enhorabuena maestro !

    Publicado hace 4 años #
  21. Eres el más mejor!! gracias.

    Siempre amiga de la naturaleza; para poder respirar la brisa del mar, con el sabor de los pinos.
    Somos mediterráneos.
    Publicado hace 4 años #
  22. ¡Qué bonito, cedila! He seguido día a día tu viaje y me ha entusiasmado. Y no lo digo por el Camino en sí, que también, sino por tu viaje interior. He entendido tus sensaciones de soledad, de sentir que no lo estabas haciendo bien, de que algo fallaba, y no era precisamente el pedaleo. Y te he admirado... Hay personas muy extrovertidas, muy sociables, y que luego son incapaces de mostrar sus sentimientos, su interior. Pero tú has sido muy valiente, te has desnudado ante nosotros, has proclamado a los cuatro vientos tus miedos, tus inseguridades, eso tiene mucho mérito y me ha encantado (¿será que entre tímidos nos entendemos? ).

    Enhorabuena y gracias, cedila, de todo corazón

    ¡Bici, bizi, vici!
    Publicado hace 4 años #
  23. ¡Qué bonito, cedila! He seguido día a día tu viaje y me ha entusiasmado. Y no lo digo por el Camino en sí, que también, sino por tu viaje interior. He entendido tus sensaciones de soledad, de sentir que no lo estabas haciendo bien, de que algo fallaba, y no era precisamente el pedaleo. Y te he admirado... Hay personas muy extrovertidas, muy sociables, y que luego son incapaces de mostrar sus sentimientos, su interior. Pero tú has sido muy valiente, te has desnudado ante nosotros, has proclamado a los cuatro vientos tus miedos, tus inseguridades, eso tiene mucho mérito y me ha encantado (¿será que entre tímidos nos entendemos? ).

    Enhorabuena y gracias, cedila, de todo corazón


    Poco más que añadir la verdad.

    «A bike should look good on its own but it's not complete until a person rides it». (Shinya Kimura).
    Publicado hace 4 años #
  24. "Pero siempre habrá más montañas que atravesar, más horizontes que descubrir."........... en ello estamos buen amigo, feliz rodada.

    non gogoa, han zangoa ( donde van tus pensamientos .van tus pasos ).
    Publicado hace 4 años #
  25. "Pode ser que Santiago, o fillo de Zebedeo, non estivera nunca en Galicia nin en España, nin vivo nin morto, ... pero, en calquera caso, ¡o Camiño de Santiago existe! e nel atópase a maxia, o espíritu e a semente dun mundo novo, máis humano, millor e diferente".

    Felicidades Cesar

    Publicado hace 4 años #
  26. Genial

    Nos humedeces los ojos con tus sentimientos y la forma de expresarlos, nos haces babear con tus crónica y fotos... Coño, nos vamos a deshidratar más que pedaleando

    Gracias Cesar

    Podréis seguir muchas de mis rutas en wikiloc buscando a 63petete
    Y en mi blog http://63petete.blogspot.com.es/
    Publicado hace 4 años #
  27. Ave Cesar forituri te salutan

    NOTA: Traducción simultanea, bienvenido Cesar los foreros te saludan.

    No te enfades, esto es para divertirse.
    Publicado hace 4 años #
  28. Cedila: Suscribo una por una todas las palabras de sargantana, me gustaría poder expresarme así, pero como no puedo pues a aprovecharme de una muy buena escritora que sabe expresar sus sentimientos negro sobre blanco, tan bien como tú.

    Publicado hace 4 años #
  29. to eso y más.
    yo, soló te deseo, que descubras lo que has encontrado en este camino y lo disfrutes, para que despues puedas desparramarlo a los cuatro vientos, siendo consciente de lo felices que nos haces.

    un toque a la visera del casco y un abrazo.

    Publicado hace 4 años #
  30. Sir jhoan , a ver si nos peinamos jjjj y a mejorar de ese pie...
    ser felices

    Publicado hace 4 años #



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