Etapa 13. La Parada de Compte - Amposta
Aún no eran las siete y media de la mañana y ya estaba rodando. Sabía que el recorrido de hoy iba a ser largo pero relativamente descansado. Y es que sólo tenía que subir durante 10 Km y el resto sería bajada y llanura.

pollo11 me había aconsejado que fuera despacio, que disfrutara del paseo, que saliera incluso de la vía verde a visitar los pueblos de alrededor. Él, como buen conocedor de su tierra y por lo tanto como buen amante de la misma, no quería que yo desperdiciara la oportunidad de visitar alguno de los maravillosos rincones que contiene. Me dijo que el paisaje me iba a encantar y que no llegaría hoy al mar porque me iba a parar cada dos por tres. Y acertó, claro. Me sentí un poco pecador al no seguir su consejo en lo de salirme de la vía a visitar los pueblos, pero la verdad es que con más de 800 Km a mi espalda, lo que quería para hoy era relajo total. Nada de cuestas.
Pensando en que tendría energía de sobra, emprendí con alegría la rampita de 10 Km, la última que tendría que hacer en el viaje. La verdad es que no cuesta ningún trabajo subir por esa pendiente constante con buen firme y mejor ambiente, sobre todo sabiendo que te espera una recompensa genial: ¡casi 50 Km de bajada!
Enseguida paso a la altura de Torre de Compte.

Toda la pista par mí solo. Paro donde quiero y no me tengo que preocupar de si vienen o no coches. Mañana fresca y un día que comienza.

En menos de una hora de recorrido tranquilo llegué a la cima pletórico de optimismo. Este es el último puertecito que había que superar. Ahora a recoger el premio.

Empieza la bajada. Entre la gravilla del suelo y el viento ligero de cara, ni siquiera tenía que molestarme en frenar para contener la velocidad.

Sólo tenía que frenar para pararme a sacar fotos ¡Y me paré un montón de veces!

En la foto, Cretas.

Pronto empieza a destacar en el horizonte una montaña de forma peculiar a la que poco a poco me iré acercando.

Continúo bajando sin prisa fotografiando todo lo que me llama la atención.

Desde los viaductos siempre hay vistas espectaculares. Esto es en las cercanías de Lledó.

Horta de Sant Joan encaramada en su pequeña montaña. La vía rodea por el Norte esa población antes de seguir en dirección nordeste.

Después de atravesar un amplio túnel, o varios, hay tantos... la vía pasa muy cerca de aquella montaña que por su forma llamativa viene captando mi atención desde tan lejos. Se trata de la Muntanya de Santa Bárbara.

Mirando hacia atrás queda Horta de Sant Joan, ahora vista por el Este.

En este lugar es donde la Muntanya de Santa Bárbara ofrece sus vistas más espectaculares.


Pero la vía sigue. Otros horizontes me esperan ¿Esta sería la Serra de Bot?

En este tramo la vía sigue paralela a la Serra de Bot. Las laderas de sus estribaciones ofrecen paisajes de gran belleza. Aquí hay un curioso estanque de forma rectangular y bastante grande.

Sigue la bajada. Aunque aprieta el calor, siempre encuentro alguna sombra en la que parar y los muchos túneles que cruza la vía constituyen agradables refrescos. Me estoy acercando a Bot. Ese pico llamativo en el horizonte ¿es Sant Josep?

En estas fotos se ve mejor.


La ruta rodea Bot por el Sur antes de describir una curiosa curva tras la que retoma su dirección original.

Encaramado en lo alto del pico, este santuario: Sant Josep.

Ahora entramos en un territorio de piedra vieja a la que el viento y el agua han dado formas caprichosas y espectaculares. Es fantásctico, no hago más que bajarme de la bici cada pocos metros. Hasta pienso en seguir a pie...




Estoy en el paso entre la Serra de Bot y la Serra de la Solsida



Paro un rato a comer algo en la estación.

Porque lo mejor está por llegar. El Santuario y Baños de Mare de Deu de la Fontcalda.




A partir de aquí la ruta, pasando un sin fin de túneles y siguiendo el río de la Canaleta, se dirige resueltamente a encontrarse con el río Ebro cuyo viaje, como el mío, están a punto de acabar.


De Benifallet a Xerta la vía termina su descenso y ahora toca llanear, lo que sería agradable si no fuera por el viento de cara. Tras la vagancia de tan prolongado descenso se hace duro volver a usar los músculos para avanzar. Uno está aún deslumbrado por la espectacularidad de los parajes naturales por los que acaba de pasar y volver a las carreteras y los entornos más o menos industriales es un choque desagradable.

Ya me había advertido slow que la vía verde del Val de Zafán acababa de forma curiosa. Y tanto. En Tortosa, el último kilómetro de vía acaba así de bruscamente.

Seguí el consejo de slow y continué en lo que pude por una de las pistas que flanquea el canal de la Dreta.

Decidí parar en Amposta. slow me había informado de que en Deltebre hay un albergue pero la verdad es que estaba cansado de pelear contra el viento y esta etapa ya había sido suficientemente larga. Busqué un hotel y tras ducharme ydescansar un rato salí a comprar la comida y bebida que necesitaría para el día siguiente, el último. Camino del supermercado sonó el teléfono. Una voz jovial y amistosa se interesó por mí. Al cabo de un rato me pregunta
- ¿Pero no sabes quién soy, hombre?
- Ejem... pues la verdad es que no... ¿quién eres?
- ¡Soy slow! Vamos a verte ¿dónde estás?
slow y pollo11 se habían puesto de acuerdo para hacerme una visita. Quedamos en vernos en el hotel y no tardaron en llegar. Cuando me avisaron de Recepción que mis dos amigos me esperaban en el hall, bajé las escaleras y allí estaba pollo11 para darme un bestial abrazo de bienvenida. slow se había venido en coche de Barcelona nada menos y por el camino había recogido a pollo11 en su pueblo.
Fue un encuentro cordial. Charlamos y tomamos algo en el propio hotel (consumición que pagó slow sin que nadie pudiera evitarlo) y luego nos fuimos a tapear (y también pagó slow, para mi vergüenza) en una terracita en la que pollo11 pudo dar de comer a los mosquitos hasta que nos metimos en el bar para ponernos a salvo. Y es que ¡vaya con los mosquitos del Delta!
A mí el encuentro se me hizo cortísimo. Deberíamos haber estado charlando días enteros. No puedo decir, y encima después de trece días en soledad, lo contento que me puso esta visita. No puede haber dos personas más diferentes que slow y pollo11. slow es elegante, extremadamente amable, tranquilo, con una paciencia y una serenidad que hace que todas las cosas parezcan naturales y fáciles. pollo11 es pura energía con rizos. Habla a gritos y habla mucho (aunque el afirma que el que hablo mucho soy yo
), siempre sonriente, siempre optimista, contagia entusiasmo.

Tras las fotos de rigor, a cargo de un amable transeunte que pollo11 reclutó y al que yo aseguré que no se trataba de un programa de TV de esos de cámara oculta, le di a slow las gracias de todo corazón y con todo mi respeto y pollo11 se despidió de mí con un abrazo rompe-costillas. Se fueron los dos caminando por la calle, pollo11 charlando a gritos, claro, y yo me quedé solo, confundido por una avalancha de emociones que no sé describir.

Se puede decir que el viaje había acabado, lo que quedaba era el mero formalismo de llegar a la desembocadura del Ebro y a las playas del Mediterráneo. Eso sería al día siguiente, en la décimocuarta y última etapa.