Al pasar por el cuartel, se me cayó un botón y vino el coronel a pegarme un bofetón, que bofetón me dió el cacho de animal, que estuve seis semanas sin poderme levantar.
Jeje, bueno no fue al pasar por un cuartel, si no por la cuadra "La Venta La Rubia" en Alcorcón, Madrid, y no era un coronel, si no un cuasi comendante el que se puso como un energúmeno.
El caso es que iba yo pacíficamente atravesando esta zona con mucho trasiego equino habitual, por la que paso a menudo, cuando veo que de frente a mi viene un hombre con un caballo en la mano, como suele pasar casi siempre. Bueno, pues este empieza a gritar como un histérico -paráte, paráte (si, debía ser argentino o uruguayo, o las dos cosas). Pues bueno, como que yo no paré, pensé, me aparto hacía un lado, por si el caballo es que se pone nervioso. Pues no, era este individuo el nervioso, debido probablemente a su poco conocimiento del cuidado equino, en lugar de tranquilizarse y tranquilizar al caballo, como hemos hecho todos los que hemos tratado con estos bellos animales, la emprende con el elemento ajeno que perturba al caballo, es decir, con el ciclista....
Después de escucharle una retahíla de palabros que debían ser en su dialecto, y de ofrecerme un montón de regalotas que el se quedó, pues yo no recogí, seguí mi camino, pues pensé que sería lo mejor.
En fin, que no son los perros lo único que nos puede intentar morder en nuestro camino.
Agus