Sospecho que caminantes, montañeros y ciclistas tenemos en común cierta sensibilidad para apreciar la belleza de los espacios naturales.
Sospecho además que eso tiene que ver con el hecho de que alcanzamos nuestros objetivos a base de nuestro propio esfuerzo físico. No sé, serán las dichosas endorfinas, pero creo que no sería lo mismo si uno llegara en coche.
No son más que paisajes. Están ahí, cualquiera puede verlos. Dicen que no hay nada en el camino, como no hay nada en la cumbre de la montaña, que uno sólo encuentra ahí lo que lleva dentro de sí.
¿Qué nos hace emprender nuestras rutas sabiendo que ello implica a veces sufrimientos y riesgos? ¿Viajamos sólo para descubrir paisajes nuevos o también para descubrirnos a nosotros mismos?
Slow dice:
Babia es una zona casi virgen, un verdadero paraiso por descubrir... con una luz impactante, con un aire limpio y claro.... pero no se lo digais a nadie...
Y tiene toda la razón:

Y, en efecto, de la Babia se pasa a Asturias por el puerto de Ventana...

o por el puerto de La Cubilla...

Este último es un auténtico paraíso para el ciclista de montaña, para el montañero y para el senderista, os lo aseguro.
Por cierto, en la foto veis las Ubiñas, cumbre de la cordillera Cantábrica. Desde el puerto de la Cubilla es muy fácil llegar a Peña Ubiña (hasta en bicicleta
).
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