LOS ALPES (2ª Parte)

Del lago de Annecy al Mont Ventoux

Por genis. Publicado el 9 de octubre de 2012 y actualizado por última vez hace 1 año y 10 meses

6º diario: ETAPAS 7 y 8

10 de agosto de 2010 Cruis, Provenza-Alpes-Costa Azul, Francia 0 Comentarios

ETAPA 7 – Martes 10 de agosto

Entre: Jausiers y Cruis

Dificultades: Col d’Allos (2.250 mts)

Particularidades: Mucho calor en la zona de la Provenza. Fueron incalculables los litros de aigua que llegué ingerir. Incluso entraba en los pueblos que según el libro de ruta estaban marcados como para pasarlos por el exterior…. Una quilometrada porque anunciaban tormentas para los díes siguientes y muchas horas encima la bici. Me encontré muy bien físicamente. Fui de menos a más durante el viaje.

Desnivel positivo:  1.030 mts

Desnivel negativo: 1.840 mts

Desnivel positivo acumulado: 9.443 mts

Desnivell negatiu acumulado: 9.482 mts

Desnivel total acumulado (positivo mas negativo): 18.927 mts

Velocidad media:  19,9 Qm/h

Velocidad máxima:  46 Qm/h

Tiempo total:  10 h 00’ 36’’

Tiempo real pedaleado: 6h 53’ 46’’

TOTAL QUILÓMETROS ETAPA:  152,43 Qms

TOTAL QUILÓMETROS ACUMULADOS: 543,65 Qms

 

Llegar al Mont Ventoux implicaba alargar muchos quilómetros el viaje adentrándome hacia la región de la Provenza y se hacía necesario superar el col d’Allòs. Se trata de un puerto que no lo considero mítico aunque documentándome un poco, leí que se había subido en bastantes ocasiones durante la primera mitad del siglo XX en diferentes ediciones del Tour. La población prévia al inicio del puerto se llama Barcelonette. Este municipio, es el nucleo mas importante de la huerta del río Ubaye. Fue fundado por Ramon Berenguer IV, que era conde de Provenza y estaba emparentado con los reyes de Cataluña y Aragón. El nombre de Barcelona fue puesto en 1.231 y con el paso del tiempo, la denominación fue afrancesada pasándose a llamar Barcelonette. La influencia latina está muy presente en esta población. Parece ser, que algunos de sus habitantes, habían emigrado a México cuando éste país se independizó dejando de ser una colonia española. En América crearon diferentes negocios de tejidos. En los tablones de anuncios de Barcelonotte aparecían publicados anuncios de clases de tango. En una pared había una placa escrita en castellano donde decía: “las siete puertas”.  

En esta villa, hay una oficina de información mexicana. El segundo idioma que se estudia en las escuelas es el español y a los habitantes del valle se los llama ‘Mexicanos’.

En el primer hito quilométrico del col d’Allòs, hay dos vallas con una bicicleta sujeta en las mismas. Un cartel informa que los viernes la carretera está cerrada a los vehículos a motor y solo pueden acceder bicicletas. Me gustaría saber que sucedería si se tomara una medida así, por ejemplo en Barcelona, en la carretera de l’Arrabassada para subir al Tibidabo o en Madrid para ir a Navacerrada…. En nuestro país todavía hay mucho rechazo a los que nos desplazamos en bicicleta.

El puerto es largo y tiene cierta entidad (nunca hay que subestimar un puerto cuando se pretende subirlo en una bicicleta).

El descenso es largo, estrecho, mal asfaltado y peligroso. Fui atravesando localidades como Allos o Colmars, donde había una plaza fortificada del siglo XVII y ese día había un mercado medieval.

Esta etapa fue muy larga y calurosa: unos 150 quilómetros. Incluso entré en las poblaciones que tenía marcadas en el libro de ruta para pasarlas por el exterior para así poder llenar el bidón, como hice en Malijai.

La Provenza tiene lugares con encanto. Por poner un ejemplo, pasé por el municipio de Les Mées. Esta localidad se caracteriza por unas rocas que se elevan a más de 100 metros de altura. Forman extrañas siluetas, hecho por el cual reciben el nombre de <>. La leyenda explica que representan a los monjes de la montaña de Lure, petrificados por San Donato por haber deseado a mujeres moras en tiempos de las invasiones sarracenas. También había un monumento y una escuela dedicados a Louis Pasteur.

La Provenza tiene un clima más mediterráneo y se caracteriza por los campos de Lavanda. El olor que desprendían esas plantaciones era muy peculiar.

Una de las decisiones complicadas que tuve que tomar fue la de decidir llegar hasta Cruis, ya que era un pueblo pequeño con un único alojamiento donde, por suerte, encontré una habitación… Los alojamientos de las poblaciones anteriores y posteriores al municipio de Cruis estaban a mucha distancia y en caso de no haber encontrado alojamiento en Cruis me hubiera quedado a dormir al raso después de casí 150 Qms…

Después de la rutina diaria: ducha,  lavar la ropa a mano, estiramientos musculares, masaje y comer algo, me dejé caer en la cama como un saco de patatas…

 

ETAPA 8 – Miércoles 11 de agosto

Entre: Cruis y Orange

Dificultades: Mont Ventoux (1.912 mts)

Particularidades: Mucha calor, mucha agua ingerida. La gran suerte es que el Mistral se portó bien y no sopló en los tramos más duros del Gigante de la Provenza.

Desnivel positivo: 1.304 mts

Desnivel negativo: 2.021 mts

Desnivel positivo acumulado: 10.749 mts

Desnivel negativo acumulado: 11.503 mts

Desnivel total acumulado (positivo más negativo): 22.252 mts

Velocidad media: 17,3 Qm/h

Velocidad máxima: 53,7 Qm/h

Tiempo total: 10 h 14’ 04’’

Tiempo real pedaleado: 7h 10’ 33’’

TOTAL QUILÓMETROS ETAPA: 143,44 Qms

TOTAL QUILÓMETROS ACUMULADOS: 687,11 Qms

 

Estaba muy cansado de la jornada anterior, tanto es así que pedí en el hotel el llamado ‘Petit déjeunier’. No había pedido este servicio antes porque el coste mínimo es de 7 euros y hay muy poca cantidad de comida, por lo menos, no la suficiente como para ir en bicicleta. Resulta más económico ir a los supermercados.

En Cruis, no había nada más que un pequeño supermercado que cuando llegué el día anterior ya estaba cerrado y sólo pude comer las pocas cosas que llevaba encima.

El desayuno fue bastante completo y me fue muy bien para recuperar y llenar las reservas.

Inicialmente sólo quería llegar a Sault, donde pretendía pasar la noche, eran un total de 50 quilómetros.

En la Provenza el calor era sofocante. En ninguna excursión en bici he llegado a beber tanta agua como en esta etapa. Incluso, en un municipio que se llama Banon no pude llenar el botellín porque el surtidor de agua estaba demasiado lejos y no lo alcanzaba. La situación era surrealista, pero es lo que sucedió. Tuve que hacer 10 quilómetros mas con mucha sed hasta Revest-du-bion donde bebí litros de agua…

Estas carreteras secundarias estaban situadas en medio de los campos de lavanda y el espectáculo visual era magnífico. El olor que desprendían aquellas plantas era de una intensidad máxima.

En Sault compré dos bocadillos para llevar y pregunté a cicloturistas de la zona si las pendientes del Mont Ventoux correspondían a los mismos que tenía anotados en mi libro de ruta, cosa me confirmaron. Una mujer me dijo: “-Si yo he subido, tú no tendrás ningún problema”.

En los folletos que tenía de cuando pedí la información para preparar el viaje explicaban esto del Mont Ventoux: “Es el mirador de la región, pues alcanza los 1.909 metros, por lo que recibe el nombre de <>. Su nombre está unido al mistral, que a veces sopla en sus cimas a una velocidad cercana a los 250 Qm/h. Las laderas del Ventoux son el paraíso de los ciclistas y es una etapa señera y compleja del Tour de France”.

Decidí subir el puerto y a la mitad del mismo paré a comer. Un poco más arriba hay el llamado ‘chalet Raynard’ donde compré dos botellas de agua. Desde ese punto se inicia la parte más mítica, con razón lo llaman: ‘El Gigante de Provenza’. Hay un proverbio provenzal que dice: ‘Quien sube al Ventoux no está loco, sí lo está quien repite”. En cuestión de pocos metros, la zona boscosa desaparece convirtiéndose en un paisaje lunar. A falta de un quilómetro hay un monumento a la memoria de Tom Simpson, que murió en el transcurso de una etapa del Tour de Francia en ese lugar. La tradición dice que los ciclistas que pasan por allí, han de dejar en el monumento un objeto ciclista. Yo, por causa del peso, lo tenía todo muy medido y lo que hice fue dejar un tapón de una cámara de repuesto.

La cima estaba llena de gente y ya sólo me quedaba el descenso del puerto y el ascenso a dos pequeños puertos hasta llegar a Orange, que es el municipio con estación de tren más próximo al Mont Ventoux.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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