Rodadas – viajar en bicicleta – cicloturismo y cicloviajes. Página de cicloturismo de alforjas y viajes en bicicleta. Trucos y consejos para viajar en bici, información sobre nuestras rutas y un poco de humor sobre ruedas.
Por Ali Octubre 10th, 2005

Km 0: para nosotros era el 4530
El martes toca subir la última “tachuela” en nuestro camino a Madrid: el puerto de Navacerrada. El día de descanso nos ha sentado fatal y en la Granja, a tan solo 15 kilómetros de Segovia, tenemos que parar a comer y descansar un rato. Se nota que nos acercamos a la capital del reino por los pitidos que recibimos de los conductores. Alguno nos suelta sandeces del tipo: “Vete al arceeeeen”. Parece que nos hicieran un favor por permitirnos utilizar “su” carretera. El puerto es precioso, con sus siete revueltas entre un bosque de pinos que huele a seco.
Una vez superados los 1800 metros entramos de lleno en la Comunidad de Madrid. Nos gustaría sacarnos una foto con el cartel pero parece que alguien se lo ha llevado de paseo. En fin…
Bajamos el puerto en busca de la zona de acampada de la Pedriza, en Manzanares el Real. El retén de bomberos voluntarios nos informa que ya no existe tal. El sitio en cuestión se había convertido en un botellón continuo que ya no se podía tolerar. Nos desvían al camping de Manzanares que por supuesto está al final de la cuesta. Es el camping más caro del viaje y no precisamente el mejor: 17 euros la noche.
Intentamos madrugar pero no hay manera: se está demasiado a gusto en el saco. A las 10 por fin tenemos todo recogido. Desde Manzanares a Colmenar por la carretera y luego el carril bici. Nos cruzamos con muchos ciclistas que disfrutan de un día soleado y sin a penas viento. A lo lejos vemos ya la boina marrón que cubre la capital. Nos emocionamos y empezamos a sentir los nervios del regreso.
El carril bici sigue unos cuantos kilómetros más y nos deja colgados en medio de la autopista, en la salida del pueblo de Fuencarral. Tenemos un cabreo monumental: parece que en vez de la alternativa lógica a los coches fuéramos unos parásitos que no hacen sino incordiar al medio de transporte por excelencia. Coches que nos rodean y bloquean en un atasco que nos retiene una media hora más cerca de Plaza de Castilla (a quien se lo cuentes).
Bajamos la Castellana por la via de servicio suscitando miradas vacias entre los hombres y mujeres de negro. Particulares “ladrones del tiempo” que pueblan la ciudad y nos recuerdan la vida que dejamos aquí. En la carrera por llegar a la Plaza Mayor perdemos de vista a nuestra preciada Casiopea. La recompensa son unos bocatas de calamares en compañía de los amigos que pudieron escapar de sus obligaciones aunque fuera un rato. Besos y abrazos, algunas fotos y nos disponemos a recorrer los últimos 10 kilómetros hasta casa de Alicia y 25 a la de Álvaro. Ahora, como ya nos dijo Mariano, enseñar fotos, reflexionar sobre la experiencia y soñar con la próxima aventura.
Gracias por seguirnos hasta aquí y un abrazo.
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Por Ali Octubre 3rd, 2005

Por fin un valiente! Ricardo, el hermano de Ali, se unió a nosotros entre Soria y Segovia. Cuatro días de ruta en las planicies castellanas aderezadas con unas vistas impresionantes.
¿Cómo se vuelve a casa después de tres meses y medio de viaje? No fue premeditado pero en nuestro caso ha ido sucediendo poco a poco. Familia y algunos amigos se han ido acercando al camino para darnos la bienvenida y cargarnos las pilas estos últimos días.
El primero fue el hermano mayor de Alicia, Ricardo (en la foto). El miércoles por la noche nos acercamos a recogerle a la estación de Soria a pie, a pesar de las advertencias locales que nos indicaban que la susodicha estaba “a una tiradita. Unos 15 minutos andando o así”. El reencuentro fue al principio extraño. Después de tantos días solos o con desconocidos es complicado adaptarse a la presencia de alguien que sabe tanto de tí. La tensión duró unos minutos. Lo que tardamos en poner todo encima de la bici y buscar un sitio calentito donde cenar.
El jueves a primera hora ya estábamos listos para el pedal, previo paseíto por Soria. Casi sin querer nos metemos en el mercado de frutas. “Compre unas pastas en ese puesto joven, que son las mejores de Soria. Están bendecidas”. No cabe duda que las monjas son las mejores pasteleras de Castilla. Luego frente a la catedral conocimos a Mariano, un cicloviajero asombroso en estos momentos descansando en su tierra.
Reconfortados con la calidez soriana salimos de la ciudad por la nacional que lleva a Burgo de Osma. A los 20 kilómetros, hartos de camiones y aprendices de Alonso nos desviamos por una pequeña comarcal que se interna en los valles sorianos. Una muy buena decisión: después de una comida reparadora al pie del castillo de Calatañazor y un café en el restaurante de Jose seguimos ruta por un paisaje lunar salpicado de bosques de pinos. La soledad de estos parajes hincha el ánimo.
En el camino cruzamos pueblos con una veintena de habitantes y otros completamente abandonados, cañones y campos de cereales en un continuo sube y baja que nos deja para los restos. A la altura de Ucero, donde acaba el cañón del río Lobo nos acercamos al camping para descansar. ¡Sorpresa! Está cerrado desde el día anterior. Cambiamos la ducha caliente por una noche de soledad y estrellas en un bosque de chopos.
¡Qué frío hace en Soria! Nos despertamos congelados a pesar de haber dormido con toda nuestra ropa encima. Para intentar reactivar la circulación de los dedos, Álvaro prepara un té calentito. A las 10 hemos recogido y nos acercamos al pueblo imaginándonos un buen café con churros. Segunda sorpresa: Ucero tiene mesón pero no panadería ni tampoco bar. Por suerte damos con Irene que nos presenta a Puri, la dueña del bar del cañón. Puri tiene asuntos en Burgo pero se apiada de nosotros y nos ofrece pasarse por el bar a hacernos unos bocadillos de chorizo. “Los mejores de la comarca” nos comenta Irene, y tiene razón.
Haciendo relevos llegamos enseguida a Burgo de Osma (unos 15 kilómetros al sur del cañón). Hacemos la compra y tomamos algo en la plaza de la Catedral antes de seguir ruta. Queremos llegar a Ayllón esa noche y para ello hay que ponerse las pilas. Salimos por la nacional y de pronto la carretera se convierte en una autopista. Sorprendidos nos metemos en la única opción de dos carriles que nos queda, una pequeña carretera que se interna (y muere) en Alcubilla del Marqués. Preguntamos en la casa rural y la Chus nos informa que a) bajan las temperaturas, b) en Ayllón están en fiestas y c) para volver a la carretera (que solo está desdoblada unos 2 kilómetros) podemos coger un camino de tierra a la salida del pueblo. Allá que vamos, sube y baja de nuevo hasta volver a la nacional. Luego, un pequeño puerto que tiene una gran recompensa: una vista espectacular de la Sierra de Ayllón.
Ya nos lo había dicho Chus pero teníamos esperanzas razonables de encontrar un sitio para dormir con ducha calentita. Cuando llegamos a Ayllón el pueblo está desierto. Todos se han ido a los toros y no quedan más que alguna madre con niños demasiado pequeños como para estar sentados. Nos indican la casa rural y el convento pero en ninguno nos aceptan. Siete llamadas después estamos convencidos que nuestra única opción es acampar. Con buena voluntad, Ali intenta que un caballero nos preste su jardín pero no hay manera. Estos segovianos torean las indirectas con una casta admirable. Al final, cuando ya casi se está poniendo el sol, sube la colina hasta un clarito discreto. Allí nos esperaba el mejor cielo de todo el viaje con vistas a todos los valles de la comarca.
Madrugamos de nuevo pero hasta las 11 no estamos en ruta. En Sepúlveda, a 50 kilómetros de Ayllón, nos esperaban los padres de Alicia para el primer reencuetro. Rodamos fuerte, con ganas de llegar a la meta. Más sube y bajas que nos dejan baldados pero merece la pena. Al final, abrazos, unas pocas lágrimas y cordero en el cañón del Duratón.
El último día de ruta de Ricardo empieza arreglando el enésimo radio roto de Álvaro. Cuando acaban de centrar la rueda un café con bizcocho y a rodar. La salida de Sepúlveda hacia Segovia tiene un puertecillo desde el que se divisa ya la sierra de Madrid. Estamos alucinados y maravillados porque ya olemos la meta. Casi lo hemos conseguido.
El domingo por la mañana los ciclistas tenemos la carretera toda para nosotros. El tiempo acompaña: fresco pero soleado, lo ideal para hacer kilómetros. A la hora de comer llegamos a Turégano, un pueblecillo con un castillo en el que nos esperan los padres de Álvaro. Besos, abrazos y más cordero.
Aquí nos espera también María, que viene a recoger a Ricardo. Después de unos días tan especiales nos sentimos un poco raros al volver a ser solo dos. Ver a la familia nos ha servido para recargar las pilas. Si no tuviéramos tantas obligaciones esperando quizá podríamos seguir unas semanas más.
Los kilómetros que nos quedan hasta Segovia son un sube y baja mortal. A los pies del acueducto nos zampamos unos bocatas de filete empanado cortesía de la madre de Álvaro antes de buscar alojamiento. Después, nuevo reencuentro: Elena y Pablo se acercan a pasar la noche con nosotros en la ciudad del Eresma (y nos traen gafas protectoras para ver el eclipse).
Hoy disfrutamos de nuestro último día de descanso antes de volver a la locura que es Madrid y las vidas que nos dejamos esperando. Parece mentira pero el miércoles como muy tarde estaremos en casa.
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Por Ali Septiembre 28th, 2005

¿Se come? No,
evidentemente, el
plástico no se come..
Tres dias llevamos con la dichosa canción de Gabinete Galigari, pero no es para menos: ¡Hemos llegado a Soria! Habíamos escrito un largo y florido post con todos los detalles del camino hasta aquí pero un error de teclas nos ha dejado con las ganas, así que ahí va un resumen.
Desde la frontera cogimos el Camino de Santiago hasta Logroño. Tres días nos costó, pero llegamos para catar el final del San Mateo, la fiesta grande de la vendimia, en las tapas de la calle Laurel. Un poco mareados (a la par que contentos) llegamos al albergue de peregrinos que iba a ser nuestra casa de nuevo esa noche. A las 9.30 ya está todo el mundo metido en la cama porque a las 6.30 toca diana. Hay que aprovechar la fresca.
Los días que seguimos el Camino de Santiago nos sirvieron de periodo de adaptación a España. El cambio al cruzar los Pirineos ha sido impresionante. De la verde y urbanizada Francia, con sus horarios civilizados y su cortesía un poco fría a la desierta y cálida (en todos los sentidos) Ejpaña.
El prepirineo aragonés y navarro nos han dejado impresionados por lo solemne de sus paisajes. Las fuerzas orogénicas se lo han pasado en grande tallando las rocas de esta zona, repleta de montículos y cañones. En lo alto, pueblos muchas veces abandonados con siluetas imponentes presididas por iglesias románicas casi perdidas.
De Logroño salimos por una pequeña carretera (LR 250) que atraviesa la sierra de Cameros. La elegimos porque era una vía pequeña que nos iba a evitar 50 kilómetros de nacional pero fue lo que se dice una decisión afortunada. La carretera se interna por el cañón del río Leza, donde vive la colonia de buitres leonados más grande de España. Mientas comíamos unos cuantos se acercaron a visitarnos con vuelos rasantes a pocos metros de distancia.
Al final del día lo que menos nos esperábamos: 6 kilómetros de puerto para llegar al alto de Sancho Leza. No pasa nada. Ponemos las marchas cortas y para arriba. Al llegar buscamos una praderita discreta en la que acampar. Lo que veis en la foto que acompaña a este post es lo que pasó después: una manada de caballos se acerca a visitarnos y comprobar que no venimos a darles nada de comer. Cuando vieron que no, rapidamente perdieron interés y se fueron con viento fresco a otra parte (aunque volvieron a la mañana siguiente por si las moscas).
Hoy hemos llegado sin mayor dificultad a Soria después de pasar por el Puerto de Piqueras. Esta noche nos reunimos con mi hermano Ricardo (¡que ganas!), el único valiente que se ha animado a hacer unos días de bici con nosotros (Juanan, Javi, eso va especialmente por vosotros). Si todo va bien, en cinco o seis días llegamos a casa.
PD. En Estella hicimos nuestro cuarto cumple kilometraños feliz.
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Por Ali Septiembre 23rd, 2005

En la cima del puerto, la ultima frontera de nuestro viaje .
7 de la mañana. Hace un frio que pela y hemos dormido fatal, no sé si porque queremos llegar ya o porque dentro de la tienda hay unos 8 grados, un poco por debajo de la temperatura de confort de nuestros sacos. Alvaro se decide a salir y preparanos un té calentito mientras yo remoloneo un poco más. Al final no queda más remedio que activarse, hay cosas que hacer. Con los meses hemos cogido práctica en recoger y no nos lleva más de media hora. Guardar la tienda ya es otra historia. Entre unas cosas y otras, y que no sentimos las manos, hasta las 9 no nos ponemos a pedalear. Hasta Somport nos quedan 37 kilometros y unos 1200 metros de desnivel.
A las 10 todavia no nos da el sol. Pasamos por el pueblo y nos vence el olor a café y la promesa de un bar calentito. El rocío de la hierba nos ha empapado las botas y no sentimos los dedos de los pies.
A las 11 ya estamos de nuevo en ruta. Del tirón subimos hasta Urdos. En el camino una gasolinera indica que es la última hasta después de la frontera. Nos emocionamos. Un bocata y una siestecita al sol para reponer fuerzas. Estamos a 800 metros de altitud. Solo nos quedan otros tantos y unos 15 kilometros para llegar al puerto. La gente nos sonrie y nos anima. Tenemos la carretera nacional prácticamente para nosotros solos. A 5 kilometros de Urdoz la carretera se bifurca. Un ramal sube a la estación de esquí y la otra lleva a un tunel que lleva en poco más de 8 kilómetros a Canfranc. Ahí empieza la verdadera subida. Un paisaje precioso, que entrevemos a través de un bosque impresionante nos cobija y nos da ánimos, pero a pesar de todo el puerto se nos hace largo. Rabiamos con ganas de llegar.
Cuando estamos a punto de darlo por perdido aparecen las casas que indican que estamos llegando a la cima. Dos zetas más y allí estamos, junto al cartel que indica que señala la frontera. Nos sorprendemos a nosotros mismos: ¡lo hemos conseguido, hemos llegado a casa!
Fotos, mensajitos y llamadas de teléfono. Después una bajada loca hasta Canfranc donde comprobamos el lamentable estado de su famosa estación de tren. Un cartel reza a la entrada: “Vergüenza nacional”. Después, sube y baja los 22 kilómetros que nos quedan hasta Jaca.
Señores, ayer cenamos de tapas.
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Por Ali Septiembre 18th, 2005
Que poquito nos queda ya de Francia. Nos acercamos peligrosamente a Tarbes, la ultima ciudad que visitaremos en la parte del periplo que corre por las Galias antes de girar definitivamente al sur y subir los 1600 metros del puerto de Somport, el paso que en la cara sur da abrigo a Canfranc y Jaca. Desde alli, camino de Santiago hasta Logrono y luego por Soria, subiendo el puerto de Piqueras, Segovia y de ahi, a Madrid. Y parecia un viaje tan largo…
Los ultimos dias en Francia nos estan resultando duros, y no por lo animico. Estamos en la region con mas viento de todo el pais gabacho, y cuando no nos toca la Tramontana, que aqui sopla del este, nos tocan los vientos de Serse, o los de drenaje de los Pirineos. Ademas, hemos entrado en la zona del Prepirineo, y todo son subidas y bajadas. Lo que aqui llaman un camino de vacas y en el argot ciclista es un vulgar rompepiernas.
Los ultimos dias en Francia nos han dejado tambien un sabor dulce en cuanto a los encuentros. Ayer, al pedir hielo en una tienda iniciamos una conversacion que termino en una invitacion a cenar. Elene, Jean Francois y Gaia fueron los mejores anfitriones para este par de cansados ciclistas. Nos despedimos con un poco de pena y con el buen sabor de boca de saber que existe gente generosa en todas partes.
Os posteamos tambien algunas fotos que hemos sacado estos dias. El paisaje y las casas de esta region son increiblemente bellas. Algunas, como la que ilustra este mensaje, un poco desvencijadas, pero con el encanto de las cosas que se utilizan de verdad.
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Por Avo Septiembre 15th, 2005
El viento es uno de los factores mas importantes a tener en cuenta cuando montas en bici. Puede transformar un dia de placentero pedaleo en un infierno. Nosotros solemos llamar al viento “El enemigo invisible” porque, al contrario que con las cuestas arriba, no le ves venir. Esto es una de las cosas por las que preferimos mil veces una cuesta arriba de 30km a un dia de viento. Con la cuesta arriba puedes regular. Sabes que en los proximos 20 metros vas a tener un descanso, que te permite descongestionar las piernas, te indica el ritmo comodo de avanzar. Con el viento no tienes esta informacion. Rara vez es lo suficientemente uniforme para poder llevar un ritmo constante. Habitualmente el viento es racheado y te zarandea en distintas direcciones sin el menor aviso. A veces se calma por medio minuto, y entonces vas pedaleando en vacio y otras te empuja tanto hacia atras que por mucho que pedalees no consigues avanzar. Resultado: es imposible adoptar un ritmo comodo con el que aguantar un dia normal de bici.
Ayer tuvimos conocimos la Tramontanam por supuesto en contra, con unos vientos de entre 25 y 40 kmh en contra. Estabamos tan moralmente bajos que cualquier ayuda era de agradecer. En la foto Ali se refugia detras de una vendimiadora para tener unos kilometros de alivio.
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Por Avo y Ali Septiembre 15th, 2005
Aqui estamos, por fin hemos llegado a Carcassone. Desde la frontera con Suiza nos han llevado unas 10 etapas y todavia nos quedan unas 6 para salir de Francia. Desde que conocimos a Michaella y Alex hemos introducido algunos cambios de organizacion y ahora, aunque hacemos jornadas mas largas, descansamos mucho mas y nos cunde mas. Antes nos levantabamos a las 6.30 y recogiamos lo mas rapido posible para intentar salir sobre las 8. Generalmente hacemos unas cuatro paradas mas o menos largas para comer algo durante el dia e intentamos llegar a eso de las 6 o 7 como maximo para descansar y hacer nuestras tareas. Sin embargo los campings franceses han podido con nosotros. Lo que comentaba Alvaro con los bannos es mas cierto que nunca. Conforme nos dirigimos al sur cualquier arbusto empieza a ser mas apetecible que el banno del camping. Ergo, como es realmente lo unico que nos motiva para pagar los 20 eurazos que cobran algunos, hemos optado por la opcion vinnedo. Menos higienica, es cierto, pero mucho mejor para la economia familiar y, en estas zonas de campos, igual de segura que cualquier camping (y mucho mas que salir de marcha por Madrid).
En fin, que me despisto. Como ya os comentamos, llegamos por fin a la playa. Teniamos muchas ganas de tomarnos unos dias de descanso cerca del mar. Nuestra ilusion, un pequenno pueblo de pescadores con sus dunas, sus playas desiertas y sus partidas de domino en los bares. La ingenuidad se nos paso de golpe con el primer bloque de hormigon. La costa cercana a Montpellier se parece mas a Benidor que a Asturias. Vamos, que nada mas llegar nos queriamos ir por muchas ganas que tuvieramos de acoplarnos en cualquier esquina.
Como ya nos habian advertido que las mejores playas estaban en los alrededores de Sete, el mismo dia decidimos ponernos las pilas para intentar llegar hasta alli. Al final hicimos uno de nuestros recorridos mas largos, 107 kilometros, todo para llegar al prometido camping entre las dunas. Cuando llegamos a la ciudad ya esta atardeciendo. Preguntamos al primer parroquiano que se nos presenta. Cara de no tener ni idea: ‘Camping? Creo que no hay camping en la ciudad…’ Vaya por Dios. Nunca mejor dicho porque tras algunas pesquisas mas resulto que si habia uno, regentado por el parroco. En un hotel cercano nos advierten que selecciona al personal asi que ponemos nuestra mejor cara de mosquita muerta y alla que vamos. Ningun problema. Llamamos a la puerta y nos abre un tipo con alzacuellos y calzoncillos {algo que nunca nadie deberia presenciar}. Nos acoplamos bajo un arbol y nos disponemos a pasar la noche, estamos KO.
Al dia siguiente aprovechamos para hacer algunos recados en la ciudad y ya a ultima hora recogemos la tienda y nos montamos de nuevo en la bici. Queremos celebrar nuestro dia 100 de una forma especial… durmiendo en la playa. Asi pues, nos dirigimos a un brazo de tierra que separa las marismas del Mediterraneo y nos instalamos detras de una duna discreta, con unas vistas formidables al atardecer y amanecer.
Podeis ver un testimonio grafico del evento en nuestra pagina de fotos.
Con el sol nos ponemos de nuevo en ruta, despidiendonos definitivamente del mar en este viaje, rumbo al interior. Nuestro plan es entrar en Espanna a la altura de Jaca. En la primera ciudad que podemos pillamos a unos ciclistas el camino mas seguro para ir hasta Beziers, nuestra primera parada, evitando la carretera nacional de la que ya hemos tenido mas que suficiente. Nos llevan a toda velocidad por pequennas calzadas llenas de baches hasta el borde del canal de Midi, una obra faraonica que conecta el mar Mediterraneo con el Atlantico y que utilizan todo tipo de yates y barcazas para evitar pasar por el estrecho de Gibraltar.
Ya empezaba entonces a soplar fuerte el viento que nos viene atormentando desde entonces… la maldita Tramontana. Ayer, a pesar del viento, llegamos a Carcassonne con el tiempo justo de darnos un estupendo banno en la piscina. Hoy, colada, fotos y paseito por la ciudad, que como bien dice la guia es mas bonita de lejos que de cerca por culpa de hordas de turistas y de tiendas medievales de a peseta el kilo.
Mannana salimos de nuevo. Nos han dicho que la Tramontana solo sopla dentro de esta region asi que intentaremos irnos lo mas rapido posible de ella, y no porque no nos guste. A nuestra izquierda ya los primeros montes anuncian los Pirineos. Ya estamos a la vuelta de la esquina.
En cuanto podamos hacernos con un buen mapa de Espanna os postearemos las etapas que tenemos previstas hacer. Si alguien se anima a unirse durante un par de dias sera mas que bienvenido. Se ofrece dias de ciclismo beatifico por los montes del Norte y las mesetas centrales y dos ciclistas curtidos en mil batallas que protegen del viento lo que haga falta.
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Por Ali Septiembre 12th, 2005
Llegamos a la playa. Al final las inundaciones fueron menos fuertes de lo esperado y no encontramos ningun problema para cruzar el departamento de L’Herault y Vauclause. Por si acaso, temiendo meternos en una piscina sin querer, acampamos siempre en lo alto de las colinas.
Despues de la belleza impresionante de los Alpes, y la dureza de sus carreteras, estos dias de colinas suaves y serenidad reposada de la Provenza nos estan sentando como un bálsamo. Las jornadas se han alargado al salir de las montañas y de nuevo vemos jaras, romeros y girasoles. Con una cierta frecuencia nos preguntamos si no nos habremos equivocado y por efecto de un extraño periplo espacio-temporal sin saberlo rodamos por Almeria.
Ayer por fin nos encontramos con el Mediterraneo. Despues de 3200 kilometros agradeceremos un baño, aunque sea en esta playa rodeada de horribles complejos turisticos y ya en septiembre solo poblada por los locales y excursiones de la tercera edad.
En la foto, mas cicloviajeros. Michaella y Alex, dos austriacos en ruta desde Cabo Norte (Noruega) hasta Cabo Sur (Sudafrica). Su pagina esta en aleman, pero las fotos prometen. Llevan camaras analogicas, asi que dadles tiempo: www.kaptour.at
De ellos hemos aprendido a acampar en viñedos y que el potaje de avena, a pesar de las apariencias, es el desayuno perfecto del ciclo-viajero.
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Por Avo y Ali Septiembre 6th, 2005
Al principio nos preocupamos un poco, pero despues de dos meses y medio viajando de zona catastrofica en zona catastrofica, ya no podemos mas que tomarnoslo a guasa. En junio y julio inundaciones en Rumania con cientos de muertos y regiones enteras arrasadas. En agosto le toco el turno a Austria, Suiza y Alemania, por los que casualmente estabamos viajando. Ayer anunciaron alerta roja por lluvias torrenciales en el sur de Francia: Nimes, Montpellier y Bezier, en la zona del Languedoc y Rousinnon por las que (que sorpresa) teniamos pensado pasar en los proximos dias. Teniendo en cuenta que hace unos cuantos annos vivi en Nueva Orleans y que ademas se ha caido un teleferico en Austria, justo por donde pasamos hace unos 15 dias, estamos en condiciones de decir que somos los Quintos Jinetes del Apocalipsis, y mucho cuidadito que vamos para Espanna.
Bromas aparte, os escribimos para contaros que estamos bien, sequitos y generosamente alimentados. Hoy nos hemos quedado en Crest, una pequenna ciudad a 100 kms al norte de Avignon, a esperar a que baje un poco el nivel del agua. Parece que todo esta controlado y que el tiempo mejorara considerablemente en los proximas dias, con lo que mannana nos volveremos a poner en marcha hacia el sur (a nuestra izquierda y derecha sendos macizos de montannas).
Como ya ha contado Alvaro, el balance provisional de caidas es Alvaro 0 – Alicia 3, con la unica consecuencia tragica de unos cuantos raspones y un casco roto. Sin embargo, de todas las cosas duras de la vida se aprende y ya sabemos que:
a. Si Alvaro empieza a hacer eses, hay que evitar ir detras, aunque haya viento en contra
b. Si la cosa se empina hay que bajar el plato o sacar el pie del calapie rapidamente
c. Si tienes que arrancar en cuesta arriba, mejor sin meter el pie en el calapie.
El olor de las crepes con chocolate nos llama… A plus!
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Por Avo Septiembre 6th, 2005
Despues de la relativa desconexión que sufrimos en los alpes, volvemos a encontrar un ordenador.
Es sorprendente, pero en las zonas que esperabamos más desarrolladas, ricas y caras (Austria y Suiza) hemos tenido verdaderos problemas para encontrar un lugar desde el que postear. Unas veces por su precio prohibitivo (1€ por 5 minutos) y otras porque estaban tan capados que no te dejaba subir las fotos.
Sin embargo, hay un aspecto que hemos descubierto un indicador del grado de desarollo y “civilización” de un pais, mejor que el precio de una hamburguesa en el Mc Donalds de turno. Este indicador que hemos desarrollado no es, ni más ni menos, que el estado de los retretes (urinarios, mingitorios, tualettes, o como quieran llamarlos).
En un extremo de la escala se encuentran aquellos paises en los que un arbusto a la orilla del camino es más seguro para la propia salud que cualquier retrete (público, se entiende). En el extremo opuesto se encuentran aquellos servicios en los que montar el chiringuito y pasar un par de dias te parece una opción perfectamente válida. Por supuesto, existe una amplia variedad de grados intermedios en la escala del mierdógrafo bañil.
Pues bien, después de pasar mes y pico de usar lavabos que dan ganas de lamer, hemos vuelto a la tónica dominante en los paises mediterráneos. Y, desgraciadamente, está más bien hacia el otro lado de la escala. No hay que preocuparse, todavía no hay riesgo de infección, pero se nota que hemos cambiado de país. Aquí en Francia ya no es habitual encontrar papel higiénico (en Austria y Suiza debía haber una ley sobre eso), y suele haber telas de araña en las esquinas. Pero, en general, no nos quejamos: todavía es mucho mejor que en algunos bares españoles y de nuevo podemos permitirnos un café en una terraza y comer en un mismo día.
Ahora estamos refugiándonos de la lluvia en un cyber al sur de Valence. Viajamos hacia el sur, hacia Nimes siguiendo el Ródano. El plan es llegar hasta Montpelier, pasar un par de días en la playa y luego girar al oeste, atravesar media Francia y entrar en España por Jaca.
Ahora que hemos salido de la zona de turismo de pelas, la gente es mas agradable y ya nos sentimos cerca de casita.
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Ya que no podemos hacer la vida más larga, hagámosla más ancha
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