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Por Ali 1/Septiembre/2008 10 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
¡Un mes y medio casi alejados de Rodadas! Ya lo echábamos de menos, pero hemos de admitir que las vacaciones nos han sentado de maravilla: venimos llenos de ganas y con un montón de cosas rondándos (o rodándonos) por la cabeza.
Por otra parte, no hemos estado precisamente tirados a la bartola. En estos 40 días hemos conocido en persona a colegas virtuales, leido libros que teníamos a medias desde hacía tiempo, hemos chapoteado en el Cantábrico, hemos conocido gente excepcional, nos hemos perdido en enormes espacios abiertos y también hemos disfrutado/sufrido viendo los juegos olímpicos. Por desgracia se nos ha roto el corazón con las noticias y hemos despedido a un compañero canino que debe estar ahora correteando en otro plano astral esperando que lleguemos. La vida… qué os voy a contar.
¡Eh! Y también hemos hecho un viaje en bici. ¿Cómo nos ha ido? A eso voy
- Y ¿qué vais a hacer en vacaciones?
- Pues nos vamos a unos días a la playa y unos días con la bici
- Jo, me encantaría ir con vosotros
- Y ¿qué te lo impide?
- No estoy en buena forma
- No te preocupes, nosotros tampoco. Vamos a empezar con algo suave por la zona de Ponferrada y luego tiraremos para Asturias. Te puedes venir estos primeros días y luego te dejamos en León.
- Hecho, en Ponferrada el 1 de agosto
[Sin comentarios]
Por algún motivo la zona del Bierzo era en nuestra cabeza un territorio de suaves y redondas colinas, campos de vides y pequeñas aldeas. Un buen sitio para empezar a pedalear si te has tirado el invierno entero básicamente sentado en una silla, vaya. Si a esto añadimos que el Bierzo tiene una temperatura media en verano bastante más baja que la del resto de la meseta (y muchos más días de sol que Asturias o Galicia) y además nos queda cerca de donde pasaremos unos días de playa, su elección parece lógica.
¿Ha sonado el párrafo anterior a justificación? Es que en realidad lo es un poco… En serio, cualquiera pensaría que después de tantos kilómetros en las piernas y un blog lleno de sabios consejos sabríamos leer un mapa. O se nos ocurriría mirar en Internet un plano de relieve de León. No sé, algo básico, ¿no? Pues no, el día que tocó decidir la ruta no había nadie en casa.
El que conozca la zona sabrá el motivo de estas últimas líneas: los Ancares son unas montañas de aupa en las que los términos “desmonte”, “zeta” o “suave pendiente” carecen de sentido. ¿Para que vamos a andarnos con rodeos? Si el punto más corto entre A y B es una rampa del 15%, no gastemos dinero en excavadoras (conste que en general estamos de acuerdo con esta política).
Eso sí, hemos de admitir que la región es una pasada: un lugar sereno, acogedor y hermoso: el destino ideal para un cicloviajero. Especialmente para uno que esté en forma…
Valga para muestra de los cuatro días por los Ancares este botón: nuestro primer día. Salimos de Ponferrada por el Camino de Santiago que nos lleva en poco más de dos horas hasta Villafranca del Bierzo, uno de los núcleos urbanos con más historia del Bierzo. De origen prehistórico, su auge comienza en el siglo IX cuando se descubre el cuerpo del apostol Santiago en Compostela (ver la versión B de la historia del apostol) y comienzan las peregrinaciones hasta la ciudad gallega. Desde Francia la ruta pasa lógicamente por Villafranca, que se encuentra encajada en el valle de dos ríos, el Valcarce y el Burbia. El primero lleva hasta el puerto de Piedrafita do Cebreiro, puerta de Galicia. El segundo, hacia el norte, corta las montañas y forma valles de laderas pronunciadas que recorremos poco a poco a base de pedales.
El paisaje de esta zona es espectacular, pero avanzamos despacio. Además de no destacar por elegir rutas especialmente sencillas, tampoco nos caracterizamos por nuestro acierto al escoger las mejores fechas: estamos en la ola de calor más intensa del verano y a la 1 de la tarde el termómetro ya ronda los 35º. Aún así este primer día seguimos todo lo que podemos hasta que notamos que el asfalto comienza a soltar ese tufillo a calor característico que indica que nos vamos a quedar pegados a él en breve y entonces nos buscamos un merendero y dejamos pasar unas cuantas horas espantándo tábanos, comiendo, durmiendo y haciendo autodefinidos.
A media tarde llegamos a Aira da Pedra, el final de la carretera. Paramos a tomar algo de beber en uno de los bares del pueblo y preguntamos por el estado del camino que va a Burbia, final de la etapa.
“Ná, el camino está muy bien! Si fuéseis a Campo del Agua tendríais una buena cuesta, pero pa’ Burbia es poca cosa”. Suerte que no vamos a Campo del Agua, pero de las buenas cuestas de subir y bajar al río no nos libra ni el tato. Tan cansados estábamos que este primer día no tiramos apenas ni una foto. Por eso os dejo esta de garcaba2, desde lo alto del valle del Burbia que capta mucho mejor la belleza reposada del lugar.
Los siguientes cuatro días se nos pasan subiendo rampas imposibles, pinchando ruedas en las bajadas, espantando tábanos chupasangre con menos éxito que número de intentos (tábanos 5-Ali 0) y disfrutando de un entorno natural soberbio. Acaba la primera parte del viaje en León, con la bici de Ricardo embalada y lista para volver con él de vuelta a casa mientras nosotros reflexionamos sobre nuestros próximos pasos: 8 días nos quedan para hacer bici, ¿qué tal si vamos al lago de Sanabria?
Continuará…
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Por Ali 1/Mayo/2008 2 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
La semana pasada nos escribió Josu, del Ayuntamiento de Villarcayo (Burgos), por si nos apetecía acercarnos a dar una charla sobre los viajes que hemos hecho en bici.
Después de asegurarnos de que Josu tiene claro que no somos ningunos héroes (como ya sabeis quiénes) hemos quedado para el próximo viernes 9 de mayo a las 20h en la casa de la cultura de Villarcayo.
Así que si tenéis un rato, y os apetece, por allí estaremos [Mapa], cargados de fotos y con nuestras dos bicis para conocer un poco mejor ese rincón de la península
(que emoción, que emoción)
ACTUALIZACIÓN: Nos dice Josu que no va a poder ser, así que dejamos la charla en suspenso hasta la próxima
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Por Ali 26/Marzo/2008 10 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
Como novedad para este viaje la que escribe se decidió a cambiar sus amados-odiados rastrales por unos pedales de calas. Álvaro, que lleva ya casi un año circulando con ellos asegura que son la pera limonera: más cómodos, más estables, mejores para las rodillas sensibles… vamos la panacea universal. Así pues, desde que el señor gordo de rojo me trajera unos estas Navidades hemos hecho ya algunas salidas con ellos. A priori todo iba bien, excepto algunos dolores en la zona interna de la rodilla derecha que parecían haber remitido ajustando la posición de las calas. Digo bien, parecían.
¡Oh sorpresa! ¡El segundo día de ruta cuando nos despertamos por la mañana, la que escribe no puede ni estirar la pierna! Reajustamos los tornillos y con un ibuprofeno y Fastun Gel a mansalva seguimos camino. La cosa sigue bien, pero no tenemos la lección bien aprendida: los tornillos que vienen con las zapatillas no son de buena calidad y van aflojándose, perdiendo fuelle, y haciendo difícil mantener las calas en la situación correcta. Resultado final: un dolor en la rodilla derecha de las de llorar con cada pedalada.
A base de antiinflamatorios, paciencia y paso tortuga llegamos a Béjar. Ahí renunciamos a la sierra de la Peña de Francia que prometía ser uno de los puntos álgidos del viaje
¡Otra vez será! En su lugar decidimos hacer caso a Lluis, y girar a nuestra izquierda para bajar hacia Plasencia. Utilizamos para ello vías secundarias que nos permiten evitar la autopista supernumeraria que lleva mucho tráfico de caminones y –en los inicios de la Semana Santa oficial– también de coches y motos. Cuando estamos en plena ascensión de una cuesta bastante pronunciada nos encontramos con una jugosa pista de tierra que, no solo va ligeramente cuesta abajo, sino que además está marcada con flechas amarillas ¡¡la vía de la Plata!!
Tras una breve reunión familiar cambiamos el rumbo y tomamos la pista para descender lentamente hacia la meseta sur. Este nuevo camino de Santiago está en plena ebullición: albergues privados, algunos públicos y mucho trabajo en las pistas para señalizar bien los caminos que hoy todavía están algo perdidos.
Para nosotros, el paseo por una dehesa de encinas es el cierre perfecto para una salida que nos deja con sabor a poco. Pasamos la última noche unos kilómetros antes de las ruinas de la ciudad romana de Cáparra. Aprovechamos la mañana para hacerle una visita. Todavía no está abierta cuando llegamos. "¡Qué madrugadores!" nos dice la guía, que luego nos acompaña en un breve paseo por las excavaciones. Nos llama la atención que, a pesar de haber sido abandonada en el siglo XIX no quede hoy a penas una piedra de lo que fuera el asentamiento de Cáparra. Nos dice la guía que no es que haya desaparecido o esté enterrado, sino que a pasado a formar parte de los muros de piedra que delimitan las fincas de la región. ¡¡Qué desperdicio!!
En Cáparra conocemos también a dos esforzados ciclistas que vienen siguiendo la vía exclusivamete por camino. "La carretera me agobia" nos dicen, y claro que muchas veces les comprendemos pero la paliza que llevan estos hombres en el cuerpo nos parece sumamente admirable.
De las ruinas a Plasencia llegamos por un agradable camino combinado por una bastante menos carretera nacional que nos hace entrar por la parte menos agradecida de la ciudad: el basurero. Sin tiempo para presentaciones saltamos a un autobús y nos volvemos con caras largas larguísimas a la capital.
Creado con Admarket’s flickrSLiDR.
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Por Ali 25/Marzo/2008 7 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
El sábado se levanta un día radiante en Madrid. Terminamos de preparar las bolsas, sacamos la última lavadora, empezamos a montar todo en las bicis y de pronto, a través de los cristales apreciamos una pequeña brisa. "Yo creo que vamos a tener el viento a favor" comenta ella, "¿Tú crees?" Dice él. Un poco más tarde, todo montado sobre las bicis, se dirigen a casa de los padres de él para comer rosquillas caseras y beber café con leche. Incluso en la cuesta abajo tienen que pedalear para avanzar unos metros. "Parece que lo vamos a tener de cara", dice él… "Mmmm", dice ella pensando en las rosquillas.
Diez kilómetros más tarde, una conversación a voces con el hermano de Ali a través del balcón… "No te vengas, que hace un viento en contra que no podemos ni avanzar". "Pues subíos a comer que tenemos ensalada de pasta y pescado a la plancha"… Promete ser un viaje de los de "coger muchas fuerzas para luego" en el bar de cada pueblo.
Renovados y muy bien acompañados nos ponemos, ahora sí, manos a la obra. Ricardo nos guía por un precioso camino que nos ahorra un tramo de via de servicio y una concurrida carretera provincial. Tal y como están los ánimos en esta salida de Semana Santa lo agradecemos un montón. Cerca de Navalagamella nos deja y se vuelve a casa, con el viento a favor. Seguimos renqueantes, pegándonos con la falta de entrenamiento y la cuesta arriba. Queríamos llegar a Robledo de Chavela, pero la noche se nos echa encima asi que buscamos un prado retirado y nos zampamos unos espaguetis que habíamos dejado preparados por la mañana.
Unas pocas pedaladas más tarde salimos por fin de la comunidad de Madrid con la –vana– esperanza de perder de vista las fastidiosas motos de alta cilindrada que, con afán de imitar a Pedrosa y compañía, se lanzan los fines de semana a recorrer las pequeñas y pacíficas carreteras de la sierra de Guadarrama. Grupos de intépridos motoristas tumban sus rugientes máquinas en cada curva, libres del molesto silenciador que tanto bien hace a la humanidad….¡¡¡AAAAAH!!!! Estamos deseando que llegue el lunes. Sobre todo después del cuarto derrape cerca de nuestras ruedas.
Afortunadamente, pasada la capa freática de madrileños la cosa se tranquiliza y podemos volver a lo nuestro: pegarnos con la ventolera. Ya sé, ya sé, deja de quejarte. Efectivamente no tenemos mucho por lo que quejarnos: vamos disfrutando de un espectáculo impresionate: cada vez nos internamos en valles de paredes más escarpadas, rodeados de bosques que huelen a sol y a pino. Pronto empiezan a aparecer a los lejos picos nevados. Estamos acercándonos a Gredos.
Tras un alto en el camping del embalse de Burguillo, un lugar de ensueño (aunque no por el camping), iniciamos el ascenso hacia Navarredonda. Cuando pasamos por Burgohondo nos preguntamos el porque de ese nombre. Desde el embalse no parece estar precisamente en un hondo. Rápidamente descubrimos el motivo. Una pequeña carretera de asfalto cuarteado no hace subir 300 metros de golpe con numerosas rampas por encima del 8% de desnivel.
En Navarredonda comienza el mal tiempo. Una vez hemos plantado la tienda y vamos ya camino de nuestras merecidas cervezas, comienza a chispear un poco. Pronto la lluvia se convierte en una abundante chupa de agua que se extiende durante la mayor parte de la noche. Cuando nos levantamos por la mañana la lluvia ha parado asi que recogemos rápidamente los enseres y nos ponemos en ruta. Cuando llegamos al pueblo (el camping está en el quinto infierno) comienza a… ¡nevar! Paramos a desayunar en una cafeteria mientras vemos los copos caer a nuestro alrededor. No parece que vaya a ser una nevada larga, asi que cogemos carrerilla y ¡alehop! En cuanto nos da una tregua subimos los repechos finales del valle antes de iniciar la bajada de 30 kms al lado del rio Tormes que nos lleva directamente a Barco de Ávila. "Mal día para ir al huerto" le decimos a un hortelano que carga una hazada a la orilla de la carretera. "Mal día para la bici"… Ambos nos reimos mientras empieza de nuevo a nevar.
Hemos descubierto que rodar con una nevada es mejor que con una tormenta de agua y que el frio es bastante puñetero cuando uno va en la carretera, pero asequible con el equipo adecuado. Básicamente, mocasines cubrebotas, un buen chubasquero, pantalones de agua y mucha protección para la cabeza. A cambio el espectáculo invernal es impresionante. Os dejamos unas fotillos de estos primeros dias de ruta.
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Por Avo 12/Marzo/2008 10 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
Después del duro invierno sin poder quitarle el polvo a las alforjasi llega la Semana Santa y nuestras monturas se empiezan a poner nerviosas. Los jinetes el hornillo y la tienda de campaña y extienden el mapa encima de la mesa del salón.
La muchedumbre que aguarda en el exterior de la casa no puede contener su nerviosismo. El resultado de las negociaciones es incierto y se está demorando demasiado. Cuando el desánimo empieza a cundir en el personal, aparece la señal esperada. Habemus fumata blanca. Habemus Viajem (que dirían los del alzacuello).
En los nueve días que hemos podido rapiñar saldremos de casa en Boadilla del Monte (Madrid) el sábado y trataremos de llegar a Ciudad Rodrigo. Faldearemos el Sistema Central hacia el Oeste hasta internarnos en la Sierra de Francia para terminar en Ciudad Rodrigo (si queda tiempo se intentará Plasencia o Salamanca).
El itinerario será algo parecido a esto.
Si alguien estará por la zona en estas fechas y le apetece tomarse un café o darse una vuelta en bici con nosotros serán bienvenidos. Proposiciones, consejos, trucos y demás en los comentarios, mediante correo o formulario de contacto.
Que pasen ustedes una estupenda Semana Santa.
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Por Ali 1/Octubre/2007 3 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
Salimos de Cazorla con fuerzas renovadas tras una jornada de descanso. Estamos concienciados de que será un día largo, y creemos, no demasiado atractivo. En primer lugar, después de llover 24 horas seguidas, el sábado amanece bastante cubierto. Hay nubes bajas que amenazan con convertirse en un chaparrón en cualquier momento.
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Por Ali 24/Septiembre/2007 sin comentarios (por ahora) Archivado en: Cuaderno de viaje
Visto que en los periódicos dan lluvia para varios días, el mismo jueves nos acercamos a la oficina de turismo de Cazorla a que nos informen de los horarios de trenes hacia Guadix. Pensamos pasar allí el chaparrón y empezar la cuesta en las Alpujarras pero en Renfe nos informan que la vía está cerrada por las tormentas. Así pues nos ponemos el mono de trabajar y apuntamos nuestros manillares hacia Guadix. La ruta ha sido un poco dura pero muy muy gratificante. Aunque parezca mentira no existen carreteras que conecten la zona del norte de Granada con el sur de Jaén, así que hemos cogido alguna pista forestal que otra.
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Por Ali 21/Septiembre/2007 4 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
Hoy es uno de esos días de lluvia meona aquí en Jaén, así que hemos decidido parar a reposar nuestros huesos en el precioso pueblo que cierra el Parque Natural más grande de España y que da su nombre a una de las sierras: Cazorla.
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Por Ali 3/Septiembre/2007 3 comentarios Archivado en: Cuaderno de viaje
De todos los viajes que hemos hecho en bici hasta ahora, sin duda el que mayor huella ha dejado en nosotros es el aquel que nos llevó desde Estambul hasta Madrid en el verano de 2005, y que fue el origen de esta página web que ahora lees.
Estas últimas semanas hemos estado poniendo en orden dicho viaje. Empezamos organizando mejor los contenidos (metiendo entradas del diario que se habían despistado y revisando fotos) y dándole un aspecto similar a todos las páginas de la sección, con una cabecera basada en la que tuvimos en aquella época (un mapa de Europa por el que se desplazaba Prince para marcar dónde estábamos). sigue leyendo »
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Por Avo 28/Agosto/2007 sin comentarios (por ahora) Archivado en: Cuaderno de viaje
Vuelvo,
pero me traigo en la memoria una porción de todas esas bicicletas oscuras,
renqueantes, ruidosas, oxidadas, usadas hasta el extremo;
de esos guardabarros blancos, medio comidos por el óxido.
Me quedo con esas pequeñas lucecitas que tililan (como diría mi padre) cuando cae la noche,
en el silencio de unas calles desiertas.
Mañana más.
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Si esperáramos al momento en el que todo, absolutamente todo, sea perfecto, nunca empezaríamos nada
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