Artículo técnico: W3C: La Real Academia del Ciberespacio.
Artículo técnico publicado en el número de noviembre de 2004 de la revista PC Actual
Autora: Alicia Urrea
Internet es el terreno del World Wide Web Consortium, una organización que agrupa organismos y empresas y se encarga de la misión casi imposible de crear un código común para regir la amalgama de tecnologías y voces que es la Red.
Internet es un espacio caótico, en el que cabe casi todo, y no solo en cuanto a contenidos. Desde sus orígenes fue evidente la necesidad de crear una gramática común que diera cohesión a las nuevas tecnologías, que a dos aguas entre software propietario y código libre, se iban instalando en la Red.
Fue el propio creador del hipertexto, el recién nombrado caballero Tim Berners-Lee, el que propuso una solución para el entuerto con la fundación, en 1994, del World Wide Web Consortium (W3C). A la sazón, Berners-Lee trabajaba en el laboratorio de Ciencias Informáticas del Massachussets Technical Insitute, una universidad privada con una fuerte vocación investigadora de la que han salido ya 58 premios Nobel.
Ideado como un organismo independiente, el W3C se encargaría de elaborar estándares para los lenguajes ya existentes, y nuevas tecnologías que enfrentaran los retos presentes en Internet. Su primer trabajo fue el desarrollo de PICS, un sistema de etiquetas que permite detectar cuando entramos en páginas de contenido pornográfico o inadecuado. Para este primer proyecto se firmó una alianza en la que participaron grandes empresas del sector de la informática y las telecomunicaciones, como Apple, AOL, AT&T, IBM o Microsoft.
Los fabricantes de hardware y software utilizan las recomendaciones del W3C como base para diseñar sus productos, de tal forma que el resultado sea compatible (una página creada con Frontpage se pueda visualizar en Safari, el navegador de Apple). El Consorcio funciona, pues, como una especie de Real Academia del ciberespacio.
Desde la sede del MIT, el director del W3C pronto comprendió que el consorcio no podría ser efectivo sin una amplia difusión mundial, y para ello era fundamental la instalación de sedes en diferentes continentes. En este asunto, la colaboración del CERN, en el que había trabajado previamente Sir Berners-Lee, e instituciones como Darpa y la Comisión Europea fueron fundamentales. Actualmente, el W3C cuenta con tres sedes mundiales, una en el MIT, otra cerca de Niza, en el Consorcio Europeo de Investigación en Matemáticas e Informática, y una tercera en la Universidad de Keio en Japón. Además de las sedes existen numerosas oficinas regionales, que se encargan de difundir la labor del W3C y traducir los documentos de trabajo a sus respectivos idiomas. La delegación española está situada en el Centro Tecnológico de la Información y la Comunicación (www.fundacionctic.org) en Gijón.
Nadie dijo que amoldar el ciberespacio a unas directrices, aunque sean técnicas y aunque sean básicas, fuera fácil. De hecho, pese al trabajo de estandarización que lleva a cabo el Consorcio, es raro que una página respete las normas básicas del HTML como cerrar las etiquetas una vez abiertas o anidar los tags de forma ordenada. A pesar de ello, las infracciones no influyen en la correcta visualización en los navegadores más populares. A quienes sí afectan es a aquellos que se aproximan a la red desde un dispositivo menos convencional, como un PDA o el navegador Safari. Desde estos dispositivos, las páginas se descolocan y los «efectos especiales» se convierten en una molestia que impide un uso cómodo a la información.
Para evitar dejar fuera de nuestra web a una parte de sus clientes potenciales, es recomendable seguir las recomendaciones del W3C, lo que garantiza, entre otras cosas, la interoperabilidad de las aplicaciones. En palabras de José Manuel Alonso, director técnico del W3C en España, «si para crear una página, un autor utiliza el editor HTML del fabricante A, luego podrá ver la página en el navegador del fabricante A o del fabricante B, editarla con el edtiro del fabricante C, etc.»
El W3C ha desarrollado por el momento más de 50 especificaciones técnicas, entre las que destaca el que define el código HTML y las hojas de estilo en cascada (CSS). En el terreno gráfico, se han creado ya normas para los gráficos vectoriales (SVG) y un formato para imágenes (PNG) que supera en relación calidad-espacio al GIF. La interactividad está cubierta con herramientas como Xforms, para el trabajo con formularios, o los lenguajes DOM, para la programación de aplicaciones. El W3C está trabajando en el desarrollo del XML y sus herramientas auxiliares, un lenguaje por etiquetas, con muchas similitudes respecto al HTML, pero mucho más potente que éste y que acabará, según la previsión del Consorcio, por sustituirlo. Por el momento, se trabaja para popularizar un formato de transición, el XHTML, que puede ser interpretado por todos los navegadores actuales pero utiliza muchas de las normas de su hermano mayor.
Uno de los retos a los que se enfrenta Internet son los nuevos tipos de inputs. Hasta ahora, era habitual que los datos se introdujeran a través de un teclado y se mostraran en una pantalla. En la actualidad se están introduciendo nuevas tecnologías que permiten una variedad de formatos más amplia. Es el caso del reconocimiento de voz, trascendental para los colectivos con movilidad o visión reducida. Asimismo, el reconocimiento de la letra manuscrita abre un campo hasta ahora inexplorado.
En este sentido, uno de los campos de trabajo en los que más está avanzando es el de la Interacción Multimodal. El objetivo es tomar información (input) de diferentes dispositivos, combinar esa información y ofrecer una respuesta coherente y coordinada. Para ello se investiga en normas como VoiceXML, que permite crear páginas con las que se pude interactuar mediante comandos hablados. Requiere además una Gramática de Reconocimiento del Habla (estándar SRGS), y un componente que se encargue de recoger esos datos, interpretarlos y traducirlos a un idioma que pueda comprender la máquina.
La creación de estos estándares responde a las necesidades del mercado, pero también a uno de los principales objetivos del W3C que es el «hacer Internet accesible para todos, promocionando tecnologías que tengan en cuenta las enormes diferencias en cultura, idiomas educación, capacidad, recursos materiales, dispositivos de acceso y limitaciones físicas de los usuarios en todos los continentes».
El WAI, uno de los grupos que integran el Consorcio, dirige una de las iniciativas más importantes en este sentido. El WAI ha generado una lista de recomendaciones técnicas, en la mayor parte de los casos sencillas indicaciones que el diseñador debe tener en cuenta a la hora de crear la página, y que permiten una correcta lectura por parte de un interpretador Braille. Las directrices se pueden consultar en la dirección www.w3c.org/wai. Para comprobar si las hemos aplicado correctamente, podemos comprobar el código gracias al validador desarrollado por el CTIC, y disponible en su página.
Para los responsables del W3C, el futuro pasa por la creación de una Web Semántica, una estructura en la que la información esté clasificada de forma mucho más precisa, de tal forma que sea más fácil de localizar. Por ejemplo, si introdujéramos en un buscador cualquiera la frase «entradas para el concierto de mañana en el Ateneo», obtenemos como resultado cientos de páginas con información conciertos ya celebrados y alguna sobre la sala Ateneo. La misma búsqueda en una red semántica, daría como resultado páginas de ventas de entradas e información sobre el concierto del día siguiente. Es decir, añadiríamos a la red el valor de interpretar nuestra pregunta evitando que el acceso a los datos se convierta, como en la actualidad, en un proceso complejo y frustrante.
El propio W3C reconoce que no se trata de «una inteligencia artificial mágica, sino la habilidad de una máquina para resolver problemas bien definidos, a través de operaciones bien definidas que se llevan a cabo sobre datos bien definidos». Para definir sus datos, la web Semántica utiliza RDF y OWL, dos estándares que ayudan a convertir Internet en una infraestructura global en la que es posible compartir y reutilizar datos entre diferentes tipos de usuarios, y que quizá suenen mucho en el futuro.
José Manuel Alonso reconoce que al «W3C no le gusta hablar de futuro», aunque opina que se empezarán a conocer aplicaciones de Web Semántica a partir de finales de 2005, «y a partir de ahí, a lo largo de los siguientes tres o cuatro años, esta tecnología irá convirtiéndose en la base de la mayor parte de las aplicaciones». Por el momento, se ha completado la primera fase de su implantación, con la publicación en febrero de los protocolos básicos que regirán. «Ahora falta ver cómo se utilizan de forma adecuada y sobre todo, cómo lograr extraer inteligencia del uso de los mismos». Todo un reto para el futuro.