Artículo técnico: La lucha en tierra: Soluciones para el tratamiento de los residuos del Prestige
Aparecido en el número 79 de la revista Intec Urbe, enero-febrero 2003 (grupo Tecnipublicaciones)

Tras la tragedia que supuso el hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas, en noviembre de 2002, la revista técnica IntecUrbe decide realizar un reportaje sobre el destino del petróleo una vez en recolectado de las playas y el mar. El resultado fue este texto, publicado en el número de enero-febrero de la misma revista. El texto está firmado por Ana Gutierrez Dewar y Alicia Urrea.

Hasta el momento se han recogido casi 100.000 toneladas de residuos

La lucha en tierra: Soluciones para el tratamiento de los residuos del Prestige

Cuando se cumplen tres meses del accidente que acabó con el petrolero Prestige en el fondo del océano, sus tanques han liberado al mar al menos 40.000 toneladas de fuel de alta toxicidad, aunque las distintas fuentes consultadas difieren en sus estimaciones. El combustible, que sigue fluyendo del buque en una cantidad aproximada de dos toneladas diarias, se ha impregnado en la costa, ha sido recogido en el mar o sigue a la deriva mezclándose con agua y algas, arena y rocas. El proceso de mezcla que sufre el producto, tanto en mar como en tierra, hace que los voluntarios y los buques anti-contaminación deban recoger tres veces la cantidad inicialmente vertida. Su tratamiento se convierte entonces en un asunto de máxima prioridad. ¿Cómo gestionar esa enorme cantidad de residuos?

Seis días antes de su hundimiento, el 19 de noviembre del año pasado, el petrolero Prestige transportaba en sus tanques alrededor de 77.000 toneladas de fuel con un destino desconocido. Se trataba de fuel pesado, un producto residual producto del refino del crudo bruto.

Es razonable pensar que el fuel no se dirigía a ningún puesto europeo, ya que su composición, con un alto porcentaje de azufre, hace ilegal su quema con fines energéticos en la Unión Europea (UE), donde el límite legal está establecido en un 1%. El crudo que transportaba el Prestige superaba con mucho este límite, alcanzando el 2,58% según los análisis del instituto francés Le Cedre. Este tipo de fuel pesado es utilizado en otros países en centrales térmicas, cementeras y barcos de motores diesel de gran potencia.

El fuel vertido por el Prestige es un producto muy viscoso, en torno a 100.000 cSt, poco volátil, insoluble en agua y con un fuerte olor. Su permanencia en el mar propicia la formación de una emulsión con un alto porcentaje de agua que se mantiene compacta sobre la superficie, formando manchas, placas o galletas. Según el CID-CSIC de Barcelona, el fuel está compuesto en algo más del 50% por hidrocarburos aromáticos, en potencia los más tóxicos. El 21,6% de su composición corresponde a hidrocarburos saturados, mientras que el 34,7% restante está formado por resinas y asfaltenos.

En cuanto al fuel recogido en las costas, existen diferencias según las fuentes. El Ministerio de Medio Ambiente (MIMAM) y la Xunta de Galicia ofrecen cifras dispares. El Ministerio afirma que 52.550 toneladas de residuos han sido recogidas en las playas, 42.550 de ellas en las costas gallegas. Por su parte, la Xunta eleva a 46.299,16 las toneladas recogidas en las playas de la comunidad. Fuentes de la Xunta afirman que esta diferencia se debe a que los datos ofrecidos por el Ministerio son aproximados y orientativos, mientras que la Xunta ofrece datos exactos. Unos 41.270 metros cúbicos de residuos han sido “pescados” en el mar, lo que supone una cantidad aproximada de 41.000 toneladas. Así, la cantidad total de residuos recogidos por el momento sería de 93.500 toneladas. Debido a la suma diaria de fuel y restos contaminados recogidos en toda la costa, estas cifras se aproximarán más a 100.000 toneladas en las fechas de publicación del presente número de Intec Urbe.

Estos datos sugieren que el vertido superó ampliamente las 25.000 toneladas declaradas por el gobierno central inicialmente, siendo más plausible el vertido de 40.000 toneladas que sugieren otras fuentes. La dificultad en calcular la cantidad vertida se agudiza con el proceso de mezcla que sufre el fuel, que puede suponer sólo un 50-20% del residuo final. Según las zonas de recogida, el combustible aparece mezclado con arena, agua y otros elementos, algunos de gran tamaño, como ramas y troncos de árboles, redes y, en las primeras semanas del desastre, también el material de limpieza utilizado en las playas: guantes, botas, monos, etc. Este tipo de residuos se está separando ya en origen y se envía, en bidones sellados, a vertederos de seguridad.

Crudo “pescado” en el mar

Dado que el fuel recogido en el mar llega emulsionado con agua y algas, las administraciones han solicitado la colaboración de las refinerías de petróleo, para, con el apoyo técnico de empresas auxiliares, dar solución al tratamiento de este producto. En estos momentos el fuel extraído del mar se está llevando, tras un tratamiento previo, a las refinerías de Petronor en Euskadi y de Repsol YPF en A Coruña.

El fuel se somete a un proceso complejo que consta, básicamente, de un calentamiento para facilitar su manejabilidad, un proceso de homogeneización y un posterior proceso de decantación con objeto de eliminar el agua y los materiales ocluídos. Tras su acondicionamiento se pasa al proceso de valorización mediante su dosificación en las unidades de destilación propias de la refinería.

El primer tratamiento que recibe el fuel recogido tiene lugar en el puerto de descarga y, según José Mª Vegas, jefe de Medio Ambiente y Calidad de Petronor, consiste básicamente en el cribado del producto, para separar materiales no vehiculables, mediante dos procesos de desbaste, uno grueso y otro más fino. Posteriormente, el fuel se calienta a una temperatura adecuada para su trasiego y posterior descarga (60/70ºC), y se introduce en cisternas calorifugadas. Para esta operación se dispone de equipo de cribado y calentamiento autónomo en las plantas acondicionadas en los puertos base.

No debemos olvidar que este producto, tras una larga permanecia en el mar, ha sufrido un proceso de envejecimiento, en el cual ha perdido sus fases más ligeras, emulsionándose con el agua del mar. Por tanto llega a las refinerías con un alto contenido de agua, de entre el 50 y 60% del peso total.

Una vez recogido en la refinería, el fuel se almacena en un tanque específico para tal fin en el que se lleva a cabo un proceso de homogeneización para extraer el agua ocluida y decantar la materia sólida suspendida. En este proceso se elimina además el exceso de azufre, que es recuperado para su posterior tratamiento.

El crudo ya tratado se envía a procesar por vía de slops, introduciéndose en pequeñas dosis en el proceso productivo habitual, con el fin obtener una mezcla con una composición adecuada. A las instalaciones de Petronor llegan diariamente unas 25 toneladas de producto, aunque en la últimas semanas de febrero esta cantidad se ha duplicado por las últimas grandes mareas negras recibidas en la costa vasca.

Fuel recogido en las playas

El chapapote recogido en las playas tiene una solución más problemática: las plantas de tratamiento reciben un material extremadamente viscoso y denso, más sólido que fluido, compuesto hasta en un 80% por arena y todo tipo de elementos. Según Raúl Vieira, director de planta de Sogarisa, “existen tres soluciones para este residuo que son complementarias, nunca excluyentes: la inertización del producto, su mineralización, y el aprovechamiento energético de lo que todavía pueda ser apto. El mejor proceso de tratamiento es aquel que responde a un equilibrado balance entre energía, ambiente y economía.”

Sin embargo, la gran cantidad de material que no puede reintegrarse en la cadena productiva ni inmediata ni fácilmente han hecho de su almacenaje una cuestión de máxima prioridad, principalmente en Galicia, donde la catástrofe ha golpeado con mayor crudeza. De las aproximadamente 50.000 toneladas de residuos sólidos recogidas en la comunidad gallega, unas 21.600 se encuentran en las instalaciones de la empresa PMA, 22.100 en Sogarisa, y 6.200 en las balsas instaladas en el recinto de Limeisa, en el municipio de Cerdeda.

Fuentes de la Consellería señalan que la mayor parte del residuo recogido en las costas gallegas seguirá almacenado en los depósitos provisionales a la espera de que un comité científico formado por expertos de las tres universidades gallegas y que será nombrado proximamente, decida su futuro entre las propuestas que diferentes empresas están enviando a la administración gallega. En todo caso, el fuel está siendo ya procesado en plantas de tratamiento de residuos industriales. Sogarisa en Galicia, Sader en el País Vasco, Cogersa en Asturias, y Lunagua y Tedex en Cantabria están participando en este proceso.

Si bien se quemaron en un primer momento algunas toneladas de fuel, las dimensiones del vertido, su toxicidad y la reacción de los grupos ambientalistas han hecho que se haya optado por un proceso de inertización –también llamado de estabilización/solidificación—, consistente en la mezcla del chapapote con aglomerantes y cementos que lo transforman en un sólido totalmente estable en condiciones ambientales.

Al chapapote, del que se han eliminado los elementos más voluminosos, se le añaden estos aditivos en una proporción establecida según las características iniciales, introduciéndose posteriormente en unas grandes máquinas cilíndricas llamadas inertizadoras durante tres o cuatro minutos, hasta conseguir la mezcla íntima de sus elementos.

Esta mezcla se almacena en silos para ser sometida a diferentes análisis hasta cumplir con los requisitos necesarios para ser enviados a su destino definitivo: vertederos de inertizados, como los de Cespa Conten en el País Vasco, o el depósito de seguridad de Sogarisa en Somozas (Galicia), cuyas características permiten controlar y tratar cualquier tipo de lixiviados.

Otra posible salida para los residuos del vertido es su mineralización. Mediante este procedimiento se obtiene un material parecido a una tierra muy seca, compactable e hidrófuga, muy apta como material de construcción, o para el tratamiento de otros fangos residuales. El reciclaje del fuel, frecuente en países europeos como Holanda, es visto con recelo en España, donde se cataloga como una sustancia peligrosa y poco apta para otros usos.

Finalmente, se considera la depuración del producto para su aprovechamiento energético. En este caso, para conseguir un material utilizable es necesario un proceso energéticamente muy costoso y técnicamente muy complejo y meticuloso, que consistiría en la fluidificación del fuel posteriormente enviado a refinerías. Además, con este método se generan, lodos y residuos semisólidos que precisarían un tratamiento por estabilización-solidificación previo a su almacenamiento definitivo en depósito de seguridad.

El alto coste y la gran polémica que se ha levantado en torno a la quema directa del fuel, iniciado por parte de colectivos sociales, y particularmente grupos ecologistas, dada la alta toxicidad del producto, ha decantado a los responsables por un tratamiento de estabilización de la mezcla.

Para entender la magnitud del problema basta recordar que tres años después de la catástrofe del Erika, sólo un 50% del fuel recuperado ha sido tratado. En el caso del Prestige hay que resaltar que la gestión de los residuos, tras los primeros momentos de descontrol, está siendo más eficiente que en el caso francés. Los deshechos se están separando en origen, y canalizando a los medios más apropiados para su tratamiento. El gran pacto de silencio que mantienen administración y empresas en todo lo referente al vertido del petrolero, hace difícil precisar lo que pasará con sus residuos. Por lo tanto, no se pueden sugerir plazos. Las autoridades no están de acuerdo si quiera en la cantidad de petroleo que transportaba el Prestige, ni por supuesto, cuanto se ha vertido, recogido o tratado. Aunque en principio, la capacidad de las empresas españolas parece adecuada, ya se están construyendo nuevas plantas en toda la cornisa cantábrica para dar respuesta a la catástrofe.