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A principios de los noventa, el fin de la Guerra Fría, la crisis social de los estados africanos y la nueva preocupación internacional por los derechos humanos y la democracia promovieron la desaparición de los regímenes de partido único. Gracias a las presiones internacionales y para ganarse el reconocimiento internacional, del que en buena medida depende, Obiang decidió sumarse a los nuevos vientos de cambio de signo democrático que soplaban por toda África, estableciendo formalmente un régimen multipartidista. Sin embargo, la legalización de diversos partidos políticos, además del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE) en el gobierno, no hizo cambiar las maneras políticas. La intimidación y la represión de la oposición continúa produciéndose, así como la manipulación de los resultados electorales. Hasta tal punto que en los últimos comicios, las presidenciales de diciembre de 2002, los resultados daban a Obiang un número de votos superior a la población censada.
Según la Profesora Alicia Campos Serrano, investigadora de la Universidad Carlos III y miembro del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid, "la oposición sufre un proceso de fragmentación y absorción por el partido en el poder, quien ofrece beneficios a cambio de esta integración en sus estructuras. La consecuencia es que hoy sólo queda un partido legalizado en la oposición, Convergencia Para la Democracia Social (CPDS). El resto de partidos están divididos en facciones, algunas que forman coalición con el PDGE y otras no reconocidas por el Gobierno".
Esta parálisis en el proceso de democratización obtuvo la respuesta de los donantes internacionales. El gobierno español retiró en 1994 la mayor parte de la cooperación, mientras que la administración de Bill Clinton cerró su embajada dos años más tarde. Estas presiones dieron sus frutos y llevaron a la celebración de las elecciones más democráticas desde la independencia, las municipales de septiembre de 1995. En ellas, la oposición agrupada en la Plataforma de Oposición Conjunta (POC) demostró que era capaz de atraer a la mayoría del electorado.
A pesar de esta unión circunstancial, provocada por la lucha común de todos los partidos contra el poder dictatorial de Obiang, la oposición guineana se encuentra muy dividida. En el interior, gracias a las técnicas de seducción del régimen, sólo se puede hablar de la verdadera oposición del CPDS, que cuenta con el reconocimiento internacional (su líder, Plácido Micó, es el actual vicepresidente de la Internacional Socialista), y de un partido aún no legalizado, Fuerza Demócrata Republicana (FDR), cuyo presidente, Felipe Ondo, es el principal preso político en Guinea.
En el exterior, la formación más representativa es el Partido del Progreso (PP), liderado desde Madrid por Severo Moto, sobre quien pesan condenas de 121 años de prisión si regresa al país. También es la que despierta más recelos en sus compatriotas, que ven en la proclamación de Moto como presidente del Gobierno en el exilio a finales del año pasado una práctica autoritaria. Incluso un grupo de dirigentes de su partido ha presentado recientemente su baja y advirtieron "al pueblo y a la comunidad internacional sobre el futuro dictatorial que planea sobre el país” en caso de que asuma alguna vez la presidencia de la República. Samuel Mbé, coordinador de la plataforma exiliada en Camerún Resistencia Nacional de Guinea Ecuatorial (RENAGE), habla sobre el miedo de los opositores a una nueva dictadura: "Se corre el riesgo de que el pueblo totalmente cansado decida en el momento menos pensado salir a la calle para exigir sus derechos o que algún que otro listillo, aprovechando el caos reinante, decida utilizar la fuerza para cambiar la situación".
Sin embargo, la posibilidad de un cambio político en el país parece alejarse desde que en 1996 se iniciara la explotación de los yacimientos de petróleo, que ha fortalecido políticamente al régimen y ha alterado sus relaciones internacionales. Con el petróleo se hace innecesaria la ayuda al desarrollo para la supervivencia del estado y los donantes, de cuyo reconocimiento dependía el régimen de Obiang, se muestran ahora más complacientes ante la situación política, con la vista puesta en la participación de sus empresas en la lucrativa industria del petróleo.
Así, los intereses económicos de EE.UU., cuyas multinacionales (Exxon-Mobil, CMS Nomeco y Triton Energy), junto con la francesa Total Elf Fina, explotan casi la totalidad de los recursos petrolíferos del país, han provocado la reapertura de su embajada en 2002. Ese mismo año, pese a los críticos informes del Relator Especial de Naciones Unidas para Guinea Ecuatorial, la Comisión de Derechos Humanos decidió dar por finalizada su misión. Aunque los avances democráticos siguen siendo insignificantes, las relaciones con España también han recuperado cierta normalidad y las visitas de representantes del Gobierno (la última por parte de la ministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio a finales del año pasado) se han repetido en estos años. El grupo petrolífero Repsol ha firmado ya un acuerdo con el gobierno de Obiang y se instalará en Guinea próximamente.
De esta manera, el gobierno guineano se mantiene en el poder gracias al apoyo que obtiene explotando los recursos naturales del país y al reconocimiento internacional. Todo esto sin necesidad de obtener el consentimiento de la población sobre la que administra ni de legitimar su soberanía en las urnas. Las elecciones posteriores, presidenciales en 1996, legislativas en 1999 y municipales en 2000, en plena expansión petrolífera, no han hecho más que confirmar al PDGE en el gobierno. Para Alicia Campos, estos hechos "responden a la voluntad de socavar el sentido del multipartidismo. En un contexto en el que los ocupantes del Estado no muestran intención alguna de abandonarlo, la democracia constituye un lenguaje vacío, que apenas puede competir con otros más efectivos para lograr la conformidad de la mayoría de la población, como el lenguaje del parentesco o la brujería, que el régimen también utiliza".
En esta última década, Guinea Ecuatorial ha experimentado una verdadera transformación económica: el PIB ha pasado de 130 millones de dólares en 1991 a 2.200 en 2002, con un crecimiento medio del 24,2%. En ese mismo periodo, los vecinos Camerún y Gabón crecieron un 2,8% y un 2,6% respectivamente. La producción de petróleo se ha ido incrementando hasta los 200.000 barriles por día del año 2002. Sin embargo, el crecimiento económico tampoco ha beneficiado a la población. Aunque se ha pasado en dos años (1998-2000) del puesto número 131 al 111 en la clasificación de países del Informe de Desarrollo Humano de la ONU, esto se debe principalmente al aumento de la renta per cápita y no a una mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Guinea Ecuatorial el país del mundo que muestra más distancia entre la clasificación del PIB per cápita y la del IDH.
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Guinea ocupa una parte muy pequeña en África Central (plano
de la región, jpg, 134 Kb)
Con el objetivo de alcanzar una igualdad social mínima en todo el mundo, la organización de las Naciones Unidas creó el programa Los Objetivos del Milenio cerca ya del año 2000. Estos son los indicadores de Guinea.
* "El Estado del Mundo 2004", Ediciones Akal

Samuel
Mbé: entrevista completa >>
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Fecha de publicación:
03/23/2004