Reversos: Revista electrónica de arte sin monóculo
Número 0, Año 0: La Luz

[ Luces de Bohemia ]

recorrido a la luz de una sombra

Texto | Miguel Ángel Vázquez|
Fotos | Aurora moreno y Aurora Pintado

Muchas veces la mejor forma de salirse de la rutina, de todo este complejo mundo egoísta y absurdo en el que tenemos que sobrevivir, no consiste en inventarse extrañas performances o agresivos ataques al sistema que sólo provocan cansancio y desesperación. Muchas veces la mejor forma de luchar contra todo esto consiste en actualizar en nuestra vida con toda su fuerza a los clásicos. Así lo hacen los protagonistas de nuestro reportaje que, a bordo del imprevisible bajel de la noche madrileña y al grito de “¡Muera Urdaci!”, se disponen a seguir los pasos de Max Estrella en su genial recorrido por las “Luces de bohemia”.

Los personajes están repartidos desde hace tiempo y las estaciones por las que pasaremos en este reivindicativo vía crucis han sido cuidadosamente seleccionadas de acuerdo a la obra del maestro Valle-Inclán y a las pistas que el Círculo de Bellas Artes nos proporciona (sólo que con un poco más de alcohol, de realismo, de por medio). Sólo queda ponerse. Para muchos es la primera vez que nos lanzamos a la calle a representar un papel, a salirnos de nuestra vida para meternos en la de otro. Y claro, la primera vez siempre duele y el miedo al ridículo entre aquellos a los que nos ha tocado ir solos se hace presente. Aún así no existe posibilidad de retorno, ¿o acaso Max Estrella se quedaría en su casa?

Me sorprendió el que mis compañeros me eligieran para hacer de Max, el poeta ciego, el hiperbólico andaluz, en lo que es el acto más importante que hacemos como grupo. Es toda una responsabilidad, para con mis compañeros pero, sobre todo, para conmigo mismo. Supongo que el hecho de encarnar a un personaje al que siempre he aspirado alcanzar es para mí una especie de catarsis literaria que me ayuda a creerme aquello que defiendo. Con el vestuario dispuesto, bufandero y no muy estrafalario, y el convencimiento de realizar todo el recorrido con los ojos cerrados con el fin de emular la ceguera del maestro, me dispongo a comenzar, guiado por el oportunista Don Latino, el dantesco recorrido hacia el fondo del vaso.

Foto 1: Don Latino de Híspalis se inclina hacia don Max para comentar algo durante su encuentro en Casa Ciriaco.

Tras partir de la casa en la que vivió el escritor bohemio Alejandro Sawa, situado en el callejón de Las Negras y lugar donde supuestamente Valle-Inclán ubica la buhardilla de Max Estrella, llegamos a nuestra particular taberna de Picalagartos. Aunque la original en la obra se nos muestra en la calle de la Montera, nuestro grupo, buscando un itinerario más sencillo y mezclando dos escenas en una, decidió colocarla en el castizo bar conocido como “Casa Ciriaco”, donde en tiempos estuvo situado el Pretil de los Consejos y, a su lado, la cueva del librero Zaratustra. Así, en pleno inicio de la calle Mayor, nos cruzamos con una imponente Enriqueta la Pisa Bien la cual, tras negociar el billete de un viaje de fin de curso que resultaría premiado, el 5775, nos presenta a su querido, al que hace llamar el Rey de Portugal para ningunearle. Este Rey sin corona vende periódicos y, tras intentar hacer lo propio con un ABC y yo, obviamente, negarme como primer poeta de España que soy, les convido a unos quintos.

Escena cuarta

En otro rincón de Madrid se reúnen y filosofan los poetas modernistas, que, en esta versión libre del clásico teatral, comparten mesa y copa con el genial Rubén Darío. Allí, en la conocida Chocolatería San Ginés que en otros tiempos fue la Buñolería Modernista, redactan un manifiesto literario, el Manifiesto Reversista, y asustan al personal a la vez que atraen su atención. Será a este lugar a donde acudan la Pisa Bien y su querido tras abandonar la taberna de Picalagartos con el billete premiado.

Foto 2: Lectura de versos y prosas durante la tertulia modernista

Acabados nuestros quintos nos disponemos Don Latino, que en esta ocasión es doña, y yo a salir en busca del citado billete con la intención de recuperarlo. El convencimiento de Latino en que el billete está premiado nos hace adentrarnos en un Madrid frío, pues ya está bien adentrada la noche, y que no tiene más luces para mí que las de mi corazón. Ciego como estoy no veo las reacciones de la gente con la que nos cruzamos por la calle ni intuyo las caras de los clientes de San Ginés cuando nos ven entrar y los modernistas aplauden y me saludan cual maestro. Me dice Latino que a la mesa con ellos hay otra invitada. Es una joven anarquista que pretende llevar su radical revolución hasta las tranquilas plumas de los literatos. Es la misma anarquista que, perdida por la calles de la capital, le entregó a Don Latino un panfleto de protesta antes de nuestro primer encuentro de esa noche. En mitad de la discusión Dorio de Gadex se levanta y pide mi opinión. Noto a la gente que se encuentra en el local y no sabe de qué va esto expectante por el final de la diatriba. Cuando voy a exponer mis ideas, con una copa de licor a la que he sido convidado en la mano, me interrumpe Rubén Darío y me dice que antes de dar más importancia a ese personaje del pueblo requiere de mi interés para admirar el Manifiesto Reversista. Tras su lectura y posteriores aplausos lo alabo, pero les recuerdo que yo, como poeta, me siento pueblo y que estoy de acuerdo en los ataques de la anarquista a sus “nenúfares y princesas liliales”. Esto enciende a la revolucionaria que empieza a lanzar gritos de “¡Muera Urdaci!” a diestro y siniestro. La llegada de la autoridad y la detención de la joven junto a la mía propia cortan la que prometía ser una animada charla literaria. La gente del bar, que no entiende nada, aplaude. El rebaño piensa que estamos contratados por el local y bala.

Escena novena

La detención ha provocado la menor manifestación de minorías de la historia frente al Ministerio de la Gobernación, en la actual sede de la CAM. En la ahora fría Puerta del Sol piden a la gente que se una a ellos Rubén Darío, cuatro modernistas, la Pisa Bien, el Rey de Portugal y Don Latino de Hispalis. La lectura del manifiesto y las peticiones a voz en grito de que se libere a la Palabra no atraen especialmente la atención de ningún transeúnte. En esta España ya a nadie le interesan las prisiones trascendentes y los pensamientos que superen su cotidianidad. Los manifestantes deciden que ha llegado el momento de irse cuando uno de los modernistas, Clarinito, llama al telefonillo de la Delega y, al exigir la libertad de la Palabra, la Guardia Civil amenaza con salir a escena y saludar.

Foto 3: El tabaco de los modernistas

El siguiente cuadro nos acerca al antiguo Café Colón, bajo el edificio de Tío Pepe, hoy convertido en un Donner Kebab. En tan peculiar escenario se celebra una tertulia literaria presidida por Rubén Darío en la que comparecen ya todos los personajes de la nocturna representación (incluidos la anarquista, el guarda y un servidor, liberados por arte de la magia creadora). Los últimos vinos y la lectura de algún que otro poema servirán de relajada antesala a la última escena de nuestro peripatético recorrido. Tras los momentos de distensión y el recordatorio del funcionamiento de la última escena, nos ponemos todos en camino hacia el final de nuestra procesión.

Escena duodécima

El callejón del Gato y sus espejos deformantes nos reciben en un ambiente de misticismo y respeto total, casi de oración compartida. Nos disponemos a dar los últimos honores a don Máximo Estrella, Mala Estrella para los envidiosos, el primer poeta español y la luz que queremos que ilumine el caminar de una publicación que nace y de un grupo que se rebela ante el conformismo y la indolencia establecidas. Para ello, y tras representar con fidelidad a la obra la escena de la muerte del genio, del “cráneo previlegiado”, con un Max yacente en el frío suelo madrileño presentamos nuestras improvisadas ofrendas. De todas me quedó con la del guarda, aquel que arrestó al poeta y, con él, a la Palabra. Ofreció sus insignias de policía queriendo reflejar su deseo de que no fuera necesario “hablar los cuatro dialectos del griego” para comprender el arte. Tras esto un último “¡Muera Urdaci!”. Y Max murió. Y nosotros venimos a recoger su testigo. Que así sea. Amén.

Luces de Bohemia...

--Fragmentos escogidos

-- Texto íntegro de Luces de Bohemia en pdf (172 Kb) Este texto se ha tomado prestado de la página de José Miguel Segura, Desocupado Lector

...sale a la calle

De mano de la asociación cultural Reverso, Luces de Bohemia salió a la calle la noche del 16 de enero de 2004. Estos fueron algunos de sus resultados:

-- Manifiesto reversista

-- Panfleto anarco-ruborizante

-- Galería fotográfica

Valle Inclán


Quien había de ser prodigioso escritor nació el día 28 de Octubre de 1866 en Villanueva de Arosa,. Murió en Santiago de Compostela el 5 de enero de 1936. Hay pocas noticias de su primera juventud. Sabemos que anduvo por el México inolvidable. En 1895 vino a Madrid. El mismo año había publicado su primer libro, en Pntevedra: Femeninas. A partir de 1897 --Epitalamio-- su producción aparece en la capital de España. Valle Inclán vivió siempre en escritor, con heroísmo económico, aspero y señorialmente, sin hacer concesiones a la necesidad. Quizá nadie haya tenido una mayor voluntad de ser él, de intransiguencia para con su arte. Gran poeta, forjador indomable del idioma, padre del "esperpento", su palabra tiene olor, color, sabor y almendra ideal, zurriago y caricia. A más de sus novelas históricas, grandes retablos trabajados con ricos oros y esmaltes, Valle-Inclán lofró el mejor teatro de su tiempo, increíblemente irrepresentado. Por esa su verdad última, Valle-Inclán se agranda con el paso de los días porque su obra nación de las raices del hombre que la hizo.

Prólogo a la Edición décima de Luces de Bohemia en la editorial Espasa-Calpe (Madrid, 1979)

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Otras luces

-- Madrid, escenario vivo

 

SUMARIO

CRÉDITOS

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Fecha de publicación: 04/20/2004

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