Un año en bici

Un viaje de 18.653 kms por cuatro continentes entre mayo de 2010 y octubre de 2011. Ver más

La travesía del desierto

Escrito el 22 de septiembre de 2010 desde En ruta entre Nazca y Cuzco, en Perú



A quien se le habrá ocurrido construir una ciudad en medio del desierto, nos preguntamos mientras nuestro pequeño pelotón ciclista abandona Lima, una urbe de 8 millones y medio largos de habitantes. Porque en cuanto uno sale de Lima se encuentra con nada más que eso: desierto. Y no nos referimos a un secarral, sino al tipo de desierto que dibujaría un niño, con su arena, sus dunas y ocasionalmente algún arbusto que consigue sobrevivir a la aridez del terreno. A las afueras de Lima la gente vive arracimada sobre las laderas de las montañas arenosas, como si quisieran recrear Machu Pichu.

Hace un par de años recibimos un email de una chica que se iba a viajar por Asia en bicicleta y quería conversar. Un tiempo después esa chica estaba en Holanda planeando su siguiente viaje: América de Norte a Sur. Nosotros en aquella época le estábamos dando vueltas a hacer la ruta de la Seda en el plazo de uno o dos años. Como con tanta otra gente que nos escribe nos intercambiamos un par de emails y nos guardamos mutuamente nuestras páginas en la lista de favoritos.

Dos años más tarde nuestros planes habían cambiado un poco, y gracias a una maravillosa conjunción cósmica la chica, Ivana, su pareja, Harry y los que escriben llegamos a Lima con un par de días de diferencia. El jueves quedamos para cenar en una esquina de la plaza Kennedy en Miraflores, Lima. Frente a una pizza, mapas, un manojo de hojas arrancadas de una guía, risas y todo queda decidido: salimos todos juntos el sábado. El convoy estará formado por Ivana, Harry, los mendas y posiblemente una familia con la que comparten ruta desde que entraron en Perú. Sean, Ingrid y Kate Tomlinson, de 40, 38 y 9 años respectivamente llevan 20 meses recorriendo toda América de Norte a Sur. Impresionante ¿no?

El sábado a las 11 de la mañana nos reunimos de nuevo frente al parque Kennedy y nos zambullimos en el tráfico de una ciudad en plena actividad. Las calles están copadas de omnibuses y taxis que parecen abejorros moviendose de forma caóticamente ordenada. En Perú los stops, los ceda el paso y los semáforos son meramente orientativos, y el claxon -en pequeñas ráfagas- la forma de avisar a los que circulan a tu alrededor de tu presencia. Por suerte nuestros compañeros de viaje se mueven entre este tipo de tráfico como sardinas, sin dejarse intimidar por sus maneras bruscas, y así nosotros aprendemos y enseguida le cogemos el tranquillo.

Saliendo de Lima

La salida de la ciudad es mucho mejor de lo que esperamos. En primer lugar, desde la avenida principal salimos a la Panamericana Sur, una autovía con un arcén enorme y plagada de vehículos lentos: colectivos, carritos y otros varios, por lo que los vehículos más rápidos se mantienen atentos a movimientos en el arcén y generalmente en los carriles de la izquierda. Para nosotros eso significa mucho espacio para circular y la tranquilidad de que ningún coche se va a sorprender de la presencia de un grupo de locos en bici por la cuneta. Alrededor de nosotros las barriadas de casas de adobe y calles de tierra se suceden. A orillas de la carretera, más allá de los montículos de escombro que rellenan las cunetas, vemos pequeños comercios pintados de colores chillones: azul, amarillo, rojo… o todos a la vez. Los que esperan en las polvorientas paradas de autobús nos dirigen miradas de extrañeza al pasar.

A medida que avanzamos la autovía pasa por un peaje y poco a poco va perdiendo tráfico. Los pueblos están cada vez más separados entre sí. Algunos no parecen más que campamentos de chozas de caña trenzada en medio del erial, como cajas de cerillas desparramadas por el suelo. El tiempo es brumoso, gris y todos los colores parecen apagados. La carretera está llena de puestos de fruta, pequeñas bodegas y bares. Algunas veces los atienden niñas tristes a las que no calculamos más de 15 años que cuidan de uno o dos bebés que esperamos sean sus hermanos. Ivana, Harry y la familia dicen que están sorprendidos pero en el sentido contrario. Después de Ecuador, Perú les parece un paraiso limpio y ordenado.

Pues eso

Nuestra guía dice que muchos de los habitantes más pobres de esta región solían vivir en la Sierra pero que, tras la crisis de los años 90 fueron a la ciudad en busca de recursos y acabaron atrapados en el desierto. “La vida” dicen Harry e Ivana, que llevan muchos meses peleando con las mismas sensaciones que nosotros sin encontrar de momento respuesta.

Un par de días después de salir de Lima la bruma comienza a levantarse, la temperatura sube y empezamos a notar cómo la arena irradia calor. Es nuestro primer encuentro con el verdadero desierto, asfixiante e imponente. El calor es sofocante y en las zonas en las que no corre la ligera brisa que evita que nos abrasemos entendemos cómo la gente puede volverse loca en estas condiciones.

Pronto nos encontramos transportando el doble del agua habitual y aprovechando la menor sombra para librarnos unos momentos del peso del sol en nuestras nucas. Un puesto de sandías en medio de la nada nos da un respiro y entre los siete damos cuenta de más de 10 kilos de fruta.

En medio del desierto hay tramos en los que no vive nada en 40 kms. En esos lugares no paramos, tratamos de atravesarlos lo más rápido posible, es como si ahí el desierto estuviera más presente, más amenazante.

El desierto nos tiene reservadas también algunas sorpresas agradables. En Paracas, un pueblo de pescadores que ha sabido encontrar el filón del turismo visitamos las Islas Ballestas, que algunos llaman las Galápagos de los pobres, donde vemos leones marinos, pelícanos, pingüinos y mucho guano.

Islas Ballestas

También paseamos por la Reserva Natural de Paracas, una porción del desierto costero especialmente espectacular donde, tras observar los flamencos en la orilla, vemos anochecer desde nuestras bicicletas.

Playa de Lagunillas, cerca de Paracas, Perú

También disfrutamos un par de días del oasis de Huancachica, un milagro enterrado entre dunas de muchos metros de altura en los que la gente hace “sandboarding”, que es igual que el snowboarding pero en su versión desértica. Es un lugar extraño, a medio camino de campamento hippie, sala de fiestas y atracción turística local, con un regusto aún perceptible a antigüo balneario de clases pudientes.

Árido

Finalmente, pedalendo por la espléndida pampa cerca de Palpa y Nazca pasamos junto a las famosas lineas de ídem. Las líneas se crearon quitando de la tierra piedras oscurecidas por el sol y dejando al descubierto la arena que había debajo, mucho más blanca. Hoy, 2900 años después (siglo arriba, siglo abajo), siguen siendo visibles aunque se desconoce su significado: ¿las hicieron los extraterrestres o los sacerdotes Nazcas? En vista del calor sofocante decidimos pasar del vuelo en avioneta, que es la única forma de verdaderamente visualizarlas, y nos conformamos con las postales y el hostal con piscina y wifi.

Hoy nos hemos quedado tristes y solos después de haber pasado 10 días espléndidos con nuestros nuevos amigos. Los Tomlinson e Ivana y Harry van a seguir bajando por la costa hasta Arequipa, mientras nosotros hemos escogido una ruta un pelín más dura que sube a la sierra para poder acercarnos a ver Cuzco y también el legendario Machu Pichu. Mañana comenzamos la ascensión. En el kilómetro 90 de nuestra carretera estaremos a nada más y nada menos que 4100 metros de altura (en Nazca estamos a 300).

Pasaremos varios días alejados de la civilización así que esperamos que no rompáis nada y que estéis estupendos. Os echamos de menos y de verdad que agradecemos todos los comentarios, aunque nos cueste un poco responder.

Os dejamos con algunas fotos de estos días y también de los días que pasamos en Nueva York.

Fotos de Perú (Lima – Nazca)

Fotos de Nueva York y las cataratas del Niágara


 

Este artículo fue publicado el 22/septiembre/2010 dentro de la categoría 2010 y 2011 - Un año y pico en bici en Rodadas.net, una página web sobre cicloturismo y viajes en bicicleta mantenida por Álvaro Martín y Alicia Urrea.

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Comentarios Hay comentarios de 13 intrépidos

  1. jofegaber dice:

    Preciosas fotos, como siempre!!! y bueno… Con el yuyu que le tengo a eso de no tener agua, la verdad que cada dia os tengo mas alto en el altar.

    Mucha suerte, y sobre todo cuidaros!!!!

  2. javi dice:

    Si, cuidaros mucho y disfrutar al maximo.
    por aqui tambien se os echa de menos.
    un abrazo.

  3. Mustarós dice:

    ¡Fantásticas fotos!, gracias por compartir la experiencia. ¡Ánimo y adelante!, ¡ah! y ya estais pedaleando más deprisa que queremos saber de Cuzco y los andes peruanos (es broma…). Saludos.

  4. Javier dice:

    Algunos amigos, cuando les cuento lo que estais haciendo, tienen la visión de que ese tipo de viajes es un año de excedencia en tu vida.

    Otros, como yo, creemos que la excedencia es nuestra rutina diaria, y vuestro año de aventura, no menos de una década de vivencias.

    Os envidio y os admiro … y aunque lo primero tiende a crecer más y más con cada relato vuestro, la admiración termina por alcanzar a la envidia, e incluso superarla.

    FELICIDADES

  5. Falonso dice:

    Gracias por compartir vuestra experiencia con todos los que amamos este digamoslo asi “forma de viajar”. Haceis que cada dia que leo algo sobre vuestro maravilloso viaje el día se haga más ameno pensando en que algún dia estaré yo allí.
    Un saludo y animo!!!

  6. euguss dice:

    mucho cuidado con el mal de altura o soroche, no es broma y puede ser muy peligroso. Masticar la hoja de coca les puede ayudar y mucho.

    suerte

  7. FRASER dice:

    Como siempre magnífica crónica así como las fotos .Es admirable la manera de vivir la vida que elige algunas personas ,tal como los compañeros temporales de viaje que váis encontrando.Disfrutar de la esperiencia es fantástica ,nos lo hacéis pasar en grande y que conste que se os hecha en falta por el foro Saludos y feliz rodada

  8. asturias.maria dice:

    muy guapa la crónica, qué suerte de haber compartido esos días… disfrutad mucho de Machu Pichu. Feliz rodada y contar más.

  9. Santi dice:

    Qué envidia! Me alegra que os vaya bien esta fascinante experiencia.

    besos

  10. Luis dice:

    Perú es un país único, espero que lo disfrutéis al máximo, especialmente su gastronomía! No olvidéis comer un buen ají de gallina!!! Y sobre todo fuerza y ánimo para los momentos de soledad o problemas que podáis tener, también son parte de la experiencia y del aprendizaje, y no os forceis más de los necesario que se trata de disfrutar!!!

  11. txibi dice:

    Un placer seguiros. Saludos y buenas pedaladas!

  12. Aldo Bruzzo dice:

    Que alegria saber que estais tan bien,animo.Disfrutar de Peru ,su gastronomia y sobre todo disfruatr de Machu Pichu.ojo con el mal de altura,no tengais miedo en mascar hojas de coca,eso alivia y ayuda mucho,cuidaros del frio y de las lluvias que encontrareis en esta epoca,aveses son torrenciales.
    Cuando esteis por llegar a Chile,La serena,cerca de Ovalle o en Santiago,podeis contar con la casa de mis padres en la serena o de alguna de mis dos hermanas en Santiago,no tengais verguenza….
    saludos y seguir asi….buen viaje.

  13. isa dice:

    hola,con un poco d retraso leo esta crónica,lo siento.leyendola habeis sabido transmitir lo duro dl desierto.fotos impresionantes y me alegro q coincidierais cn vuest amigos..feliz viaje saludos

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