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Desde Tabriz (Irán) a Trabzón (Turquía)

Escrito el 1 de julio de 2010 por Artista invitado


Irán - On the route


Del diario del viaje de Ignacio… “Porque me gusta contarlo, y porque algunos me lo habéis pedido, os envío la crónica de nuestro viaje de este verano. Han sido 1150 Km de bici, unos 350 Km de furgoneta y tren, en tres semanas de agosto. Estos son los datos fríos. Empezamos en Irán, desde el norte, cruzamos Armenia, pasamos unos días por Georgia y terminamos haciendo unos 250 Km en la costa del Mar Negro, desde Batumi en Georgia, a Trabzón, ya en Turquía.”

Datos personales

Nombre Michael Coffey, Francisco Marín e Ignacio Recio
Año de nacimiento Hace mucho…
Profesión Maestro, químico e informático
Otros viajes en bicicleta Ninguno
Y vuestra web o email http://www.flickr.com/photos/mtcf/sets/72157622092448957/

Este viaje

Itinerario Irán: Tabriz, Kharvanaq, Nurduz.

Armenia: Meghri, Kapan, Tatev, Yerevan, Sevan, Dilijan, Vanadzor, Kakavasar, Bavra.

Georgia: Akhalkalaki, Akhaltsikhe, Khulo, Batumi.

Turquía: Trabzon.

Duración 23 días
¿Por qué elegiste este recorrido? Porque se supone que en Armenia estuvo el paraíso terrenal, y tienen una antiquísima cultura; porque siempre he oído hablar bien de Irán; porque los georgianos tienen fama de ser gente muy vital y alegre; porque nos parecía una ruta muy redonda y variada.
Fecha en la que lo realizaste Agosto de 2009
¿Cuántos ibais? Tres
Distancia total 1200 Km de bici 300 de transporte.
Coste aproximado 500€ de gastos + 900€ de vuelos cada uno
El mejor día (y por qué) Un día en Georgia, en el que hacía mal tiempo e íbamos por un bosque que a nosotros nos pareció mágico. Cuando se hizo la noche llegamos a un pueblo en el que no había para dormir, entonces alguien nos invitó a su casa. Al calor del fuego bebimos vino, brindamos y nos reímos durante horas. También descubrimos que en el bosque había lobos y acampar no hubiera sido lo más recomendable. Uno de los mejores recuerdos de todos mis viajes
El peor día (y por qué) Realmente ninguno. Quizás un día con fiebre.
La parte de la ruta que más os ha gustado (y por qué) El norte de Irán: por lo desconocido, por lo inesperado, por la hospitalidad de la gente. El oeste de Georgia, porque tiene unos bosques exuberantes.
El mayor quebradero de cabeza Encontrar el camino en el norte de Irán.
El mayor error cometido No llevar buenos mapas.
La sorpresa más agradable Tras descubrir que las cámaras de repuesto no eran útiles porque la válvula de la rueda era fina y la de las cámaras gruesas, comprobar que Paco había cometido el error justo simétrico.

La bici y el equipo

El modelo de bicicleta Orbea de montaña, Orbea híbrida y Marin de montaña
¿Le hicisteis alguna modificación? Cada bicicleta puso cubiertas distintas de las habituales: la de montaña mixtas, con banda de rodadura lisa, la híbrida de tacos pero estrecha y la Marín de carretera. La que peor resultado dio fue la de carretera.
¿Llevábais para cocinar? No
¿Y tienda de campaña?
¿Qué os hubiera gustado llevar? Unas novias
¿Qué os habéis arrepentido de llevar? El libro de frases en ruso. No resulta útil y pesa.

Recomendaciones a alguien que vaya a hacer la misma ruta:

  • Que lleve un mapa en condiciones si tiene intención de hacer pistas.
  • Elegir bien las cubiertas.
  • Ir al lago Sevan suele ser una recomendación de todas las guías. En nuestra opinión, no es imprescindible ir. Ir o no por Sevan da distintas alternativas de ruta.
  • Que sepa que la gente de todo el recorrido es muy hospitalaria.

Mapa de la ruta

Mapa de la ruta (pincha para ver más grande)

Galería de fotos

Diario de viaje

[sigue desde arriba]

Desde el punto de vista “técnico”, aunque teníamos alguna experiencia menor en viajar en bici, este ha sido nuestro primer Viaje en bicicleta. Hemos descubierto sensaciones inesperadas, algunas esperadas, y otras… La sensación general de un viaje en bicicleta es la sensación de independencia. La sensación de no tener limitaciones en el espacio. El ritmo del viaje es el adecuado para avanzar, a la vez que para respirar el lugar en el que estás. La velocidad es adecuada para saludar a todo aquel que se vuelve a hablar contigo, a animarte en la cuesta, a invitarte a un té o a dormir en su casa. Si hace calor te paras, si el paisaje es interesante te detienes, si quieres avanzar, cuando llega la cuesta abajo, sueltas los frenos.

Llegar a Tabriz en Irán a las tres de la mañana, a un aeropuerto en el que no se entiende ni el cartel de Exit, tiene su punto. Mi primera sensación fue de hostilidad hacia nosotros. No podía sacar las cajas de las bicis de las cintas de equipaje y la concurrencia me miraba, creía yo, con una indiferencia despectiva, el tipo de los pasaportes quería abrirlas y ver qué había dentro, que no entorpeciéramos el paso,… tras alguna gestión estábamos en la calle, montando las bicis a la luz de una farola. Lo primero que conseguí fue pinchar por la válvula mi rueda trasera al inflar. Lo segundo fue descubrir que las cámaras que llevaba de repuesto tenían una válvula demasiado gorda para mi llanta, y lo tercero, alá es grande, fue descubrir que Paco también se había equivocado con sus cámaras, y siendo de válvula ancha, las había traído de válvula fina. ¡Uf! Pedaleamos a Tabriz, son las cinco de la mañana, está a 7 u 8 Km, hace una temperatura perfecta, nos movemos en el norte de Irán, la sensación es genial.

Había leído que una de las características de los iraníes es que son muy hospitalarios. Siempre que leo esto en alguna crónica, tengo cierta duda si no estarán elevando a categoría la anécdota. Si de algo os vale mi resumen, y tras algunos viajes ya a las espaldas, desde mi punto de vista, la hospitalidad y cortesía que descubrimos en este país, es algo absolutamente excepcional.

Dos días después, a las cuatro de la mañana, con 4,5 litros de agua cada uno salimos de la ciudad para coger las pistas que deben llevarnos a la frontera de Armenia. Hay dos rutas de asfalto, pero por su longitud, para evitar lo más posible el tráfico y porque nos apetece mucho, preferimos ir por pistas de forma más directa en dirección norte. Os recomiendo que para otras excursiones que hagáis de este estilo, llevéis un buen mapa, y así no os pasará como a nosotros, que una hora después de iniciar la pista ya estábamos perdidos. La otra recomendación es que antes de insistir más y más en el error, volváis al último punto conocido, y así tampoco os pasará como a nosotros, que anduvimos “relativamente” perdidos las siguientes 4 ó 5 horas hasta que por suerte o por nuestra pericia, dimos con el valle que debíamos haber cogido desde el principio. Dado que Alá es grande, nada más llegar al valle, un hospitalario iraní, además de invitarnos a yogur y té, nos hizo un mapa sobre la marcha, que por una carretera de asfalto llevaba al sitio que queríamos de forma relativamente directa. Así que como nuestro plan original era bastante flexible, no lo seguimos en absoluto.

Tras un par de días y pico de pistas, carreteras, y disfrutar de la hospitalidad iraní, cruzamos la frontera Armenia. Armenia es una ex-república soviética en la que los rusos aún tienen soldados, y banderas, además de restos industriales por doquier. El norte de Irán es un desierto montañoso, el sur de Armenia es Irlanda en el Cáucaso, en el pequeño Cáucaso. Pasado el río que separa estos países nos quitamos los pantalones… largos, pues en Irán también los hombres debemos ir recatados. Entramos en el reino del Vodka, el vino y los brindis. La zona sur es montañosa, anduvimos entre 1000 y 2500 metros, siempre nublado. El desayuno de Tatev quedará grabado en mi memoria como el mejor de mi vida, desde muchos puntos de vista, pero sobre todo, desde el punto de vista de las viandas: ¡qué barbaridad!

Con algunos retazos de fiebre nos encaminamos hacia Sisian. Una buena etapa, con una mejor siesta. Desde aquí, en una furgoneta llegamos a Yerevan. Frente a la capital: el Ararat, y entre ambos, una infranqueable valla fronteriza entre Armenia y Turquía. Yerevan entre otras cosas se caracteriza por que produce pinchazos en las bicicletas, tenedlo en cuenta si vais. También por no parecerse en nada al resto del país, y porque de esta ciudad es Esveta, una amiga de Michael encantadora. También conocimos dos ciclistas iraníes que estaban haciendo nuestra misma ruta. Con un tren, otro día de fiebre y otro pinchazo pasamos el día entre Yerevan y el lago Van. Ir al lago Van parecía obligatorio, pero no lo es. Desde aquí, no dejamos de pedalear hasta Trabzón. El terreno gana altura y suavidad. Una especie de valles suizos, con niños rubios de ojos azules vendiendo manojos de zanahorias a la orilla de las carreteras. Una buena cuesta abajo hasta Vanazdor y una agradable noche de tienda bajo la lluvia.

El día siguiente es uno de los mejores del viaje. No conseguimos en todo un día gastar un solo Dram en mantenernos o dormir. El pan, los tomates y el queso nos los regalaron unas mujeres por ayudar a un hombre que tenía un ataque de ciática. La miel nos la regaló una mujer porque sí, el almuerzo gentileza de “Tío Alberto”, que así le bautizamos recordando la canción de Serrat, y con el que gracias a Paco, no quedamos muy mal en la competición de Vodka, y ya a última hora, Vagan nos invitó a cenar, dormir y desayunar en su casa. Esto combinado con uno de los tramos más bonitos de todo el viaje hizo que este día lo recordemos con mucho cariño.

Dejamos Armenia a través de unas estepas a gran altura en las que millones, o seguramente miles de millones de flores cubren una pradera hasta donde alcanza la vista, en las laderas de los montes del final del anchísimo valle. Georgia nos recibe con una bandera la Unión Europea, sonrisas, una carretera de tierra horrible llena de camiones y polvo. Aquí como en Armenia es la virgen la que se ocupa de nosotros, y nos regala con una cuesta abajo de muchos kilómetros a lo largo de un río precioso. Dormimos en casa de Mazzia, una georgiana de origen finlandés, con esa pinta que uno se imagina de una georgiana de origen finlandés. Desde aquí, sin peso por unas horas vemos la Cave city de Vardzia. Curioso complejo de cuevas en un acantilado.

Nueva encrucijada para decidir ¿Playa o montaña? o sea, a Trabzón por el monte o por la costa del mar negro. Playa. Nos apetece mucho llegar a Batumi, en la costa de Georgia, y sobre todo pasar por una pista que se eleva a un puerto por un bosque encantado lleno de setas gigantes, familias encantadoras, asfaltos mágicos, pistas con gusanos come ruedas, wolkies, o sea lobos, osos,… y algunas otras cosas que no cuento por si alguno no puede dormir… La niebla (también mágica claro), la lluvia cada vez más insistente y la inminente noche nos recomendó intentar dormir en el pueblo del puerto. Como era lógico hotel niet (no), y como ya era habitual también, alguien nos invitó a su casa a pasar la noche. En una casa de madera, en la que la planta baja estaba ocupada por la habitación de Viky, la vaca, que al moverse hacía temblar el resto. De las cuatro piezas de la planta de arriba, una tenía el fogón con varios pucheros encima. Estábamos mojados y algo hambrientos, aunque hacía unas horas una alegre familia georgiana nos había invitado a comer y a beber vodka claro. En este caso, Michael dejó el orgullo patrio en muy buen nivel. Auto y su familia, su gena (esposa) y Matia, su encantadora hija y sus dos sobrinos, nos hicieron recordar las cosas importantes de la vida: el calor de la lumbre cuando hace frío, beber vino con unos desconocidos, que no es necesario un idioma común para comunicarse, como en el rincón más inhóspito las mujeres son coquetas y los hombres cariñosos, que es importante saber dónde están los lobos y dónde no,… y muchos brindis y risas, sensaciones que aún hoy nos hacen recordar esta noche como uno de los mejores ratos de todo el viaje.

Pero nunca llovió que no escampara, dicen en Asturias. Sale el sol, estanos a 2100 metros, los wolkies no se acercan por el día, y nuestro destino está a 120 Km en el mar. El desnivel previsto, aunque parezca mentira aún nos da para polemizar algo, en todo caso es netamente favorable a los ciclistas. No así el firme, una indecente pista de 30 Km antes del asfalto en las que hasta hay que cruzar a pie un río. Vemos la puesta del sol en Batumi, estamos muy contentos, alguno incluso borracho…

De aquí a Trabzón hay 220 Km a nivel del mar. Tiene su punto, pero ya es otra fase, es un epílogo curioso, no meter el plato pequeño en todo un día. Trabzón, empaquetar las bicis, paso por Estambul, hamman, barbería,… esto se acaba… Hoy, desempaquetando la bici, me he alegrado al verla, me he dado cuenta que la echaba de menos.

Saludos
Paco, Michael e Ignacio


 

Este artículo fue publicado el 1/julio/2010 dentro de la categoría Viajes de los lectores en Rodadas.net, una página web sobre cicloturismo y viajes en bicicleta coordinada y mantenida por Álvaro Martín y Alicia Urrea.

El artículo está sujeto a una licencia Creative Commons 3.0. Es decir, puedes distribuirlo y adaptarlo SIEMPRE que nos cites (más concretamente, cites al autor y enlaces a la dirección permanente del artículo); no lo uses con fines comerciales o en publicaciones comerciales; y el resultado de tu trabajo también esté bajo una licencia de Creative Commons

Siempre puedes volver encontrar este artículo en: http://www.rodadas.net/2010/07/01/desde-tabriz-iran-a-trabzon-turquia/


Comentarios Hay comentarios de 13 intrépidos

  1. Tomas dice:

    Que viaje más fascinante!
    Gracias por compartir las experiencias que abren posibilidades para viajar y conocer.
    Yo jamás hubiera pensado que esos países habían de ser recorridos, esto ha sido un gran cambio de perspectiva.
    Quizás algún día tome la bicicleta y me largue por allá.

  2. cedila dice:

    ¡Jo! ¡Qué envidia! ¿Tendré yo algún día lo que hay que tener para emprender un viaje semejante? ¡Puf! Lo llevo claro…

    Conocí a Ignacio de la etapa de La Espiral que acabó en Unquera. En cierto momento de la charla, me enteré de que Ignacio era recién llegado al foro de Rodadas y bromeé un poco acerca de su condición de novato… (¡más novato que yo…!). Ignacio comentó, tal vez algo mosqueado, que él era novato en Rodadas, pero que ya tenía alguna experiencia en viajar con la bici. Pues ¡Vaya que sí la tenía, sí! Ignacio me pareció una persona muy prudente y discreta. Espero que no haya sacado una impresión equivocada de mí o si lo hizo, al menos no la dé por definitiva: en el fondo no soy tan gilipuertas como parezco, lo que pasa es que relacionarme socialmente no es una de mis pocas habilidades.

    Un saludo, oh aventureros, y muchas gracias por contarnos vuestro viaje y por las fotos que he visto también en flickr, que son una pasada. Invitan a soñar…

  3. Ignacio dice:

    Tomás, efectivamente, es un sitio para visitar. Siempre que vuelvo de un viaje, de cualquiera, cuento lo mismo, cuando me preguntan cómo es la gente. La gente, en todas partes es como nosotros: tiene que buscarse la vida trabajando, las familias tienen que criar a sus hijos, los niños van a la escuela,… y cuando pueden, hacen una fiesta alrededor de una mesa y la gente se alegra. Las cosas que ponen en las noticias… hombre, pasan, pero lo que realmente pasa, es lo otro.

    Cedila gracias por tus alabanzas, pero no es para tanto. No te preocupes, no me tomé a mal lo que dices, ni siquiera me acordaba, y muy al contrario, me pareces un tío más que majo y sociable. El espíritu que tienes con la bici, montando un relevo de la espiral por Asturias de ¿300 km? es algo por encima de lo normal. Hablo por todos los que estuvimos, el rato que pasamos contigo nos encontramos muy acogidos. Y dejo ya de hacerte la pelota que esto me está recordando cierta escena de Pulp Fiction. Para hacer un viaje así, efectivamente hay una dificultad: conseguir los días de vacaciones, lo demás, ya lo tienes todo.

    Un saludo
    Ignacio

  4. luisesunico dice:

    Ignacio llevaba medio año esperando esté viaje, por fin he podido releerlo. Los habitantes del mundo entero te damos las gracias por romper con los perjuicios que los h_ _ _ de p_ _ _ de los medios de comunicacion nos quieren hacer llegar.

    Las fotos alucinantes, sin palabras. ¿Que camara y que fotografo?

  5. Michael dice:

    Hola Luís, es aconsejable no creer ni siquiera la mitad de lo que se dice en la tele o en los periódicos. ¡Y no frustrarte por haberlo creido! Mis compañeros de trabajo iranies me dieron ideas más amplias y mejor presentadas sobre su país.

    Saqué las fotos con un Nikon D80 y un 50mm f/1.4 D. Terminé las fotos en Capture NX2 con Nik Color Efex 3 en un Mac.

    Saludos al equipo del sitio de Rodadas por facilitarnos a todos una alternative a la información que nos vale.

  6. cedila dice:

    Como dice luis, estamos demasiado influenciados por la imagen que de esos pueblos y lugares nos sirven los medios. Basándose en esa información, España es un país en el que luce el sol continuamente y la gente está siempre de fiesta, entre toros y flamenco. Y además somos todos morenos y pasionales, dispuestos a defender nuestro honor a navajazos al primer desaire.

    Tópicos aparte, lo que sí encuentro, por lo que dicen los viajeros cuyos relatos he leído, que en las sociedades occidentalizadas el concepto de hospitalidad se ha ido perdiendo, sobre todo en las ciudades. También nuestra capacidad para relacionarnos o interesarnos por el prójimo.

    Si vas paseando por el campo y te encuentras a una persona tirada en un camino, raro será que no te detengas a ver qué le ha pasado y si necesita ayuda. La misma escena en una urbe cualquiera y la gente pasará de todo. Te puedes morir en plena calle sin que nadie mueva un dedo por tí.

    Recuerdo el caso de un señor de edad avanzada que contaba por la radio, con justa indignación, que sufrió una hipoglucemia mientras estaba de compras en una de esos grandes centros comerciales. Habiendo quedado medio desvanecido, lejos de recibir ayuda, lo que pasó es que el personal de “seguridad” ¡lo echó a la calle!

    No quiero vivir en un mundo así.

  7. luisesunico dice:

    ¿Podiais contarnos las historias de tio alberto y su desayuno? ¿Como le conocisteis? y tambien sobre Maccia y Auto y su familia en Georgia. De que forma entablaís amistad sin saber el idioma?

    Abrazosss

  8. Ignacio dice:

    Qué tal Luis,

    A tío Alberto le conocimos intentando encontrar unas pistas hacia un pueblo del norte de Armenia llamado Kakhavasar. Tenía una casa en un cruce de caminos, con un garaje lleno de cosas. A la que nos explicó cómo ir a donde queríamos, nos invitó a almorzar. Nosotros le dijimos que sí. Este hombre pequeño y espabilado, tenía pinta de ser un líder nato, de entender de casi cualquier cosa, aunque viviera en un pueblo remoto. Nos decía, con signos, que si no tomábamos vodka, luego no nos iba a crecer la barba. Por eso Paco parece un oso… Comimos cosas del huerto, miel, mermelada,… A todo esto, la mujer solo aparecía para traer cosas a la mesa. Esto en algunas ocasiones nos dio pena, ya que primero comíamos nosotros con el hombre de la casa, y tras terminar nosotros, luego se sentaba el resto de la familia.

    No recuerdo el nombre de quién nos alojó en Armenia (¿Vagan?), cerca de la frontera de Georgia. Cuando le preguntamos si había un hotel en el pueblo nos dijo que no, pero que podíamos dormir en su casa. Yo no sé porqué, pero me dio mala espina, además estaba cansado de tanto rollo social ese día, así que propuse dormir en la tienda, aunque hacía una noche de perros. Dos contra uno, decidimos aceptar la invitación. Aunque este hombre era un poco soso, fue muy hospitalario, comimos también antes que la familia, y después metí yo la pata preguntándole por dos fotos que había en la pared de dos chavales. Hijos suyos muertos en la guerra de Nagorno-Karabaj. Dormí de lujo esa noche, quizás, seguro, en la cama de alguno de los otros hijos. Esto nos avergonzaba mucho cuando nos dimos cuenta. No es que sean hospitalarios, es que duermes en su cama y comes su comida.

    En Georgia llegamos a un puerto, en realidad a muy pocos metros del puerto, una tarde casi noche, con lluvia y niebla. Tuvimos nuestra polémica sobre qué hacer: seguir hasta el puerto e intentar descender lo más posible por el otro lado, dormir en una parada de autobús que había allí mismo (muy acogedora por cierto), o preguntar. Al preguntar a unos hombres que había en la tienda-bar-centro social, Auto dijo que fuéramos a su casa. Así de fácil. Al llegar metimos las bicis en la parte baja de la casa, donde la vaca. Hacía frío y tras quitarnos los abrigos, nos ofrecieron zapatillas a todos. Si te fijas en la foto que hay de casa de Auto, ellos aparecen descalzos. Nos dimos cuenta al ver las fotos. La manera de comunicarse, no sé como es. Empiezas a hablar, a gesticular, y el contexto, y… te entiendes: lobo=wolky, familia=oyaji,… yo que sé. Entre lo que uno entendía y otro entendía, nos enterábamos que el brindis era por la familias de todos y cada uno de nosotros, o porque la gente no hiciera guerras, o por las mujeres, o porque acabáramos bien el viaje,… es así. Una angustia es saber qué hacer al final de la estancia, si darles dinero u ofrecerles algo. En todos los casos hemos tenido perfectamente claro que ofrecerles dinero hubiera sido una falta de respeto. En caso de Auto, le regalé la luz de la bici para que pudiera ver al bajar a ver a la vaca durante la noche. Nos gustó mucho cómo, cuando nos fuimos a hacer fotos, la mujer se fue a cambiar de blusa, y como su marido le hacía unas caricias haciéndola ver que estaba guapa con cualquier cosa que se pusiera. Solo tenéis que ver las fotos para entender la ternura del detalle. Lo digo en la crónica, pero lo repito, esta noche es uno de los mejores recuerdos de muchos viajes.

    Y mucha otras ocasiones: en Tabriz, buscando una tienda para comprar una cámara, un iraní me acompañó durante una hora, incluso cogimos un taxi que no me dejó pagar; o un chaval una noche en un pueblo, que me llevó en la moto a hacer la compra, y como no quedaba pan en la tienda me llevó a su casa, y su madre nos dio pan hecho por ella; o el yogur tan rico al que nos invitó un iraní que además nos indicó el camino para andar por el norte de Irán; o uno que apodamos el ruso que nos invitó a fruta y té; o la mujer que nos dio miel; o la familia georgiana que nos invitó a comer;… El viaje no es solo esto, hay muchos kilómetros de bici, de cuesta, de transiciones, despistes, algún pequeño mosqueo,… yo creo que esta hospitalidad se da por la zona pero mucho también por ir en bici. Unos tíos en bici transmiten una buena sensación y la gente se te acerca con confianza. Si además eres como nosotros, muy sociales,… pues sale un viaje como este.

    Bueno Luis, es que me enrollo, pero me gusta recordar este viaje. Saludos
    Ignacio

  9. Anónimo dice:

    Veo que tio alberto destacaba en su lucidez en ese lugar remoto. ¿ Como andaban de comunicaciones? Tenía movil o internet ? Ingenua pregunta. ¿El vodka es allí lo que la cerveza?
    Esta hospitalidad de Vagan en Armenia supongo que se debe a la curiosidad y el deseo de agradaros. Igual no ha pasado 1 español por allí en la vida y menos cargados con bicis. Y compartir la vida de familia con vosotros, unos desconocidos, es todo un gesto de generosidad.
    He leido que la guerra Nagorno-Karabaj fue un conflicto no declarado y que formó parte de las limpiezas étnicas entre Armenia y Azerbaiyan tras la independencia.
    En Georgia Auto ¿os prestó las zapatillas de andar por casa? Ya me extrañaba al ver las fotos y decía yo fijate que detallista que se lleva sus zapatillas de felpa. Que gente tan cariñosa. Esto se llama amor fraternal.
    En Iran os ayudan a buscar repuestos para la bici, os llevan a la compra y os invitan a comer. Igualito que si estuvierais en el centro de Madrid.

    Estas vivencias son algo más serio que una simple anécdota. Se puede reflexionar sobre algunas cuestiones.

    Gracias Ignacio ¡¡ 😉

  10. Alhauriz dice:

    Hola, me gustaría saber mas o menos cual fue el desnivel acumulado que hicisteis en la ruta y si había etapas de subir mucho ?

    un saludo

    • Ignacio dice:

      Hola Alhauriz,

      He visto tu comentario por casualidad, hace un montón que no pasaba por aquí. No sabría decirte el desnivel acumulado, hay un puerto muy potente, Megrhi, al entrar en Armenia, y luego de cuando en cuando alguna subida más fuerte, pero no diría que es una ruta especialmente montañosa, pero tampoco plana. Bastante variada.

      Saludos
      Ignacio

  11. snieva dice:

    Gracias por tu crónica Ignacio. Me han dado muchas ganas de seguir vuestros pasos y hacer este viaje.
    Me puedes decir por favor cuál es la ruta que siguistéis. Habí apensado volar a Tabriz y volver desde Estambul (cogería un tren desde Trabzon allí). Tengo 5 semanas de tiempo para este verano.

    Muchas gracias

    Sergio

    • Ignacio dice:

      Hola,

      Pues te recomiendo sin duda este viaje. Teniendo cinco semanas, quizás dedicaría un poco más de tiempo a Irán. A lo mejor desde Teherán es un pco largo, pero igual se puede hacer un circuito un poco más largo desde Tabriz. También dedicaría más tiempo a Georgia, y no mucho a Turquía, salvo Estambul, que está bien.

      La ruta está en una de las fotografías que aparecen en el viaje publicado en Rodadas, si quieres información más precisa, estaré encantado de charlar del viaje tomando unas cañitas 😉

      Un saludo
      Ignacio

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