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Por
Ali
18/December/2007
9 comentarios

Si a las dificultades propias de cualquier viaje en pareja le añadimos una pizca de sufrimiento, unas gotitas de aventura y un poco de cansancio físico acumulado, el resultado puede ser una explosión nuclear que haga palidecer la de Hiroshima. Creedme, que nos ha pasado. A lo largo del tiempo, hemos aprendido que hay cosas que pueden evitar, no ya el estallido, sino ni si quiera que empiece a construirse la bomba. He aquí nuestros descubrimientos:
¿Es importante que los dos compañeros tengan el mismo ritmo? Mi opinión es que es importante que puedan llevar el mismo ritmo cuando hace falta. Por ejemplo si lluve, se está haciendo de noche, hay viento en contra, estamos cruzando los suburbios de una gran ciudad o vamos por una carretera con mucho tráfico.
Dicho esto, si intentamos que los dos vayan siempre al mismo ritmo lo más probable es que uno se agote y se cabree y el otro se frustre y se cabree. Así que lo mejor es que se vaya junto cuando se desee pero ninguno de los dos se frustre si el otro quiere ir más rápido o más despacio. Es decir, que ambos puedan ir solos sin cabrearse.
Para ello, lo suyo es tener un protocolo que evite que cada uno se vaya por un camino distinto. Por ejemplo nosotros siempre nos esperamos en la entrada del pueblo, en la parte de arriba de la cuesta y en los cruces y rotondas. En los puertos de montaña nos esperamos cada 3 o 4 kilómetos. Esto es, si es que nos perdemos de vista. Esto nos hace parar a esperarnos más o menos una vez cada 20-25 minutos por lo que nunca hay una separación excesiva entre los dos.
Si el que va atrás tiene un problema (sólo llevamos un móvil) para a un coche que vaya dirección al otro compañero y le pide que le avise de que algo va mal (pinchazo, desviador roto o cualquier otra circunstancia).
Lavar los platos, coser botones, ir a hacer la compra, vigilar que todos los componentes de la bici funcionen o que siempre haya comida en la bici-despensa… Después de un largo día de bici y aire libre, es muy posible que estemos demasiado cansados para hacer nada más que meternos en la cama. Pero para que una “pareja ciclista” funcione es imprescindible que, aunque estemos muy cansados, cada uno se encargue de sus tareas. Y es fundamenta, claro, que sea proactivo y diga “esto lo hago yo” aunque no le apetezca un ripio.
En nuestra experiencia, para que un viaje salga bien siempre debe haber azúcar, sal y aceite en la alforja-despensa; los cambios no se pueden bloquear cuatro días seguidos y cuando uno se levanta por la mañana debe poder hacerse un té sin tener que limpiar el cazo de los restos de la cena del día anterior (que le tocaba al otro).
Asimismo, si a uno termina con lo suyo, debe ayudar al otro de tal manera que ambos terminen más o menos a la vez
La confianza en el otro es la base fundamental de la pareja cicloviajera. Si uno ve que se marea y se lo dice al otro, éste debe creérselo a pies juntillas, hacerse cargo de la situación y buscar inmeditamente un sitio donde parar. Se trata de erradicar de la conversación el “¡qué exagerado!”. Claro, esto implica que hay que procurar no exagerar. Es decir, si uno quiere parar porque ese día esta vago, es mejor decir “tio, quiero un helado” a “me duele la cabeza, me vendría bien un helado”.
Por otra parte hay que intentar no hacerse el valiente. Es decir, si te pasa algo, es mejor soltarlo cuanto antes y tratar de decidir entre los dos cuál es la mejor forma de lidiar con la situación.
Parece una cosa de perogrullo, pero a nosotros cumplir con esta máxima nos habría ahorrado alguna tendinitis y un casco roto.
Ponerse nervioso cuando la cosa se pone difícil es la forma más fácil de acabar con los nervios y la paciencia del otro, que no solo tendrá que hacerse cargo de la situación sino también de nosotros. Ante una caída, un pequeño hurto o cualquier otra situación desagradable el consejo es respirar dos veces, tener paciencia y un poquito de sangre fría. ¡Ah! ¡Y reirse! Reirse todo lo que uno pueda!
La segunda parte del “ser positivo” es procurar no tomarse como una afrenta personal los comentarios de la otra persona y bromear, reirse y disfrutar aunque parezca que la cosa está negra. ¡Eh! ¡Que estás de viaje!
Cosas que deberías hablar con tu compañero antes de salir:
Seguro que durante el viaje van saliendo más temas, pero con ponerse de acuerdo con estas cuestiones básicas será suficiente (esperamos) para que ninguno de los dos acabe con un ojo morado o durmiendo en el frio suelo. ¡Feliz pedalada!
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El que quiere nacer, tiene que romper un mundo
Herman Hesse
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unos consejos muy buenos para viajar en bici, en coche o en avión, y si me apuras vienen bien hasta en el viaje de la vida diaria. Tratare de aplicarlos aunque como siempre la teoria es mas facil que la práctica.Por unas vacaciones sin estallidos.
Pues ya nos contarás qué tal os va
Un abrazo
Nunca he viajado con mi pareja, siempre lo hago en solitario o con mis amigos del club. Es una pena pero mi chica y yo vemos las cosas de distinta manera.´Quizas leyendo vuestros consejos se anime.
Es una pena que no podáis compartir el tema de los viajes en bici, pero no todo el mundo está dispuesto a pasar por lo malo de un viaje como este. También es cierto que lo que no se conoce a menudo se teme. Quizá se imagina que lo va a pasar mucho peor de lo que en realidad lo pasaría…
Cuando Ali y yo nos conocimos allá por la noche de los tiempos ella no montaba en bicicleta. Su hermano había hecho algun viaje de un mes, pero ella prácticamente no había tocado la bici.
A fuerza de un par de años de paseitos, algunos piques y demás nos animamos a hacer nuestro primer viaje. Íbamos como unos pardillos con poco más de 18 años. Sufrimos más de lo que pensábamos, nos mojamos, pasamos frío… Pero nos gustó tanto que desde entonces no pensamos en otra cosa que no sea en viajar.
Viajar en pareja es muy bueno, pero si se utiliza un tándem mejor. Muchas parejas temen ponerse a pedear juntos en la misma bicicleta, pensando en posibles discusiones y tal. La realidad es que es “la prueba de fuego”, donde se aplican todas estas normas básicas que nos comenta Ali; confianza, coordinación, apoyo, optimismo, compartir buenos y malos momentos… Se llega a un nivel superior donde ambos sois uno sólo. Es muy divertido viajar juntos, charlando de vez en cuando, dándose ánimos con una caricia en la espalda, el que va detrás puede mirar el mapa en marcha o hacer fotos, o mirar un lugar para acampar, o hablar por el móvil en caso necesario…
Mi novia Sandra tampoco usaba la bicicleta antes de conocernos, pero probó la tándem que tenía al empezar a salir y… ¡a recorrer el mundo!.
Por cierto, cuando queráis probar la tándem nos avisáis y hacemos una rutita juntos. Siento no haberme quedado mucho en la cena de la bicicrítica, pero nos tuvimos que ir pronto.
Eso está hecho!
Muy buenos consejos. Es la mejor forma de evitar conflictos y que cada uno tenga ese mínimo de libertad que hace falta en cualquier actividad en común.
Enhorabuena por vuestra web.
Muchas gracias Manuel!