Europa 2005. De Estambul a Madrid en bicicleta

Reencuentros

Escrito el 3 de octubre de 2005 por Alicia y guardado en 2005 - Europa


Por fin un valiente! Ricardo, el hermano de Ali, se unió a nosotros entre Soria y Segovia. Cuatro días de ruta en las planicies castellanas aderezadas con unas vistas impresionantes.

¿Cómo se vuelve a casa después de tres meses y medio de viaje? No fue premeditado pero en nuestro caso ha ido sucediendo poco a poco. Familia y algunos amigos se han ido acercando al camino para darnos la bienvenida y cargarnos las pilas estos últimos días.

El primero fue el hermano mayor de Alicia, Ricardo (en la foto). El miércoles por la noche nos acercamos a recogerle a la estación de Soria a pie, a pesar de las advertencias locales que nos indicaban que la susodicha estaba “a una tiradita. Unos 15 minutos andando o así”. El reencuentro fue al principio extraño. Después de tantos días solos o con desconocidos es complicado adaptarse a la presencia de alguien que sabe tanto de tí. La tensión duró unos minutos. Lo que tardamos en poner todo encima de la bici y buscar un sitio calentito donde cenar.

El jueves a primera hora ya estábamos listos para el pedal, previo paseíto por Soria. Casi sin querer nos metemos en el mercado de frutas. “Compre unas pastas en ese puesto joven, que son las mejores de Soria. Están bendecidas”. No cabe duda que las monjas son las mejores pasteleras de Castilla. Luego frente a la catedral conocimos a Mariano, un cicloviajero asombroso en estos momentos descansando en su tierra.

Reconfortados con la calidez soriana salimos de la ciudad por la nacional que lleva a Burgo de Osma. A los 20 kilómetros, hartos de camiones y aprendices de Alonso nos desviamos por una pequeña comarcal que se interna en los valles sorianos. Una muy buena decisión: después de una comida reparadora al pie del castillo de Calatañazor y un café en el restaurante de Jose seguimos ruta por un paisaje lunar salpicado de bosques de pinos. La soledad de estos parajes hincha el ánimo.

En el camino cruzamos pueblos con una veintena de habitantes y otros completamente abandonados, cañones y campos de cereales en un continuo sube y baja que nos deja para los restos. A la altura de Ucero, donde acaba el cañón del río Lobo nos acercamos al camping para descansar. ¡Sorpresa! Está cerrado desde el día anterior. Cambiamos la ducha caliente por una noche de soledad y estrellas en un bosque de chopos.

¡Qué frío hace en Soria! Nos despertamos congelados a pesar de haber dormido con toda nuestra ropa encima. Para intentar reactivar la circulación de los dedos, Álvaro prepara un té calentito. A las 10 hemos recogido y nos acercamos al pueblo imaginándonos un buen café con churros. Segunda sorpresa: Ucero tiene mesón pero no panadería ni tampoco bar. Por suerte damos con Irene que nos presenta a Puri, la dueña del bar del cañón. Puri tiene asuntos en Burgo pero se apiada de nosotros y nos ofrece pasarse por el bar a hacernos unos bocadillos de chorizo. “Los mejores de la comarca” nos comenta Irene, y tiene razón.

Haciendo relevos llegamos enseguida a Burgo de Osma (unos 15 kilómetros al sur del cañón). Hacemos la compra y tomamos algo en la plaza de la Catedral antes de seguir ruta. Queremos llegar a Ayllón esa noche y para ello hay que ponerse las pilas. Salimos por la nacional y de pronto la carretera se convierte en una autopista. Sorprendidos nos metemos en la única opción de dos carriles que nos queda, una pequeña carretera que se interna (y muere) en Alcubilla del Marqués. Preguntamos en la casa rural y la Chus nos informa que a) bajan las temperaturas, b) en Ayllón están en fiestas y c) para volver a la carretera (que solo está desdoblada unos 2 kilómetros) podemos coger un camino de tierra a la salida del pueblo. Allá que vamos, sube y baja de nuevo hasta volver a la nacional. Luego, un pequeño puerto que tiene una gran recompensa: una vista espectacular de la Sierra de Ayllón.

Ya nos lo había dicho Chus pero teníamos esperanzas razonables de encontrar un sitio para dormir con ducha calentita. Cuando llegamos a Ayllón el pueblo está desierto. Todos se han ido a los toros y no quedan más que alguna madre con niños demasiado pequeños como para estar sentados. Nos indican la casa rural y el convento pero en ninguno nos aceptan. Siete llamadas después estamos convencidos que nuestra única opción es acampar. Con buena voluntad, Ali intenta que un caballero nos preste su jardín pero no hay manera. Estos segovianos torean las indirectas con una casta admirable. Al final, cuando ya casi se está poniendo el sol, sube la colina hasta un clarito discreto. Allí nos esperaba el mejor cielo de todo el viaje con vistas a todos los valles de la comarca.

Madrugamos de nuevo pero hasta las 11 no estamos en ruta. En Sepúlveda, a 50 kilómetros de Ayllón, nos esperaban los padres de Alicia para el primer reencuetro. Rodamos fuerte, con ganas de llegar a la meta. Más sube y bajas que nos dejan baldados pero merece la pena. Al final, abrazos, unas pocas lágrimas y cordero en el cañón del Duratón.

El último día de ruta de Ricardo empieza arreglando el enésimo radio roto de Álvaro. Cuando acaban de centrar la rueda un café con bizcocho y a rodar. La salida de Sepúlveda hacia Segovia tiene un puertecillo desde el que se divisa ya la sierra de Madrid. Estamos alucinados y maravillados porque ya olemos la meta. Casi lo hemos conseguido.

El domingo por la mañana los ciclistas tenemos la carretera toda para nosotros. El tiempo acompaña: fresco pero soleado, lo ideal para hacer kilómetros. A la hora de comer llegamos a Turégano, un pueblecillo con un castillo en el que nos esperan los padres de Álvaro. Besos, abrazos y más cordero.

Aquí nos espera también María, que viene a recoger a Ricardo. Después de unos días tan especiales nos sentimos un poco raros al volver a ser solo dos. Ver a la familia nos ha servido para recargar las pilas. Si no tuviéramos tantas obligaciones esperando quizá podríamos seguir unas semanas más.

Los kilómetros que nos quedan hasta Segovia son un sube y baja mortal. A los pies del acueducto nos zampamos unos bocatas de filete empanado cortesía de la madre de Álvaro antes de buscar alojamiento. Después, nuevo reencuentro: Elena y Pablo se acercan a pasar la noche con nosotros en la ciudad del Eresma (y nos traen gafas protectoras para ver el eclipse).

Hoy disfrutamos de nuestro último día de descanso antes de volver a la locura que es Madrid y las vidas que nos dejamos esperando. Parece mentira pero el miércoles como muy tarde estaremos en casa.

Este artculo fue publicado el 3/octubre/2005 dentro de la categora 2005 - Europa en Rodadas.net, una pgina web sobre cicloturismo y viajes en bicicleta mantenida por lvaro Martn y Alicia Urrea.

El artculo est sujeto a una licencia Creative Commons 3.0. Es decir, puedes distribuirlo y adaptarlo SIEMPRE que nos cites (ms concretamente, cites al autor y enlaces a la direccin permanente del artculo); no lo uses con fines comerciales o en publicaciones comerciales; y el resultado de tu trabajo tambin est bajo una licencia de Creative Commons

Siempre puedes volver encontrar este artculo en: http://www.rodadas.net/2005/10/03/reencuentros/

Comentarios Un valiente ha comentado

  1. Juanan dice:

    Mira que os pregunté que por dónde pasábais y nada… Mis padres son de un pueblo entre Ayllón y El Burgo de Osma. Es más, este finde estuve a punto de haber ido (como años atrás) a las fiestas de Ayllón, pero al final las cambié por la fiesta de la bicicleta de Madrid y así montar un poco. Si hubiera sabido que pasábais por allí… quizá nos hubiéramos encontrado tomando algo. En fin, otra vez será.
    Y ahora sí, ¡¡ bienvenidos a casa !! y enhorabuena por tan fantástico viaje. Ha sido un placer seguiros.

    ¡ Hasta el próximo !

    J.

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